La historia de los trabajadores en nuestro territorio no es llevada a las aulas y mucho menos al aprendizaje colectivo de sus enseñanzas en la vida cotidiana, por estar constantemente ideologizada por productos intelectuales orgánicamente generados al servicios de transitorios discursos que pujan entre sí, pero que en todos los casos son funcionalmente reproductores de los intereses de la burguesía dominante entendida esta de conjunto , solo aunada y nutrida por la objetividad que marca la reproducción del capital .
La mejor parte de esta intervención cultural opresiva constante oculta de modo táctico que aquello a lo que se apela e incluso en algunos casos se presenta como “memoria” esta siempre exhibida para ser visualizada desde la filosofía del derecho y del Estado, es decir, para explicar esa institucionalidad y sus propia dialéctica de desarrollo temporal, en particular menoscabando el rol del trabajador en los acontecimientos generales y sus energías dispuestas en específico frente al conflicto social , al que se lo diluye bajo el amparo de las normas, con lo que al parecer cuanto ha sucedido desde la construcción del Estado nacional hasta la fecha , no es otra cosa que una sucesión de normas que se presentan y desaparecen según los arbitrios dirigenciales de operadores políticos de la burguesía.
Por eso, la tarea política militante organizada en partido de clase tiene que emplear su activo en la concreción de un programa que advierta en sus proyecciones esta particularidad que en el tiempo ha impuesto en los trabajadores , aún en los que se ubican en las labores más especializadas esta discapacidad para advertir la centralidad que su propia existencia como clase tiene en el devenir de los sucesos, las acciones que finalmente fungen en la emergencia o caducidad de las normas jurídicas que regulan la existencia desde el Estado por su imperio, sobre el conjunto de relaciones sociales que operan en el diario existir.
“Por eso el colectivo de militancia concentrado en la vanguardia tiene que deshacerse también de ésta su historia según la ha recibido del relato dominante o de sus propias percepciones en el suceder de los hechos y desde su específica condición social someter a la crítica no sólo estas condiciones prevalecientes sino también, al mismo tiempo, su prolongación abstracta y posible en el tiempo , no desde una narración sino desde la impugnación del derecho vigente, en tanto consolidación concreta en leyes y constituciones de la resultante de ese devenir en el tiempo en contexto de necesaria lucha de clases.
En la Tesis XI sobre Feuerbach, Marx sostiene que : “los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diversos modos; de lo que se trata es de transformarlo.” En nuestro tiempo está claro que cuando se alude a “filósofos” el texto se está refiriendo a los trabajadores conscientes organizados en partido de clase, es decir a aquellos que precisamente tienen la tarea histórica de superar la relación de servidumbre en la que se encuentran y producir su emancipación social en un nuevo orden sin explotadores ni explotados
Nos interesa destacar aquí una interpretación y una tarea dictada en consecuencia , que necesariamente es crítica de la realidad y no tolerante o naturalizadora de esa misma realidad opresiva y alienante, que tiene un sujeto específico que no es otro que el trabajadora, por el lugar que ocupa en la sociedad en tanto productor de mercancía , buscando que el mismo libere su capacidad de hacer y generar cultura , agotando y eliminando todo espacio que le implique a la vez distancia objetiva con lo producido y por ende su alienación respecto de esos objetos hechos , pero no poseídos.
Es crítica precisamente porque la interpretación destaca los aspectos críticos, negativos, de lo real (por ejemplo, la explotación). Es decir, el mundo es transformado en pensamiento crítico, hay de un lado, una constatación positiva, lo que es, y otra negativa, lo puntos críticos de aquello que es.
Pero el proceso no acaba ahí, el pensamiento crítico debe objetivarse en el mundo por medio de la actividad crítico-práctica, de la actividad revolucionaria. El mundo es transformado en pensamiento, para luego objetivarse por medio de una praxis que transforma el mundo. No se trata de la pura práctica, sin pensamiento, sin teoría. Hay dos momentos, uno interpretativo y otro de transformación combinados en un solo hacer y en un solo ser. La praxis es la unidad del pensamiento y de la actividad práctica.
