
Las estimaciones de diversas fuentes que no pueden ser sospechadas, señalan que ya ni siquiera teniendo trabajo, formal o informal, se está a salvo de ser pobre. Esto implica que ha habido desde la actual gestión de gobierno, un golpe letal a los ingresos familiares, que hace que estos cada vez se acerquen más a mostrarse insuficientes como para satisfacer menos necesidades, vale decir, incapaces incluso de cumplir su rol en el proceso económico, haciendo que la relación capital-fuerza de trabajo se muestre más allá del nivel de explotación , más próxima a convertirse lisa y llanamente en una relación de servidumbre , de corte netamente opresivo.
Nuestra realidad deja ver con carácter de evidencia, que cada vez más personas son desplazadas por las circunstancias económicas devenidas de la reproducción capitalista financiera en nuestra sociedad, a las filas de la pobreza , es decir a la condición estructural de población económicamente sobrante.
Las patronales, los dueños de los medios de comunicación y sus políticas de formación de relato, hacen su trabajo al respecto en tanto están persuadidos de su operatividad en la medida en que consideran la posibilidad cierta de proponer esa existencia social como viable en la medida en que los salvatajes coyunturales por vía de asistencia social no lleven la relación de lucha de clases hacia estadios donde se ponga en crisis su dominación cultural.
Ese espacio de dominación de clase impuesto por la burguesía lleva consigo de manera contraditoria que exista en los distintos sectores de esa clase social el el temor específico que ceda en consistencia , abriendo un período más profundo de crisis que le imponga a la gestión política la necesidad de terminar con la forma republicana de Estado y con ello, con la democracia representativa como forma de gobierno, consolidando un régimen bonapartista en torno a la figura del actual presidente o de quien le sustituya por efecto de la protesta, siendo esta tendencia la que muestra su primer capítulo con la inestabilidad en la que se ha ubicado la gestión actual del ministerio de seguridad.
La situación en cierto modo no responde a esquemas o categorías políticas preestablecidas en tanto, las específicas condiciones y perfiles que asume la lucha de calles en el período que inicia con la gestión política del actual elenco político burgués a cargo del Estado deja ver que no existe una fuerza social que dispute la dominación burguesa y más aún una expresión política autónoma de la clase trabajadora que exhiba concretamente sus intereses emancipatorios, en la coyuntura
Dicho de otra forma, la clase trabajadora en sí, está ausente en el plano del discurso y la contienda simbólica con una posición que se pueda llamar crítica, no solamente sobre lo dado , sino también en lo que se refiere a un posicionamiento superador de ese orden negativo de cosas en las que nos toca sobrevivir.
Bonapartismo sin embargo , es un concepto operativo para pensar analítica y estratégicamente la evolución del actual régimen político, y las derivaciones que se siguen del actual curso del proceso de lucha de clases, que está llevando a la clase trabajadora que emerge como su consecuencia a la adopción de una particular forma de expresión de consenso a la gestión de gobierno, opuesta al posicionamiento de sectores sociales que navegan en el desempleo y la amenaza de desplazamiento hacia un espacio cultural de población económicamente sobrante, que cuestiona de modo activo a esa misma gestión y en sus expresiones más extremas apunta a su reemplazo
Más allá de los ejemplos históricos específicos a los que se ajusta en desarrollo temporal esta categoría bonapartista, lo que exhibe en definitiva es el señalamiento puntual de tendencias autoritarias crecientes en la democracia capitalistas en proceso de degradación , puestas de manifiesto con prácticas que abarcan el gobierno por decreto hasta el recurso al empleo más extendido y riguroso de las agencias estatales de seguridad y represión en el ejercicio del poder.
Bonapartismo en tanto categoría de análisis, viene a describir con mejor precisión un período como el que nos toca sobrevivir , ya que desde su genesis, nació para indicar una forma de poder basada en el apoyo de la fuerza militar represiva que en situaciones de crisis le toca suceder a la democracia representativa que a la inversa obra con cimiento en el consenso social de las clases intervinientes como tales y sus propias modalidades de expresión.
En ese sentido, destacamos y advertimos que un momento como el que describimos de la lucha de clases , no ubica al bonapartismo como la simple negación del régimen democrático de gobierno sino su superación necesaria a los objetivos del poder burgués y como tal exige que su emergencia se vea condicionada por una situación de crisis de legitimación nacida en el propio seno de la democracia representativa.
La riqueza de advertir en y desde los elementos de la realidad la tendencia creciente del bonapartismo plantea en el mismo momento una demostración en los hechos, de la heteronomía de la política respecto a la dimensión económica,
Esto significa que estamos frente a un paradigma de cambio social que se sustenta en la transformación del régimen de acumulación económica derivada de la propia crisis del capital , que impone la correlativa modificación superadora del régimen de dominación política y cultural.
Dicho de otra manera, los elementos contradictorios y antagónicos yacentes en el desarrollo critico de la relación social capital afectan por sus efectos a la dimensión democrática en sí en su horizonte y le implican una sustitución de la estrategia autónoma de logro de consenso social, por una en la que prevalece intervención de lo político como sinónimo de despliegue de fuerza desplegada por el Estado en el interior de la sociedad civil .El titular del poder ejecutivo y su grupo inmediato de operadores políticos, encarna la determinación estratégica de un sector del poder burgués frente a la crisis de la acumulación y reproducción capitalista de ubicarlo en el plano de las representaciones ideológicas, como alternativa super partes a los agrupamientos tradicionales de los aparatos partidarios y la CGT, en dificultades de actuación en la contención de la dinámica de los acontecimientos sociales y la consiguiente búsqueda de consenso.
