El 7 de noviembre de 1938 Herschel Grynszpan asesinó a un funcionario nazi en la embajada alemana en París. Hitler invocó de inmediato este hecho como pretexto para desencadenar la violencia en el episodiro conocido como la “noche de los cristales”. Frente al suceso León Trotsky supo decir lo siguiente :
«Los marxistas consideramos que la táctica del terrorismo individual es inconveniente para la lucha liberadora, tanto del proletariado como de las nacionalidades oprimidas. Un héroe aislado no puede reemplazar a las masas. Pero comprendemos con toda claridad la inevitabilidad de semejantes actos de desesperación y venganza. Todas nuestras emociones, nuestras simpatías están con los sacrificados vengadores aunque ellos hayan sido incapaces de descubrir el camino correcto. Nuestra simpatía es mayor porque Grynszpan no era un militante político sino un joven inexperto, casi un muchacho, cuyo único consejero fue la indignación. ¡Arrancar a Grynszpan de las manos de la justicia capitalista, capaz de decapitarlo para servir a la diplomacia capitalista, es la tarea elemental, inmediata, de la clase obrera internacional!
León Trotsky

Ayer miércoles 19 de marzo, los hechos producidos en CABA ,dejaron ver la diferencia entre una manifestación callejera y una acción política que puede contemplar el empleo de la violencia revolucionaria, elemento con el que venimos insistiendo en nuestros escritos para puntualizar distancias sustantivas esenciales entre ella y la farsa simuladora que suele utilizar el reformismo para no sucumbir ante los hechos cuando estos denotan signos de una tendencia relativa a trascender el estadio mínimo de la lucha de clases y el programa economicista , hacia instancias políticas de cuestionamiento del régimen de gobierno.
En todo caso, la emergencia deja hoy, pasada la vorágine de las diversas actuaciones políticas sobre el escenario callejero y parlamentario, la necesidad de insistir en torno a la necesidad que tiene la vanguardia de trabajadores en lucha, en particular por sus expresiones más espontaneas de incorporar caracterizaciones de orden teórico ya existente en el capital intelectual del proletariado que imperiosamente deben tomar cuerpo en realidad como herramienta no para interpretar el fenómeno sino para transformarlo.
En esa orientación es prudente diferenciar fenómenos de marcada rebeldía y sus visibles manifestaciones, de la emergencia de la violencia revolucionaria, extremo este último que no reconoce la constatación de los requisitos que imponen su emergencia. La rebeldía está contenida en la violencia revolucionaria pero no se identifica con esa totalidad en forma tal que puedan ser equiparadas. Es la determinación de voluntad necesaria para predisponer el empleo de la violencia revolucionaria pero no toda rebeldía desemboca en esta, si no viene acompañada del diseño táctico que emerge de la aplicación al fenómeno del programa socialista y la organización de clase que la conduce hacia un propósito estratégico emancipador .
Como lo señala Bakunin en “Dios y el Estado” los revolucionarios rechazamos toda legislación, toda autoridad y toda influencia privilegiada en la legalidad de una clase, aunque salgan del sufragio universal , convencidos de que no podrán actuar sino en provecho de una minoría dominadora y explotadora, contra los intereses de la inmensa mayoría”
En ese sentido hay que advertir como presupuesto una necesaria puntualización. Si en el espacio de las apariencias y las imágenes procesadas por los comunicadores se resalta selectivamente episodios que exteriorizan el uso de la fuerza , no hay que dejar de ponderar que esto responde a que es esa misma sociedad la que los genera , desde la primaria relación de explotación de unos pocos sobre otros , que se incrementa significativamente cuando ellas hunden en el hambre y miseria a millones de trabajadores y personas que han caído en el escenario deshumanizante de la desocupación. Siempre y en todos los caos esta vigente el circuito represión-violencia capitalista. La opresión genera la violencia que luego pretende reprimir, y así genera más violencia
Karl Marx ubicaba las acciones políticas materialmente violentas en el escenario social donde se gestan y como el resultado de la confrontación de clases antagónicas , descartando que se legitime por consenso que lo violento solo fuera un instrumento de la política estatal que desenvuelve el poder burgués .
La violencia revolucionaria no permite que se la niegue e impugne porque tiene su génesis en la sociedad de clases que impone el orden social capitalista a partir de la relación capital-fuerza de trabajo donde se produce la explotación del trabajador.
el mundo en el que vivimos es estructuralmente violento. Por eso el papel o no que puede jugar ese elemento yacente en la propia estructura de las relaciones sociales de producción en el orden capitalista, en la praxis política transformadora es relevante y la manifestación de acciones que lucen por las apariencias sensible con ese formato, devienen de necesaria apreciación , intentando la vanguardia de trabajadores incorpore cuanto estime pertinente del fenómeno en sí.
