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Nuevo Curso

EL FACTOR SUBJETIVO DEL PROCESO DE CAMBIO SOCIAL Y LA CRISIS DE DIRECCIÓN.

Y NO DECIMOS NADA …

La primera noche ellos se acercan

y cogen una flor de nuestro jardín,

y no decimos nada.

La segunda noche, ya no se esconden,

pisan las flores, matan nuestro perro

y no decimos nada.

Hasta que un día,

el más frágil de ellos,

entra solo en nuestra casa,

nos roba la luna, y conociendo nuestro miedo,

nos arranca la voz de la garganta.

Y porque no dijimos nada,

ya no podemos decir nada.

Oda a la revolución

A ti

silbada,

burlada,

acribillada,

a ti,

agujereada por enconadas bayonetas,

levanto extasiado,

solemnemente esta oda,

por encima de la marea de insultos.

¡Oh!

¡Oh, bestial!

¡Oh, ingenua!

¡Oh, mezquina!

¡Oh, grandiosa!

¿Qué nombres no te habrán dado?

¿Cómo devendrás aún con el tiempo,

recia arquitectura constructiva,

o simplemente un montón de ruinas?

A ti,

maquinista cubierto de hollín,

a ti,

minero que cavas las moles primigenias de la tierra,

bendito seas,

bendito seas, bienaventurado.

¡Gloria al trabajo humano!

Y mañana,

San Basilio,

catedral de los fieles,

te aclamará con unción,

implorando perdón.

Con tus tenaces cañones,

harás estallar al milenario Kremlin.

“Gloria”,

ruegan con voz apagada en vísperas de la muerte

Aúllan las sirenas apenas sofocadas.

Tú envías a los marineros,

a los hundidos cruceros,

para salvar aún a aquellos,

allí, donde maullaba olvidado el único gato.

Y después,

aullaba una multitud ebria,

los bigotes retorcidos, desafiantes.

Tú echas a culatazos a los canosos almirantes,

desde el puente de Helsinki hacia abajo.

Surgen las heridas del pasado,

y yo de nuevo veo como todo se desangra.

¡Ustedes, cómodos pequeño-burgueses!

¡Oh, malditos sean, tres veces!

Y mis poetas,

¡oh, benditos sean mil veces!

1918 Vladimir Maïakovski (Poeta, 1893-1930).

Maiakovski un “enorme talento”. Puede decirse, sin exagerar, que Maiakovski tenía destellos de genialidad. Pero no era un talento armónico. ¿Y acaso de dónde podía salir la armonía artística en esos decenios llenos de catástrofes, en el límite no cicatrizado entre dos épocas? En la creación de Maiakovski las cimas van a la par de los abismos, los raptos de genialidad asombran junto a estrofas triviales, e incluso a una vulgaridad estridente.

No es cierto que Maiakovski fuera ante todo un revolucionario y luego un poeta –aunque él así lo quisiera sinceramente. En realidad Maiakovski era ante todo un poeta, un artista que se apartó del viejo mundo sin romper con él, y sólo después de la revolución buscó en ella, y en gran medida halló, un sostén. Pero no llegó a fundirse del todo con ella, ya que llegó a ella en los años de gestación interna, cuando éramos minoría. Si enfocamos la cuestión a mayor escala, Maiakovski fue no sólo un “cantor”, sino también una víctima de una época crítica que, si bien forma los elementos de una nueva cultura con una fuerza sin precedente, lo hace de un modo mucho más lento y contradictorio que el necesario para el desarrollo armónico de un poeta o de una generación de poetas que se entrega a la revolución. La ausencia de armonía interna tiene su origen precisamente aquí y se expresó en el estilo del autor, en la insuficiencia disciplina de su verbo y en la desmesura de sus imágenes. La lava caliente del pathos y, a su lado, el inconveniente trato familiar con la época, con la clase, o directamente la broma de mal gusto con la que el poeta parece querer protegerse de las heridas que inflige el mundo exterior. A veces esto parecía una afectación no sólo artística sino también psicológica. ¡Pero no!, incluso sus últimas cartas tienen el mismo tono: ¿de qué valen esas palabritas –“caso cerrado!”[*]– con las que el poeta hace un balance final de su vida? Nosotros diríamos que lo que en el romántico tardío Heinrich Heine era lírica e ironía (ironía contra la lírica y, a la vez, en defensa de ella) en el “futurista” tardío Vladimir Maiakovski era patetismo y vulgaridad (vulgaridad contra el patetismo y en defensa de él).

