
Los sentires políticos heterogéneos presentes en un nuevo 24 de marzo realizado con marco conmemorativo conforme a su condición de día feriado , exhibieron significativa referencia a la ascendencia de clase de los concurrentes. y las consiguientes desigualdades que de ellas se siguen en el orden social capitalista. Nuevamente es posible ver en la categoría clase social y la lucha de las que emergen , un elemento destacado para pensar la conformación cultural de la “gente común”, gente que, por su característica de “corriente”, no detenta los privilegios de quienes se acercan a la cima de la pirámide social, pero que suele bajar del cordón callejero y decidirse a transitar por el asfalto.
Son personas que no detentan privilegios ni pertenecen a las élites económicas ,“viven de su trabajo”. “no se mete en política”, solo entienden la posibilidad de alguna dedicación militante por fuera de lo que estiman es la política, a la que con frecuencia le dedican el consabido “que se vayan todos” que por eso explica su emergencia abrupta en determinadas circunstancias y su fuga de la escena por amplios períodos. En igual sentido también deben leerse los “cacerolazos” que pueden estar ligados a cualquier movida superestructural.
En otros casos , como por ejemplo la de quienes estando en situación de población económicamente sobrante , la militancia no remite directamente a un posicionamiento político, sino como parte de su vida, de sus necesidades, de su historia familiar.
Si partimos de esto que intentamos puntualizar, hemos de llegar al lugar donde es posible advertir que por fuera de todo discurso ideologizado , los integrantes del pueblo que no resultan básicamente encuadrados en una condición de clase , sin embargo , como los trabajadores en sí estructuran sus vivencias, las interpretaciones del mundo desde sus propias experiencias sociales.
Por estas mismas variables, lo que se advierte y no fue defendido por una multitud, es que las formas en las que una generación interpretó al mundo y la respuesta que los aparatos represivos dieron desde las políticas militares del poder burgués , se ajustaban a los sentimientos, creencias y valoraciones presentes en un momento histórico, en un “clima de época” donde la confrontación armada era parte del núcleo del estadio en que se encontraba la lucha de clases que había trascendido el simple programa economicista de reivindicaciones mínimas para posicionarse en la confrontación directa clase contra clase.
Muchos de los sectores medios pueden alegar con el tiempo que desconocían la existencia de campos de concentración , torturas vejaciones, desapariciones , sustitución de identidad de menores y otras yerbas, pero lo cierto es que lo objetivo es que crecieron y se desarrollaron en ese “clima de época” donde la violencia era la política por otros medios , en una confrontación clase contra clase.
Ese desconocimiento, alegado en otro escenario político por la llamada “gente común” alude a una mutación en el desarrollo de la lucha de clases , significado por la derrota infringida a la vanguardia de la clase trabajadora, el temor de la exhibición pública de las tácticas de guerra empleadas por el Estado y la opción por el programa de gobierno contenido en el preámbulo de la constitución servido en bandeja por la socialdemocracia alfonsinista y la teoría de los dos demonios acompañando el juicio con formato de derecho procesal penal exclusivamente para los que dieron las ordenes en una estructura piramidal , esto es los integrantes de todas las juntas militares que se sucedieron desde 1976 a diciembre de 1983.
Nuevamente circunstancias sobrevivientes siempre bajo el dominio cultural de la burguesía y su poder nacido desde la propia relación capital -fuerza de trabajo, hicieron variar el escenario y obligaron a descolgar cuadros. Esa escena teatral , se monto para captar el descontento de esa gente común, que pudo canalizar hacia la reapertura de juicios eternos, en el que se entretuvieron gran parte de las militancias por la vigencia de libertades democráticas, que frente a la reactivación productiva, pudo refugiarse en esa prédica propia de la revolución democrática burguesa para mantener su agitación y propaganda.
El efecto final de esta dialéctica es el agotamiento de las relaciones capitalistas tal como se venían artificialmente manifestando y a caballo de la crisis de reproducción del capital , el desplazamiento del discurso de sentido común para que la “gente común” ponga en crisis el anterior y permita la emergencia de la actual gestión de gobierno, al que movilizaciones como las vividas en el curso de este año, no le mueven del derrotero que se ha fijado, que no es otro que el rediseño opresivo de la sociedad argentina bajo control y vigilancia del poder burgués .
La vanguardia de trabajadores no debe encandilarse con una nueva apelación de los aparatos de las organizaciones existentes al exitismo inferido de la simple cantidad, que por su volumen alude a la presencia de sectores sociales que no tienen en lo cotidiano una particular participación política” o que actuaban desde espacios de acción estrictamente locales o locales dentro de una diversidad inducida y dominante. Lo que ayer vivimos es la masificación del discurso oportunista K y el sometimiento de toda posibilidad de conducción del fenómeno por parte de la vanguardia obrera, en gran medida debido a la carencia de dirección política y en otra no menos significativa, porque el discurso K , según se sigue incluso del documento firmado deviene ajusado a lo máximo que ese sector de la llamada “gente común” puede dar.
Por eso no hay que descorchar botellas, cuando lo real pone la pelota en un estadio que solo reconoce los límites de la burguesía dominante más allá de los posiciones de los diversos sectores que le integran.
La presencia con papel dominante de las estructuras disperas de los k y la dirigencia sindical deja ver , con grado valorativo de evidencia, que la “gente común” constituye una construcción de opiniones, discursos, sentires, posiciones más que una categoría estructural-social y esa construcción se configura hoy perpetuando la ideología de los dos demonios que le viene funcionalmente apta al aparato gubernamental que materializa esa funcionalidad al agregarle el adjetivo “completa” a la demanda de memoria.
