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Un imperativo: Descifrar la complejidad.

Desde el inicio queremos dejar sentada una cuestión que adquiere carácter esencial cuando se intenta acercarse a un fenómeno tan complejo por la multiplicidad de elementos concurrentes como el vivido el pasado miércoles en las inmediaciones del Congreso de la nación.

Esa cuestión a la que aludimos concentrada ideológicamente en el concepto violencia revolucionaria, ha sido  muchas veces soslayada por el trajín que se autoimpone la izquierda parlamentaria argentina en su afán de ser admitida institucionalmente por el orden capitalista  

La violencia revolucionaria y su legitimación de empleo en manos de los sujetos que se integran en la clase trabajadora sometida y explotada por la burguesía no puede encontrar amparo justificatorio en algo que se le parece pero no es igual  que es el pretendido derecho de peticionar ante las autoridades que supuestamente el orden republicano acuerda a los miembros de la sociedad civil por vía de su atribución subjetiva en la categoría abstracta del hombre en su parcela política como ciudadano.

Ya si se parte de la base  que es objetivamente detectable, es decir, aquella muestra   que nuestra sociedad no es un orden de relaciones intersubjetivas entre iguales, sino una estructura de clases emergentes de una relación de producción establecida entre capital y fuerza de trabajo  o como lo consigna  Engels en el prólogo a la edición alemana del Manifiesto Comunista:

“el régimen económico de la producción y la estructuración social que de él se deriva necesariamente en cada época histórica constituye la base sobre la cual se asienta la historia política e intelectual de esa época, y por tanto, toda la historia de la sociedad -una vez disuelto el primitivo régimen de comunidad del suelo- es una historia de luchas de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, a tono con las diferentes fases del proceso social, hasta llegar a la presente, en que la clase explotada y oprimida -el proletariado- no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime -de la burguesía- sin emancipar para siempre a la sociedad entera de la opresión, la explotación y  con ello, de la misma luchas de clases”…, lo cierto es que esa advertencia implica violencia de una clase sobre otra. Violencia que esta contenida como tendencia negativa en todo efecto de las relaciones de producción capitalista.

De manera entonces que la defensa como forma jurídica de la posibilidad de peticionar a las autoridades , se constituye en la propia definición y admisión de una autoridad que en el propio acto de peticionar queda legitimada como sujeto necesario de esa acción política, es decir, la república en tanto forma político-jurídica, se justifica en el propio acto de los peticionantes que manifestándose le otorga el ser y su necesaria funcionanlidad.

Ese juego dialéctico en un entorno enmarcado por abstracciones y fórmulas jurídicas es negado por la violencia revolucionaria, en tanto esta se orienta estratégica y finalmente en demoler ese orden con el que la sociedad capitalista de clases se constituye imponiendo explotación y opresión sobre la clase trabajadora.

la violencia revolucionaria y sus detractores callejeros hace que finalmente la negación e impugnación de su empleo por la clase dominante , signifique en todos los casos  el desarrollo de la teoría conservadora de la evolución gradual y progresiva de la condición humana en un orden social que se reforma por sí mismo y su propia institucionalidad.

Hechos como los acaecidos en inmediaciones del congreso de la Nación , llevan al repudio generalizado de los siempre bienpensados y conservadores que se exprea en tanto manifestación explícita de no tener fe en la violencia, como si esta se tratara de un ente metafísico, aunque con perfiles concretos para permitirle circunscribir la acción como defensa al “derecho a la protesta”.

Negar de esta manera sesgada la existencia concreta y real de la violencia , es  no percibir que lo mismo que impugnan- la represión- es una de sus manifestaciones en manos de quien tiene de ella el monopolio para sostener el propio sistema jurídico al que acuden con habitualidad los apologistas del derecho. La pregunta es , que se pensaba que podían generar los actores legales de la violencia que no fuera otra cosa que violencia 
Ahora bien,  lo dicho, no impide advertir en un mismo momento de realización , una caracterización política que pretende ver en toda reunión de personas con propósito de ocupar calles en protesta una tendencial posibilidad de trascender hacia un cuadro diverso de corte   insurreccional  a través de la pretendida tesis que indica que  lo que importa es que se junte gente y luego en los hechos se activará al interior para dotarla de un  contenido político centrado como mínimo en la caída de la actual gestión del gobierno de la república.

Para aprovechar ese despliegue ideológico , los opinadores de siempre, como ven que en la calle hay gente que enarbola banderas, y que ellas son portadas por aquellos a lo que ellos llaman trotskystas , lo que sigue es acordarse del revolucionario en concreto y fustigarlo como el mentor de ese tipo de haceres .

