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Nuevo Curso

«Hay una ruptura del pacto social que teníamos desde 1983»  UNA PREMISA PARA LA FORMACIÓN DE FALSA CONCIENCIA

NUEVO CURSO

  Agitando  todo tipo de fantasmas, desde el poder se apela a La posibilidad de lograr un «acuerdo mínimo» con quienes «piensan distinto» para avanzar en la «reconstrucción» de la «economía» de la Argentina

Esto no es otra cosa que un discurso que instala una táctica facilitadora de la reproducción del orden burgués en desmedro de los trabajadores y los desposeídos de toda fuente de sobrevivencia, hecho bajo la agitación amenazante de la presencia del fascismo.

Frente a esto, debe recordarse que cualquier democracia capitalista  no deja de ser una dictadura de clase .Por  este motivo , la tendencia hoy más frecuente de apelar a  partir de la situación en la que se atentó contra la integridad física de la vicepresidenta , los resultados electorales en otros países al concepto Fascismo y tras él apelar a la defensa irrestricta y policlasista de la democracia alegando la ruptura de un pacto social que  en tal sentido que habría emergido en 1983, luce como moneda corriente en el discurso de los operadores políticos de los intereses objetivos de la burguesía.

Dadas así las cosas, la tendencia es a reformular un pacto que se dice quebrantado amenazando con la proyección que se dice “fascista” de otros personeros de alguna fracción de la clase dominante. Con esto en realidad se está advirtiendo sobre la endeble condición del régimen político en tanto la reproducción capitalista para verificarse de modo eficaz amenaza en lo inmediato con nuevas crisis.

  Por esta razón se acude incluso a la industria del cine (estreno particular en ciertos cines  de “Argentina 1985”, tal como se hizo en la transición democrática tras la salida del régimen cívico militar genocida con una profusión de estrenos de películas ligadas a la denuncia del terrorismo de Estado),  para reflotar  el “nunca más” y se busca ligar y visibilizar a dos personajes de la política con ese régimen (Milei y Bussi) , señalando a toda la población cual es el enemigo a vencer .

Para igual gestión y objetivo se busca dar centralidad medíatica a la contienda discursiva entre Lula y Bolsonaro en Brasil, usando esa experiencia como ensayo general para cuanto puede devenir en nuestra sociedad .

Sin embargo, lo cierto es que en Argentina, nunca hubo Nunca Más, pues ello hubiera requerido terminar con el Estado de la burguesía y no con una de sus formas , ya que por más monstruosa que esta pudo presentarse, encontró continuidad institucional y jurídica en la forma democrática burguesa que supuestamente vino para superarla, cuando en realidad lo que hizo fue facilitar la transición por consenso electoral de las estructuras reproductivas del capital financiero establecidas por el régimen anterior a base de sangre, muertes, desapariciones, sustituciones de identidad, pillaje económico , formación de grupos de tareas , etc.

Ese mismo sistema al que se le grita enfáticamente un retórico Nunca Más en una sala tribunalicia -ahora ideológicamente exacerbado en una película-, dicho por funcionarios y personajes del mismo poder burgués asesino,  que nacieron y se reprodujeron en ese mismo Estado terrorista ante jueces que eran tales en ese mismo período de horror ,muchos de los cuales hoy integran los estudios jurídicos del capital concentrado , tiene vitalidad en nuestros días, aún cuando exhibe signos fatigados de su crisis y decadencia en reflejo de la crisis mundial del capitalismo globalizado que hoy auspicia las guerras en varias zonas del planeta para mantener su voracidad imperialista .

Sin embargo, si bien existe esta situación, debe decirse en sentido inverso que ningún sector significativo de la clase dominante tiene como objetivo, en un futuro más o menos inmediato, establecer un régimen fascista en Argentina. Esbozar la presencia del fascismo, sin negar tendencias sociales que le favorecerían, implica desconocer que la Democracia de la burguesía implica siempre y en todos los casos un régimen represivo de dominación de clases sobre los trabajadores y este puede implicar mayores o menores rigores.

Es este el factor esencial del fenómeno en curso que debe ser ponderado por los trabajadores en lucha, a la hora de construir un frente único por la defensa de las libertades democráticas individuales o colectivas , pero a la vez impugnar al Estado que genera los espacios de su vulnerabilidad y en algún caso las fomenta como se sigue de los diversos hechos represivos gestados desde las fuerzas de seguridad y sus aparatos de inteligencia y por la constante opresión ideológica burguesa de los medios de comunicación disfrazados tras una aparente grieta.

La acción política de los trabajadores necesita advertir estas circunstancias para no adquirir el producto ideológico del pacto social por la democracia, y la unidad nacional. Ambas son situaciones ajenas al interés objetivo de la clase trabajadora que en la emergencia reclama la defensa del salario real y la vigencia irrestricta de las libertades democráticas, individuales o colectivas.

