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Nuevo Curso

LA NECESIDAD DE UN NUEVO RUMBO EN LA MILITANCIA POLÍTICA REVOLUCIONARIA.

NUEVO CURSO

La experiencia histórica, en particular la del último siglo, demuestra que la soberanía del pensamiento se impone a lo largo de una serie de ensayos y errores que conforman una cadena de certezas transitorias.

Este dato objetivable, no hace otra cosa que dar una referencia a la constante necesidad por construir un desarrollo dialéctico en el plano del conocimiento , con el único objetivo de poner en ideas el devenir y la multiplicidad compleja del fenómeno social, pero advirtiendo que sus notas específicas no pueden dar cuenta por sí mismas de su aprehensión instantánea o definitiva.

Simplemente se trata de una aproximación, una lectura situada desde una perspectiva definida, para tratar de interpretar una realidad que generalmente se presenta como una sucesión desbordada y vertiginosa de eventos casuales e inocentes, desprovistos de toda relación de poder y conexidad funcional entre sí..

Socialismo científico y capitalismo coinciden tristemente en jugárselo todo al desarrollo de las fuerzas productivas, soñando con fuentes de energía inagotables o robots que nos devuelvan el ocio del paraíso perdido. Sin embargo el estancamiento marcado por en el proceso de reproducción del capital , por sus propias contradicciones, marcado a través de crisis de sobreproducción o subconsumo, se transforma en el principal elemento que impide su desarrollo y pone en cuestión su vigencia como orden social, cultural válido para esa avanzada de la técnica y la robotización emancipatoria del hombre

 La absolutización de ese factor, es decir , convirtiéndolo en el único elemento esencial para dar lugar al socialismo, entendido como nuevo orden social, capaz de dar las condiciones para el desarrollo al infinito de las fuerzas productivas y la abundancia de bienes a futuro , en forma tal que las necesidades serían equivalentes los productos , nos ha llevado a una prolongada experiencia política, y cultural que le quita  relevancia tangencial al factor subjetivo .

Lo que se define como subjetividad, es una construcción que se forma a partir de destacar al trabajador en su interacción cotidiana con el medio, y en la interrelación con los otros.

Vista de ese modo la situación, también es constatable que la optimización a través de diversos medios del control social, y su sistema de coerción revestido de consenso, le permite al capitalismo, aun frente a la agudización de sus contradicciones, continuar con su lógica reproductiva y neutralizar con represión a la lucha de la clase trabajadora, cuando logra insinuar los atisbos de una praxis revolucionaria para enfrentarlo.

Este dato es una herencia envenenada de la que los jóvenes trabajadores necesitan tomar nota y emprender una militancia pertinente a despojarse y desprenderse de ella.

Esto último resulta necesario porque , en la medida que la superación de ese mecanicismo no cobre realidad no será posible abrir otro momento de la lucha revolucionaria por la construcción del poder obrero y el programa socialista .Destacamos además, la gravitación que tiene la teoría del Estado burgués en ese proceso, y la necesidad de su destrucción como objetivo estratégico de la clase trabajadora

 Ese mecanicismo economicista que toma la metáfora de la estructura y superestructura a la que alguna vez apelo Carlos Marx como un versículo evangélico ha llevado al movimiento obrero a un fracaso profundo que obliga a replantearse si es posible cualquier tipo de cambio social mientras se mantenga un modo de producción asentado en la deshumanización y la cosificación del trabajador y en la profundización mediática mercantilizada de su alienación.

Estamos en presencia de una relación entre lo objetivo y lo subjetivo, en el contexto del desarrollo de las fuerzas productivas, las relaciones sociales de producción, y la lucha de clases a nivel global, donde la prevalencia de lo subjetivo, sobre todo, enfatizado en los aspectos de lo privado como espacio de consumo, definen la cuestión en curso, en tanto factor desencadenante del cambio revolucionario

.El espíritu crítico que deviene de la necesidad del rescate del hombre  y la mujer trabajadora, por su propia labor políticamente militante a través del rediseño de la centralidad de su papel en la historia,  trae consigo la exigencia del rigor teórico en esa labor y  voluntad por relanzar el proyecto socialista tras los fracasos y las derrotas de los intentos revolucionarios del siglo xx, que por presencia exacerbada del Estalinismo, la construcción teórica del socialismo en un solo país, derivaron en su agotamiento como modelo social deseado , dando sobrevida al orden social capitalista y permitiendo su extensión abierta en plano mundial, pese a lo cual hoy vuelve a exhibir los signos objetivos de su crisis de reproducción .

