Novedades
{"ticker_effect":"slide-v","autoplay":"true","speed":3000,"font_style":"normal"}

Nuevo Curso

El balotaje y la autodenominada izquierda.

Muchas veces los sucesos históricos y sus significaciones políticas inmediatas o extendidas en el tiempo, permiten comprender el uso de ciertos  términos que emergen inicialmente como sinónimos de otros pero más temprano que tarde dejan ver sus perfiles específicos distintos de aquellos a los que se ligaron inicialmente  

En Argentina 14 de abril de 2011, se presentó el FIT , con una conferencia de prensa en el Hotel Bauen. El 27 de abril se presentaron los candidatos. La palabra “izquierda” en aquel entonces remitía a socialismo, en tanto el frente se presentaba como herramienta para una opción clasista autónoma de la política específica del poder burgués y todas sus expresiones orgánicas y organizativas.

Estamos llegando al fin de 2023, y de la misma manera finalizando el despliegue completo y absoluto de una farsa electoral que como postre burgués tiene su frutilla en el desarrollo del sistema electoral de segunda vuelta que estrangula al votante con una alternativa establecida entre dos candidatos de su mismo riñón indicadores de dos maneras de realizar el programa de estabilización de las variantes económicas con beneficio absoluto de la clase dominante que de esa manera busca superar la crisis de reproducción del capital.

En ese contexto lo que otrora se mostró como la tendencia a la conformación de una organización de trabajadores de vanguardia con programa revolucionario y autonomía de clase, se exhibió durante todo el año, reflejando lo ya hecho en años anteriores por todos y cada uno de los partidos que lo integran como LA REPRESENTACIÓN DE LA IZQUIERDA.

Sin duda, los discursos, las acciones y las propuestas de esta cooperativa electoral, que en ningún caso conforma un frente en el sentido político del término, apuntaron a distanciar “izquierda” de socialismo, y lo hicieron por el simple mecanismo de la omisión de este último término.

¿Que implica este proceder? Significa sencillamente que la adscripción a la corriente política que le asigna al término izquierda el objetivo de lograr dentro del orden social capitalista una conformación que se ajuste y de cuerpo a los ideales de la revolución democrática aún no materializados en la vida cotidiana a través del uso como herramienta prevalente de las formas jurídicas.

Esto último significa tomar como paradigma de acción el orden jurídico que se construyo bajo la forma de ley suprema con la reforma constitucional de 1994 a través de la incorporación de los tratados internacionales de derechos humanos a esa ley superior en la que todas las demás se reflejan.

Cuando el FIT-U llamó a votar no hizo otra cosa que reiterar un derrotero ya esbozado tendencialmente en la década pasada. Decir que es la izquierda que lucha significa no otra cosa, que conformar la acción política al sentido común construido por el propio orden burgués parlamentario , permisivo a su presencia, de que izquierda no es política de los trabajadores, sino un pluralismo sin diferenciación de clases a su interior  que hace prevalecer valores específicos de la revolución democrática burguesa como la igualdad , la idea de cambio progresivo  o la justicia social distributiva bajo amparo del paradigma del igualitarismo.

FIT-U difundió en todo el proceso farsesco electoral de este año de todas las maneras posibles, que la Constitución es ante todo, un pacto entre iguales, el acuerdo fundacional mediante el cual personas situadas en pie de igualdad establecen las reglas y principios de organización de la convivencia en las relaciones desarrolladas en el contexto de la sociedad civil.

FIT-U transita bajo el paraguas moral que visualiza la justicia de los vínculos humanos en el modo de producción capitalista como aplicación de la libertad en contexto de igualdad, entendida esta última como una condición de idénticas oportunidades para todos. Es decir no una situación concreta de igualdad, sino normativa. Por eso paso con todos sus pertrechos al diseño futuro y esperable de una sociedad solo sostenida por las normas jurídicas que ha sabido conseguir en orden a ese valor superior que identifican con la justicia.

El objetivo del FIT-U y en él, la definición del significante de la palabra “izquierda” es acceder de modo progresivo, por la ruta parlamentaria a una sociedad en la que las personas son iguales , en cuanto a su igual dignidad moral  o en cuanto a merecedoras de igual consideración jurídica y respeto moral . Igualdad en la ley , como virtud soberana. Luego, la lucha es por conseguir leyes y el terreno del conflicto es uno de los poderes del Estado donde la burguesía concentra su poder formal.

El FIT-U de modo consciente decidió pararse en el andén y saludar con mano a Lenin y los bolcheviques dedicándole su adiós . Sin embargo el líder revolucionario les devuelve y nos da un mensaje claro y específico. …..”Ese Estado es una máquina para que unos repriman a otros. Y debemos poner esta máquina en manos de la clase que habrá de derrocar el poder del capital. Debemos rechazar todos los viejos prejuicios acerca de que el Estado significa la igualdad universal; pues esto es un fraude: mientras exista explotación no podrá existir igualdad. El terrateniente no puede ser igual al obrero, ni el hombre hambriento igual al saciado. La máquina, llamada Estado, y ante la que los hombres se inclinaban con supersticiosa veneración, porque creían en el viejo cuento de que significa el Poder de todo el pueblo, el proletariado la rechaza y afirma: es una mentira burguesa. Nosotros hemos arrancado a los capitalistas esta máquina y nos hemos apoderado de ella. Utilizaremos esa máquina, o garrote, para liquidar toda explotación; y cuando toda posibilidad de explotación haya desaparecido del mundo, cuando ya no haya propietarios de tierras ni propietarios de fábricas, y cuando no exista ya una situación en la que unos están saciados mientras otros padecen hambre, sólo cuando haya desaparecido por completo la posibilidad de esto, relegaremos esta máquina a la basura. Entonces no existirá Estado ni explotación. Tal es el punto de vista de nuestro partido comunista”. Conferencia de 1919

La claudicación política del reformismo electoralista ha entrado en un punto de no retorno. No significa esto que el fenómeno mencionado sea novedoso, sino más bien ha quedado expuesto a la vista de todos. El balotaje del 19 de noviembre es el veredicto final de un desbarranque cuyas raíces deben buscarse en los fundamentos programáticas de estas organizaciones.