El anuncio oficial del suicidio se apresura a informar, en el lenguaje de protocolo judicial redactado en el “secretariado”, que el suicidio de Maiakovski “no tiene nada que ver con la actividad social y literaria del poeta”. Lo que significa decir que la muerte voluntaria de Maiakovski no estaba nada vinculada con su vida, o que su vida no tenía nada que ver con su creación poético-revolucionaria; en una palabra, significa convertir su muerte en un caso de índole policial. ¡Lo que no es ni verdadero, ni necesario… ni inteligente! “La barca se rompió contra la vida cotidiana”, dice Maiakovski sobre su vida íntima en sus últimos versos. Eso significa que “la actividad social y literaria” dejó de elevarlo lo suficiente por sobre la vida cotidiana como para salvarlo de los insoportables golpes personales. ¿Qué es eso de “no tiene nada que ver”?

La ideología oficial actual de la “literatura proletaria” está basada –¡en el ámbito artístico vemos lo mismo que en el económico!– en una incomprensión total de los ritmos y los plazos de la maduración cultural. La lucha por la “cultura proletaria” –algo así como una “colectivización completa” de todas las conquistas de la humanidad dentro de los marcos del plan quinquenal– tenía, al principio de la Revolución de Octubre, un carácter de idealismo utópico, y fue precisamente por ello que chocó con la resistencia de Lenin y del autor de estas líneas. En los últimos años se convirtió lisa y llanamente en un sistema de dirección –y de devastación– burocrática del arte. Han sido declarados clásicos de la literatura pseudoproletaria desdichados de la literatura burguesa como Serafimóvich, Gladkov y otros. Nulos expeditos como Averbaj fueron designados como los Bielinski… de la literatura “proletaria” (¡). La dirección suprema de la literatura quedó en manos de Molotov, que es la negación viva de todo espíritu creador en la naturaleza humana. El ayudante de Molotov –¡vamos de mal en peor!– resultó ser Gúsiev, hábil en muchos ámbitos pero no en el del arte. Esta selección de hombres es el calco de la degeneración burocrática de las esferas oficiales de la revolución. Molotov y Gúsiev han erigido por sobre el arte de la palabra a un Malashkin colectivo, a una literatura cortesano-“revolucionaria”, pornográfica y desfigurada.

Los mejores representantes de la juventud proletaria, llamados a preparar los elementos de una nueva literatura y de una nueva cultura, han sido puestos a las órdenes de personas que han convertido su incultura en la medida de todas las cosas.

Sí, Maiakovski es más viril y más heroico que cualquier otro miembro de esa última generación de la vieja literatura rusa que, por lo demás, sin haber alcanzado aún el reconocimiento de esta, buscaba establecer vínculos con la revolución. Sí, él estableció dicho vínculo de un modo mucho más cabal que cualquier otro. Pero en él subsistía un profundo desgarro. A las contradicciones generales de la revolución, siempre penosas para el arte que busca formas acabadas, se sumó la decadencia epigonal de los últimos años. Dispuesto a servir a su “época” en el más humilde trabajo cotidiano, Maiakovski no pudo dejar de sentir espanto ante la rutina pseudo-revolucionaria, aunque no estaba teóricamente en condiciones de comprenderla ni, por consiguiente, de hallar una vía para sobreponerse a ella. El poeta dice con toda razón sobre sí mismo que “no está en alquiler”. Por largo tiempo y encarnizadamente se negó a ingresar en él koljós administrativo de la supuesta literatura “proletaria” de Averbaj. De ahí sus repetidos intentos de crear, bajo la bandera de LEF, una orden de furiosos cruzados de la revolución proletaria que le sirvieran a ésta a conciencia y no por miedo. Pero LEF, por supuesto, era impotente para imponer sus ritmos a “150 millones”: la dinámica de flujos y reflujos de la revolución es demasiado profunda y pesada. En enero de este año, Maiakovski, vencido por la lógica de la situación, hizo un gran esfuerzo sobre sí mismo e ingresó finalmente en la VAPP (Asociación Soviética de Poetas Proletarios) dos o tres meses antes de suicidarse. Pero esto no le aportó nada, y es más bien probable que le haya quitado algo. Y cuando el poeta liquidó las cuentas con las contradicciones de la “vida cotidiana” personal y social enviando su “barca” al fondo, los representantes de la literatura burocrática, que “están en alquiler”, declararon: “inconcebible, incomprensible”, demostrando que para ellos no sólo el gran poeta Maiakovski siguió siendo “incomprensible”, sino además las contradicciones de la época “inconcebibles”.

