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Nuevo Curso

LAS LEYES Y LA LUCHA DE CLASES

NUEVO CURSO

La voluntad y determinación programática y política de la clase opresora requiere una específica y determinada forma de manifestarse de modo de prever en sí misma la posibilidad de lograr su acatamiento, aún por la fuerza.

Esa forma es la ley, en tanto acto de poder de la burguesía que legitima vía Estado la posibilidad del empleo de la fuerza por los aparatos orgánicos de esa estructura institucional predispuesta.

Desde la modernidad capitalista, la revolución burguesa determinó como uno de sus objetivos la igualdad estrictamente ligada a la noción de libertad ambas como expresión ideológica de la abolición de la sociedad feudal y sus privilegios.

Precisamente esta declarada igualdad se manifiesta precisamente por una pretendida equiparación de todos frente al mandato legal predispuesto y en esto también toma formulación abstracta la noción de libertad, en razón de que es esa ley, el límite del libre ejercicio de la capacidad de determinación de un individuo que solo cede ante la presencia concreta de la propiedad del otro.

La ley es la que se manifiesta como medida de equiparación social, en tanto se sostiene en el postulado abstracto y declarado de que todos estamos equiparados frente a un parámetro, que es precisamente la norma legal que a la vez exige igual aplicación si se da la situación fáctica prevista en la norma.

Pronto y con más de dos siglos de recorrido, se advierte que esa premisa de sustento ideológico cultural para el orden capitalista no se verifica en lo concreto de las relaciones que operan en la sociedad civil, todas ellas mediadas por la presencia del poder burgués por vía del Estado.

En ese espacio de análisis, corresponde sacar al fenómeno de lo ideológico y advertir que en nuestra sociedad existen propietarios de medios de producción y aquellos que solo sobreviven por la venta de su fuerza de trabajo.

Esa objetiva desigualdad en las relaciones determina que el empleo de la igualdad como generalización de lo esperado de un mandato legal oculta esa desigualdad social real  y la constituye en el acto mismo formalizador de la explotación y la opresión. 

Dicho de otra manera las pretensiones de igualdad de todos los individuos ante la ley, que expone la burguesía de modo programático y constitucional y que hacen suyas quienes cultivan ilusiones democráticas como eje de sus actividades políticas dentro del marco institucional delineado por el poder burgués y su Estado , constituye en los hechos una flagrante violación de la igualdad y por lo tanto una afectación del valor justicia .

Sabemos que cuando se da la agudización de la lucha de clases -solamente entonces– aflora la capacidad creadora de los explotados, que significa la respuesta adecuada a los problemas y obstáculos que genera la propia realidad social.

Casi siempre esa capacidad creadora es resultado de impulsos instintivos –o actitudes elementales , centradas en situaciones básicas de injusticia distributiva que impone el capital , más que de planes elaborados con anticipación.

Las ideas que la clase dominante impone a la sociedad impiden la comprensión adecuada de este fenómeno. Se utiliza a la escuela y a los medios de comunicación social para convencer a los de abajo que todo lo que se crea y, particularmente, la transformación radical del proceso histórico, son obra de los caudillos, de los intelectuales, de los politólogos cargados de diplomas y condecoraciones, en fin, de los burgueses sabios que llegan al gobierno, pero de ninguna manera de las masas .

La conclusión anterior soslaya responder a la siguiente pregunta: ¿cómo se materializan las leyes de la historia? Estas leyes, a diferencia de lo que sucede en los ámbitos de la química, la física, etc., se efectivizan a través de los hombres, de las clases sociales.

En la sociedad actual y debido a su propia naturaleza, es la fuerza de trabajo la parte fundamental de las fuerzas productivas en tanto son los hombres , los que encarnan las tendencias a su transformación radical, a su progreso.

 Por esto decimos que el asalariado es instintivamente comunista, lo que puede transformarse en política con el desarrollo de la conciencia clasista y su incidencia en la ley histórica de la lucha de clases. Cuando el instinto se trueca en conciencia de clase quiere decir que aquel ha dado un salto cualitativo.

Hay que recalcar que el cumplimiento de las leyes del desarrollo y  transformación de la sociedad constituyen la esencia de la revolución social.

Cuando las fuerzas productivas (que se encaminan a consumar la transformación cualitativa de la sociedad) chocan, debido a su gran crecimiento, chocan con las  relaciones de producción de propiedad imperante, quiere decir que la revolución social se convierte en una necesidad histórica, objetivo estratégico que resume todo el desarrollo de la sociedad. En verdad, lo que está planteado es la posibilidad de la revolución , que para convertirse en realdad precisa que la clase social que encarma la transformación revolucionaria adquiera conciencia de su tarea.

Cuando las masas de trabajadores  explotados van desbrozando el camino que les conducirá a la conquista del poder político, cuando van superando los obstáculos que encuentra en su marcha, quiere decir que están transformando la realidad social.

 De esta manera, no pocas veces instintivamente, van materializando la transformación de la sociedad, van acumulando los materiales que más tarde aparecerá como creación teórica.

En este sentido, si  las ideas nacen cuando el desarrollo de la realidad objetiva impone un choque entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de propiedad que impone la acumulación y reproducción del capital ,el papel de los intelectuales orgánicos de la clase trabajadora nunca tiene relevancia en sí mismo , sino que resulta un aporte secundario en el proceso de acumulación consciente de la situación y la necesidad de superación de la misma que nace en los trabajadores en sí. Es la realidad social la que debe haber madurado en sus contradicciones objetivas para que la clase trabajadora de conjunto pueda  apropiarse (aprehender)  las ideas-programas  que  instintivamente está demandando.

Son las masas, pese a la situación de pobreza y miseria en que  las deposita el desarrollo critico de la reproducción del capital ,  las que cumplen el papel de transformación de la sociedad. Desde ese punto de partida, hay que decir una vez más que, la conciencia de clase no brota por sí misma y de manera espontánea ,la levadura que le permite fermentar viene de fuera, y es en ese espacio donde tiene pertinencia la acción del intelectual orgánico a la clase trabajador.

La conciencia de clase expresa ese fenómeno de recepción por el trabajador en plano individual y colectivo que se produce a través  del inconsciente proceso histórico que protagoniza su clase .

La masa obrera (asalariada), cuando se lanza a la lucha y emplea como método de lucha la acción directa, demuestra con mucha frecuencia que tiende a desconocer la gran propiedad privada de los medios de producción, es decir, instintivamente plantea respuestas de contenido comunista. Los sectores sociales que, a pesar de su condición de explotados y oprimidos por la burguesía-imperialismo, son pequeños propietarios se encaminan en la lucha hacia objetivos diferentes, que tienen relación con la urgencia de potenciar la pequeña propiedad. No puede haber la menor duda de que son diferentes por sus intereses materiales, aunque en cierto momento no aparezcan como antagónicos, sino, más bien, como aliados.

La teoría revolucionaria hecha programa político desde la lucha de clases y su materialización organizativa en partido político actúa sobre la natural tendencia del trabajador a la búsqueda de soluciones a sus problemas materiales de sobrevivencia en este orden social capitalista.

El programa político hecho organización partidaria  potencia esa natural predisposición del trabajador  y le permite dar el salto de su transformación cualitativa en conciencia. Solamente así la masa obrera amorfa de nuestra época puede desarrollar una política propia e independiente de la burguesía.