Las declaraciones frente al balotaje entre Milei y Massa comenzaron a aparecer ni bien conocido el resultado de la primera vuelta electoral del 22 de octubre. El NuevoMAS se apresuró a llamar a votar contra Milei, dando una aparente “libertad de acción en lo que refi ere al voto” (Izquierda Web 29/10/2023). Al día siguiente el PTS publicó su declaración en la que definió “no votar a Milei” sin darle “ningún tipo de apoyo político ni electoral a Massa” (Izquierda Diario 30/10/2023). Más tarde el MST pronunció que “ser militantes activos contra Milei es una tarea de primer orden” definiendo más claramente a renglón seguido que “decidimos no llamar a votar en blanco ni hacer campaña por esa alternativa” (Periodismo de Izquierda 02/11/2023). El PO – luego de una Conferencia Electoral Nacional – declaró “no apoyamos políticamente ni votamos a Milei ni a Massa” (Prensa Obrera 04/11/2023). Finalmente, Izquierda Socialista no deja lugar a dudas y anuncia su acompañamiento a “millones que votaron a Massa solo por buscar parar la llegada de Milei al Gobierno. Lo hacemos llamando al voto crítico a Massa” (06/11/2023).

Como es fácil observar, no hay acuerdo entre los partidos que comparten frente, lo que los denuncia una vez más como una cooperativa electoral con el solo fin de poder ser parte del esquema electoral que le impone la burguesía de conjunto.

En otro momento de su penosa existencia, el FIT había caracterizado la intervención en el ballotage como una  dispersión en filas ajenas como “expresión de una disolución política” (Conferencia de prensa del FIT de cara al balotaje de 2015).

 El pluralismo de clases al interior de esa cooperativa denuncia su decadencia  ideológica pero además y fundamentalmente entorpece aún más la clarificación política y refuerza su característica de obstáculo objetivo en la politización de las masas.

El voto a Massa o la indefinición política reflejan una crisis que atraviesa, en mayor o menor medida, al conjunto de la izquierda electoralista. El argumento preferido para estas indefiniciones lejos está del fantasma de Milei – que las propias organizaciones no se cansan de repetir– sino que debe buscarse en su debilidad programática.

Algo que ha sido correctamente analizado en más de una de las declaraciones de estos partidos es que las bases para el surgimiento de Milei deben buscarse en la política del Gobierno actual: las tendencias derechistas han visto allanado el terreno para fl orecer y el propio Gobierno se ha derechizado con el correr de su mandato. Pero a renglón seguido se apartan de esa premisa para insuflar nuevas energías justamente a este Gobierno, sentando las bases que engendran futuros Milei que justifiquen futuros apoyos a Massa. Un círculo vicioso del cual no podrán escapar y determinará su naufragio y disolución en el nacionalismo burgués.

El “voto contra Milei” resulta a todas luces una autocondena política. Si la amenaza fuese real, y si esa amenaza pudiese ser efectivamente combatida con un voto por Massa – lo que no es cierto –, la obligación de todo revolucionario era llamar a ese voto desde la primera vuelta, cuando las posibilidades de triunfo de Milei eran reales.

 Es decir, esa inconsecuencia revela la ausencia de comprensión política, en la que primaron sus cálculos electoralistas (para conquistar un diputado más o menos) por sobre la “amenaza fascista”. El cretinismo parlamentario tuvo preeminencia por sobre las posibilidades de Milei.

Por otro lado, el candidato oficialista Massa fue contundente en su deseo de conformación de un Gobierno de Unidad Popular o Unidad Nacional, atrayendo a su lado a varios gobernadores hasta la víspera de la oposición y ofreciendo cargos ministeriales a otras fuerzas políticas. Complementa este cuadro la subordinación de las direcciones de las masas, tanto sindicales como de “movimientos sociales”.

El FITU tenía una oportunidad única para diferenciarse claramente de sus intentonas antiobreras. Si existe un momento fundamental para levantar las banderas del proletariado, de la independencia política, era éste. Sin embargo, el camino elegido fue el contrario. Las definiciones por el “voto contra Milei”, el “apoyo crítico a Massa” o el “mal menor” expresan un apoyo tácito a ese Frente Popular, apoyo del que ninguno de los candidatos está exento por más que luego digan que llamaron a “no votar a Massa ni a Milei”.

 Lo cierto es que fue el propio Massa quien se encargó de señalar en el debate presidencial a Myriam Bregman las 24 leyes que votaron en conjunto el FIT-U con el Frente de Todos, para que ningún desprevenido intente desentenderse tardía y torpemente de este sometimiento a la tutela del último relato peronista y revela nuevamente el abismo que hay entre cómo usa la izquierda reformista sus diputados y cómo los han usado históricamente los revolucionarios.

NUEVO CURSO