Si se busca acudir a una generalización de la relación Alberdi-Sarmiento , como manera de introducirnos en su tratamiento , es posible decir de ambos , que los dos resultan históricamente señalados ,en Argentina, como dos pilares de la Generación del 37.
Mas allá de esto,la segmentación del estudio sobre su vínculo complejo, se hace de manera convencional a partir de que , debatieron intensamente en el siglo XIX sobre cómo organizar la Argentina, coincidiendo en la necesidad de una república liberal, educación y progreso vía inmigración, pero difiriendo en el rol del Estado y el modelo (Alberdi más europeísta/liberal, Sarmiento más americanista/estatal).
Mas allá de esto, que insistimos se ubica en el plano de las generalizaciones y hace las veces de herramienta conceptual introductoria para lograr ubicar el tema, hay que decir que Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento, tienen un entre sí ,un factor común. Ambos se reactualizan, inevitablemente, cada vez que Argentina parece tocar fondo y los intelectuales orgánicos del orden burgués ,necesitan ante la crisis política, introducir la idea esperanzadora de una refundación que saque del atraso y la pobreza generalizada a los que de manera abstracta y universal se les agrupa con el término argentinos .
No obstante ello, si se mira con detenimiento, se advertirá que la referencia es puramente arbitraria, si se tiene presente que no existe analogía entre los sujetos ligados intelectualmente a un proceso de gestación de un Estado nacional , con la de aquellos que hoy se esfuerzan por garantizar el proceso de reproducción del capital trabado por sus propias contradicciones objetivas .
Sin embargo, la presencia en el discurso que narra la historia de la gestación del Estado nacional obliga por su trascendencia , a dar cuenta de ambos intelectuales , más allá del artificio de la polémica al que recurrió la elite oligárquica para posicionarse luego como la generación auténticamente constituyente de la nación.
En esa perspectiva corresponde decir que adentrarse en el intento de tomar las experiencias de vida de Alberdi y Sarmiento, necesita inicialmente de una aclaración preliminar. La misma gira en torno a la advertencia de la falta de novedad en la literatura y la historia de esta temática, que ha sido profusamente abordada pero ha quedado estática en las formas de la apariencia o en el mero análisis literario, sin profundizar en cuento significa desde el hoy y particularmente en el devenir de nuestra existencia como clase trabajadora.
No obstante ello, si nos redujéramos a la advertencia de lo indicado en el párrafo precedente, no podríamos explicar el sentido de nuestro trabajo y eso es lo que los protocolos de este tipo de tareas exigen por formato sin que se sepa bien porque en el inicio hay que contarle al lector por donde transita nuestra mirada y cual es el objetivo , a sabiendas que es el propio lector el que le da sentido con su lectura-interpretación a cuanto sea dicho en estas líneas.
Por esa aparente contradicción entre lo que identificamos como un tema arduamente transitado por notables de la literatura y la historia nacional, la determinación voluntaria de sumarnos a su tratamiento reside , es presentar como rasgo significativo, que en Sarmiento y Alberdi, lejos de sus cuestiones personales o subjetivas, lo que esta en juego es la formación de la ideología de la clase dominante argentina, siendo que ambos devienen a la realidad de nuestros días , no como relato, sino como un espectro que los contiene a ambos de manera compleja en cada ocasión en que se apela a la necesidad de reformas jurídicas desde el poder burgués sobre lo real existente alegando que las mismas devienen necesarias para recuperar para la nación un destino de grandeza como el que ellos buscaron lograr.
Dicho de otra manera, interesa y ese interés explica la selección de las aportaciones de Alberdi-Sarmiento, no como intervención de corte académico , sino como advertencia constatable , transitado que fue el primer cuarto de siglo XXI, que nuestro binomio supera en los discursos del poder burgués, todo test de caducidad y avanza interpelando lo presente como si se tratara en todos los casos de una asignatura pendiente, cuando en realidad remite a un ciclo cerrado que dejó como impronta no deseada por los personajes ,la construcción de un orden social capitalista dependiente y surgido en la continuidad del atraso económico heredado del régimen que se agoto, con la finalización de la guerra civil .
