Nuevo Curso

ARGENTINA. 22 de Agosto de 1972- 22 de Agosto de 2026

“No olvidamos, No perdonamos, ¡¡no nos reconciliamos!!
Presentes, Ahora y Siempre.”

Hoy 22 de agosto ha sido unánime esta manifestación de voluntad. Sin duda es esa la premisa, y no hay otra actitud posible frente a la presencia en calendario de ese fusilamiento.

Sin embargo, es como le damos contenido concreto a tres NO y una expresión asertiva. “No olvidamos” no puede tener otro significado que una extensión de cuanto es la disposición de ánimo frente a este suceso que entra como una escena del genocidio argentino, de manera que, en ese punto todo lo que se ha dicho en la literatura durante estas largas décadas e incluso el actual momento de la lucha de clases , tiene toda su relevancia y no viene al caso avanzar en mayores precisiones si se tiene presente nuestra condición de pequeño grupo de propaganda.

“No perdonamos , no reconciliamos”. Perdón y reconciliación son dos significantes de carácter religioso y sumamente subjetivos en tanto el perdón y sobre todo la reconciliación emergen como disposiciones de ánimo de quienes se sienten en sí mismos , las víctimas directas del sujeto.

Cuando hablamos de perdón, nos referimos a una decisión voluntaria y consciente de soltar el rencor, el enojo y los deseos de venganza hacia quien nos hirió. Es un proceso interno que busca la paz mental propia antes que la redención del otro. Ese estado de ánimo no se puede preservar con alguna racionalidad si se tiene presente el tiempo transcurrido y las generaciones que ya no están involucrados en buscar ese resultados por su propia desaparición física.

Sin embargo, es importante destacar que para que exista una acción de perdón y mucho más de reconciliación, debe existir un sujeto que pida ese perdón y reconozca su responsabilidad y es del caso que la armada argentina, por que esa institución es la directamente implicada, no ha presentado ni la más mínima excusa, y es más , sobre los sobrevivientes las agencias represivas Estatales o paraestatales no cesaron en su encarnizamiento particularizado por la noticia-denuncia que esas personas, redoblando su valentía, dieron a conocer a toda la población y en particular a las masas trabajadoras que se tradujo en su ulterior desaparición en los años siguientes, bajo la dictadura militar , dando un sesgo más al carácter genocida de su actividad .

El problema mayor y tal vez, el de mayor implicancia en el actual estadío de lucha de clases , es cómo dar contenido concreto a ese imperativo si es que se lo toma como tal y no como una mera declamación . Desde la legitimación que da nuestra presencia como grupo de propaganda que como tal reconoce sus límites objetivos y subjetivos , advertimos que no hay otro acto de presencia posible que el sentido final estratégico de la lucha por el socialismo, el poder obrero y su programa que no es otro que la emancipación de los trabajadores, por los trabajadores mismos , advertidos de que eso implica montar un eslabón en la cadena que trazaban quienes vieron truncadas sus vidas en un acto genocida del poder.

Los caídos no estaban en ese sitio por obra del azar ,sino por su compromiso de trazar el camino al poder obrero y socialista por vía de la construcción partidaria y la lucha defensiva armada contra el poder burgués, cualquiera fuese su régimen político, como bien quedó en claro a través del documento fundamental publicado por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y su brazo armado, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), en el contexto de la asunción presidencial de Héctor J. Cámpora se titula «Por qué el ERP no dejará de combatir. Respuesta al presidente Cámpora» (fechado en abril y difundido en mayo de 1973).

En sentido inverso, hay que pensar mucho y mirar con mucha amplitud para pensar que hoy , ese PRESENTE que se declama , implica partidos que apuestan al parlamentarismo, hablan de “nueva clase trabajadora” e imaginan reformas posibles dentro del orden burgués existente, bajo el amparo del paraguas ideológico sustentado en la tesis según la cual , “los tiempos han cambiado, no está dada la relación de fuerza”. Quienes hablan de esa manera, ya habían sido rechazados por los caídos en Trelew a través de la fractura entre PRT LA VERDAD Y EL COMBATIENTE. Aquella disputa y esas claras diferencias no pueden hoy ser larvadas y pretender que la continuidad que da presente a aquel agosto de 1972 esté en manos de los aparatos dirigenciales de organizaciones antagónicas, que hoy se integran en la decadente cooperativa electoral FITU.

En este punto , hacemos propio los dichos que abren el texto “PODER BURGUES Y PODER REVOLUCIONARIO escrito por Mario Roberto Santucho:

“La clase obrera y el pueblo argentino han vivido los últimos años riquísimas experiencias políticas que entroncan en la historia de nuestra lucha de clases, y aclaran cristalinamente cuestiones vitales para los intereses sociales de las masas trabajadoras argentinas. Reflexionar sobre estas experiencias, observar el comportamiento de las clases enfrentadas, comprender en profundidad las particularidades de nuestra revolución y extraer las conclusiones para guiar la acción correctamente, es una apremiante responsabilidad de los obreros conscientes, y revolucionarios en general, y de nuestras más amplias masas trabajadoras…….El parlamentarismo es una forma enmascarada de dictadura burguesa. Se basa en la organización de partidos políticos y en el sufragio universal. Aparentemente todo el pueblo elige sus gobernantes. Pero en realidad no es así, porque como todos sabemos las candidaturas son determinadas por el poder del dinero………Como decía Lenin: «Decir una vez cada tantos años que miembro de las clases dominantes han de reprimir y aplastar al pueblo a través del parlamento; tal es la verdadera esencia del parlamentarismo burgués» [1] . Este carácter fraudulento, engañoso, de toda elección y todo parlamento no quita que la clase obrera deba ingeniarse para dar pasos de avance revolucionario en determinados procesos electorales, no quita que la clase obrera deba ingeniarse para intentar utilizar el parlamento con fines revolucionarios…… Una política revolucionaria debe saber utilizar todo tipo de armas, incluso aquellas que han sido creadas y son usadas con ventaja por la burguesía como el parlamentarismo, para avanzar en la movilización de masas, para introducir la crisis, la división y la desorientación en las filas enemigas…… Pero un grave error sería creer que a través de elecciones es posible encontrar algún tipo de soluciones a los problemas de fondo de la clase obrera, del pueblo….”

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