Por ahora, hemos comprendido al menos algo, la realidad histórica es producto de la praxis histórica de la humanidad y dentro de ella , en el orden capitalista por la implicancia significativa en los hechos de los trabajadores y como tal, puede ser modificada, revolucionada, por esa misma humanidad productora de bienes y servicios. La militancia ordenada programáticamente y organizada políticamente con la forma partido de clase, hace posible la vida del marxismo y éste con sus categorías analíticas , devuelve al hombre/mujer aquello que había perdido, su praxis en el mundo y con ello, su ser, su esencia humana.
Si esto que señalamos se omite , como sucede en gran medida en la actualidad, la resultante es la marginalidad, los cenáculos de profesores universitarios buscando ser diferentes aplaudiendo cuando los alumnos gritan su deseo de que la universidad sea de los trabajadores y los demás que se jodan, como si eso fuese posible en un orden social de clases y sin los trabajadores en el poder .
Esa falta del militantes educados partidariamente en hacer prácticas que impliquen por la base, adhesión a una filosofía crítica del orden social de clases, plasmada en su programa , lleva a poco que se deja de gritar en las calles y la impotencia se hace manifiesta, a las peleas por cargos en las próximas sesiones de la renovada farsa electoral haciendo que todo transite en el esquema formalizado por el orden burgués y su república democrática, las fracciones internas y las “unidades” oportunistas exhibidas en los hechos por los los frentes populares de cabotaje.
Concretar en tanto organizador de la vanguardia el programa político de la clase trabajadora y la política que le resulte consecuente no es otra cosa que materializar la filosofía sin darle la espalda por completo a la realidad, como ocurre en nuestra existencia cotidiana.
Ese necesario estar en lo real desde el momento en que lo real se genera por los trabajadores mismos, desarrollando un programa de emancipación humana en otro orden social superador de toda posible sociedad de clases , implica necesariamente terminar con el fetiche de la ley y su exaltación como herramienta superadora de todo conflicto . Esto significa el abandono en términos políticos de toda actividad que implique adhesión a las expresiones de poder burgués que traducen las acciones humanas en formas jurídicas abstractas cuya existencia solo la fijan funcionarios de uno de los poderes del Estados bajo la ficción de impartir justicia distributiva.
Todo ese montaje superestructural sin el cual la propia reproducción y acumulación de capital no se hace posible implica ubicar al trabajador en una abstracción diversa del hombre real. Destruir por la base misma del entendimiento esa representación falsa de lo verdadero, es la tarea contenida en toda militancia aún cuando esta asuma en lo concreto un interés material específico, porque si esto no opera en el plano consciente, lo inmediato y movilizante se pierde en la complejidad del orden burgués que de esa forma no se siente en ningún caso amenazado en su existir.
Los trabajadores, constituidos en la homogeneidad de su existir por factores objetivos irrenunciables como lo es la venta necesaria de su fuerza de trabajo para sobrevivir ,en clase social, son el sujeto social orientado a realizar la crítica haciendo el pasaje al acto a través de la revolución social, y la construcción orgánica del poder obrero desarrollador del programa socialista.
“Así pues, la misión de la historia consiste, una vez que se ha disipado el más allá de la verdad, en averiguar la verdad del más acá. La misión de la filosofía, que se halla al servicio de la historia, consiste antes que todo, una vez que se ha desenmascarado la forma de santidad de la autoenajenación humana, en desenmascarar la autoenajenación en sus formas profanas. La crítica del cielo se convierte así en la crítica de la tierra. La crítica de la religión en la crítica del derecho, la crítica de la teología en la crítica de la política…….Ser radical es coger el problema por la raíz. Pero la raíz para el hombre es el hombre mismo… La crítica de la religión conduce a la doctrina según la cual
el hombre es la esencia suprema para el hombre y, por consiguiente, al imperativo categórico de echar por tierra todas las relaciones en las cuales el hombre es un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable…” (Marx, Carlos, “Introducción para la crítica de la filosofía del derecho de Hegel”, Escritos de juventud sobre el derecho.”)
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