En este sentido la realidad exige advertir que el hombre existe en lo que produce, es decir, en lo que gesta desde sí y en necesaria relación con el otro con afán productivo, es decir, con una intelección final hacia la generación de algo que no tenía entidad antes de que esa acción intersubjetiva tomara desarrollo. La acción política, también debe ser vista desde esta perspectiva de producción-fabricación y no en abstracto como en general lo hace la cultura que provee la burguesía posicionándola como parte del mundo de las ideas, y cuestionándola cuando no alcanza los imperativos categóricos de ese espacio ficcional. Lo violento, simbólico o físico, en términos políticos , se emparenta necesariamente cuando el poder o los que buscan alcanzarlo se inscribe con acciones en la estructura social para conquistarse y conservarse.
Siguiendo este sentido, citamos a Enrico Malatesta, quien en su libro “Entre campesinos” nos puntualiza que: “Quien manda procura siempre su comodida e interés y siempre, sea por ignorancia o por maldad, traiciona al pueblo. El poder pervierte siempre hasta a los más buenos. Además, se necesita y ésta en la razón principal por la que no queremos que nos manden, se necesita, repito, que los hombres cesen de ser un rebaño de ovejas y se habitúen a pensar y a hacer por medio de su dignidad y de su fuerza”
Desde esa premisa material, hay que ver que el proceso a través del cual se alcanza el objetivo político que necesariamente es transformador en sentido amplio de lo dado, hace que los operarios de lo político puedan seleccionar las herramientas , los métodos y los desarrollos que juzguen pertinentes. Por esa misma razón no puede postularse que esas herramientas sean rígidas , únicas y de aplicación en cualquier momento en tanto tienen previsibilidad por la legalidad vigente.
En este sentido es que la violencia se convierte en herramienta de los productores políticos de la revolución a partir de que su empleo se discierne en función de las demandas que le impone la necesidad emancipadora de plasmar el programa socialista a partir de la construcción de su propio poder.
Es usual en los discursos del poder formateados para crear y consolidar el contenido de lo que se define como sentido común , la instalación de estereotipos y la agrupación indiscriminada en un todo abstracto de aquello a lo que se considera enemigo en la relación política mando-obediencia. Por esa razón es que, por ejemplo, una ministro puede aludir con reiteración casi morbosa a “los violentos”, “los delincuentes” , “los terroristas”, llamando al conjunto social a instalar en su repertorio conductual la repulsa hacia los mismos a los que nunca define con precisión.
En este punto conviene entonces oponerse a esa práctica de dominación aclarando que el empleo de herramientas de fuerza en la acción política no deriva de ninguna condición esencial del ser humano pervertida o desviada o de ninguna arrogancia mesiánica de quien desea rebelarse contra lo que existe. Las acciones que implican violencia política , funcionan reproduciendo determinadas relaciones sociales o activando prácticas de oposición que tienen por causa una relación dialéctica de oposición a los modelos de gobierno a los que se enfrentan los trabajadores en lucha revolucionaria por su emancipación , donde es imprescindible enfrentarse directamente, más temprano que tarde, al dominio de clase que impone la burguesía recurriendo a todos los medios posibles en el campo de la lucha económica y social, labor que conforme al desarrollo de la lucha de clases puede implicar un ataque directo también hacia los centros represivos del poder constituido en el Estado. En este espacio, y solo en él, es que se justifica la llamada propaganda por el hecho a través de actos de violencia puntual que pudieran ser ejemplares y conmover con ello a la opinión pública, como sucedió por ejemplo, bien que con resultado negativo, con la acción militar que el Partido Revolucionario de los Trabajadores desarrollo en diciembre de 1975 en el Monte Chingolo sobre un batallón del ejercito represor para evitar se consolidara el escenario político de asentimiento para el golpe militar genocida que definitivamente se produjo en marzo de 1976
También siempre ha de tenerse presente que, la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales y precisamente , son esas relaciones sociales las que constitutivamente encierran la violencia como elemento posibilitador de su realización concreta.
Es esta perspectiva, la que puntualiza Marx y desde la cual hay que emprender el acercamiento al fenómeno social objetivo que se produce con reiteración en el orden social capitalista donde sobrevivimos.