De esta forma, y por cuanto venimos señalando, es indispensable penetrar en Alberdi y Sarmiento sin las lagañas tradicionales, ni los lugares comunes que se derivaron de la versión oficial de la situación de ambos frente al proceso de fundación y formación del Estado nacional.
En 1852, después de Caseros, Sarmiento rompe con Urquiza y se autoexilia en Chile una vez más. Al llegar a Valparaíso concuerda con Alberdi mantenerse ambos expectantes, para favorecer la unión nacional y la organización constitucional. Al poco tiempo se entera de que Alberdi había sido nombrado en Paraná enviado diplomático de la Confederación ante el Gobierno de Chile, para allegar las opiniones en torno a Urquiza y en contra de Buenos Aires. Con tal fin se forma el Club de Valparaíso y Alberdi comienza a escribir en El Diario de Valparaíso.
En ese mismo año, Sarmiento publica Campaña en el Ejército Grande Aliado de Sud América, donde proclama su disidencia con el régimen que nacía en el interior argentino bajo la influencia del vencedor de Caseros. Plenamente identificado con Urquiza, Alberdi responde con las Cartas sobre la prensa y la política militante en la República Argentina llamada Cartas Quillotanas. Sarmiento tardó un mes hasta escribir Las ciento y una. Alberdi replicó con complicidad de la prensa en las guerras civiles de la República Argentina. Ya sancionada la Constitución Argentina, en 1853 Sarmiento dio a conocer los Comentarios de la Constitución de la Confederación Argentina, a los que siguieron los Estudios sobre la Constitución Argentina, de Alberdi. Dentro de este marco bibliográfico se ubica la polémica, entre recriminaciones y agravios y diálogos virulentos.
En este punto de partida, hay que destacar como lo hace Martín Kohan, que también lo que no sucedió en los hechos en Caseros, debía narrarse y eso es en cierta forma lo que hizo la escritura de Sarmiento: contar también lo no sucedido, contarlo porque debía suceder, o contarlo para que sucediera. Pero aquello que se narra y en definitiva no sucede, no por eso deja la realidad intacta: suscita en ella la impresión de que algo falta , de que alguien falta. El relato a futuro de Facundo, se vuelve relato en presente en Campaña en el Ejercito Grande, en el centro de la escena está Urquiza. La historia de guerra zigzaguea en este tramo. Caseros tenía todo para ser una «batalla final»…pero fue solamente a medias. Urquiza el héroe, pronto se revela, el mismo, un monstruo. Lo que él mismo exuda de caudillismo federal y de barbarie, decide que serán precisas otras batallas..» después de Caseros»( El país de la guerra, pag 88)
Con «Cartas Quillotanas» (Alberdi) y «La 101» (Sarmiento), básicamente discutieron sobre el rol de Urquiza en la conducción del proceso de formación del Estado nacional y el camino a seguir con ese objetivo estratégico , aunque ambos buscaron en sentido coincidente la arquitectura de una nación moderna, educada y con inmigrantes, dejando legados claves en la Constitución (Alberdi) y la educación pública (Sarmiento).
Hasta sus últimos días Sarmiento no terminó de agredir verbalmente al jurista tucumano, acusándolo de vendido al dinero de Francisco Solano Lopez, de Paraguay. En las 101 cartas llegó a acusarlo de cobarde abogado mercenario. Por su parte Alberdi en sus cartas Quillotanas , no se quedó atrás en los niveles de agresión, por lo que no esta sujeto a discusión, que entre ambos, los vínculos nunca fueron aceitados ni fluidos.
En este contexto, teniendo presente que la cuestión nos exige ingresar al espacio de los “talentos” de cada uno de nuestros dos “proceres” , hay que decir, que es Alberdi y el grupo de intereses, que le dotaba a su labor del curso navegable por donde desplazar su entendimiento, quienes se ocuparon de traer a estas pampas de vacas, gauchos, indios y tradiciones confusas al historicismo jurídico para que desde sus premisas se conformaran los primeros fundamentos de los fallos emitidos por la novicia estructura del poder judicial y sus intelectuales orgánicos.
