Para aligerar este duro peso
De nuestros días
Y esta soledad que llevamos todos
Islas perdidas
Para descartar esta sensación
De perderlo todo
Para analizar por dónde seguir
Y elegir el modo…..( Víctor Heredia. Razón de Vivir)
El sentido de la vida es un tema o un interrogante que opera en nuestra existencia concreta, como lo hace en plano biológico un virus. Una vez dentro del organismo que sirve de “huésped”, el virus infecta sus células y se multiplica para sobrevivir. La pregunta de por qué vivimos o para qué estamos en este mundo, si nos la formulamos como una búsqueda, hace lo propio, en tanto tiene la aptitud de potenciar un cuadro deficitario de interrogantes consecuentes relativo a cada un de nuestros actos en la búsqueda afanosa de darle alguna racionalidad a todo cuanto acontece y nos tiene por protagonistas, observadores, víctimas o beneficiarios.
La diferencia está dada en que la pasividad ante la pregunta, no actúa mecánicamente como sí lo hace un cuerpo si no se defiende de la agresión virósica, y puede que la ausencia de interrogante resulte ser lo que una persona se plantea como reacción a ese no encontrar por donde ir, y para qué ir.
Por el contrario , frente a la pasividad del presunto libre discurrir de los acontecimientos , construir o al menos avanzar en el intento de una respuesta hace directamente a la salud mental de quien se aventura en su realización y al planteo de acciones que impliquen responsabilidad por lo decidido .
En general y sin vocación de erudición sobre el particular, puede decirse con un formato de opinión, que los abordajes y ensayos sobre la cuestión desde el plano filosófico, en tanto es ese espacio del conocimiento el que tiene a ese interrogante entre sus objetivos y especifica ese espacio del conocimiento humano , por ubicarlo entre las preguntas fundamentales del ser humano , lo hacen , precisamente tomando al sujeto de la pregunta exclusivamente en plano individual y en forma abstracta. Sería un problema del ser humano, pero en abstracto y no de quienes habitan en determinado espacio social y en un momento temporalmente histórico.
En nuestro caso, estamos buscando salir de esa ruta y buscar otras perspectivas, en tanto sostenemos que la angustia existencial subyace en la base del interrogante , en tanto quien se cuestiona los para qué y los porque de la vida concreta, lo hace porque no da a la situación como resuelta y esa falta o carencia opera como motivador ,contando con una referencia directa con todo aquello que produce cotidianamente el orden social capitalista, por lo que el problema no es abstracto sino concreto, y no yace en el sujeto en sí ,sino que remite a la conflictividad social de oposición de intereses antagónicos de clase que se desenvuelve en ese ordenamiento social vehículizado por el Estado y su institucionalidad.
Hay además por ese abordaje filosófico desde el individualismo idealista, el señalamiento desde ese marco teórico, de una imposibilidad de respuesta satisfactoria, que se emparenta con todo cuanto Kant progresa sobre Platón apuntando a lo que llama “noúmeno “.
En Kant, el noúmeno es la «cosa en sí», es decir, la realidad como es en sí misma, independientemente de cómo la percibimos y conocemos a través de la experiencia sensible. Es un concepto límite, ya que está más allá de la experiencia humana y, por lo tanto, es incognoscible e inabordable para el entendimiento humano, que sólo puede conocer los fenómenos por sus apariencias.
Desde esa construcción puramente idealista, la respuesta relativa al sentido de la vida funciona desde el mismo esquema conceptual. No hay una respuesta satisfactoria y desde los fenómenos las respuestas son múltiples según las implicancias concretas de ese fenómeno ,que es la existencia misma del sujeto dentro de las dimensiones del tiempo y espacio.
Vista la cuestión desde otra perspectiva, partiendo de las relaciones sociales que se entrecruzan entre los seres humanos en el proceso concreto de su sobrevivencia , la consecuencia lleva a la necesidad de salir de los planteos anteriores, advirtiendo sin embargo que ,por mucho que pretendiéramos alejarnos de esa imposibilidad que esta implicada en el señalamiento a priori, de poder lograr una respuesta significativa , no lo lograríamos si no advertimos que la contingencia y la variabilidad son lo único que permanece y adquiere el ser , por lo que necesariamente pueden existir tendencias yacentes al interior del fenómeno implicado en la respuesta por el sentido subjetivo de la existencia, que contiene la pregunta, que no han podido ser alcanzadas aún con las herramientas que hoy tiene el conocimiento .
