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Nuevo Curso

LAS “PERSONAS DE BIEN”, ESTAN EN LUCHA. EL 24 DE ENERO,  HACIENDO PARO Y MOVILIZANDO

El hombre nuevo será producto de la sociedad sin clases y sin Estado, sin explotados ni explotadores.

La escuela-universidad funcionarán como instrumentos que contribuyan a la formación de este hombre que se humanizará a través de la fusión de la práctica transformadora de la realidad (conocimiento) y su asimilación (teórica) en la producción social. El trabajo manual e intelectual forma parte de la producción social.

El trabajo es imprescindible para el desarrollo del hombre, se convertirá en un placer y dejará de ser una maldición bíblica.

El hombre nuevo será el resultado del pleno desarrollo de la individualidad.

La escuela-universidad nuevas  , la actividad social productiva en colaboración y no en competencia mercantil serán los instrumentos que contribuirán a la formación del hombre nuevo, cualitativamente diferente al hombre de hoy, producto de la decadencia e inmoralidad del capitalismo.

La política de dominación burguesa, se nutre de manera cotidiana de una ética idealista binaria que secciona lo bueno y lo malo, adjudicando esos valores a las personas, por lo que aparentan ser y no por sus acciones. Esa predeterminación de qué es lo bueno y lo malo, tiene un trasfondo ideológico de formación de falsa conciencia sobre lo real, funcional a los intereses específicos de la clase dominante y explotadora.

La proximidad de una medida de fuerza contra el orden establecido, por los trabajadores, hace que esa manipulación abstracta que está en la formación de falsa conciencia en los trabajadores, hace que se caiga de modo recurrente en “las personas de bien que quieren ir a trabajar”, y se posicione a estas sin individualizarlas como víctimas de una suerte de violencia de clase lanzada mafiosamente hacia el interior de la clase misma.

Tal es la manipulación operativa en orden a la construcción y formación de sentido social adverso a la huelga, que los propios apologistas del bien  que toman la cruzada de proteger a la buena gente que va a trabajar cuando otros cesan sus tareas no porque les gusten sino por que no pueden más en esa situación de explotación y omisión, les proponen y les dotan de herramientas constructivas de dos acciones moralmente reprochables por su contenido negativo para la existencia social:  la delación y el anonimato.

Basta ver esa situación de estímulo por vía de lo inadecuado a un sujeto que se precie de tal, que es esconderse en un 0-800 o no dar la cara ante sus compañeros para explicar por qué para él una decisión colectiva, en un conflicto colectivo de trabajo, es simplemente un problema individual de no perder el día o el calculo utilitarista de trocha angosta de cuanto ha de dejar de percibir por esa jornada de protesta y cual sería su “ganancia” si participara de la misma. Es así que, en la propia gestión del interés burgués, los operadores culturales y políticos de la clase dominante dan cuenta de la crisis en la que se encuentra ese orden social para el que vuelcan sus esfuerzos.

 En definitiva, imperialismo, capital financiero no son solo miseria económica, sino básicamente destrucción del sujeto en sí, constituido en un simple centro de imputación de mandatos y condicionantes social, vacío de toda subjetividad que le otorgue un sentido trascendente a su existir, superador del simple consumo de mercancías.

El imperialismo es la fase superior del desarrollo del capitalismo. Esta afirmación ha sido reiterada al infinito a lo largo de todo el proceso de lucha ideológica de clases desenvuelto en el curso del siglo XX. 

Fueron múltiples las interpretaciones posibles respecto de ese concepto expuesto por Lenin en el título mismo de su trabajo sobre ese fenómeno emergente desde el capital configurativo de relaciones sociales específicas y contenidas en sí dentro de los propios planteos desarrollados por Carlos Marx-

En nuestro tiempo, el proceso de globalización y expansión mundial del modo de producción puso en evidencia que el capital sobrepasó los marcos de los Estados nacionales aún cuando estos sobreviven en sentido político y colocó al monopolio en el lugar de la libre competencia en los mercados.

Esto último significa constatar que el capital financiero, en su tendencia a la expansión, puede “libremente” comprar y sobornar al más libre gobierno democrático y republicano, y a los funcionarios electos de cualquier país, aunque fuera “independiente”. El dominio del capital financiero, lo mismo que del capital en general, no puede ser eliminado con ninguna trasformación en la esfera de la democracia política.

En igual medida, todas las reivindicaciones fundamentales de la democracia política son “realizables” bajo el imperialismo sólo en forma incompleta, deformada y como rara excepción.

