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Nuevo Curso

LECTURA DEL PRESENTE.

NUEVO CURSO

  Del otro lado de la reja está la realidad, de este lado de la reja también está la realidad; la única irreal es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien sí pertenece al mundo de los vivos, al mundo de los muertos, al mundo de las fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o de la producción…(Francisco Urondo La verdad es la única realidad ).

Ocurren fenómenos en la realidad política, que nos obligan a detenernos, a intentar acercarnos a ellos con vocación de búsqueda de verdad. En esa tarea, lo sucedido nos deja ver por fuera de las sombras de las imágenes que nos proyectan, algunas evidencias. Una de ellas es, que fuimos educados con fundamento en preceptos liminares anteriores a nuestro existir que a su vez fueron el resultado originario de un inicial sometimiento impuesto por el vencedor para que lo “humano” pudiera sobrevivir.

Se nos dijo sin duda alguna, por ejemplo, que existe el libre albedrio. Se nos explicó además que esa cuestión era central en la convivencia social porque el derecho de uno termina cuando comienza el derecho del otro. Así se nos ayudó a concluir que el empleo de esa capacidad propia de lo humano debía ser responsable y si así no lo fuera, emerge convalidada la necesidad de represión del “exceso” Muchas veces, con el tiempo y por la experiencia pudimos saber que el contenido del precepto educativo no exhibía además que esa presunta libre determinación se reducía a una simple opción adhesiva, del tipo sí o no, o tómalo o déjalo, porque las cosas son así.

Sin embargo el acercamiento a la verdad desde lo existencia y material nos aportó otro concepto relativo a la cuestión: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal”

Esa capacidad de hacer y ser, no es libre sino simple voluntad de determinación consciente por un objetivo de clase que nace de las condiciones materiales que impone la producción de bienes y la satisfacción de necesidades dentro de un modelo centrado en la apropiación de valor surgido del trabajo humano asalariado. Por eso la historia es la lucha de clases, una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna.

Está claro entonces para cada uno de nosotros, que la vida está presidida por una situación en la que necesariamente existimos pero cuyo contenido específico no definimos, ni podemos tampoco eludir. Sumarse a la transformación social revolucionaria de lo dado y padecido o concurrir a reproducir en modo silencioso las condiciones objetivas que nos llevan a buscar sobrevivencia en los límites de una sociedad agotada parece ser el contenido real y concreto de aquello que nos pintaron como libertad de decisión.

El derecho de uno empieza y termina en el derecho del otro es un concepto estructural del fenómeno jurídico y no un efecto de una política liberal. Ese principio estructural nace de la diferenciación entre derecho subjetivo y objetivo siendo el primer… 

El derecho de uno empieza y termina en el derecho del otro es un concepto estructural del fenómeno jurídico y no un efecto de una política liberal. Nace de la diferenciación estratégica, entre derecho subjetivo y objetivo siendo el primero la facultad que le asiste al sujeto de acudir a un órgano jurisdiccional estatal para que esa prerrogativa inscripta en la ley sea referida a un sujeto por vía de la sentencia. El único derecho subjetivo es el derecho de accionar ante el Estado. Luego lo de política liberal no tiene incidencia estructural. El capitalismo estructura sus relaciones sobre la producción en base al vínculo capital-trabajo, venta de fuerza de trabajo, ley de valor, esa estructura necesita de una forma jurídica legitimante que es la ley consagrando la relación jurídica propiedad. No hay forma de gobierno dentro del Capitalismo que escape a esa premisa, en forma tal que la ley es a lo superestructural lo que la mercancía es en la estructura.

Dentro de la labor deformadora, con aplausos, exaltaciones a la capacidad subjetiva del individuo concreto, hoy una persona que golpea la mesa, se irrita y deja el mensaje claro a la calle con forma de saber popular, “el último que apague la luz”, durante mucho tiempo enseño, hizo docencia, formó opinión, tomo decisiones del poder estatal, que no hay mejor modelo se orden social que el capitalismo. El mismo día de agraviarse con su condena, los datos estadísticos dieron un índice de pobreza, que se ve todos los días en la calle y que los que vivimos en esta sociedad padecemos de una u otra manera, porque no hay duda de la pobreza de nuestro existir.

Si no hay mejor modelo que el capitalismo, lo propio de ese modelo es el poder judicial funcional a los intereses de la clase que domina la sociedad, y los sectores más concentrados de riqueza dentro de esa clase han decidido acudir al derecho penal para resolver un conflicto interno de intereses al interior de esa clase y del Estado haciendo uso de esa herramienta a la que tantas veces se acudió para poner en evidencia las desigualdades y asimetrías social de ese orden de cosas.

Nuevamente vio la luz, la violencia simbólica  de  la mano de la forma jurídica que la constituye, lo que ocurre es que ahora vienen por mí como dice el ya ampliamente difundido poema que se adjudica a Bertolt Brecht.

Que cosas le suceden a la clase trabajadora frente a todo esto. Donde está hoy encarnado su pensamiento, su obrar y sus objetivos. Puede decirse en primer término, que los espacios donde deja ver su lucha cotidiana definen por sí los aspectos más relevantes de lo humano en tanto implican mínimos datos de solidaridad y respeto asociativo en los vínculos que emergen de esa lucha.

 Sin embargo, ese fenómeno es minoritario. Lo mayoritario está dado por un modo de existir que afecta nuestros vínculos relacionales y al hacerlo avanza gravemente sobre nuestra subjetividad, en forma tal que la angustia se enseñorea y le da perfil significativo a la sobrevivencia cotidiana. Todo pasa hoy por llegar a fin del día. En todo ese espacio de desarrollo vital, el trabajador soporta todas las mezquindades y no deja de producirlas de modo consciente o inconsciente. Nos vamos haciendo el uno hacia el otro, el hombre lobo del hombre.

No hay razón para pensar en el trato digno, el respeto mutuo. No hay tiempo para el amor sino solo para la posesión más descarnada del utilitarismo egoísta que no mide la existencia más allá de las narices. Tal vez, si los trabajadores pudieran desafiar la ley del valor de modo consciente. Si se plantearan ser en sí. Si vivieran conscientes de ser la clase social con aptitudes liberadoras, los fantasmas presenciales del monstruo capitalista se retirarían de la escena, y las facciones de lo humano volverían a emerger.

Queda aún la posibilidad de trazar ese camino, con deliberada advertencia de la naturaleza política del problema, de la inutilidad de la individualidad. Queda aún la opción por la humildad desafiante del obsceno enriquecimiento y el fatal egoísmo cortoplacista inmerso en el sentido común. Queda aún la posibilidad de la revolución. 

Sucede que cada día en que demoramos la determinación de avanzar hacia la superación de esta dialéctica, con sus contradicciones, y le damos naturalidad a la explotación pensando que la vida es bella a pesar de los datos degradantes que nos da la realidad, nuestras potencias vitales nos alejan de las más variadas maneras, de lo humano y nos reafirman en la alienación y en la más intensa condición de objeto.

En definitiva, sucede que el miedo aterroriza, pero el capital mata sin disimulo y sin miramientos. La pobreza y la miseria avanzan, la explotación es cada vez más intensa, las condiciones ambientales se degradan, la tierra llora y por vivir, hay que quemar el cielo si es preciso