En definitiva, advertimos por fuera de todos los datos accidentales y contingente que nacen de los sucesos del pasado miércoles , que estamos transitando la prevalencia de una tendencia político-social que desde la gestión de gobierno defiende a la sociedad burguesa del peligro de la revolución social mutando morfológicamente desde una simple apariencia institucional de república representativa , hacia un régimen bonapartista .
El fenómeno que destacamos, implica puntualizar como factor que no puede ser soslayado a la hora dela la militancia en concreto de la vanguardia de los trabajadores, que la clase económicamente dominante, aunque cuenta con los medios necesarios para gobernar con métodos democráticos, se ve obligada a tolerar -para preservar su propiedad- la dominación incontrolada del equipo gubernamental apoyada por un aparato militar y policial represivo , por la construcción de un «salvador» mesiánico que paradójicamente recibe la aquiescencia de la clase trabajadora exhibida como “omisión de intervención política autónoma” factor relevante en la situación y que explica por qué las expresiones políticas partidarias hayan tenido que acudir a personas jubiladas e hinchas de clubes de futbol a la hora de buscar un sujeto portador de la rebeldía hacia el régimen .
Los trabajadores, tienen una representación de cuánto les sucede buscando primariamente que el gobierno mejore su agobiante situación satisfaciendo sus necesidades porque es la necesidad la que mueve sus decisiones políticas.
Lo descripto nos autoriza a concluir que solo el fracaso en la atención de esa demanda economicista por gobierno, le quitará esa base y fuerza social que hoy le respalda por via de la omisión de luchas significativas y concentradas abriendo la posibilidad de un salto cualitativo en el desarrollo de la lucha de clases.
Todo lo señalado, advierte una inmediata consecuencia que es aquella, que da cuenta que el formato de falsa conciencia centrado en la defensa incondicional de la democracia burguesa de la que solo es posible pensar reformas o mejoras que nunca llegan y que a la inversa se concretan en lo opuesto exhibe su decadencia y la tendencia creciente a su desaparición , razón por la cual, la apelación a la defensa del orden constitucional, el estado de derecho, las políticas de declaración de derechos subjetivos individuales o colectivos, resulta impertinente porque pretende detener la tendencia bonapartista en desarrollo y retener a las acciones políticas de clase dentro de un formato llamado a su caducidad por propia determinación del poder burgués.
Por formación deliberada de falsa conciencia un ropaje progresista muestra su caducidad en tanto es de constatación objetiva por los hechos que nos toca padecer, que nunca los gobiernos progresistas fueron capaces de superar las contradicciones implícitas en la relación capital trabajo dentro de nuestra estructura de capitalismo tardío y atrasado dominada por la forma del capital financiero.
El aparato de operadores políticos en el gobierno, frente al drama social toman nota de que existen las calles y que es en ella donde se dirimen los aspectos sustantivos de la lucha de clases, salen a la contienda con un mensaje y sus acciones pertinentes , centrados en la sobrevivencia del orden social capitalista, aún bajo condiciones de salvajismo y barbarie políticas. Ocultan que lo que viene no es el progreso social hacia situaciones carentes de pobreza y salida de la miseria de la clase trabajadora. Lo que emerge es peor al drama que verificamos a diario.
El capitalismo en tanto modo de producción y orden social existente no tiene posibilidades de renovación socialmente progresista, que permita aventurar la idea de una existencia humanamente más digna, y que para ello desde un régimen bonapartista va a concretar en los hechos, un crimen social como es la combinación de inflación, devaluación y ulterior estancamiento económico.
No hay un sector de la burguesía capaz de adoptar determinaciones económicas sustantivas en la cual poder entrever vientos progresistas de cambio. El poder burgués esta ocultando la incapacidad social de esa clase social y del sistema en sí para lograr un modelo superador dentro del desarrollo de la acumulación y reproducción capitalista
De esa forma, los planteos de programa mínimo de corte economicista no pueden en ningún caso tender por sí mismos un puente transicional hacia el objetivo estratégico del poder obrero y la transformación socialista, en la medida en que la clase trabajadora no se exprese con una política autónoma de clase que incluye necesariamente su organización como partido político.
La política de frente único en las calles con estos sectores maquilladores de la crisis capitalista, solo puede centrarse en la crítica de su posicionamiento y la lucha por la formulación de acciones superadoras de ese esquema fracasado de capitalismo de izquierda, oponiendo claramente en toda acción de agitación y propaganda, la necesidad de la transformación revolucionaria de la sociedad, con conducción política de la vanguardia obrera y su programa socialista.
Es el momento de revolucionar lo dado acudiendo a la calidad de lucha que nuestra clase obrera supo atesorar a través de la historia. Esto significa ser capaces de interpretar los datos objetivos de nuestra realidad agobiante teniendo presente como todo este drama se construyó por apego, en formas materiales y culturales, a propuestas pensadas al interior de la democracia burguesa y el parlamentarismo.
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