Nuevamente, la tarea no es el comentario de lo sucedido, no es interpretar de diversos modo el fenómeno social según un parecer ideológicamente predispuesto.
La tarea es tomar lo sucedido como forma de aprendizaje-conocimiento de las construcciones revolucionarias y socialista por las que abogamos llegar a las masas trabajadoras, notoriamente ausentes como clase en las calles próximas al congreso con propósito transformador superador de lo dado en mérito a la necesidad de la elaboración programática para enunciar una política de clase autónoma y socialmente emancipadora. No tener a la violencia como herramienta política ,es tanto como no creer en su significativa gravitación en los hechos.
Ampliando el concepto y con apoyo en Marx , en su libro Lucha de Clases, Flabian Nievas dice puntualmente lo siguiente: “la lucha de clases es, antes que nada, la forma en que se expresa el antagonismo «del proceso de producción social, no en el sentido de antagonismo individual, sino en el de antagonismo que nace de las condiciones de existencia individual de los individuos»11, forma de la que las relaciones burguesas son su última expresión, en tanto se crean las condiciones materiales para superar el antagonismo en que se han fundado todas las sociedades de clase”
Esto significa y se infiere de una premisa constatable : Casi toda la existencia de las relaciones sociales que nos determinan en esta sociedad de clases está edificada contemplando formas diversas de violencia, sobre la oposición de una violencia a otra. La simple alegación de derechos, implica para su existencia que un órgano intelectual y funcional del Esado la imponga incluso por medio de la fuerza a quien no reconoce esa situación de pretenderse titular de una posibilidad . Piénsese por ejemplo en un desalojo de un inquilino y se verá prácticamente como la violencia subyace en uno y otro sentido.
Finalmente es necesario advertir un dato también sociológicamente comprobable . En la población trabajadora cada sector afectado reacciona por separado y es ese el índice de la incapacidad que tiene la realidad para habilitar un salto desde el actual estadio de clase.
Los operadores que gestionan desde el poder ejecutivo, continúa adelante con su plan y recibe el apoyo de todos los partidos empresarios, desde el PRO hasta el Peronismo K y no K, mayoritariamente de acuerdo para que pueda llevar adelante una nueva renegociación de deuda con el FMI, para continuar con su programa económico que de conseguirse postula una estabilización de variables monetarias hasta las elecciones.
En la capital federal se desarrollan acciones políticas callejeras que pretenden dar un salto en el estadio mínimo de la lucha de clases a partir de ubicar consignas de programa mínimo como la fijación de haberes previsionales enlazadas a impugnaciones a la gestión de gobierno que permite generalizar el conflicto que nunca implica antagonismos directos sino instancias que por el desarrollo de la experiencia de lucha permitan conformar una vanguardia que le de un sujeto social y político a la mera protesta.
Ese intenso proceso , con el cúmulo de inversión de fuerza militante que implica, da sin embargo el resultado inverso de lo que se busca en tanto la intervención del reformismo político solo busca un mejor lugar en el proceso electoral que se avecina, para lo cual se apresuró a trabar lazos con quien fuera posible para mantenerse en la pura declamación pero amagando luchar, sin saber bien como y sobre todo , para qué.
La claudicación que es la manera como el reformismo da cuenta de su agónica existencia que lo lleva a la marginalidad parlamentaria y a la frustración de los manifestantes quienes una vez más llegan con esfuerzo y risgo a una plaza solo para “putear a los represores predispuestos por el gobierno” y comportarse funcionalmente al estereotipo que la clase dominante pretende vender como aquello a lo que considera izquierda o los zurdos de siempre. El FITU hace lo que el sistema le pide y no otra cosa, eso sí, con cara de ofuscamiento, de intolerancia y formato propio de militancia universitaria.
Por lo demás, la reducción numérica de los participantes de una y otra marcha pone a la luz que a pesar de lo que se diga en relación a la ministro de seguridad, esta ha logrado un propósito secundario pero vital: mostrarle a la burguesía y su poder, que su condición de clase dominante en un proceso de crisis de reproducción del capital se sostiene invariablemente con la intensificación del aparato represivo.
Otro sector político , muestra su desesperación apelando a llamados y convocatorias de asambleas de grupos de propaganda con el propósito de definir un Congreso Unitario de toda la izquierda y los sectores en lucha, para debatir y votar un programa y un plan de lucha propio. Se ignora que esa iniciativa no puede salir de la galera de una saca conejos con versatilidad analítica. Esa iniciativa tampoco se puede concretar con la hipotética presencia de los aparatos de las organizaciones que componen los partidos del régimen aún cuando tengan banderas que dicen que se autoperciben de izquierda cuando en realidad solo son la cooperativa electoral FITU.