Buscando alguna síntesis, puede decirse para avanzar en la cuestión en examen que el historicismo jurídico es una corriente de pensamiento, originada en Alemania con la Escuela Histórica del Derecho donde se destaca como el trabajo “ La lucha por el derecho” , de Rudolf Von Ihering, donde se argumenta que el derecho no es solo conceptos abstractos, sino la afirmación de la voluntad individual y colectiva («mi derecho», «nuestro derecho») en la vida social, y que la lucha por defenderlo es esencial para la vida del derecho y la sociedad.
También en ese mismo espacio y reputado como fundador , destaca Savigny sosteniendo que el derecho no es creado por la razón universal, sino que nace de la evolución histórica de una nación, manifestándose en costumbres, tradiciones y el «espíritu del pueblo» con lo que se opone al racionalismo abstracto y a los códigos universales de la Revolución Francesa, buscando las raíces del derecho en la historia concreta.
Hay en esa orientación de Alberdi ,una prevalencia de su condición de lobista del siglo XIX y una referencia directa de su espíritu pragmático, porque puesto en la necesidad de dotar de forma jurídica a la tarea política de gestar y desarrollar un Estado Nacional, advirtió que la referencia a la costumbre como fuente de esas legalidades , venía a traer para el rebaño propio a todo el hacer cotidiano particular de quienes transitaban estas tierras contenidos dentro de tradiciones y aparatos caudillescos funcionales a las relaciones sociales de producción realmente existentes en ese tiempo histórico , evitando continuar una confrontación discursiva y bélica que estaba llamada a terminar por otras vías por el simple desarrollo de las incipientes relaciones capitalistas que tomaban cuerpo en la región .
Alberdi es también, quien advierte que la barbarie que tomaba cuerpo en amplios espacios de la región , no era otra cosa que la manifestación de la premisa del poder real, relativa a que las masas transitaran dominadas por los elementos componentes de la imposibilidad de pensar su existencia por sí mismas y a su manera dieran consenso a la formación del Estado nacional y el cese de la guerra como modo de resolver conflictos por la imposición del uno sobre el otro , como venía ocurriendo desde la propia concreción de la revolución de mayo en 1810.
Por esto último , es que nace la necesidad de dar forma jurídica al consenso entre explotadores y opresores y quienes terminaban siendo las víctimas reales de ese tipo de vínculo social.
En ese particular sitio de lo existente y de las lógicas de poder instaurativas de una sociedad de clases, es que Alberdi, deja de lado sus convicciones jurídicas y por fundamento político se ocupa de redactar las bases de la ley superior que ha de iluminar con su legalidad a todo lo que asuma forma jurídica con posterioridad , siguiendo los lineamientos del positivismo kantiano.
No obstante, y más allá de todo esto, la pregunta que se impone es ¿por qué la figura de Alberdi no tiene el reconocimiento generalizado que recibe Sarmiento y solo lo veneran los sectores dirigentes de la política burguesa? Tal vez, la respuesta a este interrogante se encuentre en el hecho que, Alberdi fue, quien introdujo para beneplácito del poder de turno , la premisa relativa a la superioridad del pensamiento de la entonces elite gobernante sobre el grueso de la masa poblacional.
Por fuera de este último señalamiento , y desde el plano subjetivo,hay que decir también , que Sarmiento tenía en particular, y por diferencia accidental con Alberdi, el orgullo del hombre que se hizo solo , que no le debe nada a nadie. Esto lo pone,a distancia sideral de Alberdi, a quien el propio Sarmiento , también ubicaba entre aquellos “ estúpidos orgullosos de la sangre” . En sentido inverso , el sanjuanino , se consideraba a sí mismo un cultor de la fuerza de voluntad, y el orgullo legítimo por esa fuerza en marcha
Esta cuestión es la que rescata Caparros cuando indica en referencia a Sarmiento que :” Tenía esa zozobra de los que saben que todo lo han hecho peleando y se imaginan que si dejan de pelear pueden perderlo”. (Martín Caparrós . Sarmiento, pag.41 edit. Random House)
Podemos hoy con el tiempo transcurrido y sin caer en un anacronismo ,advertir que aquella “prepotencia de trabajo” a la que supo aludir mucho tiempo después Roberto Arlt , frente a las elites de la literatura de las primeras décadas del siglo XX , reconoce un anticipo propiciatorio en el intelectual sanjuanino , que sin reparar en detalles de estilo, avanzó hacia la necesidad de la creación del Estado nacional incluso desde la propia literatura con su obra Facundo , planteando la necesidad de un nuevo sujeto diverso de todo lo anterior que estimaba impotente para semejante propósito, y por lo cual pedía el auxilio a la gestación de un intenso proceso inmigratorio .Es ahí donde opera la apelación al desarrollo del proceso educativo como formador del nuevo sujeto que necesita la revolución burguesa en nuestras tierras. Claro está, esto implicaría derribar a las elites oligárquicas previo intento de convencerlas de modificar su actitud , que ya instaladas en las áreas de la productividad , bregaban por conservar su posición de prevalencia .
