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NUESTRAS TAREAS POLÍTICAS

Cuesta tratar de captar los elementos constitutivos del desarrollo del fenómeno político que abarca el espacio subjetivo de lucha de clases. Ese territorio no se define únicamente por las relaciones locales, en la medida en que estos contrastes de clase , están estrechamente ligados a los acontecimientos internacionales.
En ese contexto, por fuera de expresiones contundentes de lucha de clases en países de la Europa central, y la continuidad de la guerra en Ucrania, que marcan una crisis objetiva del capitalismo global, se verifican con igual contundencia datos ciertos de los problemas orgánicos que tiene la clase trabajadora para construir su dirección política.

En todos los espacios donde crujen las estructuras económicas de los Estados, no se verifica mecánicamente su capitalización por la clase trabajadora que en definitiva termina agotando su vitalidad de confrontación en las calles.
Esta constatación objetiva a la hora de encarar cuanto se refiere al contenido de la praxis militante debe ser remitida a cuanto nos dice el documento que se utilizó sobre el particular para su tratamiento en las instancias fundacionales de la IV internacional.

Hacemos esta remisión en la medida en que la situación política mundial en su conjunto se caracteriza sobre todo por la crisis histórica de la dirección del proletariado. …

«Las crisis cíclicas, bajo las condiciones de la crisis social de todo el sistema capitalista, abruman a las masas con cada vez mayores privaciones y sufrimientos. El aumento del paro, a su vez, profundiza la crisis financiera del estado y socava los ya inestables sistemas monetarios. Los gobiernos, van de una bancarrota a otra. La propia burguesía no ve salida…El parloteo de todo tipo de que las condiciones históricas aún no están “maduras” para el socialismo es sólo producto de la ignorancia o el engaño consciente. Las condiciones objetivas de la revolución proletaria no sólo están maduras, sino que incluso han comenzado a pudrirse. Sin la revolución socialista, y esto en el próximo período histórico, toda la civilización humana está amenazada de ser arrastrada por una catástrofe. Todo depende del proletariado, es decir, ante todo de su vanguardia revolucionaria. La crisis histórica de la humanidad se reduce a la crisis de la dirección revolucionaria.”



En nuestra sociedad los que gestionan los intereses de la burguesía dominante, se ven atravesados por esa crisis, por la nula productividad del trabajo, y las disputas internas de distintos sectores de esa clase social.


En el espacio de los trabajadores, los que laboran en la economía informal, ven amenazada su situación en tanto más allá de la posibilidad de venta de su fuerza de trabajo, el salario que se percibe los ubica en tendencia relevante hacia la habitualidad de las carencias que caracterizan la pobreza, y en igual medida ello ocurre entre quienes pueden ser ubicados en los sectores que resisten desde la desocupación y la exclusión cultural como población sobrante.


En los sectores medios ocurre un fenómeno similar en la medida en que gran parte de los llamados emprendedores, ven naufragar su proyecto y se preparan para la contracción de la economía en un escenario combinado con la inflación creciente que amaga con consolidar la tendencia a que la posibilidad del precio de las mercancías. se vea en riesgo por ampliación de la base de dinero circulante y el estancamiento productivo derivado de la ausencia del ingreso de divisas suficientes para la producción. .

En términos políticos el reformismo parlamentario y el centrismo, desplegado sobre las filas de los trabajadores, por organizaciones que se autorreferencias como defensores de sus intereses, muestra su agonía. Un capítulo más de desarrollo de esa táctica militante por fuera de la estrategia revolucionaria en la que se expresa esa enfermedad mortal, es la intervención concreta que esos sectores asumen en el proceso electoral, que contribuyen a materializar y en ningún caso denuncian  por su funcionalidad a la reproducción del orden social capitalista, a pesar de haber nacido como herramienta contra las PASO, en las que ahora dirimen sus contiendas los distintos grupos que la integran a puro despliegue de aparatos.

El posicionamiento del FITU entronca con los planteos tácticos-estratégicos de su desarrollo como cooperativa electoral y con su trayectoria correspondiente: su oposición sistemática a construir el partido revolucionario y la búsqueda desesperada de un sustituto de éste, en el centrismo, y en un sector presuntamente progresista de la burocracia sindical o en una alianza con el sector izquierdo de la burguesía. El FITU significa una cooperativa electoral en términos prácticos y el fracaso correlativo del intento solapado de la formación del partido centrista de izquierda legal, que deviene hoy claramente en un reformismo socialdemócrata.