Nótese que si estas organizaciones partidarias, hipotéticamente, concurrieran a un espacio tan abierto que por tal resulta tan indefinido, ello presagiaría un nuevo capítulo de aparatismo que presagia el famoso lo capto o lo rompo, tal como ocurrió en los infinitos encuentros sindicales de base todos ellos sumergidos en el fracaso y la impotencia.
Por eso estamos advirtiendo la posibilidad de un intento desesperado de rejunte y no de una instancia política superadora de la crisis de dirección , que en algunos casos solo tiene el mezquino propósito de superar la prohibición para participar en el proceso electoral de medio término
Dicho de otra forma, se ha propuesto como camino superador de lo dado , lo que en verdad debe ser el resultado y nunca el medio para llegar a terminar con la dominación de clase que la burguesía impone a la clase trabajadora . En el camino queda la ardua tarea del frente único obrero y la instalación como objetivo táctico la construcción de política autónoma de clase y su organización partidaria diseñada y configurada por el programa socialista en su expresión de análisis y atención a las demandas concretas que en lo social emergen de la estructura capitalista en nuestro país.
Nada ha de lograrse de la simple suma matemática de voluntades porque todas ellas hasta hoy han demostrado que abonan la política de aparato y colocan sus ojos en la única y gastada fórmula de añadir más parlamentarios de su génesis en los cuerpos deliberativos de la democracia representativa que no deliberan sino rosquea y no representa a nadie que no seano sus particulares y parciales intereses.
Asimismo, es un error sostener que el elenco de personal político a cargo de la gestión gubernamental lo hace con los métodos y las estructuras de un “estado de excepción” como se sigue de las intervenciones públicas de la víspera y de anteriores manifestaciones de igual tenor realizadas en los medios durante la semana previa.
Ese elenco que apela a esta pretendida explicación desconoce intencionalmente que cuanto deja apreciar la realidad es que todos los operadores políticos de la burguesía no hacen otra cosa que utilizar los instrumentos que le deja en manos el llamado Estado de Derecho, tantas veces patrocinado por reformistas y el progresismo , es decir, lo que hace no es ninguna excepcionalidad sino el uso de métodos institucionales de la república y la forma de gobierno democrática.
Precisamente, a lo que asistimos es a la crisis de esa operación que la clase dominante de base consensual con apego a la construcción del sentido común hace con habitualidad por vía del engaño discursivo a la exhibición lisa y llana de la violencia legalizada del poder burgués por vía de sus agencias represivas y el poder punitivo. La burguesía conoce que ese empleo no puede tener perdurabilidad en el tiempo, y el discurso en torno a su carácter excepcional, solo busca afanosamente rescatar la admisión consensuada de la modalidad de ajuste que necesita producir el poder sobre las variables económicas , en particular sobre la fuerza de trabajo para lograr la reproducción pacífica del capital por vía de la intensificación de la explotación que busca obtener más valor de lo que genere la fuerza de trabajo .
Todo esto torna necesario rescatar que nos encontramos en un período preparatorio en la militancia revolucionaria, y que las tareas son de propaganda y agitación pertinentes a las caracterizaciones programáticas que surjan de una organización política de clase y su programa constructor. Hay que explicar que la democracia es esto que se ve, y que esto no es ninguna excepción sino la naturalización de lo que se perfila con gravitante presencia tendencial desde el poder burgués. Erróneamente por décadas este Leviatán que muestra su rostro de dictadura de clase con forma democrática , no fue denunciado ni propagandizada la necesidad de derrotarlo. Por décadas se alentaron ilusiones democráticas en un Estado por encima de las clases dotando de posibilidades a explotados y oprimidos por vía de la forma jurídica. Hoy esa misma institucionalidad no puede seguir operando sin un nuevo endeudamiento y gestando escenarios de barbarie como los específicos de la condición de existencia de los desocupados, la población económicamente sobrante y aquella que ha sido excluida de la producción por razones objetivas nacidas de que esas personas ya no pueden materializar la venta de su fuerza de trabajo.
Para que las fuerzas y relaciones de producción puedan seguir desarrollándose, es necesario la fractura del anterior modo de producción y la emergencia de uno nuevo, a través de la dialéctica del conflicto, es decir, desde la propia contradicción que subyace entre las fuerzas y las relaciones productivas y esa resolución no puede excluir en ningún caso el uso de la herramienta revolucionaria de la violencia desarrollada por la clase trabajadora.
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