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Una apremiante responsabilidad

la espesa niebla gestada desde el diversionismo ideológico esparcido por la burguesía y la pequeño-burguesía oculta los elementos componentes de la realidad , el tipo de estadio en que se encuentra empantanada la lucha de clases en todo momento desfavorable al sector de trabajadores emergente de las masas explotadas y oprimidas, que ha asumido su condición y como tal puja por demandas que se encuadran dentro del tipo abstracto propio del llamado programa mínimo, específicamente centrado en el economicismo y la lucha por la titularidad y ejercicio de derechos ciudadanos.

Sin embargo, los datos que emergen desde la economía política que da cuenta de los extremos componentes del juego de relaciones de producción y especulaciones financieras en el orden social capitalista, con las especificidades del capitalismo tardío y dependiente del capital financiero internacional propias de la estructura de nuestro país, no puede dar cuenta de las tesis que en andanadas sucesivas se arrojan a la consideración pública desde los centros formadores de opinión que construyen la agenda política de la clase dominante.

Los economistas colocan en todos los casos , y más allá de la diversidad de enfoques y planteos que arrojan al escenario ideológico respecto de la realidad próxima a la barbarie en que nos encontramos los trabajadores , un factor común no sujeto a cuestionamiento que es la propiedad privada, sin abocarse a dar cuenta de quienes son los que más allá del poder efectivo de disposición de mercancías y bienes de producción, son los que hacen uso de la facultad propia del dominio que no es otra, que la determinación de cómo y de que manera se dispone de esos bienes.

Por este mecanismo, de dar por naturalizado que en la realidad existe la propiedad privada y que ese factor no esta por ello , sujeto a discusión y mucho menos a impugnación , en definitiva cuanto se hace bajo la maraña de discursos, es ocultar que la causa eficiente de esa situación ideológica impuesta y consumada por la regulación superestructural del régimen político reconoce en sí, una causa eficiente que no es otra que el trabajo alienado en el que transita la sobrevivencia como objeto de la población que vende su fuerza de trabajo para permanecer activo y poder continuar en esa condición de oferente, factor este, en el que se resume por via material el sentido último de su existencia.

Si se quiere ejemplificar esto último, puede decirse que, lo descripto es la situación poéticamente transmitida a través del cancionero popular bajo las estrofas que gritan desde su cantores , “me matan si no trabajo y si trabajo me matan” .

Los trabajadores nos encontramos en el proceso productivo y en el fenómeno social que nace de él, ante la posibilidad de representarse a sí mismos a través de una identificación de clase, con todos aquellos que comparten una misma situación cotidiana particularmente establecida a partir de su condición material de oferentes en el mercado laboral de su fuerza de trabajo. Desde esa posición-situación-relación social, se ubican paradójicamente frente a los productos devenidos del empleo de esa fuerza de trabajo por quien la ha adquirido y con ella y otros factores organiza la producción generalizada de mercancías.

Este proceso de enajenación del sujeto productor en el objeto creado que no entra en su esfera de disposición , genera ante el incremento de ese desenvolvimiento y la mayor producción mercantil, la situación paradójica que describe lo que se conoce como tendencia a la pauperización creciente de las masas, y que se configura postulando el empobrecimiento relativo o absoluto de la clase trabajadora a medida que el capitalismo acumula riqueza en tanto implica dicho de manera básica, que el aumento de la productividad y capital genera mayor desempleo y precarización, concentrando la riqueza en la burguesía.

Es por esto que Marx se ocupó de dejar señalado que la depreciación del mundo de los seres humanos, aumenta en razón directa a la valorización del mundo de las cosas , puesto que quien tiene la posibilidad concentrada de disponer de esa masa de valor representado corporalmente en mercancías , dispone del poder suficiente para establecer en su beneficio la relación política de mando-obediencia sobre los desposeídos de esa condición material, que sin embargo deben consentir esa situación , sea de manera voluntaria o por empleo de la fuerza otorgado a quienes detentan la gestión formal de ese poder burgués , desde la institucionalidad jurídica del Estado, concentrador monopólico del ejercicio de la violencia.

