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Nuevo Curso

UNA HISTORIA BREVE. LO HUMANO COMO FACTOR DISOLVENTE DE LOS MITOS

 

“Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad”. Este pensamiento tuvo y tiene amplia difusión, sobre todo desde la presencia gravitante de las redes antisociales que hacen del fragmento descontextualizado de la totalidad del discurso en sí y de la brevedad un verdadero culto desde el cual, de manera dogmática y autoritaria se abole cualquier pensamiento encadenado con otras referencias de la realidad.

Más allá de esto, tropezamos en la tarea preparatoria de agitación y propaganda de la revolución socialista que nos impone la situación actual de crisis de reproducción del capital, en contexto de guerras y endurecimiento del discurso dominante con perfil represivo sobre las garantías individuales de los trabajadores , con una irrupción con formato siglo XXI de la mitología , a favor de la cual se inscriben verdades que no son tales, en tanto en la falsedad congénita de su esbozo, reposa la necesidad  permanente de dar respuestas, cortas, inmediatas, satisfactorias de lo dado con propósito conservador y facilitador de la continuidad de reproducción del capital con su secuela de explotación y opresión.

Uno de esos mitos, que vuelve a asomar su rostro, es aquel que descalifica a los gestores de los hechos históricos que culminaron con la instauración del gobierno del soviet en Rusia, y con ello el poder obrero y socialista. En ese sentido es común acusar a Lenin de personaje despiadado gestor de un sistema en cuyo seno abrevaba el terror luego materializado por Stalin.

Sin ánimo de avanzar sobre este artilugio con apariencia de discurso histórico, es preciso traer a cuento escenas de la vida cotidiana de estas personas para advertir que sus detractores han necesitado y necesitan “darle muerte” en su rol para luego gestar estas versiones falsas.

    En ese sentido, un relato específico, casi anecdótico, da la cuenta de cual falsa es esa caracterización de Lenin y como a veces, hechos que parecen absolutamente tangenciales narrados casi como al pasar, son emblema de un posicionamiento ante la vida y superadores de infinitos documentos programáticos para enseñar de que hablamos cuando nos referimos al socialismo, y la construcción de una nueva sociedad donde se forje libre de enajenaciones y fetiches, el hombre nuevo.

Transcurren los días inmediatos a la toma del poder por los Soviet, en esas circunstancias de extremas carencias y precariedades, coincidentes con la algarabía general de la clase trabajadora y el pueblo, Natalia Sedova, compañera de Trotsky dice lo siguiente:

Recuerdo que por no haber podido encontrar ningún género, para confeccionar blusas a nuestros dos hijos, me serví de unos tapetes de terciopelo multicolor que encontré sobre una de las mesas del Instituto Smolny donde habitábamos. León y Sergio -mis hijos- me reprocharon esta improvisación iy se manifestaron descontentos por tener que llevar tales blusas. Cierto día Lenin, que con su mujer y su hermana ocupaban una de las habitaciones del mismo corredor, entró en la nuestra de pasadas y vio a los muchachos con sus blusas.  Detuviese frente a ellos, los colocó uno junto al otro, se alejó para mejor admirarles, y exclamo > ¡Que hermosura, caramba ¡< Me impresionó la observación inesperada, y quedé agradablemente sorprendida de que Lenin pudiera interesarse por un hecho tan menudo. A partir de ese día los niños aceptaron llevar las blusas sin protestar…A nuestro alrededor, por todas partes sesionaban los comités; el edificio estaba erizado de ametralladoras”

La cita inicial, de una idea contenida en un texto de Ernesto Guevara, y el hecho objetivo narrado por una mujer de temple y espíritu revolucionario, dando cuenta de la conducta de Lenin, muestran un hilo conductor en un proceso que remite a la significación del factor subjetivo y el déficit que en ese aspecto nos exhibe la realidad que nos toca sobrevivir. Tal vez la agitación y propaganda deba partir de las simples cosas, y los ejemplos cotidianos haciendo que estos tomen prevalencia sobre los discursos formateados y repetitivos.

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