 Esa organización es lo opuesto de una proletaria bolchevique…” En una u otra forma los integrantes del FITU coinciden en ocultar con fraseología de los días festivos y el uso simbólico de los emblemas de la IV Internacional el hecho incuestionable de su disolución en el reformismo.  En esa lógica, pretenden vender el fetiche del «aparato» para justificar su feroz capitulación, pero en las actuales circunstancias de la lucha de clase ni siquiera este elemento resulta constatable, no obstante, ello, lo central es que el marxismo revolucionario siempre hizo lo contrario: la independencia política fue el centro de su combate contra todas las corrientes oportunistas.

 El partido revolucionario es por sobre todo su programa, dentro de los lineamientos actualmente vigentes del programa de transición.

El FITU, con las variantes que pretenden imponer cada uno de los microemprendimientos políticos, que lo integran, ha fijado su objetivo político-organizativo» en la socialdemocracia de Kausky, lo opuesto al bolchevismo proletario. Es esa experiencia política la que exhibe su fracaso final y dialécticamente convoca a su superación revolucionaria desde la clase trabajadora, sus métodos históricos, su programa socialista y sus organismos de poder con base en la democracia directa.

“El rasgo característico más indiscutible de las revoluciones es la intervención directa de las masas en los acontecimientos históricos. En tiempos normales, el Estado, sea monárquico o democrático, está por encima de la nación; la historia corre a cargo de los especialistas de este oficio: los monarcas, los ministros, los burócratas, los parlamentarios, los periodistas. Pero en los momentos decisivos, cuando el orden establecido se hace insoportable para las masas, éstas rompen las barreras que las separan de la palestra política, derriban a sus representantes tradicionales y, con su intervención, crean un punto de partida para el nuevo régimen… La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos». La historia, la política, bajan de las oficinas de gobierno, de la legislatura y de las mesas editoriales a la calle, el taller y la fábrica”

Esto significa, lisa y llanamente que los trabajadores nada pueden esperar del proceso electoral. Tampoco pueden comprar la versión de los grupos satelitales al FITU que rescatan aún su posicionamiento de clase en la farsa electoral, cuando este al ser tributario del reformismo no trasciende   el orden burgués y diluye precisamente ese comportamiento necesario autónomo de la clase trabajadora en sí, a la que se convoca con propuestas de programa mínimo y nunca se señala claramente el objetivo revolucionario marcado por la necesidad de construcción desde el poder obrero de una nueva sociedad –

Un capítulo específico requiere exhibir ante la clase trabajadora a aquellos, que sin haber ni siquiera conformado un partido político, llaman a votar al FITU alarmados por las abstenciones y ausencias notorias de la clase en las elecciones provinciales ya realizadas.

Cabe en este sentido explicar simplemente que se convoca a los trabajadores a PASO, es decir, se convoca de modo obligatorio, impuesto, a votar para la SELECCIÓN DE CANDIDATOS. Los trabajadores, desde su vanguardia de clase, ya se han expresado repudiando ese sistema y esa convocatoria, al tiempo de la sanción de la ley que la impuso.

Si el FITU, que  en la historia, ha sido resultado de la imposición de ese formato electoral , que entre otras cosas permite que sectores de la burguesía vuelquen su voto en la selección de los candidatos que dicen buscar representar a la clase obrera, traicionando ese posicionamiento de denuncia e impugnación del método, adopta ese medio , despreciando incluso en ese plano los mecanismos de democracia directa como los son las asambleas y los plenarios, no puede demandar el voto del trabajador y mucho menos se puede militar en contra de la opción que estos toman de no concurrir a los comicios.

 Los tiempos inmediatos marcan duras condiciones de sobrevivencia. Son ellas, fuera de los discursos de las agencias políticas y las intervenciones de las agencias represivas, los que marcan el imperativo de luchar por las reivindicaciones mínimas en estrategia transicional hacia el poder obrero revolucionario. Esto implica defensa de las libertades democráticas, y autoorganización con objetivo de construcción de la vanguardia obrera.

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