Nuevo Curso

La revolución socialista no es un sueño , sino una imperiosa necesidad.

Todo ser humano, en tanto persona posee una dimensión creadora y productiva. Es esta, una afirmación que no tiene prácticamente objeciones en el espacio de las ciencias sociales. Sin embargo, la condición de persona la otorga en el orden social capitalista, una norma jurídica que indica quienes son así considerados, y en tanto tales se les otorga una serie de atributos.

En el derecho, el rasgo esencial de la persona, aquello que la caracteriza y fija su naturaleza, de tal manera que suprimido ese carácter la persona no podría existir, es es la condición que lo habilita para que pueda ser sujeto activo o pasivo de
derechos, la posibilidad de que adquiera derechos o contraiga obligaciones.
De tal forma, ser persona es Ser sujeto activo o pasivo de derechos, un sujeto específico con la capacidad de desarrollo para adquirir derechos o contraer
obligaciones

La noción de persona , se liga a la de sus atributos que son cualidades jurídicas inherentes, inseparables y vitalicias de todo sujeto de derecho,. Según el Código Civil y Comercial de la Nación (CCCN) vigente en Argentina, estos atributos son cinco:
• Capacidad: Es decir , la aptitud para adquirir derechos y contraer obligaciones. Se divide en capacidad de derecho (ser titular) y de ejercicio (poder ejercerlos por uno mismo).
• Nombre: que implica el derecho a tener una identidad y a la inversa , la posibilidad de ser identificada. Se integra con un prenombre (nombre de pila) y el apellido.
• Domicilio: en tanto sede de la persona a los efectos jurídicos que genere su vida en relación social. Dicho de otra forma, el lugar que la ley toma en cuenta para la producción de determinados efectos jurídicos. Puede ser general (real o legal) o especial.
• Estado civil: Es decir, por ser persona se adquiere en todos los casos , una posición dentro de la familia y ante la sociedad y un vínculo de filiación, conglobado en la idea de parentesco.
• Patrimonio: Es el conjunto de bienes, derechos y obligaciones que posee una persona, todos ellos traducibles en dinero.

Esto hay que ligarlo a una premisa hoy objetiva: Todo ser humano, en tanto persona posee una dimensión creadora y productiva ya que esta, es una afirmación que no tiene prácticamente objeciones en el espacio de las ciencias sociales.

En este contexto, la dimensión creadora y productiva de toda persona , siendo el orden capitalista la estructura de una sociedad de clases, se plantea en el contexeto de relaciones sociales donde ,una clase dominante explota la fuerza de trabajo que la otra ofrece a la venta en el mercado para costear su reproducción existencial mínima establecida en la posibilidad de reproducir precisamente su fuerza de trabajo.

Esto último según ya ha quedado planteado desde el Manifiesto Comunista , implica que una clase dominante explota el trabajo de una clase trabajadora, de manera tal que en el orden social capitalista solo se tiene presente el proceso de producción masiva por encima del proceso creativo individual o artesanal.

Esto que indicamos, se constituye en favor de la división del trabajo empleado y su funcionalidad , de modo tal que todos quienes intervienen en ese vínculo específico no guardan relación con referencia al producto elaborado que se transforma en mercancía al contener a su interior todo el valor incorporado por los distintos formatos de la fuerza de trabajo incorporada.

Así, el proceso de producción se vuelve técnico y deja de ser artesanal en el sentido amplio del término. Dicho de otra manera, en el orden social capitalista y las relaciones sociales de producción que lo constituyen, el creativo no tiene la posibilidad de crear el producto final con sus propias manos. Ya no importa que el productor, se exprese a través de su obra, el comercio será la razón de ser de la creación devenida en mercancía.

Este escenario es el que describe una de las categorías conceptuales que Marx emplea en la comprensión y praxis superadora del orden social capitalista. Esto es la alienación para Marx, el momento en que quien produce deja de reconocerse a sí
mismo en su trabajo.

En el Manifiesto que Marx escribe para la vanguardia de trabajadores en su momento histórico , la introducción de ese desarrollo la hace afirmando específicamente la presencia en el orden capitalista de una ley social , que: “la historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases”…”una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de toda sociedad, o al hundimiento de las clases en pugna…. Nuestra época , la época de la burguesía, se distingue por haber simplificado los antagonismos de clase. Toda la sociedad se ha dividido , cada vez más abiertamente, en dos grandes campos enemigos , en dos grandes clases que se enfrentan directamente entre sí: burguesía y proletariado….la burguesía, después del establecimiento de la gran industria y del mercado mundial, conquistó finalmente el dominio exclusivo del poder político en el Estado . El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa.

