Nuevo Curso

Lucha, movilización y conciencia de clase. Diferencias y necesidades.

Las situaciones de crisis política que se dan al interior de los sectores que componen la burguesía, y se expresan en las derivas del gobierno de turno, permiten no obstante recordar, que las masas poblacionales que contienen en su seno a los trabajadores por sus propias experiencias en la movilización que gestan en la sociedad frente a los escenario de miseria y barbarie que deja ver el capital ,avanzan hacia la conciencia de su condición especifica de clase y su objetivo estratégico de construcción de su propio poder superando el Estado y la institucionalidad del orden jurídico socialista.
Sin embargo, también es cierto que una acción callejera de un grupo más activo de esas masas, no implica necesariamente un proceso de movilización social . Las luchas económicas o por garantía de libertades democráticas que afirma constitucionalmente el orden burgués, pero que frecuentemente vulnera al punto de constituirlas en una declaración puramente abstracta contenida y reducida por la forma jurídica, no generan por sí mismas , conciencia socialista, en tanto, por la base material de ese tipo de demandas y la situación básica de determinación hacia quien se dirigen esas pretensiones ,que son los gobiernos o las patronales y nunca la impugnación hacia el Estado y la burguesía en tanto clase opresora y explotadora de conjunto.
En este punto vale la pena recordar algo que invariablemente aparece confundido en los parlamentarios oportunistas del FITU y en la sociedad en otras organizaciones que le resultan satelitales a su estrategia de poder de corte reformista. Estado y gobierno no son lo mismo, de manera que si las demandas sociales se dirigen de manera fragmentada hacia un gobierno, en modo alguno impugna la existencia del Estado que concentra en la forma jurídica el poder burgués y hace funcional con la concentración de la legitimidad para el uso de la violencia la reproducción del capital y su dominación cultural de clase sobre explotados y oprimidos.
Ambas categorías conceptuales, con referencia directa en la forma jurídica, remiten a situaciones diversas. La principal diferencia es que el Estado es la entidad política permanente —compuesta por territorio, población y soberanía— que organiza la sociedad, mientras que el Gobierno es el conjunto temporal de personas e instituciones que administran y ejecutan el poder político del Estado en un momento determinado. En otras palabras, el Gobierno es una parte del Estado y su función es llevar a cabo las decisiones y fines del mismo, pero el Estado como concepto es más duradero y no se afecta por los cambios de gobierno.
Ya en los principios del siglo veinte, los “economistas” sostenían que la lucha por demandas económicas (salarios, mejores condiciones laborales, etcétera) era el medio más apto para incorporar a las masas al movimiento político contra el zarismo y por el socialismo.
pensaban que se podía “desarrollar la conciencia política de clase de los obreros desde dentro de su lucha económica, o sea, partiendo sólo de esa lucha, y basándose sólo en esta lucha”.
Sobre el fenómeno en cuestión , Lenin, sostenía que este tipo de demandas que con frecuencia dan contenido a las acciones políticas incluyendo las que implican en algunos casos lucha en las calles ,ciertamente, pueden convertirse en elementos de la actividad socialista, porque en definitiva en última instancia implican materialmente un conflicto y una confrontación pero también podían llevar a la lucha meramente sindical en tanto no habilitan vías por las cuales una fuerza social generada desde esas actividades acumulativas, no se traduce mecánicamente en fuerza política.
En este sentido habrá que recordar que los bolcheviques, no solo quería mejoras en la situación de los obreros, sino también destruir el régimen social basado en la explotación del trabajo.
Por esa razón en el ¿Qué Hacer? Puntualiza que “Al obrero se le puede dotar de conciencia política de clase sólo desde fuera, es decir, desde fuera de la lucha económica, desde fuera del campo de las relaciones entre obreros y patronos”
Nada ha sucedido en el devenir de la lucha de clase para modificar esta premisa, y es eso precisamente lo que desdibuja la acción de la militancia que comprendiendo la necesidad de luchar queda empantanada en el economicismo y las formas reformistas con apología y fetichización de la labor parlamentaria. En sentido inverso de lo que se hace en forma prevalente en la joven vanguardia de trabajadores, la tarea primordial de los socialistas es desarrollar la conciencia de clase, destacando en todo momento que los intereses de la clase obrera son irreconciliablemente opuestos a los intereses de los patrones y que es precisamente el trabajador constituido en clase el que debe afrontar la tarea emancipatoria que implica por sus alcances de derrota de la burguesía y construcción de su propio poder, la liberación de todos los oprimidos.
En Argentina, la corriente de pensamiento prevalente de lo que se conoció como “Trotskysmo de Yalta”, a pesar del tiempo transcurrido y precisamente por su apartamiento de las categorías marxistas en las que Trotsky puso todo su empeño hasta ser asesinado , nunca buscaron trascender en las acciones la institucionalidad burguesa , por lo que solo activaron hacia sus propios militantes desde los centros concentrados de sus aparatos, independientemente de su dimensión buscando configurar en el mejor de los casos que sus cuadros fuesen un buenos sindicalistas en el sentido amplio de su expresión. De ahí que todo lo que toma cuerpo en la sociedad por lucha de los implicados, es atravesado por la acción sindicalera y ulteriormente burocrática del aparato partidario que pudiera acceder a ella, haciendo que con el tiempo quede atrapada en las propias contradicciones que le opone el orden capitalista .
El abandono con esta práctica del propio sentido revolucionario de las acciones, a las que se llama lucha , pero que en realidad implican el consabido golpear para negociar, que en tiempos de estabilidad del orden burgués puede tener algún espacio, pero que en etapas críticas de la reproducción del capital solo conducen a luchar por algo que al cabo de un tiempo y aún cuando hubiese sido exitoso se revierte. Basta reparar lo que implican los acuerdos paritarios y la brevedad de su existencia fructifica para el salario y las condiciones de trabajo de los trabajadores .
Es necesario dotar a las luchas sindicales, o por las libertades, de la propaganda y agitación socialista explícita. La vanguardia militante, debe explicar la naturaleza capitalista de las crisis, mostrar por qué son inevitables en el capitalismo; exponer la necesidad de la transformación socialista, en particular en el momento en que se le interpela desde los sectores medios, sobre el qué hacer frente a lo dado.
En este plano hay que advertir también como lo señalaba Trotsky que los “políticos” tienden a sustituir al proletariado. “ellos mismos cumplen sus deberes en lugar del proletariado”. Este riesgo de sustitución, la militancia actual, lanzada existencialmente con formato FITU, lo ha hecho parte de un proceso de acciones que implican una metamorfosis, exhibiendo como “representación “ lo que en realidad en el plano de los hechos lleva a una sustitución subjetiva.
Lejos de ser pregones de los intereses objetivados de los trabajadores en este estadio actual de lucha de clases, la militancia del FITU y sus voceros, se constituyen en una suerte de abogados de los que luchan con indiferencia del contenido de clase de sus reclamos y su condición en sí , de trabajadores u oprimidos. El recurso de acudir a la teoría de la representación, los ubica, así como “protectores”, pero nunca los desplaza hacia la condición de dueños de la ejecución de la acción, todo lo cual permite que los abogados, estén un día con el caso y luego corran presurosos a donde se presenta otro conflicto. Los conflictos de esta manera nunca son sitios donde se planta bandera por algunos, dentro de una lucha más generalizada y abierta contra el capital, su orden social y su forma jurídica, la república democrática por representación indirecta.
Lo contrario a esta manipulación de injertar la teoría burguesa de la representación política, con mandantes y mandatarios que luego se independizan el uno del otro, implica llevar “a los trabajadores a organizarse con base programática socialista, a enfrentarse abiertamente al conjunto del medio burgués Por eso, se necesita plasmar la política principista del proletariado en la actividad cotidiana conectar los principios estratégicos con la práctica de la clase obrera, es decir, desarrollar la autodeterminación de la clase obrera.