En definitiva, en los lugares del mediocampo social, donde se intercepta el ataque enemigo y se avanza con la pelota recuperada hacia territorio del adversario condicionando sus movimientos , la época que pretende contar Laje, que ya contaron Alfonsín , Menem , y que no desmintieron De la Rúa , Duhalde, y los Kirchener-Fernandez, no tiene nada que ver con el relato y su ocultamiento hace vulnerable a toda posibilidad actual de lucha por el socialismo y el poder obrero.
El ocultamiento central en el que coinciden Alfonsín y Milei leídos como los dos puntos de este segmento republicano iniciado desde 1983 se concentra en evitar que se sepa que por la creencia en el cambio, a la vez que por la afirmación de la violencia como herramienta de lucha y transformación social ese era el clima que nutría los fenómenos sociales de la época que se trae a consideración en todos los 24 de marzo, y es esa realidad que fijaba el clima reinante la que debe tomarse cuando se pretende acudir a memoria completa o teoría de los dos demonios. La sociedad civil agradecida y conforme, porque esos esquemas ideológicos le quitan su propia responsabilidad por lo vivido en forma tal que hasta se puede dar el lujo de marchar por las calles sin protocolos ni presencia policial en un afán censurable de exhibirse como la “verdadera buena gente”.
Hasta ahí llega el deseo y el esfuerzo de estos sectores que en su momento miraban desde la vereda o bajaban la cabeza u ocultaban su mirada sobre los otros , y esto no puede ser de otra manera porque esta gente que camina y se saca fotos, grita y se pone remeras, se encuentra con viejos conocidos como en reuniones de egresados e hincha sus pechos proclamando compromiso con la democracia, diciendo que no olvida , cuando sabe que eso le resulta fácil porque solo ve con sus particulares lentes de acomodamiento social y en realidad no tiene nada que olvidar. Poco cuesta aplaudir a las aún sobrevivientes madres en silla de ruedas , distinto era aplaudir cuando solas rondaban la plaza .
La gente común en la calle de un feriado , tomando mates y saltando, no difiere en mucho de la que encarna la fuerza de los cielos en los días de votación. Esto se demuestra por los guarismos electorales de fines de 2023. la“gente común” no puede expresar y ejercer relaciones, por lo menos importantes, de poder, sencillamente porque en su existencia , simplemente delega amparada en que “no delibera ni gobierna sino por sus representantes”.
Es preciso comprender que las significaciones de la cantidad no organizada y difusamente conducida por la política K , no puede ser leída con formato exitista por quienes dicen abogar y construir el cambio social por vía del poder obrero y un programa socialista. Nada de lo visto ayer , aleja a las mayorías del sostenimiento por consenso de la gestión política del elenco que gobierna en términos generales y mucho menos del Estado y la institucionalidad que monta la burguesía como clase explotadora y opresora.
Como cierre, tomamos una concreta referencia que hizo Sebastián Carassai, en su libro “Los años setenta de la gente común. -2° ed. – Siglo Veintiuno Editores, Ciudad Autónoma de Buenos Aires” para exhibir un ejemplo concreto de la complejidad que asume el presente si se lo protagoniza y conoce desconociendo los paradigmas de época y su repercusión en los sectores de la llamada gente común, que frecuentemente miran desde la vereda y a veces apremiados por darse sus propias respuestas y que ellas a la vez no los involucren en responsabilidad alguna bajan a las calles para fotografiarse, bailar, gritar y hacer de un 24 de marzo una “jornada feliz”
La novela más exitosa de la historia televisiva argentina, que en su capítulo de cierre mantuvo en vilo a casi toda la población que pudiera en ese horario ponerse frente a un televisor blanco y negro “ROLANDO RIVAS TAXISTA”, con índices de audiencia no superados en el tiempo, muestra por fuera de la relación amorosa de Rolando y Mónica los primeros actores , otra relación de confrontación simbólica que es la que se configura entre Rolando y su hermano Quique.
El personaje Rolando Rivas, es taxista que puede ser ubicable en términos generales dentro de la llamada clase media baja en tanto expresaba una serie de valores dominantes en ese sector por entonces, todos basados en su trabajo, como la honestidad y la dignidad. El relato lo presentaba como una persona “común” y “normal”, en contraste a la “opaca” vida de su hermano guerrillero, Quique, un universitario que vivía a costa del trabajo de Rolando.
La novela presentaba entonces de esa manera , el conflicto político entre el militante y el no militante, entre el guerrillero y la persona “común”, entre el compromiso político revolucionario y el compromiso familiar-social.
Rolando es la expresión acabada de la “gente común”, en contraste a Quique que se aparta de este universo, aun perteneciendo a las clases medias, al tener una actividad militante en un partido político revolucionario. Su forma de interpretar el mundo y de vivir cotidianamente la vida eran atravesadas por esta determinación política.
Quique estaba preocupado, por la justicia social y la desigualdad; Rolando en cambio, por cuestiones más personales y concretas, como su situación con Mónica pero a la vez preocupado por Quique y por su cuñada (la “descuidada” esposa de Quique), poniendo todo a su alcance para ayudarles. En definitiva la clase media, que pondera el no compromiso con un discurso condenatorio y de demonización hacia la determinación de realizar las luchas con las formas que imponían los alcances objetivos de la lucha de clases.
Hoy esta claro que las cosas no trascienden los límites de Rolando Rivas en el mejor de los casos y a veces parece como que el personaje encarna a la actual militancia. Los que quedan en el mismo sitio de cordón de vereda y caminata del 24 son “la gente común” que sigue confiando en la república democrática, y solo se asusta cuando le venden el fetiche del fascismo siglo XXI.
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