Dicho de otra manera, Alberdi comprende por su propia condición existencial, que la tarea revolucionaria no puede partir de un sujeto abstracto inexistente, sino que por el contrario la premisa debía ser lo inverso, esto es, partir de lo existente para luego modificar con el propio desarrollo del Estado nacional ya instalado . Sarmiento desde otro plano, brega por otro sujeto, renegando a segundo lugar a lo existente que ubica en la barbarie , y se obstina por dotar a la entonces clase dominante del entendimiento deber de asunción de la tarea que le compete en aquella emergencia y que le acompañe en la tarea de “educar al soberano” para la republica sea posible tras esa ardua y necesaria transición.
Así dadas las cosas, con referencia a Alberdi, puede decirse que es posible encontrar una relación entre su concepción de la realidad y en particular , sobre el papel que tendrían que cumplir los distintos sectores de aquella realidad histórica específica, y la comprensión que luego impregnó a la sociedad argentina , constituido que fuera el Estado nacional , más allá de la forma jurídica, una vez que logró un funcionamiento más o menos acorde con los parámetros de la modernidad burguesa.
La clave en plano subjetivo para comprender a Sarmiento y desde ella dar con la orientación para encontrar la diferencia específica con Alberdi, y los factores formales de su histórica polémica reflejada en las cartas Quillotanas y Las Ciento y Una , radica en que sus escritos son siempre acciones políticas, enmarcadas en un perfil militante de carácter permanente y continuo, signado por la puesta en acto de las propias matrices programáticas para la construcción de Argentina y los argentinos que él mismo había diseñado .
La del sanjuanino es una existencia militante que no se detiene en los aspectos mínimos . Sarmiento está constantemente diciéndose a sí mismo y buscando convencerse y por eso su caracterización histórica, no puede desarrollarse con certeza y menos aún , dotarse de un encuadre ideológico preciso , como sí lo ofrece en sentido inverso y con claridad Alberdi, sea por sus escritos o por sus labores institucionales.
Martín Caparrós con giro literario destaca esta situación aunque refiriéndose por el perfil específico de su obra , solamente a Sarmiento , en quien pone en boca, el siguiente pensamiento :
”….nadie es argentino. Yo soy sanjuanino.Mitre es porteño. Urquiza entrerriano , ninguno es argentino. Argentinos no hay..somos la Grecia clásica, menos un país que un racimo de ciudades unidas por un idioma más o menos compartido, un dios común y diferencias irreconciliables…como no hay artentinos no hay Argentina y viceversa. Entonces, si quería ser presidente de la argentina, tenia que crear esa Argentina …”
Sarmiento es la emergencia del «yo» en plano militante y de haber surgido la posibilidad real de una emergencia partidaria con los perfiles apropiados a esa existencia militante solo la forzada comparación con un jacobino, podría encontrar sentido.
En esa línea de pensamiento , “Sarmiento traslada a su producción escrita su condición esencialmente polémica. Impregnada de fines pragmáticos inmediatos, su escritura revela una voluntad tenaz de ver sus ideas hechas realidad.Má aun , es su dogmatismo lo que lo llevó a disponerse a «luchar» para imponerlas, sin detenerse a considerar que pudiesen existir otras ideas que las de él”. (Mónica Scarano. La polémica entre Sarmiento y Alberdi: un debate cultural)
Esta claro que, como consecuencia de esta diferencia esencial entre Alberdi y Sarmiento, emergente desde el plano subjetivo, la distancia con el abogado tucumano se exhibe en el sentido final de sus textos, esto es, en el propósito que los animaba a cada uno ,que aunque en apariencia da cuenta de una cierta coincidencia, con mayor cercanía expone un método diverso en post de esa proyección.