Hoy en Argentina, en términos generales, las masas obreras y el resto de los trabajadores, no participa en la acción en los acontecimientos políticos, y ni siquiera se intenta que participe lo que se hace es representarlos de manera autónoma a sus pareceres.
La escena política se puebla con abogados de los trabajadores , que les invocan en abstracto y no de los trabajadores en sí, sin precisar si se ha producido el proceso subjetivo que lleva a quien trabaja a identificarse con quien hace lo propio distinto de él y se comporta como él.
Dicho de otra manera , lo necesario y ya acreditado por los resultados en el tiempo y su consiguiente fracaso y frustración , no es algo como lo que existe , es decir, un aparato partidario prebendario de recursos del Estado por vía de su inserción en bancas del parlamento o asociaciones sindicales desde el plano de las obras sociales , que se conforma como militancia profesionalizada en esos menesteres que no exceden en ningún caso el orden burgués y que en definitiva actúa en lugar de los trabajadores diciendo que lo representa, invocando un mandato otorgado históricamente ,sin que este exista como tal en la realidad. Lo necesario es terminar con esa práxis y retornar a las labores militantes que impliquen una comprensión de esta dialéctica entre la lucha cotidiana y la teoría revolucionaria, cuestión que solo puede asumir su lugar en el sujeto revolucionario que proyecta el programa socialista hacia los trabajadores.
La dictadura genocida, dentro de los éxitos obtenidos por su ofensiva física y simbólica sobre los trabajadores ha conseguido que trabajadores y sectores medios no vean en los capitalistas y su Estado a sus enemigos y por eso ha evitado que estos tomen razón eficiente de que es preciso combatirlos y superarlos de manera dialéctica.
La tarea es la militancia dentro de la vanguardia para que desde ella se geste la organización política con forma de partido-programa , desde donde recoger las reivindicaciones (jornada laboral de ocho horas, derecho de reunión y organización gremial, libertad ambulatoria y de opinión y sus garantías frente a las agencias represivas del Estado etc.) y asumir de manera consciente y vital la tarea de la penetración del programa en tanto teoría por vía de la propaganda y la agitación sistemática.
Es esta y no otra, la vía que conduce a las capas más conscientes del proletariado a oponerse políticamente a las instituciones de las clases dominantes en el mismo proceso de la lucha democrática general por la vigencia de sus libertades democráticas . La tarea revolucionaria es en todos los casos , oposición al orden social capitalista, en el plano teórico y por sus consecuencias en la existencia concreta en el plano de los principios teóricos del programa.