De ambas situaciones potenciales y concretas, lo que se infiere es ,la necesidad de formular y poner en práctica demandas democráticas aún en el actual estadio de la lucha de clases , pero  no a la manera reformista, sino al modo revolucionario lo que implica  no dejarse constreñir por los marcos de la legalidad burguesa, sino romperlos, es decir,  no sentirse satisfechos con las intervenciones parlamentarias y las protestas verbales, sino agitar y propagandizar para  atraer a las masas a la lucha activa, ampliando y avivando la lucha por toda demanda democrática fundamental, hasta el directo ataque del proletariado contra la burguesía, es decir, hasta la revolución socialista que expropia a la burguesía.

Este proceso de síntesis táctico estratégico, resulta de compleja reproducción en tanto en el hecho se perfila configurativo de una transición entre la búsqueda imperiosa de lo mínimo para el hombre y lo necesario para adquirir tal condición en una nueva sociedad marcada por la superación de la relación capital-fuerza de trabajo.

Por ese “máximo”, se plantea en orden del día, la lucha revolucionaria del trabajador consciente de su posición de clase en la sociedad capitalista, por el derrocamiento de los gobiernos burgueses que gestionan el poder político de esa clase opresora y por la expropiación de los medios de producción que le otorgan esa potestad y lo dotan de los instrumentos culturales y de violencia que les permiten reproducir en su favor esa relación servil.

 El imperialismo en tanto concepto-categoría, en el que se sintetiza un momento del desenvolvimiento histórico del capital, donde carece de la posibilidad de imponer su orden por vía consensuada a la clase trabajadora y lo hace mayoritariamente a base del despliegue violento con guerras y represiones sociales generalizadas, en tanto su expansión productiva implica en el mismo momento insatisfacción creciente de necesidades básicas para amplios sectores de la sociedad civil.

El imperialismo, al agudizar en grado enorme las contradicciones de clase, empeorando la situación de las masas, tanto en sentido económico como en el político con mayor frecuencia de las guerras, recrudecimiento de la reacción, afianzamiento y ampliación de la opresión, empuja a la clase trabajadora, por efecto de la mundialización.  hacia la lucha dejando posiciones pasivas.  

Esta situación tendencial y objetiva debe ser pacientemente explicada al conjunto de la clase trabajadora en tareas de agitación y propaganda advirtiendo siempre y en todo sentido que es en la práctica, el único sector de la sociedad en crisis que puede conservar su independencia y autonomía de acción si así se lo propone, ligando su lucha por todas las reivindicaciones democráticas a su lucha revolucionaria en permanencia, por el derrocamiento de la burguesía.

Es este propósito emergente de lo real, lo que impone en el trabajador en sí, un proceso subjetivo de conciencia peculiar porque siendo según lo determina el orden capitalista, debe y puede a la vez superar en sí, esa determinante y transitar hacia otra subjetividad que en la vida relacional lo habilite para dar a la lucha que protagoniza por necesidad una finalidad superior a la mera reproducción de la existencia.

Es en ese sitio de la existencia individual en clave de revolución permanente desde donde debemos advertir, según lo puntualizó Ernesto Guevara, que “se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque” y persiguiendo construir el socialismo nos lo representemos con la ayuda de las armas melladas que deja nuestro concreto existir en la fase superior del capitalismo, esto es, la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca.

La propaganda socialista necesita hacer eje en estas circunstancias ya advertidas desde los aportes significativos de Guevara. La mera denuncia del hecho económico donde se consuma la explotación y la traslación de la impugnación a los actos de corrupción del personal político que gestiona políticamente el poder burgués desde la institucionalidad estatal, no alcanza para que los trabajadores saquen los pies del plato y se determinen a subvertir el orden social capitalista.  De allí que sea tan importante elegir correctamente el instrumento de movilización de las masas para que combinen su existir desde hombres y mujeres buscando concretarse en otras personas.

Ese instrumento debe ser de índole moral, fundamentalmente porque la ética revolucionaria se gesta, tanto en el proceso de la lucha por el poder como en la existencia cotidiana de la relación inmediata con el otro y porque no hay revolución sin revolucionarios conscientes de su tarea de vanguardia social y política.

El nuevo hombre  y la nueva sociedad con imperio del principio de justicia contributiva-distributiva, según el cual los repartos sociales operan siguiendo la regla «De cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades», no es una estación a la que se arriba luego de transitar una ruta, por el contrario es un factor que desde lo real existente, se construye al calor del proceso de  lucha existencial del trabajador con sus pares y su entorno , buscando transformaciones sociales, a medida que la conciencia se va desarrollando y va dejando de lado las formaciones mezquinas y egoístas que imperan en el orden social capitalista, en su etapa de agonía imperialista.

