Nuevo Curso

¿A dónde van las palabras que no se quedaron?

El desarrollo de los acontecimientos sociales y políticos pasado el primer cuarto del siglo, hacen que resulte necesario detenerse en el significante del término militancia, en la medida en que esta se sostiene paradójicamente en la inestable circunstancia de sobrevivir dentro de lo que pensamos cambiar.
Por esto, no es antojadizo ni arbitrario detenerse en todo cuanto implica ese término, sea por la propia definición subjetiva que por él carga quien así se autopercibe, sea porque su desarrollo deficitario, contribuye a formar un obstáculo significativo a toda tendencia real al cambio social.

Ahora bien, los tiempos que corren dejan ver con evidencia que dentro de ese factor común de no conformidad con lo real existente, que incluso da sentido al término “militancia”, existen diversas situaciones, que si bien guardan algunas apariencias en común su esencialidad, las ubica en carriles existenciales diferentes.

Las aspiraciones socialistas sólo pueden realizarse en la medida en que la clase trabajadora emprenda nuevamente empuñe la tarea transformadora con sus propias manos

Las construcciones intelectuales objetivadas en el programa de la organización política que se construye para darles esa realidad no van en una única dirección sino que se generan desde el mismo plano subjetivo al que retornan procesadas desde el método de conocimiento que da curso a las categorías analíticas utilizadas por Marx y esa tarea es la que le corresponde a la vanguardia de nuestra clase.

No hay nada que sacarse, porque lo que se pretende quitar, es lo realmente hecho por las masas trabajadoras constituídas en clase en sí, sino que lo que existe en ese plano concerto de lo existencial debe ser transformado.

Es a esto a lo que apuntaba Trotsky cuando acudió en otro momento de la lucha de clases a señalar con premura y en defensa del marxismo que la crisis histórica de la humanidad se reduce a la crisis de la dirección revolucionaria del proletariado, para lo que argumentó que las condiciones objetivas para la revolución socialista están maduras, pero la falta de una dirección y organización política adecuada obstaculiza ese desarrollo.

Más allá de esto, y a diferencia de quienes sí lo postulan en forma abierta, lo que resulta necesario advertir es que no hay un punto cero desde volver a registrar el kilometraje del trazado revolucionario. No hay nada de lo cual desembarazarse, sino que desde ese algo corresponde avanzar con nuevo sentido superador, en la gestión y construcción de otro curso de acción sintetizador de las enseñanzas existenciales recibidas de nuestra historia como clase social.

En otros términos, lo que “es”, debe “dejar de ser” por vía de su propia transformación, ya que en su propia dialéctica existencial se contiene la actual etapa crítica y la posibilidad de su superación por el choque antagónico de sus propias contradicciones.

En ese sentido, el proceso social en curso, tropieza con el obstáculo de su anémica dirección política en tanto no logra trascender de acciones que se pueden caracterizar como puramente “gremiales” en el sentido amplio de ese término.

Las actuales “dirigencias” se mueven con cierta diligencia a la hora de plantear reclamos que en su mismo contenido admiten la existencia del enemigo de clase , en tanto éste esta dentro de los reclamantes o bien es el Estado que institucionaliza el poder de la clase dominante.

Dicho de otra forma, si la demanda es mayor presupuesto para la Universidad, eso implica que los que formalizan el reclamo no sean otros que sus propias autoridades, las que objetivamente antagonizan con los intereses de los estudiantes, los docentes y los no docentes, en tanto son expresiones personalizadas de la política burguesa de partidos de operadores intelectuales de esa clase social, y a su vez , los planteos demandan acciones políticas del poder, como lo es fuera de toda discusión, que éste cumpla con una ley .

De esta forma, si las acciones de calle tienen ese techo programático, luego el escenario y el discurso que se lee en ese escenario montado al efecto, por más que se diriga a miles de movilizados, no deja de ser el programa de los que lo leen y en ningún caso el de la calle, que como quedó expuesto no admiten síntesis alguno, situación que se objetivó en la realización de una suerte de “rancho aparte” con otro escenario de “las izquierdas” impugnando a los del escenario principal.

Esto no es nuevo, ya se ha visto en los actos que ocurrieron en razón de las marchas del 8 y 24 de marzo de este año y del propio 1 de mayo.

