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ABOLICIONISMO DE LA CULTURA REPRESIVA Y SOCIALISMO. NECESARIAMENTE “JUNTOS Y A LA PAR”

Ser pobre no requiere explicación para quienes se encuentran en esa situación específica que trae consigo eso que se da en llamar pobreza. Sin embargo su descripción e implicancias, por los designios de los múltiples dispositivos ideológicos que se arrojan sobre lo que hoy se denomina por vías de su naturalización estructural “población sobrante” requiere decir que dicho respecto de un ser humano, pobre, significa vivir en una condición de privación continua de recursos, capacidades y seguridad existencial que le impide satisfacer necesidades básicas ,alimentación, vivienda, salud y educación.

Más allá de la falta de ingresos, revestir en las filas de la “población sobrante” implica exclusión social e imposibilidad de una existencia necesaria para constituirse como sujeto con alguna proyección dignificante de vida.
La ciencia avanza en el estudio de la relación bidireccional entre ser pobre y tener trastornos mentales ya que actúa tanto como factor de riesgo (causa) y como emergente en población con problemas de salud menta. Dicho de otro modo, es un factor que está en el comienzo y en el fin del desarrollo existencial de manera continua, creando así, una suerte de círculo vicioso.

Vivir en entornos de bajos recursos conlleva estrés, desnutrición y menor acceso a atención temprana, lo que incrementa el riesgo de desarrollar trastornos mentales graves, incluyendo la esquizofrenia.

Lo que describe la categoría población sobrante, necesariamente emparentada de modo directo con la pobreza es un fenómeno social desenvuelto de manera específica, en una sociedad de clases como lo es el orden social capitalista ,y desde alguna pertenencia a la clase trabajadora, que no es solamente la falta de dinero para acceder a mercancías de sobrevivencia por parte de una parte nutrida de la población , sino los significantes que ella trae consigo, destacando la exposición constante a estrés crónico, violencia, desnutrición y falta de recursos, especialmente durante el neurodesarrollo, y lo pocas veces difundido, que es el aumento objetivo de la probabilidad de desencadenar procesos de enfermedad mental , interactuando con factores genéticos.

Hay que advertir y tener presente este aspecto del problema, porque los síntomas de la esquizofrenia suele llevar a la pérdida de empleo, potenciación de las dificultades económicas y marginación social, que le da otras connotaciones al empobrecimiento hasta desubjetivizarlo.
Dicho de otra forma y buscando evitar se nos considere incursos en un pensamiento lineal, no es solo que la pobreza cause esquizofrenia, sino que la situación de vulnerabilidad, el aislamiento y el estigma, se retroalimentan con la enfermedad en el sentido de exclusión al espacio de la población económica y socialmente sobrante.

Con asombrosa realidad, una distopía pensada y narrada desde otro tiempo y circunstancias históricas , tiene presencia en todo lo que sobrevivimos en los formatos ideológicos y protocolos de sociabilidad actuales.
En la novela 1984, Orwell describe describe a un sector de una sociedad ficticia indeseable, caracterizada por la opresión, el control gubernamental extremo, la desigualdad y la pérdida de libertades individuales como «proles» como una masa de sujetos oprimidos que constituye el 85% de la población. Paradójicamente según deja ver el relato, «Los proletarios y los animales son libres». El Partido del poder Estatal , los considera inferiores por naturaleza y, por tanto, indignos de ser adoctrinados. Sucede entonces que , al ignorarlos, el régimen les permite conservar una autonomía privada, emociones humanas básicas y costumbres que los miembros del Partido han perdido

Quien ocupa el lugar del narrador, el protagonista, Winston Smith, reflexiona sobre la incapacidad de las proles para derrocar al régimen a través de una de las citas más famosas del libro:»Hasta que no tomen conciencia, nunca se rebelarán, y hasta que no se hayan rebelado, no podrán tomar conciencia».

En su diario, Winston escribe que el único destello de esperanza reside en ellos, pero al mismo tiempo el Partido se refiere a ellos con desprecio, viéndolos simplemente como una fuerza de trabajo necesaria que vive en la pobreza. Sin una educación formal ni pensamiento político, Orwell señala que el sistema los mantiene en la ignorancia para asegurar que jamás representen una amenaza real.

En ese sentido, miseria y pobreza, siendo resultantes de fenómenos sociales que dan cuenta de la propia lógica de reproducción de la relación capital-fuerza de trabajo y con ello de la materialidad de la llamada ley del valor, incluyen entre sus efectos menos visibles el facilitamiento primario de cuadros de depresión y ansiedad que acompañan subyacentes a la objetiva barbarie en la que nos deposita el capital.

Esto significa no otra cosa que la constatación por otras vías de situaciones individuales de trauma temprano, desde las proyecciones objetivas que dejan traducir la vida en vecindarios inestables y la falta de oportunidades que asedian en el escenario convivencial familiar mínimo contribuyen a un mayor riesgo .