Las particulares circunstancias de nuestra historia, genocidio de la vanguardia obrera mediante y su proyección hacia la venta de ilusiones democráticas desde el alfonsinismo al presente, hacen que lo necesario sea revertir la tendencia al consignismo vacío y sin comprensión por la nueva vanguardia trabajadora y retorno a la difusión del programa como concentración política de la teoría y praxis marxista para nuestra realidad concreta.
La realidad que conforma lo existente hace y deja ver que en los hechos, se imponen luchas en defensa de posiciones. En ese contexto, la agitación para la lucha, sin fundamento teórico programático que la respalde no llega frente a los oprimidos y explotados sino simplemente como lo que es, un luchismo vacío solo remitente a la pretensión inmediata y carente de todo horizonte socialista. Esa situación es incapaz de llevar a los que plantean el conflicto, a desarrollarlo en modo tal que se constituya en el camino para romper trabas, y desbordaría los marcos políticos e institucionales establecidos en forma tal de pasar de la mera defensa de posiciones a acciones de construcción de poder obrero.
Muchos trabajadores confían en soluciones y líderes reformistas, o burocráticos, o nacionalistas, y esto incide en las perspectivas y la dinámica de las expresiones de lucha callejera en tanto no implican por sí mismo una movilización de una fuerza social proyecta en fuerza política. Ese resultando no se logra contando cuánta gente hay en las calles o denunciando las acciones represivas, requiere de una tarea de propaganda por la penetración del programa revolucionario que apunte desde la realidad y no desde la imaginación programada, a las estrategia emancipatoria y liberadora que le corresponde a los trabajadores.
Sostener la táctica exclusiva de la agitación de consignas de programa economicista inmediato y ofertarse para ser votados como vía para lograr su realización , lleva a la frustración.
La gestación dialéctica del programa revolucionario entendido no como una suma de consignas sueltas y de referencia a demandas inmediatas , es la teoría puesta en acto . La propaganda y la crítica teórica es en este estadio de lucha de clases más que necesaria y su ausencia es en gran parte la matriz de la posibilidad cierta del dominio cultural hegemónico de la burguesía pese a las crisis de reproducción que estructuralmente presenta el capitalismo

Nuevo Curso