A esta última tendencia mecanicista, la enfrentamos con la necesidad por definir una directriz de educación revolucionaria, como herramienta central en la conformación del hombre nuevo, miembro de una sociedad con valores y formas de relaciones sociales íntegras.

Por eso, y en oposición a lo que se sostiene desde el sentido común, mediáticamente construido, afirmamos que los trabajadores están habilitados para el desarrollo de un nuevo proyecto liberador de toda explotación y opresión , a pesar del cautiverio y el desgaste que imponen las actuales condiciones de fragmentación de los lazos sociales, generadas por el capital cada vez más concentrado, una situación objetiva que aumenta en relación directa con la generalización coordinada entre los sistemas punitivos y las fuerzas represivas que normativizan esa injusticia material, por medio de su legalidad para ejercer el monopolio de su violencia represiva.

Este contexto, este dato perceptible en la realidad obliga a la militancia a poner en su práctica cotidiana lo mejor de sí, haciendo una reconsideración crítica de la importancia del factor subjetivo, y que dé por tierra la premisa que erróneamente supone ver en la clase trabajadora como la portadora espontanea del ser revolucionario.

 Lo que se define como subjetividad, es una construcción que se forma a partir de destacar al trabajador en su interacción cotidiana con el medio, y en la interrelación con los otros.

El espíritu crítico que deviene de la necesidad del rescate del hombre  y la mujer trabajadora buscando rediseñar de la centralidad de su papel en la historia  trae consigo la exigencia del , rigor teórico, vocación y  voluntad de relanzar en el plano político el proyecto socialista tras los fracasos y las derrotas de los intentos revolucionarios del siglo xx, que por presencia exacerbada del Estalinismo, la construcción teórica del socialismo en un solo país, derivaron en su agotamiento , dando sobrevida al orden social capitalista y permitir su extensión abierta en plano mundial, pese a lo cual hoy vuelve a exhibir los signos objetivos de su crisis de reproducción .

A esta última tendencia mecanicista, la enfrentamos con la necesidad por definir una directriz de educación revolucionaria, como herramienta central en la conformación del hombre nuevo, miembro de una sociedad con valores y formas de relaciones sociales íntegras. Por eso, y en oposición a lo que se sostiene desde el sentido común, mediáticamente construido, afirmamos que los trabajadores

están habilitados para el desarrollo de un nuevo proyecto liberador, a pesar del cautiverio y el desgaste que imponen las actuales condiciones de fragmentación de los lazos sociales, generadas por el capital cada vez más concentrado, una situación objetiva que aumenta en relación directa con la generalización coordinada entre los sistemas punitivos y las fuerzas represivas que normativizan esa injusticia material, por medio de su legalidad para ejercer el monopolio de su violencia represiva.

Dicho, en otros términos, estamos en presencia de una relación entre lo objetivo y lo subjetivo, en el contexto del desarrollo de las fuerzas productivas, las relaciones sociales de producción, y la lucha de clases a nivel global, donde la prevalencia de lo subjetivo, sobre todo, enfatizado en los aspectos de lo privado como espacio de consumo, definen la cuestión en curso, en tanto factor desencadenante del cambio revolucionario.

Vista de ese modo la situación, también es constatable que la optimización a través de diversos medios del control social, y su sistema de coerción revestido de consenso, le permite al capitalismo, aun frente a la agudización de sus contradicciones, continuar con su lógica reproductiva y neutralizar con represión a la lucha de la clase trabajadora, cuando logra insinuar los atisbos de una praxis revolucionaria para enfrentarlo.

