NUESTRAS TAREAS POLÍTICAS
La tarea militante si tiene que ser explicada o definida por sus fines, remite de modo necesario, a la construcción y desarrollo dialéctico del programa de la revolución obrera y socialista, por su vanguardia y la organización revolucionaria con forma partido que se instituya con ese rol organizador de las acciones.
Esa tarea específica dentro de un contexto pre- revolucionario de agitación y propaganda no puede desconocer las circunstancias sustantivas o de coyuntura que genera la lucha de clases.
Es desde esa premisa que no puede la tarea política en cuestión, desentenderse de la suerte que corre la existencia de los trabajadores venezolanos en este momento, luego que el encargado de las gestiones del ejecutivo nacional fuera privado de libertad por fuerzas de una nación extranjera que irrumpieron en el territorio con ese objetivo político-militar.
En ese marco definido por el imperativo de no eludir la presencia y el combate socialista como emergente del carácter internacional de la revolución de los explotados ,allí donde esta quede planteada, es que es preciso de manera imperiosa, destacar aspectos significativos del fenómeno en sí, que han sido cuidadosamente eludidos por quienes conducen acciones de ocupación de calle y movilizaciones en el resto del mundo en favor de la libertad de Maduro y su esposa.
Sobre el particular y tomando ese desafío, Alejandro Valenzuela Torres, expresó su opinión a través de un artículo publicitado por la revista El Porteño desde Valparaíso (Chile), que tiene por eje la premisa: “no existe antiimperialismo consecuente por fuera del programa de la revolución obrera”.
Buscando fundamentación, de sus afirmaciones, el citado autor agrega que:
“la experiencia histórica del nacionalismo burgués latinoamericano confirma este límite. Allí donde la burguesía “nacional” intenta encabezar procesos antiimperialistas, lo hace preservando la propiedad privada de los medios de producción, manteniendo intacto el poder económico de las clases dominantes y buscando, en el mejor de los casos, una renegociación más favorable de su subordinación al capital internacional”.
En Venezuela no se ha expropiado a la burguesía ni se la ha expulsado del poder; el Estado sigue articulando, bajo nuevas formas, la coexistencia entre un discurso antiimperialista y relaciones capitalistas que reproducen desigualdad, corrupción y dependencia.
Con igual inclinación hacia el fenómeno, Via Socialista sostiene que : “Maduro y el chavismo son culpables de crímenes mucho más graves que conspirar con los EE.UU”. “Entre el chavismo y Trump, no hubo, ni hay, enfrentamiento alguno. Hubo, y hay, negociaciones, y entre las monedas de cambio están los dirigentes. No sabemos si Maduro se entregó voluntariamente o lo entregaron (o una combinación de ambas), pero queda claro que todo el aparato militar permaneció pasivo ante el ataque y que Delcy Rodríguez, en su primer discurso como flamante presidenta, se ofreció a “cooperar” con quien ya venía conversando (igual que Maduro). El desaire a Corina Machado revela que las conversaciones entre Trump y el chavismo para ordenar una transición son previas a la operación. Es decir, que a la administración norteamericana no le importa en lo más mínimo la voluntad popular, las libertades civiles ni las condiciones de vida de la población venezolana. Lo único que quiere es que le garanticen sus intereses geopolíticos en su cruzada contra China. Esa es la única variable que puede alterar la convivencia entre Trump y la dictadura “(Vía Socialista 7 de enero 2026), que la burguesía dominante le impone a los trabajadores.
Esta situación objetiva hace que, el análisis de la cuestión en juego habilite que cuanto se concluya al respecto habilite la discusión, desde el programa de la revolución obrera.
La reacción de las burguesías latinoamericanas frente a la agresión norteamericana de corte imperialista revela el carácter impotente e inconducente de una política que pretende reducir un choque imperialista abierto a un problema de “respeto al derecho internacional”. Al encuadrar la ofensiva de Estados Unidos, como una desviación jurídica o procedimental, estas posiciones vacían el conflicto de su contenido material y de clase, y lo desplazan hacia un terreno donde los trabajadores explotados no tienen posibilidad alguna de imponerse. La apelación ritual a “los métodos”, “las instancias multilaterales” y “las normas” funciona, en los hechos, como coartada para no enfrentar al imperialismo ni romper con las relaciones económicas y políticas que atan a las burguesías locales al orden mundial existente.
Esta ilusión juridicial se completa con el aliento y la utilización de una vía de intervención en organismos internacionales en la medida en que estos funcionan al uso de una escribanía, dando consagración al poder de los vencedores y la legitimación de intervenciones, bloqueos y agresiones contra los pueblos dependientes. Estos organismos no son otra cosa que una institucionalidad que da sedimento normativo, forma jurídica a una correlación de fuerzas bélicas y políticas forjada, en última instancia, por las armas y por la dominación económica.
Siguiendo este razonamiento, puede decirse que la expresión -consigna:” defender a Venezuela” significa aceptar y dar por buenos salarios promedio extremadamente bajos que incluso por su objetividad ponen en crisis su funcionalidad reproductiva de la fuerza de trabajo. También implica consentir que las huelgas y la organización sindical esten prohibidas y que tal como reportan por denuncias de distinto tenor ante organismos internacionales, existen 12 centros clandestinos de detención y tortura y por referencia a ellos, se n estime que existen más de 15.000 víctimas de homicidio por causas políticas y 900 presos disidentes, entre los que se encuentran más de 200 dirigentes sindicales.
La población de Venezuela protagonizó a instancia de las consecuencias emergentes de la gestión de gobierno del poder burgués de Maduro y todo el entramado “chavista”, el éxodo más grande de la historia continental con 8 millones de refugiados, que equivalen a un tercio de su población.