En Sarmiento la escritura es «medio y arma de combate»en Alberdi un instrumento formalizador de la función de mediación en los conflictos que le asigna a la política como actividad humana sentada sobre la noción de poder.
Dada así la situación , tiene pertinencia traer a Marx aunque las distancias espaciales de la época no permitan entender esa asimilación en nuestros próceres ,puestos en instancias polémicas.
La pertinencia de Marx en la observación de la situación planteada entre los que luegos fueron y son llamados próceres, esta dada por la indicación de lo que llamó “ el arma de la crítica» en su obra sobre la filosofía de Hegel, buscando significar que la teoría y el análisis radical (la crítica) son esenciales para transformar el mundo, aunque no reemplazan la «critica de las armas» (la acción material), ya que la teoría se convierte en poder cuando se apodera de las masas, atacando el problema desde la raíz, que es el ser humano mismo.
Puede decirse que en Sarmiento, el uso del arma de la crítica, esta en cuerpo y alma, porque su existencia da cuenta del empleo del discurso mayoritariamente polémico y constructor de lo diverso y de los sables en sus manos integrando la gesta de los tantos ejércitos a los que se sumó .
Esto lo expresa en el Prólogo a la Campaña en el Ejército Grande: «… Soldado, con la pluma o la espada, combato para poder escribir, que esEcribir es pensar; escribo como medio y arma de combate, que combatir es realizar el pensamiento».
Buscando contabilizar el entramado positivo que nos deja la vida militante de Sarmiento , rescatamos su empeño permanente en el objetivo de incidir en la vida cotidiana de la población buscando extender la lectura del periódico y del libro . Se le añade en igual sentido su esfuerzo constante para que se formase la conciencia nueva de un país nuevo; para que las mujeres salieran de su encierro hogareño, todo dentro del contexto generalizado de hacer realidad su idea de Argentina.
Quienes se empeñan en una visión distinta de la que pretendemos desarrollar en este texto, quedando encerrados precisamente en su contenido literario en un ejercicio sofisticado de la interpretación de dichos discursos como si fuesen objetos ajenos a toda realidad existencia , ven en las querellas personales con Juan Bautista Alberdi, a un Sarmiento que pierde su ecuanimidad, la mesura y el decoro, en tanto destacan en sentido inverso, que Alberdi exhibe la fríaldad y las derivas culturales de un abogado acostumbrado a transitar los pasillos del poder formal de turno.
Sin embargo, al quedar como un registro de la historia que se liga a la fundación del Estado nacional, lo que se advierte por fuera de los documentos es que, la polémica termina por enfrentar a dos espíritus superiores para la época que desde nuestra aciaga actualidad dan cuenta de la carencia de actores análogos en la presente existencia decadente de lo que supo llamarse Argentina y hoy implica un complejo entramado jurídico de herramientas de ese formato que el poder burgués trata de imponer a humillados y ofendidos.
El debate puede ser contemplado desde distintos ángulos: lo histórico, lo político, lo psicológico, lo constitucional, lo cultural. Pero eso sería buscar una diversidad confusa a la hora de explicar el por qué de la polémica y su crudo desarrollo. Reducirse al encono de uno contra otro, como si fueran dos pibes de barrio en la puerta de un colegio tomándose a golpes de puño , es propio de un anacronismo que se ha impuesto a la disputa desde el hoy, acentuando los perfiles individualistas que priman en nuestra sociedad contemporánea tan marcados por modelos filosóficamente posmodernistas, ajenos en absoluto a aquellos tiempos donde lo prevalente era el paso a las estructuras culturales de la modernidad burguesa, ya triunfante en Europa.