Por eso entendemos que esta realidad obliga a la militancia a poner en su práctica cotidiana lo mejor de sí, rescatando una reconsideración crítica de la importancia del factor subjetivo, y que dé por tierra la premisa que erróneamente supone ver en la clase trabajadora como la portadora espontanea del ser revolucionario.

 Lo que se define como subjetividad, es una construcción que se forma a partir de destacar al trabajador en su interacción cotidiana con el medio, y en la interrelación con los otros.

 Solo en ese encuentro y en ese camino de acción práctica podemos hablar de una subjetividad que se desarrolla en el medio social, y no en el mundo privado de personas anónimas, cerrado en la individualidad y la objetivación que le impone la enajenación con los productos y la consiguiente alienación respecto de ese mismo producto transformado en un fetiche dominador, que le impone servidumbres.

Este proceso de re significación subjetiva– al amparo de las condiciones objetivas del agotamiento del modelo capitalista– tiene dialécticamente la potencialidad de poner a la clase trabajadora y al conjunto de los socialmente oprimidos, en una nueva época signada por la opción extrema y dilemática que oscila entre la realización plena de los hombres o su vaciamiento, en tanto existe el riesgo de tomar caminos que conduzcan a la dispersión y esterilidad de las ideas, la apatía moral, o la inercia práctica.

Vivimos un repliegue ideológico en el que se define una fuerte tendencia al abandono de la lucha colectiva en el contexto de clases sociales en pugna, una lucha distorsionada por herramientas conceptuales que dejan traslucir el acentuado protagonismo de la individualidad, en línea con un mensaje de exaltación sobre la diversidad y el deseo, reducidos a objetos de consumo.

 Por eso, desde el enfrentamiento abierto, y desde un discurso que funcione como praxis concreta a ese esquema ideológico, deben surgir futuros encuentros entre los que asuman la tarea de luchar en clave revolucionaria para avanzar hacia una nueva sociedad, que logre romper con estas redes de poder hegemónico.

Las relaciones colectivas orientadas a prácticas concretas son los únicos modos reales de abrir los caminos hacia un futuro diferente, los únicos medios simples para derrotar este presente de explotación y opresión en el que estamos sumergidos.

La vigencia de la necesidad militante en un contexto concreto signado por la estrategia revolucionaria socialista, corporiza en la vanguardia obrera y su partido de clase.  La militancia en su trabajo de agitación y propaganda, está determinada a favorecer la comprensión del sentido de la lucha, por fuera de las prácticas reformistas que se reducen a la exigencia de políticas sociales, implementadas desde los programas del Estado y gestionadas por los operadores de la clase burguesa, bajo el resguardo legal de las formas jurídicas que habilitan su accionar. El objetivo de desplazar grandes con grandes contingentes humanos al margen social– la mal llamada población sobrante– les quita toda posibilidad a esas políticas, desmereciendo una vez más, y con un sentido histórico, el discurso y las corrientes reformistas, cualquiera fuera el ropaje que utilicen para exhibirse.

 Solo en ese encuentro y en ese camino de acción práctica podemos hablar de una subjetividad que se desarrolla en el medio social, y no en el mundo privado de personas anónimas, cerrado en la individualidad y la objetivación que le impone la enajenación con los productos y la consiguiente alienación respecto de ese mismo producto transformado en un fetiche dominador, que le impone servidumbres.

Este proceso de re significación subjetiva– al amparo de las condiciones objetivas del agotamiento del modelo capitalista– tiene dialécticamente la potencialidad de poner a la clase trabajadora y al conjunto de los socialmente oprimidos, en una nueva época signada por la opción extrema y dilemática que oscila entre la realización plena de los hombres o su vaciamiento, en tanto existe el riesgo de tomar caminos que conduzcan a la dispersión y esterilidad de las ideas, la apatía moral, o la inercia práctica.

Vivimos un repliegue ideológico en el que se define una fuerte tendencia al abandono de la lucha colectiva en el contexto de clases sociales en pugna, una lucha distorsionada por herramientas conceptuales que dejan traslucir el acentuado protagonismo de la individualidad, en línea con un mensaje de exaltación sobre la diversidad y el deseo, reducidos a objetos de consumo.

