No hay razón alguna para ver en lo que indican las cifras del escrutinio relativo a la elección del domingo 7 de setiembre en Buenos Aires, los signos mudos de una protesta latente, la señal emancipadora y auspiciante que anuncie al menos en grado de tendencia, que se ha logrado quebrar la indiferencia fundamental de las masas trabajadoras encerradas en resolver individualmente su acuciante situación de pobreza y vulnerabilidad y en sentido inverso, el atisbo de un ascenso hacia otro estadio de la lucha de clases.
La referencia a “una paliza “a los operadores políticos actuales de un sector del poder burgués en la gestión del ejecutivo nacional, luce como mínimo errónea, si se tiene en cuenta que cualquier análisis de un fenómeno social y político debe estar referenciado por el período de lucha de clases que se aborda y donde sucede el fenómeno electoral en clave de farsa y maniobra de la burguesía de conjunto
Desde esa plataforma, lo primariamente relevante de los datos electorales es que la situación en plano de comprensión consciente del fenómeno por quienes viven de vender de una u otra manera su fuerza de trabajo, da cuenta de una objetividad que lleva a pensar en un episodio que se incorpora dentro del esquema según el cual “los enemigos de mi enemigo, son mis amigos” .
Esto último, habilita el siguiente planteo: si existiera conformado el sujeto clase trabajadora, es ese sujeto el que le debe dar la paliza al explotador y ocurre que, en contexto de una farsa electoral, que otro explotador le da esa paliza al que hoy hace funcional esa relación social desde el poder estatal y su institucionalidad.
Además, ese que golpea con votos, ni siquiera menciona que lo hace comprendiendo en su acción a los trabajadores, porque solo se limita a decir que hay que sacar del sillón al que manda hoy.
Difícil es que esa golpiza a puro voto. favorezca necesariamente la situación de explotados y oprimidos, en tanto existe la probabilidad, que el golpeador de hoy, también lo sea hacia mi, una vez que termine la faena con el toro mal herido.
Se conoce en ese contexto el balance del FITU, que se puede centrar en dos premisas ( ganamos dos bancas, somos la tercera fuerza y la izquierda esta creciendo y eso refleja las luchas realizadas )que no son otra cosa que el aggiornamento del balance que se hizo en la anterior elección de medio término en la provincia, durante el gobierno de Alberto Fernández, con una salvedad que le quita legitimidad en todo los aspectos a cuanto se dice en conferencia de prensa.
Si la elección de aquel entonces les habilitó a decir que había un avance del FITU porque había señalado la responsabilidad del tándem Fernández- Fernández -Massa en el empobrecimiento general de la población en particular por la confirmación del acuerdo con el FMI, ahora se dice que son estos mismos los que le han dado un cachetazo con votos al gobierno de turno, es decir se borra con el codo lo que se escribió con la mano .
Con esto el encendido discurso de Del Caño remite a la situación del personaje central de la novela 1984, cuando señalaba que su comunidad cada tiempo cambiaba de enemigo, lo que ayer justificaba la guerra era hoy su compañero de combate frente al amigo de ayer convertido en actual adversario.
Aquello era una distopía en clave literaria, esto del FITU, es el “informe” del otrora candidato a presidente, devaluado a diputado en el parlamento de una provincia que ni siquiera ve en esa objetividad el estancamiento de una herramienta que ha agotado sus posibilidades como tal en lo que refiere al cambio social, y solo sirve para festejar que se retienen las mismas bancas que hace dos años se decía iban a ser plataforma para el crecimiento de la propuesta.
Lo que pintan los apresurados balances del FITU, similares a los que se hacen en las empresas para que los números “cierren” con un formato idéntico a los de todos los otros “balances” hechos cada vez que el FITU participó en elecciones desde que se creó, son espejismos fugaces en el desierto de su faltante teoría hecha programa partidario ,ausente en todo momento, en cualquiera que fuesen sus actividades propagandísticas solo limitadas a vender FITU, con cara de candidato sin explicar cuál es su por qué y para qué y por qué sujeto social se realiza lo que se dice.
Todo conserva la ambigüedad y hasta parte de la clandestinidad de los sueños que ni siquiera dejan ver presuntas utopías, sino el regusto de la irrealidad de lograr nuevas vías para la transformación social mediante la acumulación de pequeñas reformas.
