Nuevo Curso

«EL FAMILIAR» y la clase trabajadora

Se ha dejado sentado en profusa literatura ligada al tema y en los artículos periodísticos que lo abordaron en contexto temporal , que en el contexto del genocidio desplegado en Argentina, sobre la vanguardia obrera en combate por el socialismo, se puso especial atención en una tarea que los estrategas militares de la dictadura juzgaron prioritaria, que fue la búsqueda y eliminación física de Mario Roberto Santucho .
Documentos tomados desde servicios de inteligencia de las tres fuerzas estatales armadas, recogidos sin embargo , en forma aislada y por ende parcializada, dan cuenta con el paso del tiempo transcurrido de la real existencia de ese objetivo y de coordinación de unidades militares por todo el territorio del país y en idénticas agencias en los países limítrofes, para hacer efectiva esa tarea como en definitiva terminó por ocurrir.
Puede decirse hoy, teniendo presente la materialidad del hecho que terminó con la vida de Santucho y la desaparición de Benito Urteaga y Liliana Delfino que el asunto por operaciones ideológicas tomo un solo cariz que sin dejar de ser relevante , ocultó la consecuencias políticas mismas de aquel enfrentamiento, haciendo hegemónico, todo lo relativo a las circunstancias de la desaparición física de Mario Roberto Santucho, incluso las peripecias del destino final de su cuerpo, tal como ocurriera con otros personajes de la historia argentina, en esa suma represiva, que implicaron las prácticas genocidas del Estado.
En ese sentido, si bien se ha hecho de aquel combate un enfoque detectivesco en la ininterrumpida búsqueda de ribetes de novela policial, como si se tratara de la caída de una banda en las épocas de los gánster, aprovechando paradójicamente la falta de los cuerpos , lo sucedido fue el acontecimiento político de mayor relevancia política, porque por su identidad en sí, cierra el proceso de lucha por el socialismo y abre el espacio necesario para terminar de desarrollar una lisa y llana cacería sobre la juventud trabajadora embanderada en la tarea revolucionaria, y luego de esa atroz materialidad , desplazar la lucha plenamente hacia el plano cultural comenzando un nuevo período del poder burgués desandando los contenidos concretos que hasta entonces había logrado alcanzar el proceso abierto de lucha de clases.
El aspecto largamente soslayado sobre el tema y al que hoy creemos necesario apuntar, es la ulterior evidencia inmediatamente posterior al hecho , de la incapacidad de los cuadros del partido revolucionario de dotarse de una táctica adecuada al nuevo escenario local y mundial y la defensa de los objetivos estratégicos que habían quedado bien desarrollados y expuestos en el cuarto y quinto congreso del PRT.
En el mismo plano, hay que decir con la ayuda del tiempo transcurrido , que la definición del enemigo a vencer en términos propios de un discurso de exterminio como el que se concreto en los hechos por parte de todas las agencias represivas del Estado y sus fuerzas armadas , no fue abordados por los restos del PRT, más preocupados por rencillas internas que por definiciones claras en el orden programático y organizativo.
Es en ese punto en donde hay que detenerse para tomar lecciones en el presente pese a la diversidad del escenario histórico de la lucha de clases pero ídentico en cuanto a las tareas políticas revolucionarias , que devienen imperiosas para nuestra época.
Esto es así, a partir de la medida de las determinaciones voluntarias que los cuadros militantes de la vanguardia obrera asumieron en la lucha contra la dictadura genocida, huérfanos de sus incipientes estructuras armadas de defensa y la correlativa implementación de luchas por libertades democráticas imperativas al momento, que al carecerse de dirección política llevaron a que los luchadores se encuadraran en los contornos de los perfiles ideológicos propios y específicos a los tratados internacionales de derechos humanos, gestados tiempo antes por los propios estados de la burguesía para mantener con ellos su hegemonía en tiempos en que pese a la victoria militar debían ordenar sus filas dado los efectos terroristas de sus acciones , que les posicionaban con dificultades en el seno de la sociedad civil.
Ese derrotero de la ausente dirección política clasista y socialista , cercano a la deriva intelectual, se agigantó al retorno al país tras los hechos bélicos desarrollados en Malvinas por el mismo ejercito genocida de la militancia en el exilio , donde se destacan por fuera de una búsqueda de continuidad en la tarea estratégica, los individualismos, el desapego por fijar una táctica acorde al momento innovador que implicaba la salida del partido militar del poder formal y en línea general la servidumbre hacia el discurso democratizante , nacido del seno de la socialdemocracia desde la figura transitoriamente carismática de Raúl Alfonsín y su táctica de salvataje del orden social burgués, por vía de la república democrática.