Lo central es tomar en cuenta que, el fascismo no es un sistema más de represión, que es propio de cualquier democracia capitalista, sino un sistema específico destinado al aplastamiento de la clase obrera. Por eso surge en períodos de crisis y extraordinaria exacerbación de la lucha de clases.

“El fascismo no es solamente un sistema de represión, violencia y terror policíaco. El fascismo es un sistema particular de Estado basado en la extirpación de todos los elementos de la democracia proletaria en la democracia burguesa. La tarea del fascismo no es solamente destruir a la vanguardia comunista, sino también mantener a toda la clase en una situación de atomización forzada. Para esto no basta con exterminar físicamente a la capa más revolucionaria de los obreros. Hay que apastar todas las organizaciones libres e independientes, destruir todas las bases de apoyo del proletariado y aniquilar los resultados de tres cuartos de siglo de trabajo de la socialdemocracia y los sindicatos” (León Trotsky. “la lucha contra el fascismo”)

Clara  Zetkin e n igual sentido, ya en 1923  puntualizaba con criterio político de lucha contra lo por entonces emergente en el panorama de la lucha de clases  que  «La característica distintiva de  la socialdemocracia es su fe en el poder y la permanencia de la dominación burguesa, es su desconfianza y cobardía en relación con el proletariado como factor predominante de la revolución mundial. Ellos son de la opinión de que, contra la fuerza invulnerable de la burguesía, el proletariado no puede hacer nada además de actuar con moderación y abstenerse de provocar al tigre de la burguesía. El fascismo, con todo su impulso en la ejecución de sus actos violentos, no es más que la expresión de la desintegración y decadencia de la economía capitalista y el síntoma de la disolución del estado burgués. Esta es una de sus raíces.”

 La crisis del capital  y sus dificultades para reproducirse por vías que no generan consenso reflejan en  el  empobrecimiento generalizado de las condiciones de sobrevivencia de la clase trabajadora y la pequeña burguesía. Se había prometido a todos estos sectores desde el ascenso al gobierno auspiciado por la hoy vicepresidenta de Alberto Fernandez el fin de la era Macri . Hoy queda claro que cuanto gesta el ministro de economía es la forma de garantizar la satisfacción de los intereses del sector burgués más concentrado de la economía y el mantenimiento del régimen jurídico-político que lo sostiene

Lo cierto es que gran número de ex clases medias se convirtieron en proletarios, perdiendo íntegramente su seguridad económica y otros sectores desplazados del trabajo formal se deslizaron hacia la condición de población económicamente sobrante. Todos ellos están en situación tendencial de perder esperanzas al advertir  que los lideres reformistas están de acuerdo con la burguesía, y lo peor de todo es que también perdieron la fe en el socialismo en general. Esas masas decepcionadas de simpatizantes socialistas son acompañadas por grandes círculos del proletariado, de trabajadores que desistieron de su fe no solo en el socialismo, sino también en su propia clase. Es por eso que Milei es una incipiente presencia que  se tornó como una especie de refugio para los políticamente desamparados.

Por estos motivos, la vanguardia de la clase trabajadora debe transmitir al conjunto la necesidad de comprender el fenómeno y actuar en consecuencia en forma tal que nuevamente no recaiga en los cantos de sirena del  progresismo populista y las diversas variantes del reformismo disfrazados con simbología de izquierda. La táctica del frente único obrero se torna herramienta necesaria para la coyuntura

 En las actuales condiciones, la reconstrucción de la dominación de la clase burguesa solo puede ser conseguida a causa de la creciente explotación del proletariado por la burguesía. La burguesía tiene plena consciencia de que los socialistas reformistas de voz suave están perdiendo su presencia ideológica sobre los trabajadores y que no hay otro camino que la violencia para consolidar las medidas que tienden a favorecer su situación en ese contexto. La violencia de los estados burgueses en contexto de democracia formal, no precisa aún de una nueva organización de la violencia sino su perfeccionamiento por su pasaje al acto, extremo que en ningún caso implica aún un régimen fascista.

     Los trabajadores, tenemos que comprender este fenómeno distorsivo que implica la ideología , dando vigencia consciente al programa socialista en tanto  factor determinante de nuestra  intervención en los hechos  y paradigma vehiculizador de  nuestra misión como clase, de sepultar el orden social imperante  que supone nuestra explotación y opresión .

      Esta tarea  exige un instrumento  que es la organización política en partido político cuyo programa exprese esa estrategia . La adopción de los planteos sindicales que la lucha de clases torna necesarios en ese camino, plantea a la vez la necesidad de convencernos de las limitaciones orgánicas del sindicalismo en tanto esos enfrentamientos económicos quedan contenidos en el propio orden burgués .

     Es preciso entender que las tareas democráticas relativas a la garantía de nuestras libertades individuales y colectivas,    sólo pueden ser cumplidas por los trabajadores desde el poder. Por tal razón es relevante que debamos luchar esencialmente por la conquista del poder  y por convertirnos en vanguardia programática de una nueva sociedad.