La caída directa en las condiciones de vida de la masa trabajadora, el aumento del desempleo con el consiguiente «ejército industrial de reserva» o desempleo estructural derivado en la emergencia de población sobrante y mayor explotación por abaratamiento del precio de la fuerza de trabajo logrado por diversos mecanismos, son la expresión visible de los efectos de esa tendencia presente en el propio capital y su reproducción que se inclina de modo relativo a la baja, pero la enseñanza es que en todos los casos la acumulación de capital requiere la pauperización de la fuerza de trabajo.

Reseñando lo dicho hasta aquí, es del plano de la evidencia despejado que fuera el ocultamiento consciente y deliberado de las operaciones políticas -ideológicas, lo cierto es que en la base de todo el edificio productivo del capital está el trabajo enajenado, que aliena al sujeto productor y lo ubica bajo los dominios implícitos en el fetiche que rodea a la mercancía.

Lo cierto por fuera de toda especulación es que el trabajador pone su vida en la producción mercantil generalizada que sintetiza al modo de producción del capital . Por ese fenómeno objetivo de reproducción cotidiana , la vida no le pertenece a quien vende su fuerza de trabajo, Esa vida le pertenece a quien tiene el poder de disposición y determinación de lo que se hace con esa mercancía producida, y lo hace a partir de su posesión efectiva y material y de la forma jurídica que así lo faculta frente a los demás , ante los fuales la ley traza un impedimento y un deber de respeto por esa situación , sancionando a quién así no lo hace.

Pese a lo dicho, hay que aclarar pare evitar confusiones frente a lo señalado, que la objetividad descripta, es decir producción de un bien por empleo de fuerza de trabajo y apropiación de ese bien por parte otro diverso y distinto del productor, sigue siendo una relación intersubjetiva a pesar de la mediación significativa de la mercancía creada. Lo singular en todos los casos es que el sujeto productor se aliena en el objeto que como tal entra en relación opresiva , produciendo la sujeción de ese productor respecto de quien consigue fáctica y jurídicamente la disponibilidad de ese objeto.

La propiedad privada , no genera de este modo la alienación en tanto esta no es la resultante de ella, sino su causa eficiente. La existencia normatizada y naturalizada del trabajo enajenado es la que en definitiva y en última instancia soporta todo el edificio relacional que implica el orden social capitalista.

Por ser esto así , es que la superación de la aliencaición es una actividad del ser humano , que no puede nacer de la reiteración constante de esa situación de alienación en el objeto mercantil creado y todas las mercancías producidas, sino y en senetido inverso , necesita de su negación -superación por la comprensión consciente de quien inicialmente se posiciona en la situación de vendedor obligado de su fuerza de trabajo para sobrevivir materialmente.

No es desde las propias relaciones productiva sostenidas en la existencia del trabajo enajenado , que pueda emerger como consecuencia de ese desenvolvimiento la emancipación del trabajo. Esto requiere del trabajador la comprensión consciente del fenómeno, y su determinación voluntaria a vencer al mismo en el desarrollo táctico-estrategico de la configuración de un hombre nuevo , que primero lucha desde la condición de revolucionario contra esa situación y luego desde su dictadura de clase, consolida las nuevas estructuras comunitarias que terminan con esa base objetiva.

Se tiene presente lo dicho, y se repara en sus implicancias sociales y políticas se podrá advertir que es por esto que Lenin avanza precisando que la conciencia socialista, delimitada por su objetivo estratégico emancipatorio del trabajador le viene desde fuera y no de la repetición cotidiana de esa existencia alienada. Es decir, le llega al trabajador que se ha identificado en clase social, desde la construcción intelectual que precisamente describe ese proceso de enajenación subjetiva y objetivación en la mercancía y que por ello le insta a generar la supresión necesaria de las relaciones sociales de producción capitalistas , todo lo cual no puede implicar otra cosa que una transformación revolucionaria, y la toma de decisiones por los trabajadores a través de la construcción de su propio poder aboliendo el Estado nacido desde la burguesía.

