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Nuevo Curso

¿Por dónde ir?  El individualismo capitalista o la construcción del hombre nuevo.

Estamos inmersos en los debates sobre los alcances del Megadecreto, si será aprobado por el Congreso o no, el carácter dictatorial de la medida que pasa por encima del Congreso y de la Constitución, sobre la cantidad de reformas que introduce para beneficiar a los sectores más poderosos y concentrados de la economía, sobre lo efímero del protocolo cacareado durante días y días a toda hora por Bullrich.

Pero el tema más terrible para la gran mayoría sigue siendo la inflación potenciada por Milei, que ya era insoportable con el trío Fernández -Massa y ahora se constituye en una pesada carga puesta sobre la espalda del trabajador amenazando su sobrevivencia.

Lo concreto por fuera de los debates y las formas políticas antes enunciadas es que se hace harto difícil para el trabajador y demás sectores desplazados de la producción social formalizada, adquirir las mercancías necesarias. Nada se puede comprar. Liberaron todos los precios, levantaron todos los controles, los empresarios ya no tienen límites de ningún tipo, pueden hacer lo que les venga en gana, tanto con los precios, como con el abastecimiento y la calidad de los productos. El diseño de la gestión actual de gobierno es empujar la reproducción de la existencia a un estadio de  a  hiperinflación que le favorezca  disolver o licuar  completamente los salarios pagados en pesos  devaluados, para imponer a posteriori las condiciones objetivas y subjetivas de explotación y opresión que sean favorables a un nuevo orden social diverso del que ha ocupado las últimas cuatro décadas con formato de república democrática que para la burguesía ha tocado a su fin , y le impone un modelo de sociedad de vigilancia , represiva y basado en la carencia como factor moderador de las conductas y de imposición de un nuevo grado de servilismo.

A lo que se aspira, y en ese propósito se avanza a pasos agigantados, es a una sociedad edificada sobre relaciones sociales que contengan la más mínima mediación estatal o institucional en su génesis y reproducción. Una suerte de vida relacional de los individuos, así considerados que oculte la desigualdad y asimetría objetiva entre ellos, en un formato contractualista que exhibe sus deficiencias objetivas desde su propia construcción desigual.

Para todo esto, en el marco de la relación capital -trabajo son necesarios despidos, suspensiones, y la construcción de ese vínculo bajo el fantasma monstruoso de la desocupación sobre la cabeza del trabajador en sentido concreto y no como pura abstracción.

Las organizaciones de masa de los obreros formalizados , los sindicatos y sus organizaciones de tercer grado , las centrales de trabajadores se posiciones en una táctica de frente único defensivo con los sectores de trabajadores que han sido desplazados de esa condición concreta y pululan en las organizaciones sociales que le permiten una sobrevivencia transitoria , precaria e informal  y tomando como paso inicial la paralización parcial de tareas y movilización del próximo 24 de enero de 2024, convoquen a un plan de lucha para detener la escalada inflacionaria y recomponer los ingresos de todos los trabajadores.

Es necesario que impulsemos unitariamente desde los lugares de trabajo, desde los barrios, de los espacios educativos, asambleas y reuniones, para organizar esta lucha, concentrada en un pliego de reclamos de corte economicista pero ligado transicionalmente a la perspectiva de construcción de una nueva sociedad superadora del modo de producción y el orden social capitalista.

Es necesario así un ajuste salarial móvil que este marcado por el recaudo objetivo de permitir que el salario base cubra por lo menos el costo de la canasta familiar

Es necesario paralizar los despidos y las suspensiones. En ese sentido es necesario recordar la “canallada” que se vivió en el curso de la pandemia por las patronales e impedir su reiteración, de manera conjunta con la oposición a toda forma de precarización laboral.

