
Me toco existir de una manera muy particular, producto de una época en la que la idea generalizada era que todo iba hacia adelante en progreso indefinido. En ese esquema transito mi primer espacio consciente. Y fue así que sin que nada lo hiciera prever, me vi llevado de la mano con cuatro años con cinco por cumplir, pantalones cortos y con lo mejor que mi mamá había conseguido ponerme rumbo al colegio de mi hermano Hugo.
Yo reconocía esas cinco cuadras hasta llegar porque ese y no otro era mi mundo. No conocía de avenidas, edificios y ruidos urbanos. A la inversa. barrio periférico, casas tipo chalecito, que después supe, habían sido hechas con créditos que daba el Estado, mucho terreno baldío donde hice mis los primeros full y empecé a desarrollar el criterio del buen defensor, es decir , dejarle las piernas a mis amigos en estado lamentable, pensando hoy que si mi papá hubiera visto al “cuti” me estaría diciendo: “así tenés que jugar” aunque por entonces el modelo de seguimiento era “hacha brava” Navarro, el 2 eterno de independiente.
Llegando a la inmensa puerta del colegio, llegaron las advertencias: “vos callado y déjame hablar a mi”. De esa grande e imponente puerta, elevada sobre dos escalones de mármol ya gastado por tantos pies entrando y saliendo, surgio el hermano Santiago, al que me vieja -hay que confesarlo- le profesaba mucho más que fe religiosa, y plantando su mirada sobre ella, le preguntó que la traía por ahí. Yendo al grano, tomo la palabra con ánimo de discurso que súbitamente se olvida y de modo directo, dijo; Mire hermano, yo se que no tiene edad, pero soy madre de otros cuatros, usted lo conoce al Huguito, lo tiene sexto grado, y las nenas van al Padre Claret, el que queda tiene solo dos años. El cura hizo memoria, trató de recordar al “Huguito” y sacó una pregunta impensada ¿ es el que juega de mediocampista en el baby futbol=? Mi vieja, sin saber mucho de eso, pero rápida dijo que sí, intuyendo que en el colegio esa condición era más importante que los saberes matemáticos, y entonces el cura agregó, claro, cual es el problema.
Ahí, con la pista despejada por la habilidad de mi hermano, arremetió con: Bueno, éste ( refiriéndose a mi , que ya sabía que en ocasiones difíciles revestía en esa condición sin nombre) es un poco complicado con la disciplina, necesito que lo deje entrar en primer grado, así me lo tiene cortito. El hermano Santiago, le dice, pero le falta un año. Ella replicó que yo siempre me metía en lo que estudiaban mis hermanos y que me acomodaría, pero era importante que la escuela le diera a ella aire para seguir porque con los cinco no podía.
Fue así, que por razones de gran mediocampista de mi hermano Hugo y la escenificación teatral , me entere que empezaba la escuela con un año menos que mis futuros compañeros. Ese fue el factor que se proyecto en la vida.
Por ese año menos, pude ir a la escuela y en esas mismas cuatro cuadras , estando en segundo grado ver un helicóptero igual al de COMBATE, la serie que veíamos todas las tares con mi hermanos y soldados de verdad que con armas reales apuntaban a la calle donde habíamos armado un partidito, confundiéndonos con una reunión de manifestantes, pues de arriba parece que todos los gatos son pardos.
Unos años después, ya en Rosario y en secundaria, estuve junto a una radio , con toda mi familia escuchando listas de heridos y fallecidos, porque el Huguito, contrariando al viejo, se fue a Ezeiza a recibir a otro viejo , que le parecía mas piola que el nuestro y no volvía. Desde ahí , por ese año menos , todo fue debate, política en la mesa de casa y escuchar, ver y la inacabable tarea de saltar edades y maduración impuesta a los palos.
Un día , pese al “rodrigazo” y viéndome cuanto había discutido con el tipo de la agencia de turismo representando a mis compañeros , mi viejo dijo sí para el viaje de estudios y siempre con un año menos que todos los que tenían que ver con ese viaje ahí estaba, entrando sin poder por no tener la edad, al casino y los boliches. En uno de esos , con nieve que golpeaba sobre una ventana y un hogar encendido, siendo el mas chico del lugar, vi a Rosalía, por supuesto mayor que yo, sentada y mirando todo. Yo me acerco y con una sonrisa me dice; no digas nada que lo arruinas, que haces acá dentro y con la boina como el Che. Serio por la apurada metódica y por haberme bajado su mayoría de golpe, le digo que procuro ser como él. Sorprendido recibo un , “porque te pones la boina sos como el che”, por favor, vení , sentante y conversamos.
Ahí cambió todo. Deslumbramiento, enamoramiento prioritario, y mucha emoción de saber por fin que era eso del amor. Quedaban dos días de viaje, yo oscurecido en mente y alma , solo vivía para hacer coincidir a mi grupo con el de ella y luego me enteré que ella también. Después despedida como toda despedida, cartas, y un viaje Rosario-Villa Adelina en tren, buscándola donde ella vivía. Conocí a su hermano, y su viejo, distinto al mio pero de una nobleza imposible de definir. Dos noches y dos días ahí, juntos , el Che, la lucha armada y el negro Santucho, héroes de Trelew y la vida por vivir.
No se que pájaro extraño, que también suele aparecer en mi vida cuando se lo propone, puso un obstáculo tras otro, pero otro peor, un pájaro negro, cuervo de la muerte nos separó. Luego vino un drama tras otro, siempre salpicando en mi derredor y la noticia de no tener más noticia porque ella como tantos otros por esos años de diferencia se fue con los que aún hoy no han vuelto convertida en “eso que es un ente, no está muerta ni viva, desaparecida “como afirmaba ante la prensa muy suelto de cuerpo con la soberbia del triunfo Jorge Rafael Videla.
Hoy cuando miro las nuevas olas, y sabiendo que yo ya soy parte del mar ,no entiendo otra tarea que seguir nadando para dar aviso que hay que nadar haciendo el socialismo y construyendo el hombre nuevo.
Daniel