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Nuevo Curso

ESTADO, DERECHO Y CLASES SOCIALES.

NUEVO CURSO

……aspirando al socialismo, estamos persuadidos de que

este se convertirá gradualmente en comunismo, y en

relación con esto desaparecerá toda necesidad de violencia sobre los hombres en general, toda necesidad de

subordinación de unos hombres a otros, de una parte, de

la población a otra, porque los hombres se habituarán a

observar las reglas elementales de la convivencia social

sin violencia y sin subordinación.

(Lenin, Vladimir. El Estado y la revolución)

En el contenido específico y actual de desarrollo de la teoría del derecho, los individuos no son quienes dan las ordenes que imponen la regulación de las relaciones intersubjetivas sino que ese rol se lo adjudica el Estado por vía de la ley, siendo esta, la forma jurídica por la que aquel expresa su voluntad.

Marx sostiene que la historia es de la lucha de clases. Su desarrollo violento como partera de la historia implica una contienda que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de toda la sociedad, o al hundimiento de las clases en pugna. La burguesía como clase en sí, ostenta el dominio exclusivo del poder político en el Estado, siendo éste el orden jurídico por el que se normativiza el intercambio y se administran los negocios comunes de esa clase….… En ese contexto, el poder burgués hizo de la dignidad personal un simple valor de cambio, y sustituyó las libertades por una sola la libertad de comercio, estableciendo una explotación abierta, descarada, directa y brutal. Desgarró el velo de sentimentalismo que recubría las relaciones familiares y las redujo a simples relaciones monetarias. Al médico, al jurista, al sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia, los convirtió en sus servidores asalariados. Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profano, y los hombres se ven por fin, forzados a contemplar con una mirada fría sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas. (Marx, Manifiesto Comunista.)

Frente a la situación que exhibe este fenómeno y su desenvolvimiento ,  la táctica de corte lingüístico discursivo e ideológica de lucha centrada en las declaraciones de derechos subjetivos tomando como titulares , a  las personas en abstracto, con sus estatutos internacionales y sus políticas sociales anexas dirigidas hacia el poder burgués, en ningún caso resultan superadoras del conflicto social contenido , en las demandas insatisfechas de necesidades básicas que tiene el trabajador para la reproducción de su existencia.

La fe supersticiosa en el Estado, puesta en acto por esta estrategia de dominación que hace centro en la forma jurídica, y en particular en la declaración de derechos segmentada por identidades específicas, se ha trasplantado del campo filosófico a la puesta en conciencia  de la población en general sin diferenciación de clases, adoptando entonces el discurso necesario a la dominación que una  impone sobre otra.

Desde esa perspectiva y en este marco conceptual, el Estado se presenta ante los trabajadores como la institucionalidad normativa donde opera  la realización de la idea general del bien común ,  y alcanzan realidad la verdad y la justicia.

 Esta construcción ideológica hace nacer y reproducir de modo constante, una veneración supersticiosa del Estado y de todo lo que con él se relaciona, que lleva a pensar  que los asuntos e intereses comunes a toda la sociedad y sus conflictos,  no pueden gestionarse ni salvaguardarse de otro modo que no sea por medio del Estado.

Los datos objetivos de la realidad sin embargo, nos dicen que  el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en una república democrática, o bajo cualquiera de sus formas.

El Estado de derecho tantas veces reclamado y exaltado por los operadores políticos sea que estos se presenten auto referenciados como de derecha o izquierda, no es otra cosa que un espejismo conveniente a la dominación burguesas y la concreción de sus intereses en tanto hace las veces de una ideología que oculta su dominación de clase. Por eso, resulta altamente pernicioso que quienes usan siglas como socialismo, izquierda , obrero, acudan a su formato para sostener argumentos  y pretensiones.

También la ideología por vía del fetiche del estado de derecho impone a la sociedad de clases una visión que permite advertir que la sociedad no es solamente un mercado donde se encuentran poseedores de mercancía, sino también y  al mismo tiempo , un arma para imponer por la burguesía de conjunto, sus intereses específicos.