En primer lugar hay que advertir que hay una falta de legitimación social para ese pensamiento peregrino, en la medida en que quienes lo usan ni siquiera tienen capacidad operativa para esa tarea de poder torcer el sentido de una manifestación callejera que mínimamente deje ver a sectores de las masas populares ocupando espacios públicos.  Pero lo segundo  y mas negativo,  es que se oculta que la sociedad está en un período preparatorio del cambio social con acciones de   agitación y propaganda y en ningún caso en una  abierta confrontación de clase contra clase buscando derribar el orden búrgues. Dicho de otra manera , es imposible trazar una táctica de orden insurreccional en una momento de la lucha de clases donde no hay ningún elemento que permita inferir en la clase trabajadora la voluntad de terminar lisa y llanamente con este orden opresivo y explotador más allá de quien gobierne coyunturalmente para el interés burgués para reproducir el desarrollo capitalista.

Si tenemos presente lo indicado más arriba, se verá que Trotsky no dijo nada de eso que se le atribuye y que un elemento del fenómeno en curso está dada para los trabajadores por el estigma del oportunismo que pasa de pedir el voto del trabajador repartiendo fotos y videos a este luchismo,  que nuevamente abre la puerta al prejuicio de clase que impone la burguesía contra la violencia revolucionaria consolidando el tabú que construyo el alfonsinismo con su teoría de los dos demonios. El paso que sigue es decir, que los demonios se volvieron a congregar en una plaza para su inveterada intención de imponerse sobre los hombres y mujeres de buena voluntad.

Frente a este esquema táctico de la burguesía de conjunto, que incluso le da la posibilidad de dirimir sus conflictos de sectores políticos e intereses específicos en la calle  por apelación a la apropiación de demandas sectoriales  , nos obliga a denunciar de modo propagandistico la decadencia cultural del capitalismo y las insuficiencias congénitas del llamado derecho a peticionar ante las autoridades

Los hechos en su objetividad y por todas sus particularidades nos obligan a desenvolver una agitación programática en torno a la necesidad de reivndicar la violencia de clase que pueda desenvolver la clase trabajadora en relación a su objetivo emancipatorio.

La vanguardia obrera y toda acción política autónoma de clase que ella desarrolle debe basarse ideológicamente frente a los hechos reclamando el empleo oportuno de la herramienta de lucha que resulte pertinente en sentido final con el objetivo estratégico de toda lucha emprendida.

Dicho de otra manera,  estamos si es que queremos ocupar el rol de vanguardia en esta lucha de clases  en obligación de recordar que un cierto número de hechos sociales en la historia, han acaecido, con la violencia revolucionaria como herramienta necesaria y otros han generado situaciones que implicaron transformaciones significativas aún en el orden capitalista. Venimos en ese sentido de poner en la palestra en un nuevo 8 de marzo , el hecho fundante de la muerte de obreras en lucha, o de destacar la impronta agresiva de clase en un discurso presidencial en foro internacional , el 1 de febrero .

Hoy tenemos el drama de una persona que paradójicamente ha sido retratada en la propia instancia de buscar un documento de la violencia burguesa desatada dramáticamente sobre su cuerpo de manera impiadosa con sus elementos técnológicos -represivos .  

A los heridos el pasado miércoles no les fue posible “no creer” en la violencia y repudiarla, sencillamente la sufrieron en cuerpo y alma, mientras otros, los convocantes hacían declaraciones y se sacaban fotos, y el aparato comunicacional de la burguesía se aprestaba a disparar con su arsenal ideológico sobre los hechos de manera de lograr una falsa conciencia sobre lo sucedido.

Nuevamente, la tarea no es el comentario de lo ocurrido  como si se tratara de un tardío aporte a un partido de fútbol con el resultado ya conocido. Usamos el ejemplo del fútbol para estar en la sintonía con la absurda acción del incipiente frente popular conformado en los hechos por  los convocantes a quienes les pareció que lucir una camiseta de un club implicaba un chaleco antibalas sin  reparar incluso en quienes eran los que la lucían y fundamentalmente en la ausencia y aquiescencia de la propia clase trabajadora que no se hizo presente de manera organizada en el lugar.

Por ese motivo es que, la no presencia de elementos esenciales para  hacer de una movilización una lucha callejera con tendencias insurreccionales por ausencia del sujeto social necesario de modo autónomo y organizado , para encarnar esa posibilidad, le resta a lo sucedido todo posible encuadre en los marcos teóricos que deja la historia relativa a las insurrecciones y deja a Trosky en  ninguna injerencia sobre los designios oportunistas del reformismo y el centrismo.