Por consecuencia necesaria de las derrotas sufridas en otro momento histórico de la lucha de clases en nuestro país y sus proyecciones culturales extendidas a formas políticas de mera exaltación de ilusiones democráticas en contexto capitalista, es imperioso que el hoy de la lucha no se cosifique, no se objetive en forma exclusiva en demandas económicas o puja por derechos meramente declarados y nunca consolidados. La particular característica de lo actual, marcan un barajar y dar de nuevo, retornando a un conjunto de imperativos categóricos en el existir que nos reflejen la posibilidad de otro orden de vida basado en valores repudiados por el sistema como la solidaridad de clase y la participación en la lucha por vida y dignidad.

Como presupuesto básico debemos saber que cada uno de nosotros no se sube a la marcha, no para sus actividades solo y como individuo, sino como clase social. La propaganda socialista debe ir buscando las formas comunicacionales pertinentes y necesarias para que el trabajador advierta que es fundamental tomar como motor fundamental de su accionar los incentivos morales, y con ellos asumirse como motor de la historia y no como un espectador de ella.

el objetivo fundamental es eliminar el interés individual y el lucro desde las motivaciones psicológicas.

El individualismo en cuanto tal, es decir, como acción aislada de un trabajador, sea o no militante activo, debe funcionar en beneficio absoluto de la clase en sí. Debemos explicar pacientemente a cada trabajador y propagandizar la premisa de atención necesaria conforme a la cual su vida, nuestra vida y el futuro de la sociedad están ligados y entrelazados por un propósito final de cambio de lo dado, dejan de lado deformaciones elitistas del accionar político que, tanto daño ha causado a eso intentos de cambio.

El hombre y la mujer trabajadora nos afirmamos como seres humanos cuando realizamos nuestra actividad de forma libre y no condicionada por una venta previa de esa capacidad a quien luego adquiere el resultado de la misma. Solo las relaciones de producción libres son, capaz de proporcionar placer y no una actividad forzada. En el capitalismo-imperialismo, donde la actividad humana se realiza en los marcos de la propiedad privada, la explotación del trabajo asalariado se convierte en un medio de obtención de riquezas por otros. Las relaciones entre los hombres pierden su carácter esencialmente humano y se potencian las necesidades no satisfechas y la descomposición de todo posible espacio de espiritualidad que le otorgue sentido a nuestro existir

El hombre y la mujer trabajadora como sujeto esencial al que se dirige la propaganda socialista debe extraer como conclusión gravitante en su existencia, que es imperioso transformarse al mismo tiempo que se lucha, precisamente por la ayuda que esa lucha le otorga en torno al conocimiento de los objetivos de esa experiencia colectiva a la que se suma.

Los trabajadores debemos aprender con “H” que en cada uno de nosotros organizados de modo colectivo y eficiente existe la aptitud, la capacidad, para potenciar, a través de su lucha, las condiciones subjetivas que posibilitan la revolución, en la advertencia esencial de que la situación actual del conflicto social nos ubica frente a una crisis de dirección que obstaculiza el desarrollo más acelerado del proceso de cambio.

La dignidad humana es el valor y el propósito convocado en toda actividad del trabajador, también su propósito final solo alcanzable por la lucha, la abnegación y las ideas. Los imperialismos, utilizan armas, inteligencias artificiales, programas de seguimiento informático volcados sobre nuestro existir.

 Los trabajadores tenemos desde siempre un antídoto y un arma poderosa, defendemos la condición humana en nuestro existir, y por ella sabemos que el hombre piensa y siente. Allí y no desde el discurso del político burgués de turno, nace la gente de “bien”.

La clase trabajadora en sí misma considerada, tiene la compleja tarea de desenvolverse con viento en contra, que trae entre sus giros la definición e imposición objetiva de un sujeto vacío de objetivos diversos de lo que no fuera sobrevivir materialmente y someterse a la servidumbre impuesta por la dominación de clase específica del orden social capitalista.

La creación de una sociedad nueva es la única posibilidad de arrancar al trabajador de su deshumanización laboral y esa tarea estratégica es necesaria actividad de los trabajadores mismos. Hay que romper ese vacío existencial, esa nada donde nos sumerge objetivamente la relación capital- fuerza de trabajo y nutrir la vida del contenido de clase consciente y su labor política emancipatoria, para avanzar de la manera más decidida hacia el hombre nuevo y la nueva sociedad.

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