 Por eso, desde el enfrentamiento abierto, y desde un discurso que funcione como praxis concreta a ese esquema ideológico, deben surgir futuros encuentros entre los que asuman la tarea de luchar en clave revolucionaria para avanzar hacia una nueva sociedad, que logre romper con estas redes de poder hegemónico.

Las relaciones colectivas orientadas a prácticas concretas son los únicos modos reales de abrir los caminos hacia un futuro diferente, los únicos medios simples para derrotar este presente de explotación y opresión en el que estamos sumergidos.

La vigencia de la necesidad militante en un contexto concreto signado por la estrategia revolucionaria socialista, corporiza en la vanguardia obrera y su partido de clase.  La militancia en su trabajo de agitación y propaganda, está determinada a favorecer la comprensión del sentido de la lucha, por fuera de las prácticas reformistas que se reducen a la exigencia de políticas sociales, implementadas desde los programas del Estado y gestionadas por los operadores de la clase burguesa, bajo el resguardo legal de las formas jurídicas que habilitan su accionar. El objetivo de desplazar grandes con grandes contingentes humanos al margen social– la mal llamada población sobrante– les quita toda posibilidad a esas políticas, desmereciendo una vez más, y con un sentido histórico, el discurso y las corrientes reformistas, cualquiera fuera el ropaje que utilicen para exhibirse.

Socialismo científico y capitalismo coinciden tristemente en jugárselo todo al desarrollo de las fuerzas productivas, soñando con fuentes de energía inagotables o robots que nos devuelvan el ocio del paraíso perdido.

 La absolutización de ese factor, es decir , aquel que solo da margen al socialismo para dar las condiciones para  el desarrollo al infinito de las fuerzas productivas y la abundancia a futuro de bienes en forma tal que las necesidades serían equivalentes a los bienes que las satisfacen, no se compadece con una apreciación crítica de la lectura de los textos marxistas en tanto el agotamiento del orden social capitalista también se expresa en factores que tienen que ver con la condición humana y la reducción del ser humano a un objeto cultor del fetiche del avance tecnológico científico en forma tal de transformar a ese elemento en una suerte de nuevo dios que todo lo puede, elemento que contrasta con la barbarie social, la miseria y la depreciación constante del medio ambiente.

El estancamiento de esas mismas fuerzas productivas en el orden social capitalista , por sus propias contradicciones en forma tal que se transforma en el principal elemento que impide su desarrollo, nos ha llevado a una prolongada experiencia política, y cultural que exaltando ese extremo, pone en  relevancia tangencial al factor subjetivo – Esto es una suerte de herencia envenenada de la que los jóvenes trabajadores debe despojarse, si se quiere como su principal tarea militante en la medida que la superación de ese mecanicismo es el factor que permite abrir otro momento de la lucha revolucionaria por la construcción del poder obrero y el programa socialista .

 Ese mecanicismo economicista que toma la metáfora de la estructura y superestructura a la que alguna vez apelo Carlos Marx como un versículo evangélico ha llevado al movimiento obrero a un fracaso profundo que obliga a replantearse si es posible cualquier tipo de cambio social mientras se mantenga un modo de producción asentado en la deshumanización y la cosificación del trabajador en la profundización mediática mercantilizada de su alienación.

Destacamos, además, la gravitación que tiene la teoría del Estado burgués en ese proceso, y la necesidad de su destrucción como objetivo estratégico de la clase trabajadora.

El espíritu crítico que deviene de la necesidad del rescate del hombre  y la mujer trabajadora buscando rediseñar la centralidad de su papel en la historia  trae consigo la exigencia del , rigor teórico, vocación y  voluntad de relanzar en el plano político el proyecto socialista tras los fracasos y las derrotas de los intentos revolucionarios del siglo xx, que por presencia exacerbada del Estalinismo, la construcción teórica del socialismo en un solo país, derivaron en su agotamiento , dando sobrevida al orden social capitalista y permitir su extensión abierta en plano mundial, pese a lo cual hoy vuelve a exhibir los signos objetivos de su crisis de reproducción .

