El 12 de mayo de 2026, una movilización masiva convocada por la desfinanciación del presupuesto educativo, dio paradójicamente el “tiro del final “ a un modelo de programa de acción política, en tanto ayer , murió el discurso del Parque Norte que buscó ser la referencia fundante y racional de más de cuatro décadas de la vída política del país.
La cuarta marcha federal educativa tuvo una concurrencia masiva en la Ciudad de Buenos Aires y réplicas también masivas en el resto del país, pero a la vez puso en evidencia que murió el discurso de Parque Norte.
En los hechos, al único programa de gobierno que supo conducir en sentido estratégico , la política de un sector de la burguesía en alianza con un amplio sector de las masas ,lo velaron en la Universidad “Deformada” con la que supieron adulterar la “Reforma” , y el cortejo ocupo sin destino las calles de “ciudad gótica “ en manos del Guasón , en co-gobierno de “Gatúbela” , mientras el Acertijo “ haciendo de Jefe de Gabinete, trazaba inútiles artificios, buscando que las apariencias triunfen una vez más sobre lo real existente.
El discurso “Convocatoria para una convergencia democrática”, realizado en los salones de recreación de Parque Norte, en Capital Federal. el 1° de diciembre de 1985 ante el plenario del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical,se apoyó en los logros iniciales que había obtenido Raúl Alfonsín, en primeros dos años de gobierno como el por ejemplo, el impulso de la política de Derechos Humanos, la victoria en el plebiscito sobre el Tratado de Paz y Amistad con Chile en el conflicto del Beagle, en los primeros resultados del Plan Austral y, sobre todo, en el triunfo de las elecciones de noviembre de 1985 para diputados nacionales.
Mientras Raúl Alfonsín, siendo presidente en ejercicio de mandato, desde un discurso pronunciado en Parque Norte, enunciaba su programa de gobierno sintetizado en el elogio de la forma de Estado republicano y su correspondencia con la forma de gobierno con democracia indirecta y formalizada en el voto, bajo el mandato constitucional según el cual, el pueblo no delibera ni gobierna,sino por representantes, en lo concreto su gestión inauguró una pretendida institucionalización contraria y reacia al autoritarismo precedente a esa fecha, favorable a la protección de los derechos humanos y a la contención del poder punitivo.
Concentrando nuestra mirada en aspecto de ese fenómeno que nutre la acción de la institucionalidad burguesa en un proceso social de más de cuatro décadas , en su lugar más oscuro, como lo es ,la política criminal del régimen, destacando que no es un aspecto generalmente abordado en los discursos y los acciones de los militantes adictos a las charlas públicas mechadas a los gritos en las calles , y cultores en paralelo del cretinismo parlamentario, hay que decir y difundir ,que por decisiones sometidas a demandas de extensión y castigo penal sobre los sectores socialmente vulnerables , con fuerte tendencia ascendente marcada por su expansión en las masas trabajadoras especialmente expresadas en los medios de comunicación, pero también en sentido específico por la ampliación del discurso que demanda protección para las divergencias y las manifestaciones concretas de las pautas culturales de género, implícitas en lo que se conceptúa como “lucha contra patriarcado”, razón por la cual los diversos grupos de víctimas realizaron una tarea funcional hacia la , creación de delitos y aumento de penas.
Por otra parte, esas tendencias finalmente orientadas hacia una sociedad de castigo y vigilancia también encontraron reflejo particular y de modo contradictorio en lo estrictamente penitenciario o la regulación de la ejecución de las penas, todas presididas y amparadas por el “principio” según el cual, a la privación de libertad se le debe adicionar , de manera naturalizada los trastornos, precariedades, humillaciones y técnica de desubjetivación contenidos en la expresión “que se pudran en la cárcel “.
El programa burgués de Parque Norte, en tanto herramienta política, tenía por objetivo jugar a fondo con un cambio estructural profundo, por lo que pretendía poner estos logros al servicio del cambio, sin advertir sin embargo que ellos eran solo fenómenos superestructurales que emergían a la par de la continuidad de la reproducción social del capital con los instrumentos que la propia dictadura genocida había puesto en escena.
Ese discurso se pronunció en el mejor momento del alfonsinismo, cuando el líder radical gozaba de una gran legitimidad y confianza para dirigirse al país como presidente de la Nación. Sin embargo, no fue elaborado en el seno del partido Radical, es decir, era un documento que no expresaba en sí , la voluntad de esa ya crujiente e histórica organización política.