La unión burocráticamente forzada e ideológicamente indigente de los poetas proletarios, basada en una serie de pequeños pogromos contra nidos literarios vivientes y auténticamente revolucionarios, no ha brindado, al parecer, ninguna unidad moral, toda vez que, ante la partida del más grande poeta de la Unión Soviética, han respondido tan sólo con oficiosa perplejidad: “no tiene nada que ver”. Esto es muy poco, muy poco para construir una cultura nueva en “el plazo más breve”.

Maiakovski no se convirtió ni podía convertirse en el padre de la “literatura proletaria”, por la misma causa por la que no se puede construir el socialismo en un solo país. Pero, en los combates de la época de transición, fue el más viril combatiente de la palabra y se convirtió en uno de los indiscutibles precursores de la literatura de la nueva sociedad.

León TROTSKY «sobre el suicidio de Maiakovski,

En este sentido es que Víctor Serge incorpora la siguiente afirmación:

“La victoria de la revolución  pone remedio al complejo de inferioridad de la masas perpetuamente vencidas y coartadas suscitando entre ellas un espíritu de desquite social que tiende a la vez a hacer despóticas las nuevas acciones…la dictadura del proletariado es una dictadura contra los ex poseedores desposeídos y simultáneamente  la más amplia democracia de los trabajadores….los grandes movimientos de masas  transforman a los individuos, les hacen realizar evoluciones imprevisibles, modelan las convicciones “

”…Si los militantes bolcheviques  no hubieran sido tan admirablemente sencillos, impersonales, desinteresados, resueltos a superar todo obstáculo para cumplir su obra, hubiese sido cosa de desesperarse. Pero su grandeza moral y su valor intelectual inspiraban en  cambio una confianza sin límites. La noción del doble deber se me presentó entonces como esencial y nunca más habría de olvidarla. El socialismo no debe ser defendido únicamente contra sus enemigos, contra el viejo mundo al que opone, debe defenderse tambi´´en en su propio seno, contra sus propios fermentos de reacción.  Una revolución no puede considerarse como un bloque a menos que la vemos de lejos; si la vivimos puede compararse con un torrente que acarrea a la vez, violentamente lo mejor y lo peor y trae forzosamente verdaderas corrientes de contrarrevolución.  Para ser servida con honestidad debe incesantemente estar puesta en guardia  contra sus propios abusos, Necesita pues vitalmente la crítica , la oposición , el valor de sus realizadores ….”(Memorias de un revolucionario» . Víctor Serge, pag. 199)

Fuimos por Maiakovski, y Trotsky, para encontrar un puente con nuestra real existencia y ligar a esta última, con las herramientas de comprensión y elaboración de conceptos en clave de práctica revolucionaria que estableció Carlos Marx, hoy más necesarias que nunca para la joven vanguardia de trabajadores en lucha por su emancipación , traduciendo el paradigma conforme al cual  es imperiosa la tarea específica de radicalización  de la modernidad capitalista a través de  una transformación que realice la promesa ligada y no cumplida por la revolución democrática burguesa de lograr una sociedad libre y racional, contrarestandor la actual visión poshistórica del mundo  desprovista de todo significado para el hombre, en la cual las formas del consumo privado buscan llenar el vacío que deja la desaparición de las grandes contiendas ideológicas –

La tarea implite aca también la confrontación necesaria y esencial fren, la política de la identidad, es decir la acción cultural dominante de gobierno centrada en la preocupación por formas de militancia exclusivamente basadas en identidades impuestas o adoptadas , afirmando que esta, refleja el desgaste de la confianza en una política de universal libertad susceptible de unir a las víctimas de las diferentes formas de opresión en una lucha común.