Cuanto corresponde al necesario acercamiento a una luminosa verdad que no termina de emerger, aún cuando se haya escrito ríos de tinta sobre esta disputa, es la búsqueda de las relaciones sociales prevalentes en aquel entonces y el señalamiento de los intereses de clase que pujaban por un lugar de prevalencia en la dirección política del proceso , advertido que nuestros dos intelectuales, se ubicaban denetro de distintos grupos que se agitaban al interior de la naciente burguesía .
La forma polémica del discurso , tanto en Sarmiento como en Alberdi, no es un recurso arbitrario sino la representación simbólica en el polemista adversario de una guerra por otros medios que las herramientas bélicas y la fuerza, como había sucedido en la historia de nuestro pueblo hasta entonces.
Por eso sucede, que la fría, aparentemente mansa, razonada argumentación de Alberdi en forma de discurso abogadil, encierra no otra cosa que el propósito estratégico de conseguir la negación total de Sarmiento, su aniquilamiento y con él a los grupos sociales que buscaban en el sanjuanino su propio pregón . Para Alberdi, como para importantes grupos de la naciente burguesía , caído Rosas, Sarmiento había concluido su misión, y debía desaparecer ante la nueva Argentina y con él sus ocultos mentores.
Alberdi apunta a echar sombras sobre la eficacia y viabilidad del programa político que confecciona y agita en el mismo espacio Sarmiento. En ese sentido no hay que perder de vista que las «Cartas Quillotanas» son anteriores a «Las Ciento y una» y desde ese dato, no queda duda de que intencionalmente las provocaron.
Queda claro que, mientras Alberdi atacó a Sarmiento sólo en carácter de escritor, es decir, en el dominio público, ejerciendo la facultad de la libertad de prensa para «la crítica y el examen sin traba», Sarmiento se apoderó de la persona y de la vida privada de Alberdi. Ambas estrategias persiguen un mismo fin: coaccionar para alcanzar el status de «lo verdadero»,
Con el acento en el valor literario de la disputa, impuesto por el paso del tiempo y la historia oficial trazada por quienes se valieron de ambos para conformar la elite burguesa que impuso el modelo nacional de un capitalismo atrasado y dependiente , se ocultó sin embargo que los polemistas terminaron cada uno por su lado en la derrota connotada en el plano de la realidad que imponía a pesar de todo un mismo cauce ideológico -el liberalismo burgués- que los entonces grupos concentrados del poder, solo adquirieron desde su específico interés, con beneficio de inventario
La polémica fue instalada siguiendo el método de la provocación y tanto el aparente ofensor como el supuesto agredido, terminaron coincidiendo en dar a la misma el temario de los verdaderos sectores de poder que no emparentaban estrictamente con los contendientes, haciendo que todo girara en definitiva, en torno a dos cuestiones que están estrechamente vinculadas a la postura ante el gaucho y la visión acotada que se pretendía imponer en el discurso de sentido común, de los términos de la ideologizada antinomia civilización-barbarie.
Alberdi instala de modo provocador, una visión dual del gaucho y del caudillaje en general: hablará de «gauchos de poncho» y de «gauchos de frac» y verá en el gaucho la verdadera «palanca para el progreso», porque esa visión es la que le sirve a la elite oligárquica crecida al interior de la naciente burguesía en la medida en que ese sujeto social transita a su manera por los parámetros del lento desarrollo del capital industrial que busca ese sector oligárquico en defensa de sus estrictos intereses que le van obligando a reconvertirse para mantener el poder , haciéndolo en sumisión al capital financiero internacional
Alberdi deja ver, en alineamiento con esa elite oligárquica que es menester caminar en la obra de la organización del Estado nacional con forma republicana con los gauchos y contra la resistencia del gaucho de los campos y de los gauchos de la prensa.
El gaucho por fuera de esos dos sectores es el el hombre sud-americano real y por tal, es menester valerse de él mismo para operar su propia mejora quitando en el mismo momento , el poder al gaucho de poncho y al gaucho de frac, para entregarlo al único hombre que no es gaucho, al inglés, al francés, al europeo.