La tarea es tomar lo sucedido como forma de aprendizaje-conocimiento de las construcciones revolucionarias y socialistas por las que abogamos llegar a  las masas trabajadoras con las tareas de agitación y propaganda propias del período en que nos encontramos en el desenvolvimiento de la lucha de clases, que tiene signos relevantes de un puro defensismo frente a la ofensiva en todos los planos y espacios sociales del poder burgués.

No tener a la  violencia  como herramienta política ,es tanto como no creer en su significativa  gravitación en los hechos. Pretender esconderla bajo el paragua del impotente  derecho republicano de peticionar a las autoridades  es un error significativo , en la medida en que el drama social provocado, no tiene ni siquiera la posibilidad de una legitimación de conjunto para que se siga apelando a manifestaciones con intereses difusos como la que se proyecto para el pasado miércoles , a la que se convocó como si se tratara de un acto partidario y sin hacer una justa valoración de los elementos contradictorios que yacían tendencialmente al interior del llamado a ocupar las calles en defensa de la situaciones de los jubilados.

Casi toda la existencia de las relaciones sociales que nos determinan en esta sociedad de clases  está edificada  contemplando  formas diversas de violencia, sobre  el esquema de exhibirlas bajo la apariencia de la oposición de una violencia a otra. La simple alegación de derechos, implica para su existencia que un órgano intelectual y funcional del Estado  imponga ese reparto de posibilidades que se propicia cuando se habla de la facultad que tiene un ciudadano para expresarse y peticionar medidas concretas a las autoridades  admitiendo que estas a la vez tienen legitimación para el uso de la  fuerza descargado por quien a su juicio actúa de manera antagónica a lo que orden capitalista permite.

Decir entonces, que una acción de Estado, violenta la materialidad republicana que asigna al ciudadano la posibilidad de peticionar ante sus autoridades , partiendo además de la norma que indica que el pueblo no delibera ni gobierna por sus representantes es un error establecido sobre el objetivo de certezas en referencia a un fenómeno social específico

El Estado y su institucionalidad jurídica, instalan y obtienen consenso por acatamiento a la normativa vigente , para el paradigma de que solo esa estructura político-juridica concentra el monopolio del uso de la fuerza pública sobre las personas . Luego el Estado de la burguesía es quien discierne en que casos y de que forma se despliega esa violencia. Ese paradigma no se extingue ni es negado por el pretendido derecho de petición a las autoridades, pues este para serlo debe ejercerse admitiendo el monopolio estatal de la fuerza pública y su existencia en acto concreto .

Es por eso que una marcha convocada sobre un espacio público tropieza con el obstáculo condicionante que le impone un protocolo para su realización que restringe la libertad de movimiento de las personas y habilita que se aplique el imperativo de la fuerza en caso de desconocimiento o que la autoridad alegue y estime se está produciendo en los hechos las prohibiciones inherentes a ese protocolo.

Siendo esto así, la prédica por el respeto de un pretendido derecho se impone a sí misma esas limitaciones y hace real aquellas abstractas declaraciones insertas en un protocolo.

Así las cosas cuanto corresponde  decir es, que en términos generales el empleo por los trabajadores de violencia contra todos esos dispositivos institucionales , normativos y de fuerza física lisa y llana, es siempre de superación de aquella abstracción contenida en la  presunta posibilidad de peticionar a las autoridades, negando y buscando terminar con esa relación política de mando y obediencia.

El frente popular en curso , pone en escena sus facetas depredadoras de toda tendencia revolucionaria . En esta inteligencia hay que difundir propagandísticamente en la vanguardia que toda posibilidad insurreccional no emerge de la mera voluntad o el deseo de un grupo. Orientar al proletariado hacia la conquista directa del poder, el necesita de la predominante mayoría de la clase trabajadora en la realización de la ocupación de calle, factor absolutamente ausente en la situación desenvuelta el miércoles pasado.

En Argentina no existe un partido político de clase con capacidad de influencia de masas y dirección de la vanguardia de los trabajadores . De ese dato se sigue que si carece de esa capacidad, lo que corresponde es conseguirla, es decir, luchar metódicamente para lograrla  en la advertencia de que en ningún caso eso surge espontaneamnte  por la sola realización de una marcha por una demanda sectorial que no es tomada  por las mayorías que componen explotados y oprimidos.

Cualquier organización política de trabajadores solo puede alcanzar este objetivo si es una organización absolutamente independiente, con un programa claro y una estricta disciplina interna, que implica necesariamente  romper ideológica y organizativamente con los reformistas y los centristas que no luchan por la revolución proletaria, que no tienen el deseo de preparar a las masas para la revolución y que, con su conducta, coartan esta tarea.

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