La prioridad militante también implica acciones que faciliten publicitar y comprender estos fenómenos puramente ideológicos y sus objetivos de opresión y dominación cultural . Al tomar esa denuncia, como propósito militante. siguiendo documentos fundacionales de los organismos políticos que se dieron a la tarea de la defensa del marxismo en la historia del siglo XX , estamos abordando en el presente , la tarea constructiva de una nueva sociedad donde se gesten nuevos lazos sociales y por ende nuevos hombres- Son tiempos de guerras y convulsiones en contexto de agonía del orden burgués mundial.

La situación que nos convoca se nutre de fenómenos sociales que dan cuenta de una grave crisis en el factor subjetivo del proceso revolucionario, manifiesto en sentido general por la ausencia de esa dirección revolucionaria que remite al modelo de acción política bolchevique.

No hay que perder de vista criterios liminares que se enuncian en las aportaciones de Marx, para que ellos nos permitan poner en el centro de la acción política militante , la lucha revolucionaria desde el sujeto trabajador en sí, en tanto  por su carácter concreto e histórico, la esencia humana  se desenvuelve  y opera en orden a su emancipación de todas las formas jurídicas y de producción material del capitalismo.

La dialéctica del cambio emancipador deja ver desde lo real y contingente que si bien solo lo sensible es real, lo importante es que solo en lo sensible es donde  hay que verificar y producir, el cambio que por su contenido haga humano al hombre. Sin embargo, en todo lo apreciable por los sentidos puede verse también las expresiones de lo humano concreto dentro de la naturaleza y en ella está también la razón  del hombre y es el hombre quien impulsa el cambio y crea lo nuevo.

Dicho de otra manera.El sujeto , no es una esencia intangible que vive por sí misma  y se repite  idéntica de unos individuos a otros. El hombre es  una realidad, una situación concreta dentro de un orden social de clases que le hace un ser social cuya potencialidad originaria realizan en cada momento dentro de las relaciones sociales de producción en las que vive inmerso.

Cuando la actual gestión de gobierno bajo los intereses que impone el poder burgués hace apología de la Economía Política como ciencia y al titular del ejecutivo como uno de sus más preciados cultores, lo que en realidad tiene como objetivo es reducir a un modo especial de estar y ser en el mundo de las personas objetivadas, es decir, a la naturalización de la ya avanzada reducción del sujeto  en un hombre económico nacido de su condición de enajenado frente a la mercancía que él mismo produce. Todo esto hace de nuestra sociedad en crisis un gigantesco bazar   con una mercancía omnipresente: la fuerza de trabajo en tanto el trabajo asalariado es el responsable de la producción social .

La debilidad  en la lucha de nuestra clase trabajadora, y la ausencia de organización en el colectivo contenido por la vanguardia de esa clase , son  factores que de conjunto se engloban en las carencias que deja ver el proceso del cambio , en la ausencia de dirección de las luchas, en los límites de su contenido en la conciencia de clase, de la situación y de su propio poder . Todo esto es resultado de la derrota física ante las prácticas genocidas del Estado y de la derrota ideológica encarnada por la irrupción del postmodernismo y su compañero de ruta el reformismo oportunista.

La economía no inventa este modo de ser que propugna aunque si lo postula de modo abierte. Simplemente lo describe  y lo generaliza . A través de esa operatoria ideológica  establece las reglas que dando por  concreto y real ese “existir” termina ligando ese proceso a toda la mecánica de la producción y distribución de bienes en nuestra sociedad siglo XXI .

La economía y con ella, toda la gestión del gobierno burgués  describe lo que sucede en el espacio de las relaciones de producción y consumo . Respecto de él la producción ideológica está en el objetivo central de reproducirlo evitando no se visualice el infinito mundo humano que esa naturalización social economicista no realiza  ni tiene por qué realizar . Tampoco deja ver el inmenso dolor humano  que  esa primitiva omisión implica.

Estas instancias del elemento subjetivo de la lucha de clases implican como acción superadora, la imprescindible tarea propagandística de dar a luz este fenómeno para definir en el espacio de la necesidad, las resultantes de una revolución social, generadora de una nueva sociedad y un nuevo hombre desde el poder obrero y el programa socialista.

NUEVO RUMBO

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