No hay posibilidad de terminar con la inflación si se permanece en el imaginario de la vitalidad del modo de producción capitalista. La inflación es una enfermedad social generada por ese modelo en crisis de reproducción y un mecanismo de una acumulación forzada de valor por la burguesía dominante, que impone un impuesto directo al consumo sobre el salario y los ingresos de explotados y oprimidos

Hoy estamos en una situación que impone como imperativo inicial derrotar este superajuste que descargan sobre nuestras espaldas. Vamos a una larga lucha de alcance nacional que empieza a desenvolverse con intervención de las organizaciones de masas de los propios trabajadores desde donde debe emerger un plan de lucha con aquel objetivo.

El giro de los acontecimientos que tome la lucha de clase y que estos resulten favorables a los intereses concretos de los trabajadores depende exclusivamente de nuestras propias fuerzas, de nuestra propia organización, de nuestros propios métodos de lucha, es decir: con independencia completa de la burguesía, sus instituciones, sus partidos. Es en ese marco que ganaremos confianza para poder construir una alternativa de poder que enfrente la dictadura de clase de la burguesía y su gobierno, oponiendo un poderoso frente único antiimperialista bajo la dirección de la clase obrera, la única clase que no tiene ataduras con el régimen de la propiedad privada de los medios de producción. Ese es el camino para detener la barbarie capitalista que busca retrotraer las condiciones materiales de existencia a limitaciones y carencias que se encuadran en la pobreza, la miseria cultural y la barbarie.

En ese contexto y por fuera de las reivindicaciones inmediatas en sí, debe advertirse que la premisa ideológica que se traza desde el fenómeno social que estamos atravesando, esta trazada desde la estructura misma de las relaciones de producción intersubjetivas que operan en la sociedad civil misma que por lo ya dicho son crecientemente asimétricas.

No es ajeno a todo esto, tener presente que el personal de operadores políticos que la burguesía ha terminado por seleccionar y ubicado en el gobierno y otros poderes de su república democrática, pone en paradigma de seguimiento un proyecto de sobrevaloración ideológica del individuo, sobre el que descarga el peso de la crisis de reproducción del capital, considerándolo como tal y enajenándolo de la condición de clase que las relaciones sociales le imponen a ese ser humano. Esta abstracción ideológica de ver en el hombre el artífice exclusivo de su existir es la que por falsa conciencia, habilita todo el despliegue de medidas que con forma jurídica pretenden regir nuestra existencia en nuevo formato relacional.

En otros términos, todo lo que se actúa desde las esferas de poder burgués está marcado por un principio de falsa conciencia: “la sociedad no existe como tal, solo existe el individuo” Lo social es la sumatoria de lo que generan los individuos.

Hay un principio de diferencia meritocrática donde cada individuo es diferente del otro por sus propias determinaciones que invalidan la posibilidad de toda regla de igualdad emergente de una intervención externa con poder para romper con esa asimetría con compensaciones diferenciales impuestas por las estructuras institucionales.  La autopropiedad y el utilitarismo son los valores a perseguir y proteger por este modelo de gestión de poder burgués en un orden capitalista en crisis.

 Sin embargo, la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo como lo sostiene ideológicamente el gobierno en los fundamentos mismos del DNU y los proyectos de ley que ha enviado al congreso.  Lo que sucede es lo inverso, es decir, la esencia de lo humano es el conjunto de las relaciones sociales donde debe encontrarse en su existir y sin las cuales no es.

Esto determina necesariamente que la esencia humana no pueda ser entendida y concebirse como «género», como una generalidad interna, muda, que se limita a unir naturalmente los muchos individuos. Por el contrario, la vida social es, en esencia, práctica y esa práctica opera en las interacciones subjetivas en la medida en que no se es sujeto sino por referencia al otro y situado en una posición que esa misma relación objetiva le impone. Todos los misterios que descarrían la teoría hacia el misticismo tan cultivados por el presidente y su entorno, encuentran su respuesta racional en la práctica humana y en la comprensión de esta práctica.

