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Nuevo Curso

CUANDO LA MUERTE SE BANALIZA SE TELEVISA EN EL OBELISCO

La cultura dominante : “PODER QUE MATA”. “CUARTO PODER.”

“Nosotros, los burgueses, lo hemos matado”

Hay que ir mucho tiempo atrás para recordar situaciones en las cuales, un trabajo periodístico que parece rutinario e intrascendente termina por ser el testimonio fílmico y narrativo de una muerte. Tal vez si acudimos al auxilio del cine, reparemos en dos películas centrales “poder que mata” y “cuarto poder” (también conocida como Mar City.
En el curso de un jueves convulsivo, para quienes vivimos fuera de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, lo ficcional, lo que no reconoce guion, lo que no es lenguaje cinematográfico sino mero reflejo de lo real, permitió dar con imágenes que daban cuenta de la muerte de un hombre. Se pudo ver allí a una periodista alertando sobre el color de piel amoratada que tomaba una persona a la que un efectivo de la policía de la ciudad tenía retenido en el piso con una toma de inmovilización que implicaba también colocar todo el peso de su cuerpo por medio de su rodilla sobre el cuello del aprehendido. Hay entonces pedido de auxilio, reclamo por el cese de la aprehensión física y frustración.


La sorpresa por todas las circunstancias de lo sucedido, la impugnación respecto del procedimiento policial por su carencia de toda fundamentación a partir de la no afectación de bienes pasibles de protección jurídica, ni hipótesis de sospecha de delito por parte del conjunto de los agredidos por la agencia estatal, abrió el camino para la comprensión del fenómeno en sí y el necesario juicio negativo que se desprende desde ese conjunto de factores.


Sin embargo, lo sucedido a posteriori de conocido el resultado muerte, en particular de lo visto por la difusión de las imágenes, abrió un segundo espacio de sorpresa que emergió del comportamiento que dejó ver el juego de las redes sociales, que lejos de impugnar el fenómeno, dieron cuenta de cierto escepticismo o falta de interés, cuando no de aprobación.


Esa tendencia en el posicionamiento de la población frente al hecho, tomó mayor cuerpo a la hora de advertir que la respuesta movilizadora en sentido inverso, esto es, por el reclamo de investigación del asesinato de Facundo Modales no concito cantidad de adherente significativos y sensiblemente menor a la que se produjo por ejemplo cuando operó la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado.


Es a partir de esta constatación desde los espacios que deja ver la realidad objetiva la que mueve a preocupación en tanto remite a una prueba más del juego ideológico combinado del poder burgués a la hora de crear consenso por acción u omisión respecto de un acto de autoridad marcado por el despliegue efectivo y letal de fuerza física sobre los individuos.


Esa política de naturalización respecto del despliegue violento del poder burgués sobre las personas lleva peligrosamente a un fenómeno que conduce a los trabajadores a considerar los despliegues represivos callejeros contra la protesta social y política como válidas y funcionalmente ligadas a la naturaleza represivas de las agencias estatales en el ejercicio concreto del monopolio del uso de la fuerza física o simbólica que detentan.


El despliegue ideológico sobre el caso es combinado, en la medida en que a lo afirmado precedentemente se le añade su pretendido carácter de instrumento o herramienta que se presenta necesaria a la hora de restaurar un orden convivencial que se dice al menos amenazado por las acciones de terceras personas ajenas al conflicto en sí, que no es otro que el orden social capitalista. Ahí es donde aparece el criterio de pragmatismo y utilidad, justificando las acciones en un discurso que excede de la objetividad de la televisación del deceso y sus circunstancias.
Cuando se habla de la naturalización de la violencia, se hace referencia al proceso de acostumbrarse a aquellas acciones caracterizadas por la agresión, en sus diversas formas de expresión; esto permite que la violencia gane terreno en la cultura y se propague de manera silenciosa


La violencia del poder burgués, de la burguesía como clase desplegada sobre la clase trabajadora está presente en la cotidianidad manifestándose en diferentes formas como violencia estructura represiva ejercida por el Estado, a través de sus agencias de seguridad. Son tan cotidianas estas acciones que se naturalizan y se llegan a justificar, al punto de que no se piensa en ellas ni se racionaliza en cuanto tales y por sus proyecciones de barbarie sobre los explotados y oprimidos, banalizando ese resultado con apoyo de la acción de los aparatos mediáticos de difusión de las noticias.