La redacción del texto, fue producto de la intervención de algunos intelectuales –como Juan Carlos Portantiero y Emilio de Ípola-, que retornado del exilio se instalaron por fuera de la estructura y por su creciente influencia sobre Alfonsín, ayudados por cierto “prestigio” dado por su alineamiento con los planteos que emergían en la socialdemocracia europea, concentrados en la revaloración de la forma de gobierno, incorporaron en el lenguaje político y la literatura subsiguiente, sus aportes vinculados al Derecho o la Filosofía del Derecho
Parque Norte fue el intento de construir una identidad democrática fuerte y más amplia que la de un solo partido. La idea de construir un pensamiento democrático postdictadura no sólo para dar una continuidad que juzgaban necesaria a la institucionalidad contenida en la forma política Estado nacional , sino también para fortalecer una tendencia subyacente a la base electoral del radicalismo concentrada en los sectores medios y cierta incidencia tangencial en la por entonces nueva clase obrera, síntesis de la derrota física y cultural que le había impuesto oportunamente a los antecesores bajo la dictadura militar genocida.
Parque Norte afirmaba en los deseos puramente abstractos de una gestión política un pretendido , humanismo puramente discursivo amparado en una amañada visión pluralista de la realidad que le quedaba muy cómoda a la pequeña burguesía y no molestaba en grado sumo al poder real, que se ocupaba de reproducir el capital por vía pacífica y con consenso social para sus relaciones productivas de explotación y opresión por tanto, contraria a toda pretensión populista y hegemónica de la construcción política.
Dicho de otra forma, la construcción de un Estado de Derecho y el afianzamiento de la vida republicana” con participación política, ética de la solidaridad y modernización del Estado. Una democracia presuntamente deliberativa, a partir de la cual la ciudadanía tuviera mayor protagonismo, pese a que en el plano de la realidad, la mediación de la política partidaria y sus roscas, añadidas a los negociados en los que ya por entonces se involucraban su personal político , hacia su tarea de neutralización de todo cuanto pudiera de tener de espontanea esa debilita y estructuralmente impotente “participación”.
En los hechos y tal como lo demostró el proceso histórico, el discurso resultó , encubridor de lo real existente y su enunciación referida al modelo de gestión , en cuanto puntualizaba que era necesario llevara adelante políticas públicas que mejoraran la calidad de vida de los más desventajados de la sociedad, resultó desmentido finalmente por la realidad en la que hoy nos toca sobrevivir.
Si se busca con buena intención un común denominador en la multiple participación que se vió ayer con forma de intervención callejera y significativa cantidad de intervinientes, se advertirá que ese discurso alfonsinista de más de cuarenta décadas es el factor subyacente a todas las diversas pretensiones que se escucharon desde el palco y los cánticos de los marchantes, tal vez porque el edificio universitario, hecho desde largo tiempo a espaldas de los trabajadores, agoniza siendo el último reducto de ese programa de gobierno alfonsinista visiblemente vencido por el proceso dialéctico que la dominación de clases impuso con posterioridad a su simple enunciado.
Lo que se necesita advertir en este orden de ideas, es que, la remisión abstracta a un retorno de ese discurso de parque Norte , tiene hoy impensados cultores en las organizaciones que componen la cooperativa electoral FITU, que a falta de programa propio, en su oportunismo terminan haciendo de su militancia un conjunto de denuncias orientadas a la instauración de demandas en plano “gremial” de distintos sectores victimizados pasibles de concentrarse en un programa mínimo, políticamente democratizante y sin la fuerza política que socialmente le respalde, porque a fuerza de buscar realidad , hay que decir, que las cantidades sin programa poco dicen, más aún cuando la vida no permite sumar naranjas con bananas.
Lo que estamos presenciando, paradójicamente es el entierro de una forma política e ideológica que se concentra en un pasado materialmente inexistente. Habrá que advertir que la llamada revolución democrática ya operó en la historia argentina, que el Estado nacional y su forma jurídica institucional está presente en la Constitución Nacinal, en particular en los textos emergentes del acuerdo plasmado en el Pacto de Olivos (Menem-Alfonsín) y que ese proceso ya ha tenido su propio “termidor” sobre el que no queda variante de superación alguna que no se deba emparentar con la acción y el programa socialista revolucionario. Dicho de otra forma, el retorno a parque Norte ,es un anacronismo, que lo inviabiliza históricamente , haciendo que esa iniciativa conduzca irremediablemente al fracaso.