En el orden social burgués, formateado por la legislación y las formas jurídicas conexas  , las relaciones son básicamente de dominación. Es así que cuando este tipo de vínculos en la sociedad civil entra en crisis más inestable se vuelve la dominación burguesa, y las intervenciones estatales se alejan del “Estado de Derecho” y se transforma en un poder que exhibe  abiertamente la  violencia de una clase sobre la otra.

El escenario es contradictorio porque en un mismo movimiento revela la crisis que enfrenta la reproducción del capital que en su desenvolvimiento en plano material impone la necesidad de emprender un nuevo proceso originario de acumulación.

Bajo el capitalismo las condiciones materiales de los trabajadores no están aseguradas. Los obreros venden su fuerza de trabajo en el mercado, pero pueden no encontrar comprador y verse empujados al desempleo como ocurre en la actualidad. Sucede además que con frecuencia venden su fuerza de trabajo por un salario que no es suficiente para asegurar su reproducción como persona , es decir, un salario insuficiente  para reponer todas las condiciones necesarias para continuar trabajando, y asegurar el sustento de sus hijos.

Asimismo, respecto a quienes quedan desempleados, se busca que configuren modalidades existenciales disponibles en caso de que la actividad económica requiera de ellos, circunstancia esta que se hace cada vez más espaciada en el tiempo . De esta suerte de manutención social se ocupa el Estado como representante de los intereses generales de la burguesía a través de las políticas que dispone el gobierno de turno, pero  debe aclararse que el costo de esas políticas es financiado en forma prevalente, con plusvalía arrancada a fracciones de la clase obrera, ya que el Estado se hace de ese recurso por vía de impuestos que pagan los asalariados.

Toda la queja desandada por los cultores de la política de derechos , desconoce y por ende subestima el carácter clasista de todo el derecho, que impone la norma como expresión esencial de lo jurídico o la sentencia como norma individual del caso concreto. La forma del derecho, el discurso jurídico puesto en acto en toda sentencia, tiene un carácter tan fetichista como la mercancía.

De todo esto se sigue la constatación de que todo derecho es instrumento normativo e institucional de la desigualdad, o sea aplicación de una medida igual a lo que es desigual. Esta es la ideología (en el sentido de falsa conciencia) que inspira el funcionamiento opresivo de nuestra sociedad marcada por las relaciones de producción capitalistas.

Por esa razón, por ese extravío estratégico que supone circunscribir la acción política al puro reclamo por el desarrollo de esas operaciones del poder estatal, exhibidas como políticas de derechos , pensando que el Estado de la burguesía por sus propios órganos, puede sancionar sus propias acciones basado solamente en un recambio de operadores políticos , se llega a la situación actual de crisis del poder político y ausencia en paralelo de toda acción clasista con programa socialista .

Cuando se insiste y se hace campaña dentro de la farsa electoral , con las llamadas políticas de derecho con el Estado como sujeto demandado por la clase trabajadora y los sectores sociales vulnerables que exigen respuesta a sus situación, se olvida que, todo este proceso en abstracto exige y significa el funcionamiento del aparato judicial de ese mismo Estado en tanto estructura jurídico-politica del poder burgués ,  y esa intervención específica actuando el reparto de potencias que implica una declaración de derechos en abstracto para la persona, no es diverso sino tributario de la dialéctica que impone la lucha de clases en concreto y en términos históricos.

 De este modo, si lo que se pone en juego resulta esencialmente variable, luego la respuesta estatal esperable nunca puede ser fija, ni permanente, máxime cuando esa superación solo puede llegar de la mano de la destrucción de ese mismo aparato estatal y la imposición de una dictadura de clase por parte de los trabajadores y los restantes sectores sociales oprimidos.