Estas situaciones permiten que no se reconozca a los trabajadores como individuos, sino solo como números estadísticos, y que como tales los trabajadores sean una vez más cosificados resultado con el que además se habilita bajo amparo normativo que puedan ser maltratados, violentados por el desconocimiento explícito de sus libertades democráticos y hasta eliminados.


En el mismo plano aparece en esplendor el pragmatismo ínsito en la lógica electoral a la que se adscriben los partidos que integran el FITU, que en el caso se traduce en utilitarismo concentrado en la emergencia inmediata al deceso de una contienda electoral.


Este último extremo es el que se deja ver a partir de la insuficiente presencia movilizadora protagonizada por esos y otros grupos, llegados a la convocatoria con el solo afán de dar el “presente” y sin constituirse en vanguardia de las medidas que se pudieran tomar a partir del respeto de las libertades y garantías individuales que le asisten a todo individuo dentro del orden social capitalista incluso con formato normativo por su reconocimiento dentro de la Constitución Nacional. Es decir, el espacio concreto del fenómeno centrado en la defensa de la vida frente a actos violentos estatales, no mereció centralidad para la consideración del aparato electoral ero de la autodenominada “izquierda “que en este caso contrariando su propaganda, “NO SE PLANTÓ”, ni si quiera apelando a su consabido discurso de corte reformista.


Un simple posicionamiento oportunista, moralmente utilitarista incompatible por la base con el objetivo de gestación de una nueva sociedad y un nuevo hombre, es el emergente de los sucesos ulteriores al deceso de Facundo Molares Schoenfeld , por parte del FITU en todas sus expresiones. Esa actitud que especula en torno de la trascendencia o incidencia electoral de una muerte es la que desmorona toda posible expectativa de estas estructuras políticas a la hora de constituirse en la necesaria dirección que requiere la protesta social frente a esta perdida de vida y los símbolos que el poder burgués pone detrás de su decidido encuadre en las políticas de la llamada “mano dura”.


La hipocresía de este posicionamiento del reformismo electoralista sintetizable en una presencia formal proporcionalmente reducida si se la compara con las convocatorias a sus últimos actos partidarios es muestra de su política de adaptación a las directrices que impone el poder burgués y sus ideologías de las que parecen dar cuenta importantes colectivos humanos en redes sociales.

Facundo Morales, en su último acto político de su dilatada militancia , dejó un mensaje claro, relativo a la necesidad de no prestarse a la farsa electoral, mensaje que es negado , tal como Pedro a Cristo , por las organizaciones que formalmente repudiaron su asesinato, pero que no militaron por las acciones políticas defensivas y de clase que correspondían a semejante acción contra la vida y las libertades democráticas en las que también se vieron afectados otros compañeros del fallecidos que fueron arbitrariamente privados de su libertad en la vía pública. Por el contrario, esos espacios reformistas y oportunistas en ningún momento llamaron a ser consecuentes con la militancia de Facundo Modales y en tal sentido llamar a repudiar no solo su muerte violenta sino también denunciar al acto eleccionario como emergente complementario de un crimen de Estado.


La militancia k y los activos de los grupos piqueteros, tampoco señalaron el carácter de acto político, componente material de una práctica genocida incursa en un plan de represión de la rebeldía social montado por una agencia del Estado de la burguesía y sus miembros armados, amparados por el ejercicio monopólico de la violencia que la Constitución Nacional les acuerda. Su notoria omisión de toda actividad en tal sentido y las intervenciones oportunistas que tomaron lo sucedido como un elemento final de la campaña electoral dentro de esta farsa electoral montada por el poder burgués es un claro ejemplo para la clase trabajadora de cual es su posicionamiento de clase y su proyecto político ajeno a los intereses de la clase trabajadora y sus objetivos estratégicos.


Capítulo aparte, merece la reflexión y la discusión fraternal que los grupos políticos que no revisten dentro de la lógica parlamentaria deben hacer en torno a las formas y los análisis de pertinencia que deben cumplir los actos concretos de propaganda política y en particular sobre la necesidad de un partido político de los trabajadores que se constituya en torno del programa revolucionario por la vanguardia de la clase trabajadora.

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