La posesión (cuerpo y ánimo de dueño) es excluyente de la acción de “otro” sobre el objeto que se posee, Ese fenómeno y su reproducción, termina por constituirse en el orden social capitalista, en el único objetivo humano de la existencia, marcando con ello, su reducción a las cosas y el consiguiente vacío existencial por la carencia estructural de toda posibilidad de trascendencia.

El reformismo extiende la condición de obrero a todo ser humano y deja vacío de esa condición a quién materialmente ha sido despojado de ella pro vía de la la acción forzada y violenta que implica en sí, el despido-desocupación estructural. De ello da cuenta el caso testigo de los trabajadores de FATE, en tanto una cantidad significativa advierte el más allá de su sobrevivencia a futuro, en escenarios inhumanos derivados del acto unilateral de los dueños del proceso productivo que terminaba generando la elaboración de neumáticos para camiones y medios colectivos de transporte automotor, de no adquirir más su fuerza de trabajo, ni pretender disponer de ella a futuro.

El reformismo político lo que hace es negar en todo ser humano la posibilidad de ser sujetos y por lo contrario lo concentra en la reproducción del proceso relacional existente que lo sumerge en la condición de objeto a través de la naturalización del trabajo enajenado y la aceptación de que otro sea quien disponga de lo producido. El deseo general y la posibilidad abstracta que postula la forma jurídica de hacerse de la posesión de las mercancías es la forma disimulada encubrir esa naturaleza por vía de la generación del deseo de acumular bienes, con los que teóricamente se lograrían mejoras existenciales.

De esta forma , los reformistas se concentran en el reproche presuntamente moral , hecho desde el valor social “honestidad” bajo la forma de denuncia pública, es decir, ubican el fenómeno por fuera de sus basamentos reales yacentes en la relación social capitalista donde se impone el trabajo enajenado.
De esta forma cuanto hace el reformismo por diversas vías es buscar que se circunscriba la cuestión en la forma ideológica del cuestionamiento hacia la apropiación de riqueza resultante de los mecanismos de acción que se amparan en la estructura generalizada de las relaciones sociales de producción capitalistas y el despliegue de los funcionarios políticos en la gestión del Estado, como si suprimida una forma de corrupción , pudiera desaparecer la matriz desde donde ella se gesta.

Dicho de otra manera, no se trata de mostrar como vive un trabajador y como lo hace un corrupto funcionario, porque eso oculta que todo esto sucede no en función de la ruptura social y política con el valor honestidad , sino por la estructura productiva que lo facilita a partir de que existe la producción generalizada de mercancías y la enajenación del trabajador de cuanto produce.

Para abolir la posibilidad de determinar el destino y uso dado a las mercancías generadas en la relación de producción capital, es necesaria una acción humana transformadora de ese orden de cosas, persuadidos de que el mismo contiene en su interior las tendencias objetivas que marcan su carácter contradictorio y la necesidad de su superación. Esto no es un problema que se limite a la constatación intelectual analítica del fenómeno y lo pueda describir con certezas, sino que se extiende a un conflicto social objetivo que reclama por tanto de un cambio social real, desde la enegía practica desenvuelta como clase de un conjunto de sujetos conscientes de esa necesidad de transformación vivida como imperativo categórico frente a las crecientes condiciones de barbarie y miseria cultural en la que se los va colocando de modo cada vez más significativo.

En ese orden de ideas es donde cobran necesaria actualidad las descripciones y premisas que Mario Roberto Santucho dejo señaladas en el folleto Poder Burgués y Poder Revolucionario, indicando que:
“ La razón fundamental por la que pese a la enérgica lucha de nuestro pueblo, las clases dominantes no han visto peligrar su dominación política ha sido la ausencia hasta el presente de una opción revolucionaria de poder que ofreciera a las masas una salida política fuera de los marcos del sistema capitalista”.
“Hasta ahora la clase obrera y el pueblo argentino no han conseguido darse una fuerza política propia de carácter revolucionario. Por ello ha estado sometido constantemente a la influencia de los partidos políticos burgueses y no ha logrado identificar las distintas engañifas preparadas por la burguesía, cayendo en consecuencia en el error, dando su apoyo de buena fe a sus propios verdugos”.

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