De modo ideológico, es decir, creando la premisa de ser la tercera fuerza política en una sección de la provincia, se instala una falsa construcción de lo real y por ende verdadero.
En primer lugar, se avanza sobre el concepto de fuerza política a sabienda de su carácter multívoco o polisémico característica que habilita cualquier interpretación.
Vista la idea de «fuerza», desde el punto de vista de la cantidad, lo cierto es que el FITU no incrementó su cantidad de votantes, es eso lo que encubre alegando haber obtenido dos bancas, cuando era esa condición la que tenía de antemano. Lo propio ocurrió en la elección de CABA. No hay incremento de bancas, luego, no hay crecimiento. ¿ qué tipo de fuerza es esa?
En segundo orden ser tercero es una noción relativa por lo conceptual si se tiene presente la cantidad. Si el inmediato anterior tiene más del treinta por ciento de los votos emitidos, y el FITU no supera en la provincia el cinco por ciento, es evidente la desproporción entre uno y otro.
Dicho de otra forma, Una persona puede ser un gigante midiendo 1.70 mts, si se referencia con quienes no pasan el metro cincuenta, pero no es tal si se coteja con los que miden dos metros. También desde esta perspectiva, tomando el término “fuerza” en sentido amplio, las aparentes razones caen por su propio peso.
Finalmente apelando al sentido estricto del término «fuerza», hay que detenerse en que se quiere decir cuando se acude a su utilización en una mesa de cierre de cómputos provisorios. En los procesos de confrontación relativamente desarrollados de la lucha política se conforman bloques actuantes, cuya disposición como tales, es en principio puramente objetiva, es decir, no hay conciencia de ello incluso en quienes los integran. Es esto lo que sucede en nuestra situación donde un conjunto de grupos sociales se opone en su acción a otro grupo como dos fuerzas sociales, pero en ningún caso adquieren en sí la condición de antagonistas que se contraponen por los intereses que definen sus políticas.
La ausencia de todo programa que conforme una organización de tipo partidaria en función de sus objetivos estratégicos, autónomos e independientes desde el sujeto al que convocan a su realización, es el dato destacado de la realidad y que todos los que suben a escena procuran ocultar.
Siendo esto así, es lógico que los dirigentes del FITU se autodeterminen como tercera fuerza, porque en realidad son la tercera expresión de las posibilidades que ofrece un solo bando que en este caso es el orden burgués institucionalizado en el Estado, uno de cuyos poderes formales, el parlamento provincial, les concede proporcionalmente dos bancas para expresarse en tanto partidos del régimen. En este sentido no parece que haya mucho que festejar por los trabajadores y deviene más necesario que nunca, advertir este contenido ideológico de los discursos pretendidamente encendidos.
En definitiva,lo que se encubre, es la angustia recurrente de un desencuentro fundamental con la clase trabajadora. Lo que se exhibe es una rutina que se tapa con un manto piadoso de pequeñas “satisfacciones” como las que los dirigentes del FITU ponen sobre la mesa .
Presenciamos corrido el velo, al furgón de cola agregado al tren del último relato en tiempo cronológico del peronismo, que conduce la locomotora aferrado a la idea de patria. Se «festeja», sin mayor fundamento que gozar de los beneficios de irresponsabilidad que da una cantidad de sufragios , aceptando ser participe de una “paliza de votos” , cuando en realidad solo se está como pariente pobre junto a un sector de la burguesía que brega por recuperar centralidad protagónica en la conducción política institucional de los intereses de su clase social.
Los que golpean al gobierno no son los trabajadores que nuevamente en forma mayoritaria le volvieron a dar la espalda al FITU, optando por la receta del mejor malo conocido y sucumbiendo a la presión aparatista y mafiosa de los intendentes del conurbano.
Saludar un golpe al gobierno por la expresión política de otro sector de la burguesía oculta que entre ambas monopolizan el sentido del voto y que en todos los casos quien sufragó no avanzó hacia una posición de clase sino que se ancló al furgón que le suministro el entramado bonaerense clásico , los barras, los aparatos prevendarios, la bonaerense S.A y la burocracia enquistada en intendencias que controlan o son socias del negocio que genera el juego y la droga en la economía informal , con incidencia del capital financiero por el lavado de dinero.
Triunfó lo más rancio del pasado que regresa sin saber hacer otra cosa que más de lo mismo. El escenario es de crisis política por puja de sectores dentro de la burguesía de conjunto en tanto clase social.
Nuevo Curso.