En este texto liminar, se dejan ver entonces dos precisiones en torno de la categoría alienación que venimos desarrollando y que tiene particular incidencia en nuestro momento histórico y el actual estadío de la lucha de clases. De lo que hemos transcripto se sigue que en nuestras sociedad opera en continuidad existencial la alienación social que es aquella que divide a la población en dos clases antagónicas. Una clase es opresora y la otra es oprimida. Llamamos a la primera clase dominante por ser dueña de los medios de producción, y a la segunda la llamamos clase trabajadora por ser la que trabaja esos medios de producción.

También en la tesis del manifiesto queda expuesta, la alienación política que remite a la presencia institucionalizada a través de las formas jurídicas, de una organización estatal que beneficia única o primordialmente a la clase dominante, propiciando incluso condiciones desfavorables para la clase trabajadora, como se puede apreciar con todo el paquete de leyes que ha sido votado en el transcurso del presente siglo, que en todos los casos marca una tendencia reforzada de una ofensiva de clase descargada sobre los trabajadores por intensificación de la explotación y desplazamiento del empleo a multitudes de personas.

La presencia de esa ofensiva con diversos ritmos e intensidades, pero materializada en este concreto desfavorecimiento a la clase trabajadora, da cuenta de una situación en la que estamos regidos por una hegemonía que toma cuerpo por una institucionalidad y una organización gubernamental que favorece los intereses
de una clase dominante, consagrando en plano de naturalización la condición existencial de sujeto alienado , por encima de la integridad de la clase trabajadora y la cada vez más nutrida población económicamente sobrante.

La alienación de las masas trabajadoras implica una situación de degradación de la persona a la que una hegemonía capitalista desde la organización de la sociedad desde las materialidades emergentes de las relaciones de producción, ha arrebatado su capacidad creadora.

Desde ese escenario en el contexto de lo que implica la hegemonía de clase y el control social que ella impone hay que añadir que ese resultado se logra desde dos vertientes, la prevalencia cultural y el dominio del concreto contenido del sentido común y la violencia o coerción que monopoliza con legitimidad dada por las acciones electorales y las formas legales el Estado.

Esa prevalencia cultural que nutre el sentido con el que los fenómenos sociales se exhiben y se presentan a las masas trabajadoras y desplazadas de la producción de manera estructural, remite a aquellas herramientas de dominación intelectual y moral que controlan el pensamiento y la conducta de la población, provocando que simpatice con las ideas y valores del Estado que ha institucionalizado la burguesía a través de la construcción de la opinión pública.

De esta manera la alienación degrada al sujeto al arrebatarle su capacidad creadora, pero en un mismo momento, la clase dominante, también posee herramientas culturales y coercitivas que someten la libertad y la fundamentación razonable de sus pareceres y acciones cotidianos.

Los instrumentos de comunicación que se imponen en esta sociedad de clases donde sobrevivimos , imponen unas determinadas construcciones intelectuales que buscan adquirir consenso y en la mayoría de las ocasiones lo obtienen aún cuando ellas no tengan respaldo en la realidad.

Sin embargo el dominio técnológico que los instrumentos que se emplean en la comunicación tienen sobre las masas trabajadoras ,en forma casi obligada impone además de contenidos, una tendencia a la generación de daños psíquicos y físicos sobre la persona que los utiliza y consume como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (TLP), el síndrome de desgaste ocupacional (SDO) y la depresión cuando éstas encuentran su origen en la superproducción, el súper rendimiento o la hipercomunicación.

La revolución surge entonces como la ruptura radical necesaria para destruir ese sistema, superar la enajenación y devolver al individuo el control sobre su vida. Ese camino no es en ningún caso un hecho azaroso sino una construcción.

En El capital, dentro del capítulo 1 apartado 4 “El fetichismo de la mercancía y su secreto” Karl Marx,indica que “ El reflejo religioso del mundo real solo puede desaparecer, en general, desde el momento en que las condiciones de la vida práctica de los trajines de la vida cotidiana se les presenten a los hombres, día tras día, como unas relaciones transparentes y racionales entre ellos y con la naturaleza. La forma del proceso vital de la sociedad, esto es, del proceso material de la producción, solo se quitará el velo de bruma mística cuando se encuentre, como producto de hombres libremente socializados, bajo el control consciente y planificado de los mismos. Pero para esto se requiere un fundamento material de la sociedad o una serie de condiciones materiales de existencia que son a su vez producto de una larga y atormentada historia”

Siguiendo esta directriz hay que decir entonces, por fuera de todo reformismo electoralista y parlamentarista y los usos ideológicos de los fenómenos cotidianos de la existencia en relación de explotación y opresión que el capitalismo impone a las masas trabajadoras , que la revolución y su construcción por determinación subjetiva de esas masas constituidas en clase social, representa dialécticamente, el punto de quiebre necesario: la acción colectiva para derrocar el capitalismo y recuperar la libertad creativa.

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