No hay que dejar de tener presente en este posicionamiento, a la hora de ver al mismo como un relato próximo a la certeza, que cuando hablamos de trauma temprano estamos aludiendo a a experiencias adversas y perjudiciales (abuso, daños por negligencia en las acciones de la vida cotidiana) ocurridas en la infancia (0-6 años) que superan la capacidad del niño para afrontarlas, impactando profundamente su desarrollo emocional, físico y cerebral. Estas vivencias pueden causar estrés crónico, hipervigilancia, dificultades de apego y cambios estructurales en el cerebro, a menudo resultando en problemas de salud mental o física en la vida adulta.

Nuevamente insistimos, ese fenómeno tiene también la posibilidad en sí, de advertir que la pobreza no solo aumenta el riesgo de enfermedad, sino que los trastornos mentales a menudo conducen a una menor productividad, perpetuando la exclusión social.

El estigma, la falta de educación emocional y la desigualdad social son determinantes clave que se derivan de la falta de recursos. Vista de esta manera , la lucha de la clase trabajadora, desde su vanguardia y necesario su programa político emancipatorio conectar la presencia activa contra la pobreza con la impugnación de la relación social “Capital” que es la que estructuralmente la genera.

No hay lucha significativa si no se pone como paradigma y en primer lugar del programa socialista que busca tener cuerpo en la forma política de un partido, la imperiosa necesidad de superar esos escenarios a los que nos hemos referido , pues de ello depende incluso la posibilidad de asimilación de conciencia de clase de los seres humanos sometidos a explotación y opresión.

Los trabajadores venden su fuerza de trabajo, mientras que el capital busca aumentar la producción y la rentabilidad apremiando en forma extensiva o intensificada el pase al acto de esa posibilidad que tiene todo ser humano y lo define como tal.

De igual manera, corresponde una mirada sobre ciertas luchas actuales y advertir como a pesar del empeño puesto, ellas pueden integrarse al mismo sistema que buscan cuestionar, en tanto la superación de la pobreza no aparece en el escenario de lucha de manera significativa y prevalente lo que implica que, muchas demandas contemporáneas no buscan modificar las reglas del juego, sino volverlo más llevadero en tanto el sistema aprende a absorberlas sin alterar su funcionamiento.

En la misma dirección es necesario detenerse, con apelación a la necesaria , deseable y estratégica conformación de la vanguardia trabajadora que desde sus componentes emprende su proyección a clase “para sí” en la búsqueda de sus específicos intereses emancipatorios , en este señalamiento de la creciente tendencia a la pauperización de la masa trabajadora desplazada de manera permanente y contundente hacia el abismo que implica el espacio de” población sobrante”, destacando asuntos prioritarios como lo es “el castigo” y la legitimación que la burguesía , a través de su institucionalidad jurídica con la forma Estado , se auto-adjuidca para castigar en el marco de una sociedad de clases posicionadas de manera desigual.

Hay que destacar respecto de este último extremo, el valor de lalucha por objetivos estratégicos revolucionarios centrados en el abolicionismo de toda forma de cultura represiva que pudiese exhibir el orden social dominante.

La militancia por un nuevo orden social basado en la superación de las relaciones sociales capitalistas, no puede desmerecer, omitir o dejar librado a “lo que vendrá” , la lucha contra esa legitimación por naturalización social , de ese poder de imperio que la burguesía dominante consigue sobre los cuerpos y las mentes de las personas que son captadas por las formas represivas , que materializan la prevalencia del castigo penal sobre toda otra consideración que pueda implicar un conflicto intersubjetivo desarrollado en el entramado social objetivo.

Es un dato de la realidad, que la militancia de la vanguardia trabajadora, omite hoy trabajar con sentido estratégico revolucionario frente a todas estas problemáticas que están contenidas en el fenómeno objetivo de la pobreza y la naturalización creciente de la existencia de “población sobrante” librada a su suerte en una nueva versión de la supervivencia del más apto.

Frente a ese Darwinismo social, hay que priorizar programáticamente , el señalamiento puntual relativo a que existe en el capitalismo en crisis de reproducción, una contradicción marcada por la apalogía del orden republicano y democrático formal , que a la vez exhibe la dificultad de justificar el castigo que aplica a los humillados y ofendidos que las propias relaciones social capitalistas arrojan a la zona existencial de “población sobrante”.

La burguesía, en tanto clase dominante, no puede dar justificación racional al castigo punitivo porque su existencia misma como tal, esta comprometida con la imposición deliberada de dolor y encerramiento carcelario.

La clase social dominante, por vía de su aparato de operadores políticos , acrecienta diariamente el uso del castigo por vía de su instalación mediática en el discurso de sentido común que naturaliza el ejercicio de la violencia como la primera y mayoritaria respuesta a los conflictos intersubjetivos nacidos en la sociedad civil, consolidando una nueva realidad por la que el aparato coercitivo es usado de modo discrecional, arbitrario, selectivo , sobre los que han sido llevados al espacio social de “población sobrante”. Así la coerción trabaja en favor de la preservación y reproducción de las desigualdades de clase objetivamente existente en el ordenamiento social capitalista y hac que el “autointerés” tienda a resultar una fuerza predominante que encuentra campo fértil para expandirse .

Daniel Papalardo -Nuevo Curso