Las desigualdades y asimetrías objetivas entre los sujetos sociales se originan y reproducen de continuo en el orden capitalista a partir de la relación constitutiva de ese modelo que no es otra que el vínculo entre propietarios de medios de producción y quienes venden su fuerza de trabajo. Por tal razón todo lo que se vivencia como cambio social no es otra cosa que una actitud prevalente de ruptura con lo dado y realmente existente hasta ese momento.

No hay posibilidad de superación de los déficit sociales marcados por la pobreza, la indigencia, la miseria cultural y la marginalidad  si se siguen los paradigmas ideológicos que imponen las relaciones sociales de producción capitalista, signadas por la propiedad privada de los medios de producción y la venta de fuerza de trabajo , que imponen de manera ideológica la prevalencia de un tipo individual  emprendedor y productivista y esconde en la mayor medida posible la desigualdad y sus condiciones  inhumanas de sobrevivencia  en sociedades sobrerepresivas y de vigilancia.

La visión capitalista que emerge de la ideología dominante, la tente en la pretendida fundamentación que se da para los actos de gobierno, está exclusivamente ligada al desarrollo económico y a la mejor productividad del trabajo que debe ser favorecido por un sinnúmero de desregulaciones.

De esta forma, por el lema “no hay plata” como única respuesta del Estado, se está diciendo que esa situación es producida por el atraso en el desarrollo económico en que otros modelos ideológicos del capitalismo cercanos al estado de bienestar nos han colocado. De esta forma la realidad solo se mide en los guarismos que surgen de la generación de un incremento del producto bruto por mayor rendimiento del trabajo liberado de cargas formales en su producción concreta y de la reducción en paralelo del déficit fiscal.

La falsa conciencia en ese reducto ideológico del que no se mueve la clase dominante, subyace en que siendo las cosas de esa manera, se excluye cualquier otra perspectiva de nueva y justa sociedad con base en el principio valorativo de contribución al margen y fuera del capitalismo.

Las escuelas económicas pergeñan análisis y postulan políticas económicas trabajando sobre la premisa de que el capitalismo no está en el devenir, no está en el tiempo histórico de modo transitorio, sino como forma absoluta y definitiva de la producción social. En ningún caso tienen en perspectiva la posibilidad de una nueva sociedad y un nuevo hombre naciente de nuevas relaciones de producción ajenas a las que priman en el orden capitalista.

Ese estrecho límite marcado por lo ideológico, torna a cualquier política económica nacida bajo ese paradigma, en herramienta intelectual para el servicio de la reproducción del capital y la garantía del ejercicio socialmente consensuado del poder burgués dominante.

Por eso solo la ruptura consciente con ese paradigma centrado en el desarrollo de bienes y servicios y la intensificación de la productividad del trabajo asalariado bajo la primacía del derecho a la propiedad privada, puede ser la vía de gestión de una nueva sociedad y la posibilidad de un nuevo hombre.

La lucha con esa convicción centrada en la inviabilidad objetiva del capitalismo es el paso de necesario recorrido hacia toda nueva sociedad superadora de ese orden social decadente.

La emancipación de los trabajadores no es otra cosa que una liberación del hombre de las relaciones sociales capitalistas donde se ha gestado con su praxis cotidiana. Esa liberación es esencial en tanto parte de manera voluntaria del interior mismo de las relaciones capitalistas de sometimiento y explotación servil.

Toda acción política contemporánea a nuestro tiempo existencial se ve constreñida a estar marcada por el paradigma de la búsqueda ideológica en la construcción de un nuevo hombre. De lo contrario los trabajadores quedan en todos los casos, mas allá de la intensidad y encono en la confrontación social en las relaciones capitalistas que los someten. En otros términos, si se sigue la visión del hombre del capitalismo, es decir, si se lo considera solamente en tanto individuo productor y consumidor de bienes y servicios, nada resulta superador y lo nuevo no será otra cosa que la prevalencia de lo viejo con otras formas de apariencia.

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