La caída en combate de Santucho dejo abierta la posibilidad de analizar la significación del líder revolucionario, el rol de la dirección política del partido que pone en acto la política obrera revolucionaria, sus militantes y las masas, temas todos estos que tocaron a retirada del escenario y resultaron por omisión funcionales a la materialización del viejo dicho según el cual, “muerto el perro, se acabó la rabia”, paradójicamente condimentado con una suerte de ritual santificador del revolucionario abatido , que a la vez consagra su desaparición del terreno práctico de las ideas.
Acudimos en este punto de nuestro escrito y de manera tangencial, a una referencia, que por anecdótica no deja de poner en el centro el encadenamiento conceptual al que hacemos referencia al aludir a las nociones, de líder, partido revolucionario, vanguardia y masas trabajadoras en lucha.
Por fuentes históricas testimoniales de quienes habitaron en los ingenios azucareros del norte argentino, hoy se puede conocer que en el conocimiento de esa población existió y aún sobrevive una suerte de mito criollo según el cual un ser diabólico recorre los ingenios azucareros del Noroeste Argentino: se llama El Familiar y aparece en forma de perro negro con ojos rojos encendidos por la noche. La cadena de hierro que arrastra produce un sonido espeluznante. Ruidos sibilantes van anunciándolo. Desde hace más de un siglo El Familiar pertenece al dueño del ingenio moderno al igual que la centrífuga y el molino industrial. Los dos han pactado que El Familiar cuidará la riqueza del dueño a cambio de que este último le suministre un obrero por año para su alimentación. La forma de vencer los efectos de este relato infinitamente utilizado para explicar las desapariciones de los trabajadores , fue otro relato que construyeron precisamente los mismos trabajadores; “el Familiar, ya no ha de venir, porque conoce que Santucho anda por el ingenio”.
Tal vez quien mejor pone luz en todas estas complejidades y oscuridades gestadas desde las operaciones ideológicas del poder burgues , sea León Trostky quien advertido de todas estas implicancias y desde su propia práxis revolucionaria, afirmó puntualmente que :
“En épocas de reacción triunfante, los señores demócratas, socialdemócratas, anarquistas y otros representantes de la izquierda se ponen a desprender, en doble cantidad, emanaciones de moral, del mismo modo que transpiran doblemente las gentes cuando tienen miedo. Al repetir, a su manera, los Diez Mandamientos o el Sermón de la Montaña, esos moralistas se dirigen, no tanto a la reacción triunfante, cuanto a los revolucionarios perseguidos por ella, quienes, con sus «excesos» y con sus principios «amorales», «provocan» a la reacción y le proporcionan una justificación moral……””Hay, sin embargo, un medio tan sencillo y seguro de evitar la reacción: el esfuerzo interior, la regeneración moral. En todas las redacciones interesadas se distribuyen gratuitamente muestras de perfección ética”……”La base de clase de esta prédica falsa y ampulosa la constituye la pequeña burguesía intelectual. La base política son la impotencia y la desesperación ante la ofensiva reaccionaria. La base psicológica se halla en el deseo de superar el sentimiento de la propia inconsistencia, disfrazándose con una barba postiza de ”” El procedimiento favorito del filisteo moralizador consiste en identificar los modos de actuar de la reacción con los de la revolución.
El éxito del mecanismo ideológico denunciado por Trotsky y tal como él mismo lo puntualiza, se obtiene con la ayuda de analogías de forma. Quedó en ese mojón histórico argentino, la aún hoy vigente en el discurso de sentido común, “teoría de los dos demonios”.
Tomando como eje estos extremos y añadiendo el prolongado tiempo transcurrido en sentido cronológico y no histórico, en tanto estamos ante un proceso no cerrado dentro de esas específicas coordenadas, es posible advertir que la actualidad exacerba un elemento no visto pero que continúo en desarrollo de toda esa trama represiva: La condición de líder de un sector significativo de la vanguardia obrera y el pueblo trabajador de Santucho y la dimensión de la tarea de organización del partido revolucionario de los trabajadores por él y todos los compañeros que se sumaron a la misma entregando en ese objetivo su propia vida.