A esta última tendencia mecanicista, la enfrentamos con la necesidad por definir una directriz de educación revolucionaria, como herramienta central en la conformación del hombre nuevo, miembro de una sociedad con valores y formas de relaciones sociales íntegras.

En función de lo que indicamos precedentemente y en oposición a lo que se sostiene desde el sentido común, mediáticamente construido, afirmamos que los trabajadores están habilitados para el desarrollo de un nuevo proyecto liberador, a pesar del cautiverio y el desgaste que imponen las actuales condiciones de fragmentación de los lazos sociales, generadas por el capital cada vez más concentrado, una situación objetiva que aumenta en relación directa con la generalización coordinada entre los sistemas punitivos y las fuerzas represivas que normativizan esa injusticia material, por medio de su legalidad para ejercer el monopolio de su violencia represiva.

Vista de ese modo la situación, también es constatable que la optimización a través de diversos medios del control social, y su sistema de coerción revestido de consenso, le permite al capitalismo, aun frente a la agudización de sus contradicciones, continuar con su lógica reproductiva y neutralizar con represión a la lucha de la clase trabajadora, cuando logra insinuar los atisbos de una praxis revolucionaria para enfrentarlo.

Por eso entendemos que esta realidad obliga a la militancia a poner en su práctica cotidiana lo mejor de sí, rescatando una reconsideración crítica de la importancia del factor subjetivo, y que dé por tierra la premisa que erróneamente supone ver en la clase trabajadora como la portadora espontanea del ser revolucionario.

 Lo que se define como subjetividad, es una construcción que se forma a partir de destacar al trabajador en su interacción cotidiana con el medio, y en la interrelación con los otros.

 Solo en ese encuentro y en ese camino de acción práctica podemos hablar de una subjetividad que se desarrolla en el medio social, y no en el mundo privado de personas anónimas, cerrado en la individualidad y la objetivación que le impone la enajenación con los productos y la consiguiente alienación respecto de ese mismo producto transformado en un fetiche dominador, que le impone servidumbres.

Este proceso de re significación subjetiva– al amparo de las condiciones objetivas del agotamiento del modelo capitalista– tiene dialécticamente la potencialidad de poner a la clase trabajadora y al conjunto de los socialmente oprimidos, en una nueva época signada por la opción extrema y dilemática que oscila entre la realización plena de los hombres o su vaciamiento, en tanto existe el riesgo de tomar caminos que conduzcan a la dispersión y esterilidad de las ideas, la apatía moral, o la inercia práctica.

Vivimos un repliegue ideológico en el que se define una fuerte tendencia al abandono de la lucha colectiva en el contexto de clases sociales en pugna, una lucha distorsionada por herramientas conceptuales que dejan traslucir el acentuado protagonismo de la individualidad, en línea con un mensaje de exaltación sobre la diversidad y el deseo, reducidos a objetos de consumo.

 Por eso, desde el enfrentamiento abierto, y desde un discurso que funcionen como praxis concreta a ese esquema ideológico, deben surgir futuros encuentros entre los que asuman la tarea de luchar en clave revolucionaria para avanzar hacia una nueva sociedad, que logre romper con estas redes de poder hegemónico.

Las relaciones colectivas orientadas a prácticas concretas son los únicos modos reales de abrir los caminos hacia un futuro diferente, los únicos medios simples para derrotar este presente de explotación y opresión en el que estamos sumergidos.

La vigencia de la necesidad militante en un contexto concreto signado por la estrategia revolucionaria socialista, necesita corporizar en la vanguardia obrera y su partido de clase.  

La militancia en su trabajo de agitación y propaganda, está determinada a favorecer la comprensión del sentido de la lucha, por fuera de las prácticas reformistas que se reducen a la exigencia de políticas sociales, implementadas desde los programas del Estado y gestionadas por los operadores de la clase burguesa, bajo el resguardo legal de las formas jurídicas que habilitan su accionar.