Lo que “es”, debe “dejar de ser” por vía de su propia transformación, las acciones y los discursos que le den lenguaje, deben dar y arribar a otra construcción militante surgida de las experiencias actuales, que exhiben fenómenos que se niegan a sí mismos, como lo es la convocatoria a una movilización y tras cartón cuando la marcha se materializa, buscar otro escenario donde buscar hacer oír a sus propios artistas distintos de los del escenario principal, por sus caretas y disfraces, pero significativamente coincidentes a la hora de enunciar la falsa construcción discursiva de lo que se pretende real.

Lo que se ha construido y existe tras más de cuatro décadas de militancia que no hace otra cosa que marcar el paso en el lugar , solo mutando los sujetos activos de esas inhertes acciones, es exactamente es una realidad que no hace otra cosa que alimentar la reproducción de la política de aparatos organizativos , oportunistas y reformistas, prestos a maniobrar en miras de su continuidad existencial por sobre la legitima determinación a la lucha de la joven vanguardia trabajadora y de aquellos que por la reproducción del capital en crisis, han sido desplazados de manera estructural a lo que se percibe y naturaliza como población sobrante.

Estamos en presencia de aparatos organizativos que festejan como “éxito” ganar una seccional de un gremio de trabajadores de la educación, cuando precisamente es esta , lo que se llama “educación “ la que se exhibe en su peor expresión para los intereses de la clase trabajadora que necesita que sus hijos tengan la formación conceptual y las herramientas de uso del pensamiento para encontrar “un lugar en el mundo “ que le permita la posibilidad de determinarse por otro mundo y una nueva sociedad sobre la base de la superación de las relaciones de producción capitalista.

La disponibilidad y la eventualidad propias de la oferta mercantil que las distintas variantes en las que se expresa esta política centrada en la diversidad gremial y los aparatos, hacen por vía de la construcción de sus propios productos fetichescos como sucede con la emergencia individualista y por exaltación de imagen que se hace con la abogada Myriam Bregman o la docente Romina Del Pla no tiene diferencias sustanciales con cualquier mercancía mediatizada e instalada por las llamadas redes sociales que son precisamente una herramienta diseñada y desarrollada para un fin opuesto al de la lucha programática y organizada con forma partido para la construcción del poder de los trabajadores y el socialismo, en tanto sus resultantes se miden y se aprecian con una lógica de marketing que nada tiene que ver con la participación colectiva de las masas trabajadoras en la edificación de un nuevo orden social.

Sucede entonces que como en el pasado 12 de mayo, los cuerpos se hacen tales, se juntan, se ven los rostros , caminan el uno con el otro, lo emergente no es lo que se piensa en el mundo político de las redes y demás medios de expresión virtual.
Si se permite la figura por fuera del drama que implica el fenómeno que examinamos, en los hechos, ocurre algo así como lo que frecuentemente sucede con una cita a ciegas, los que se agrupan en sitios virtuales, opinan en ellos y dan expresión de sus deseos aparentemente coincidentes, cuando aciertan a verse las caras bajo un cartel o una bandera, solo ven las caras, pero nunca el corazón y entonces corren presurosos a su propio puesto de venta en esa feria , que el aparato político , cualquiera fuese, monta en las tangenciales líneas del recorrido callejero emprendido.

Los divulgadores profesionales del aparato electoral, no tienen el objetivo primario de propagandizar y agitar.El capitalismo ha entrado por un nuevo ciclo de su desenvolvimiento, en una etapa decadente de crisis y guerras, aportando de manera objetiva las condiciones para la transformación superadora de ese orden social.

Hay que recordar, por su pertinencia con cuanto estamos señalando y no por una simple remisión dogmática, que frente al problema concreto del hacer militante, Lenin habla sobre «pocas ideas para muchos» en el contexto de la distinción entre agitación y propaganda, principalmente en su obra «¿Qué hacer? para definir que un propagandista presenta «muchas ideas» a una o pocas personas (teoría-programa), mientras que un agitador presenta «solo una o pocas ideas» a las masas para impulsarlas a la acción.

La frase «pocas ideas para muchos lenin» sugiere una paradoja sobre cómo un conjunto limitado de conceptos teóricos fundamentales puede movilizar a una gran cantidad de seguidores o aplicarse en contextos masivos y diversos. enfocada en la toma del poder por parte de un partido que congrega a la vanguardia de la clase.

Por no construirse finalmente en la idea que la revolución necesita ser dirigida por un partido disciplinado y profesional que penetre el programa socialista en las masas donde se somete a examen permanente , en lugar de esperar a que la conciencia revolucionaria surja espontáneamente, los aparatos del reformismo oportunista dejan ver lo contradictorio que resulta buscar su extensión como partido perviviendo en el orden crítico al que apelan para modificarlo y darle continuidad.
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