Este último extremo toma amplia dimensión en el tiempo y marca su presencia-ausencia en la actualidad de la lucha de clases, por la mínima dimensión que esa tarea tiene en la militancia y en la juventud obrera y fundamentalmente porque a pesar del tiempo transcurrido , no se ha reconstruido ese liderazgo y sentimiento de aceptación en que lo ubicaba un sector significativo de la vanguardia obrera y las masas trabajadoras, al punto que la clase dominante debió acudir a sus fuerzas armadas para frenar esa tendencia.
Es tan marcada por el tiempo esta experiencia, que los años transcurridos , la resignifican en términos valorativos, ya que su constatación marca las faltantes y precisamente las faltantes marcan un obstáculo significativo en la construcción subjetiva consciente de la tarea emancipatoria que le corresponde a los trabajadores en tanto clase explotada en este orden capitalista que atraviesa a su vez ,en términos objetivos de desenvolvimiento de la reproducción del capital una crisis significativa que presenta la relación capital-trabajo y la producción generalizada de mercancías como un obstáculo severo para el propio desenvolvimiento de la condición humana en términos de necesaria e imprescindible dignidad.
Dicho en otras palabras, la clase trabajadora en Argentina, se debilita en su significación intrínseca de fuerza social y su proyección política, en tanto, carece de la mínima organización política para dar dirección de poder a sus acciones de lucha, y en el mismo momento de modo más significativo aún, advierte la faltante de un líder natural que los unifique en su presencia como pregón del pueblo y conductor de las acciones.
En Argentina aún se dejan ver versiones mercantiles de Ernesto Guevara, en múltiples objetos y no cesan los rituales propios de su merecido homenaje, pero el hombre que junto a toda una organización supo tomar su bandera y mejorarla en términos de teoría de la práxis en un país con desarrollo capitalista tardío y dependiente , no tiene reconocimiento ni es considerado en la valoración positiva que merece precisamente porque quienes hubieron de continuar la revolución ininterrumpida que exige la tarea emancipatoria del ser social, muchos de los cuales ya pululaban desde mediados de la década del sesenta del siglo pasado, no supieron ni pudieron demostrar en los hechos que sus planteos podían cumplir de modo adecuado con los imperativos políticos e ideológicos que dada coyuntura impuso en la lucha por el poder obrero y socialista.
Es más, las sucesiones generacionales puramente burocráticas en los grupos que mutaron la conformación de sus organizaciones abandonando la tarea de construcción del programa-partido dan cuenta de una sucesión de personajes visibles que buscaron más temprano que tarde popularizar su figura y nunca sus programas, tal vez porque como queda demostrado carecen de él en sentido concreto y genuino.
Es este un elemento significativo que explica las diásporas y el raquitismo de los que hoy han decididos llamarse “la izquierda” terminando por confundir aún más porque no solo carecen de programa sino que peor aún, lo único que exhiben son relatos de ocasión que por serlo, lucen contradictorios y carentes de un sentido final en su totalidad.
En el plano internacional, el capitalismo globalizado no puede consigo mismo y las premisas de Lenin sobre el imperialismo en tanto periódo de guerras y revoluciones como emergentes del actual desenvolvimiento crítico del capitalismo cobran respaldo en la realidad y vuelven a emerger desde esa misma realidad . También ahí es donde toma cuerpo la carencia de un liderazgo real de la clase trabajadora a través de su vanguardia consciente y los voceros de sus intereses específicos organizados en un partido internacional.
Los líderes no se fabrican siguiendo modelos de técnicas de mercado. Son líderes porque han establecido una comunicación genuina con su clase a la que pertenecen y con ella buscan hacer de la premisa según la cual la emancipación social solo es obra de los trabajadores mismos inscripta en los estatutos de la primera internacional . Sin esa relación intersubjetiva entre la organización política de la clase en sí donde se produce la asimilación consciente del programa por la vanguardia militante y la corporización de sus líderes , no es posible superar el problema de crisis de dirección y sin la asimilación-transformación dialéctica de ese factor , la posibilidades de la revolución parecen disminuir significativamente a manos de una burguesía decadente que de conjunto, acude a lo más extremos de su excrecencia política para gobernar y superar la coyuntura de modo satisfactorio a sus intereses .

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