La afirmación puramente ideológica de la viabilidad de las políticas sociales del Estado como instrumento de adquisición de derechos subjetivos previamente declarados y formalizados por vía de normas jurídicas– ya sean de orden interno o internacional– tropieza con circunstancias objetivas subyacentes en la sociedad civil y en la reproducción social del capital por imperio de la ley de valor que se manifiesta en la desigualdad entre las personas, según la posición que ocupen en el proceso productivo, las relaciones sociales de propiedad existentes y la injusticia inherente en el propio intercambio mercantil de esos contextos.

El discurso que valoriza un supuesto “programa” que contiene estas políticas sociales, queda desarticulado inevitablemente con su propia negación y a sus contradicciones internas, que es la desigualdad contenida en el intercambio mercantil de la fuerza de trabajo, donde el más poderoso socialmente hablando recibe más que el menos favorecido. En palabras de Adorno “la verdad del acrecentamiento se nutre de la mentira de la igualdad” (Adorno, 1993)

La generación de plusvalía y su apropiación por los burgueses es el fenómeno social que marca y da contenido a la idea de justicia del propio modo de producción capitalista y al derecho, que acuden ideológicamente en apoyo de esas relaciones sociales de producción.

Así vista la cuestión, si recordamos que es en la base estructural donde se genera la desigualdad social plasmada en el intercambio, en ningún caso la forma jurídica en el plano de la superestructura precediendo a la política, sea por vía de su ley superior –la constitución – o por del ordenamiento legal interno, puede modificar esta realidad de miseria y pobreza, inherente al propio sistema. Pensar que la satisfacción de necesidades vitales para el desarrollo como sujeto de un trabajador  puede emerger a través de la corrección, modificación o morigeración de los abusos del capitalismo es una simple abstracción, carente de todo apego a la realidad. Se trata de una visión de corte puramente reformista, que resulta impotente a la hora de evaluar sus resultados fatalmente negativos.

Las condiciones expuestas, ubican al trabajador en una compleja y muy difícil situación existencial en tanto todo obrero consciente tiene que competir muy duramente con el aparato ideológico de la burguesía y los desvíos reformistas, y oportunistas esbozados desde la izquierda parlamentarista y electoralera agrupada en una cooperativa electoral vacía de todo contenido que no sea la afanosa búsqueda de un voto para mantener su agónica existencial, extremo este último que se ha visto de manera palmaria en la última elección en la provincia de Santa Fe.

Abundan los discursos  que presentan a las políticas sociales como constitutivamente “buenas”. Sin embargo, la capacidad del Estado en manos del poder burgués para desplegar este tipo de políticas está limitada por las contradicciones mismas del modelo social su faz estructural, y por las reiteraciones cíclicas de sus crisis, cada vez  más frecuentes y a la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.

La demanda social  proyectada por vía del desarrollo de acciones políticas por asignación de derechos subjetivos , no puede recibir satisfacción superadora, sino por vía de la instalación de otro Estado con dominio de la clase trabajadora , lo cual significa el agotamiento del derecho burgués y de los órganos jurisdiccionales que le ponen en acto, es decir , la superación por abolición del poder burgués y de esa clase en sí.

Una vez más, la forma de acumulación de poder de las fuerzas sociales en pugna, luce desigual. La burguesía sabe lo que hace y actúa conforme a su interés objetivo. Desde la clase trabajadora, se impone el mismo mandato, a  partir de la constatación de un retroceso ideológico y educativo en las acciones que buscan el pasaje de clase trabajadora en sí a clase trabajadora para sí. Denunciemos el carácter de clase del Estado, y terminemos con su existencia, ese es el eje programático socialista y la tarea de este momento de la lucha de clases.Los objetivos primordiales de este proceso son , la organización económica de los trabajadores ( lucha antiburocrática y clasista en los sindicatos) y la discusión y educación políticas (tendiente a la conformación del partido revolucionario de la clase).

No esperamos el advenimiento de un orden social con basamento en relaciones humanas justas en contexto capitalista y de la mano de acciones emergentes desde el estado que consolida el poder burgués.

 En un contexto signado en gran parte por la confusión y la incomprensión de los mecanismos de dominación de los capitalistas, el eje de la acción política es la organización política de la clase trabajadora  y  el desarrollo del programa socialista .