Todo esto es obstáculo suficiente como para inclinar las actividades políticas militantes en nuestro país a pedir la libertad y retorno de Maduro o apoyar a las autoridades actuales, como se declara desde Argentina a través de los partidos que integran la cooperativa electoral FITU y sus colectoras.
De esta forma, mientras el poder burgués conserve posiciones económicas decisivas, mientras el poder financiero y comercial no sea expropiado, la situación de los trabajadores no se modificará en sentido favorable a sus intereses.
No hay lugar para el seguidismo político hacia algún sector de la burguesía, ni en Venezuela ni en Argentina. El espacio posible lo marcan las tareas por una diferente construcción militante concentrada en la lucha por poder obrero y el socialismo.
Hay que dejar todo esto en claro, porque el socialismo en tanto idea programática hecha cuerpo en la militancia organizada que lucha por el poder obrero, no puede salir indemne de esta situación que se plantea en Venezuela, si solo se atiende a marchar en espacios públicos de algunos países, invocando violaciones a las formas jurídicas internacionales y centralizando la confrontación en un avance de un Estado sobre la soberanía de otro.
La soberanía es el poder supremo e independiente de un Estado para gobernarse a sí mismo, tomar decisiones internas y externas sin interferencia externa, residiendo en última instancia en el pueblo en democracias, y abarca tanto la autoridad dentro de un territorio (interna) como la autonomía frente a otros países (externa).
Es un concepto fundamental del Estado moderno, que implica que no existe una autoridad superior al poder estatal en su propio ámbito, siendo la capacidad de autodeterminación un pilar clave. Por todo ello no puede estar ligada a demandas obreras , en tanto no remite a su condición de existencia como tal. Si lo que se defiende es la soberanía, lo que se procura es seguir en situación de servidumbre respecto del sector burgués dominante dentro de un territorio .
Lenin nos enseña que el enemigo principal esta en casa. Esto implica, que en ninguna circunstancia es permisible que los que luchan por el socialismo, subordinen la lucha de clases a la dirección de la burguesía que domina el aparato político institucional que instituye con su Estado. En ningún caso está justificado adoptar una posición patriótica y estar de acuerdo, cada vez más entusiastamente con la patriotería de la burguesía venezolana concentrada en el “chavismo”. Los trabajadores siempre deben mantener su total independencia de la burguesía y eso no se modifica por la condición de Venezuela en situación de Estado oprimido por las practicas imperiales de un sector del capital financiero internacional. La tarea es desenmascarar a la burguesía y poner al descubierto que detrás de su demagogia patriótica solo hay palabras vacías.
El socialismo prevé teóricamente la guerra en la medida en que su emergencia como orden social superador de la relación social capital es la resultante de una confrontación de intereses y objetivos antagónicos que no admite la presencia de uno sin la abolición del otro.
No obstante, el programa teórico que sintetiza la acción revolucionaria partidaria no deja de advertir a las masas trabajadoras que la sobrevivencia del capital pujando por reproducirse implica escenarios bélicos de puja de mercados por vía violenta armada.
También el programa obrero revolucionario alerta desde la clase trabajadora en lucha de las consecuencias sociales negativas que devienen de ese conflicto.
Sin embargo, por diversos factores entre los que se destaca el oportunismo derivado al reformismo parlamentario , sucede que ideológicamente grandes sectores de asalariados quedan paralizados en el curso de ese devenir y aún no resueltos en su autodeterminación hacia su emancipación social, factor que hace que terminan alineándose con el poder capitalista , en una alianza que resulta , la negación de toda posibilidad política de intervención autónoma, enlazados a la propuesta burguesa de turno.
Con todo esto, ponemos de manifiesto que la privación de libertad de Maduro y su esposa, dejan al descubierto y con posibilidad aún de mayor expansión un cuadro de situación que se asemeja a un naufragio, sumiendo a las organizaciones políticas existente en esa deriva frustrante y liquidacionista .
El liberalismo y la democracia, bajo la bandera del “pueblo” se pusieron hoy al servicio de la burguesía contra las masas trabajadoras. El llamado socialismo de la izquierda republicana con fuerte tendencia atraviesa el riesgo de adoptar una forma patriótica siempre latente, que lo ubique en posiciones conservadoras de lo dado, como se sigue del apoyo acrítico abierto sobre la situación de Maduro y su esposa.
Por eso, en tiempo presente, la lucha es por erradicar esta tendencia expresada en las políticas socialista de sumisión a las burguesías de cada país
Lo necesario e imperioso es mantener al movimiento socialista y obrero diseminado por el mundo en los parámetros de sus interés fundamentales, alejado de las iniciativas emanadas de los diversos gobiernos o las tendencias de los grupos burgueses y en puja a su interior y en igual medida contra el pacifismo abstracto desmontando las apariencias que encubren su contenido ideológico contrario al cambio social.
Hay que denunciar con las fuerzas propagandísticas con las que se cuenten, al interior de la vanguardia obrera, una reedición del posibilismo de la mano de los aparatos políticos comprendidos en la legalidad electoral burguesa , concentrados en la táctica parlamentarista , que se ofrece como instrumento de reformas sociales que carecen de toda posibilidad por el desarrollo crítico que asume el capital en su proceso de reproducción , que en definitiva hace peregrinar a los que luchan con esa orientación, por la subordinación al aparato de poder burgués esbozando un reformismo que exlipsa al programa revolucionario, reduciéndolo a un menú de demandas centradas en intereses nacionales , que ubican al internacionalismo en el lugar inocuo de un principio abstracto .
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