Sarmiento ve en el gaucho un elemento constructor y resultante a la vez, del escenario de barbarie que asola el territorio , respecto del cual es necesario desarrollar toda actividad posible que permita eliminarlo. En «Las ciento y una» critica la tesis que Alberdi expone en las «Cartas Quillotanas», que apoya una política desde los campos (gauchos), «única palanca» dentro de la organización y el progreso de nuestro país. Sarmiento declara: «Yo no he buscado jamás el progreso en esa base, ni la organización, tampoco. Ya nos la dieron Rosas; ya el experimento está hecho. Apoyado en los campos, con los caudillos, en los bandidos…».
Alberdi en relación a la cuestión civilización-barbarie, define su postura, al comentar el Facundo de Sarmiento. Destaca que todo el texto traduce un error fundacional que es la creencia ideológica de ubicar en las ciudades y en las campañas y en sentido inverso, se inclina por ubicar a ambos polos -los de cuchillo y los de frac- en ambos lugares a la vez, en virtud de la complementariedad que ellos tienen entre y su necesaria subordinación a la presencia del capital extranjero en el comercio y los emprendimientos industriales.
En definitiva, Sarmiento y Alberdi fueron los grandes teóricos de la necesidad de desarrollo material del naciente Estado .Sin embargo , tras ardua polémica entre ambos, fue la la elid oligárquica de la naciente burguesía la que se constituyó en la dirección real de eseproceso que implicó progreso , pero a distancia de los polemistas, produjo ese resultado, insertando en la estructura del Estado definitivamente configurado su dependencia económica del capital internacional.
Para finalizar, debe decirse que, en Alberdi y Sarmiento, individualmente considerados, aparentemente enfrentados con modalidades discursivas hostiles, cargadas de epítetos, más en uno que en el otro, existe un punto de inflexión donde se fija el acuerdo, que es notoriamente esencial y por lo cual tal vez se explique su omisión de tratamiento. Para ambos, la política ocupaba el espacio de la elaboración intelectual.
Dicho de otra manera, entre el pragmatismo de Alberdi centrado en hacer lo posible con lo existente en tanto los intereses económicos dominantes encuentren desarrollo y viabilicen la relación social capital y el posicionamiento de Sarmiento , de hacer una nueva nación desconociendo lo existente y educando para dotar a la clase dirigente de nuevos cuadros a futuro, hay un factor común que se da en lo que Marx prescribe en la tesis XI sobre Feuerbach, es decir, la necesidad de salir de la actitud de interprete y avanzar en la transformación , que en Sarmiento se traduce claramente en su llamado a la acción práctica revolucionaria para cambiar las condiciones sociales, enfatizando que la esencia humana es un conjunto de relaciones sociales que deben ser transformadas por la praxis, no solo interpretadas teóricamente.
En ese sentido podemos decir que ambos personajes cargan las tintas en un tipo de actitud que debe darle sustento a un nuevo tipo de intelectual, llamado a superar la figura tradicional de quienes ocupan esa situación, que mantiene inalterada la escisión entre los que hacen y los que piensan. Alberdi y en mayor medida Sarmiento hacen en su propio existir, una apuesta por fusionar la teoría con la práctica.
La cuestión que subyace entonces a la polémica y en cierto sentido la explica en su misma materialidad se ve claramente en la actitud de ambos frente a Urquiza presidente. Alberdi, buscando espacio para influir sobre el mismo sin desconocerlo como presidente . Sarmiento buscando su salida de ese cargo, por considerarlo incapacitado para la tarea a desarrollar en ese proceso fundador.
Por todo lo dicho, es atinado cerrar el abordaje de todas las aristas expuestas respecto de esta temática citando por su acierto cuanto dice Milcíades Peña, sobre el particular :
“….Sin embargo los dos mueren divorciados de la oligarrquía argentina, escribiendo cosas infaliblemente certeras contra ella, defraudados en sus esperanzas de construir una gran nación, Desde luego esto es reverentemente silenciado por los escribas de la burguesía, que gusta presentarse como la realización del programa nacional trazado desde ambos pese a sus diferencias ,y por otro lado, también por los sectores oligárquicos y sus voceros pequeñoburgueses que, al entrar en decadencia ante el imperialismo, empiezan a soñar con el retorno a un pasado imaginario e idílico” (Historia del Pueblo Argentino pag. 381)
Nuevo Curso