Llevando lo dicho al terreno concreto de los efectos reales que emergen del fracaso del programa político de Parque Norte, depositándolo en al espacio, no de un sector social y los contornos gremiales de los sujetos que se convocan en torno de la institución universitaria, sino en el cubre la faz de control, vigilancia y represión penal de las clases explotadas y oprimidas de la población, se puede precisar y advertir, que emergen hoy desde la política criminal y desde el lugar que esta ocupa con centralidad dentro de la gestión de gobierno del Estado, , se puede puntualizar , que las acciones políticas tienen como respaldo último y legalizador la vigencia constante y extendida de un régimen punitivo con el que se amenaza a quien se incline al menos a ponerlo en cuestión, resultante inversa de la que pregonara la apología del Estado de Derecho contenida en las directrices de Parque Norte.
En ese orden de ideas hay que decir que, la situación cuantitativa y cualitativa de las cárceles se conforma por las acciones políticas de todos los poderes en la Argentina democrática. Incluso no implementar decisiones políticas, es también una forma de política penal. Todas esas fuentes de decisiones políticas están en relación con cierto sentido común punitivista, o favorable tanto a la represión ilegal como hacia la respuesta prisional .
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Ese sentido común punitivista ,se ha extendido especialmente desde la última campaña electoral consagrando nuevas mayorías de votantes que se expresan en identidad con el discurso oficial que se ampara en la utilización de la norma penal y los dispositivos en forma amplia.
Corresponde en ese sentido señalar y advertir por la forma propagandística que la vanguardia trabajadora estime pertinente que, el peligro de exacerbar el punitivismo hacia los problemas sociales ,tanto como la impunidad de la violencia institucional (que es la otra cara del punitivismo) representa la legitimación del empleo de la violencia como aparente modo de superación del conflicto social , y en su caso la amplificación de los dispositivos represivos a los que se les facilita su puesta en actos con consenso legal .
Lo que se inscribe dentro del discurso de sentido común son proposiciones falsas –mágicas– de tinte punitivo formal (aumentar penas, castigar más rápido, construir prisiones) para su aplicación a los efectos derivados de las necesidades que impone la estructura productiva a las relaciones sociales , que conllevan el desplazamiento significativo y masivo de las masas trabajadoras a la condición de población.
En ese orden de ideas y en ese movimiento táctico-estratégico que implanta la burguesía dominante, se han habilitado verbalmente, y desde medios de comunicación,
violencias de tipo informal que recuerdan prácticas discursivas propias del llamado “derecho penal del enemigo” indicando de variadas formas, a este, en los sectores sociales sometidos a la informalidad y la precariedad laboral.
Se habla y se naturaliza su sentido final de guerra al enemigo, de su aniquilamiento , de exterminio, de meter bala , y que quién las hace las paga, siendo que se oculta que el sujeto que determina ese “quien” no es otro que aquel que integran los intelectuales funcionales al orden social burgués bajo el amparo funcional de la condición de magistrados del poder judicial
Esta forma discursiva abarcativa de la lógica que preside al llamado derecho penal del enemigo ,sienta su pase al acto en la convocatoria al “exterminio “ de los previa y arbitrariamente señalados como «delincuentes» por su sola condición social .
Es necesario saber, a toda costa, los limites de lo inexplicable , en el exacto deslinde entre la faz abstracta de los discursos y expresiones de deseos políticos y el rostro cruel de la realidad social donde sobrevivimos.
Deviene imperativo categórico , en el actual estadio de lucha de clases , poner blanco sobre negro respecto de esta tendencia marcada hacia la naturalización del castigo carcelario y su concreto contenido de clase.
Lo contrario, esto es, la continuidad en el empleo naturalizado por el discurso dominante del castigo punitivo, es la prolongación con vocación de permanencia del Estado de la burguesía desde donde se gesta y se lo prioriza como imprescindible para el consenso por sometimiento de las implicancias del actual orden social. Esas abstracciones contenidas en el discurso dominante vuelven los ojos de los que hoy luchas a la perspectiva del desierto.
Daniel Papalardo- Colaboración para Nuevo Curso