Por todo esto, es preciso partir desde la base de una premisa verificada en los hechos que no es otra , que los primeros que se dotan de esa insuficiencia conceptual son los propios estudios académicos, cuando ensayan en el plano filosófico, confirmando la tesis de la Ideología Alemana en donde Marx dice, buscando dar claridad a su exposición que :
«Mientras que en la vida vulgar y corriente todo tendero sabe perfectamente distinguir entre lo que alguien dice ser y lo que realmente es, nuestra historiografía no ha logrado todavía penetrar en un conocimiento tan trivial como éste. Cree a cada época por su palabra, por lo que ella dice acerca de sí misma y lo que figura ser.»
En ese contexto , no develado sino ingentemente ocultado, los hoy abundantes cultores de la practicidad cotidiana, de lo absurdo de una pregunta sin respuesta o múltiples respuestas que se niegan entre sí, donde el futuro es hoy , se ubican intelectualmente orgánicos y funcionales a las específicas necesidades del capital en crisis de reproducción
En esa negación que se afirma en aquello de que el problema si no tiene respuesta no es problema , algunos ocurren al empleo del discurso sin referencia objetiva. Es así que citan una presunta situación que afirman vivió Bertrand Russell, cuando este tomó un taxímetro en Londres:
“Usted no es el famoso filósofo?». En efecto, la encanecida y noble cabeza que se recortaba en el espejo retrovisor correspondía a Bertrand Russell. La presencia de tan ilustre pasajero en el asiento trasero dio ocasión al taxista para plantearle una duda a la que rondaba durante sus carreras por las calles de Londres: «Dígame señor Russell, toda esta vida… ¿de qué va?». El Premio Nobel se escurrió con un par de vaguedades. Luego, el taxista fanfarronearía ante sus colegas: «He tenido al filósofo más importante del mundo en el taxi y no ha sabido responderme a una pregunta tan elemental».
Tal vez el taxista de la presunta anécdota no encuentre un fin o un propósito determinado para la existencia de los que como él sobreviven por obtener lo necesaria para continuar , pero preguntarse por ello en tanto clase social, no puede ser un absurdo.
Terry Eagleton aporta significativamente lo siguiente:
“……lo «absurdo» también es un significado. Gritar «¡Eso es absurdo!» evoca de inmediato la posibilidad de que exista algún modo coherente de darle sentido. Lo absurdo sólo tiene sentido en contraste con esa posible atribución de significado, del mismo modo que la duda únicamente cobra sentido cuando se superpone a un fondo de certidumbre. Cuando alguien proclama que la vida carece de sentido, siempre le podemos replicar: «¿Qué es eso que no tiene sentido?». Y la respuesta que nos dé a esa pregunta tendrá que expresarse en términos de significados. Las personas que se interrogan sobre el sentido de la vida suelen preguntarse a qué equivalen como conjunto todas las diversas situaciones aisladas de aquélla, y dado que el hecho mismo de identificar una situación conlleva un sentido, no pueden lamentarse de que no haya sentido alguno en sus vidas. Del mismo modo que dudar de todo es un gesto vacío, resulta difícil imaginar cómo podría ser absurda la vida de principio a fin”.
Sin dejar de tener presente este señalamiento, sino avanzando sobre el mismo, advertimos que en nuestro desenvolvimiento específico de la lucha de clases , la pregunta por el sentido de nuestros actos, exige despojar la respuesta de toda exaltación de lo contingente, sino poner en evidencia un hilo conductor de necesaria prevalencia en nuestros haceres, que no deviene de un libre albedrio existente en forma autónoma , sino de nuestra condición de clases, porque no ha sido desmentido por el paso del tiempo que tal como lo indicara Marx, en la producción social de su existencia, los hombres contraen relaciones de producción que son necesarias e independientes de su voluntad y que corresponden a un estado específico de las fuerzas productivas materiales. Estas relaciones, que configuran la base económica de la sociedad, determinan el ser social y, en consecuencia, la conciencia de las personas, formando el modo de producción que condiciona la vida social, política y espiritual de cada época. K. Marx, Contribución a la crítica de la economía política.
Avanza en ese criterio y es en definitiva lo que queremos rescatar frente a los desafíos que acosan a la clase trabajadora en sus acciones defensivas y sus tareas de propaganda propias de la situación concreta de la lucha de clases , la posición que desarrolla y corporiza Ernesto Guevara , que se nos presenta hoy , más pertinente que nunca. En el texto enviado al diario Marcha de Uruguay, dice el “Che”, lo siguiente:
…”Lo difícil de entender para quien no viva la experiencia de la Revolución es esa estrecha unidad dialéctica existente entre el individuo y la masa, donde ambos se interrelacionan y, a su vez la masa, como conjunto de individuos, se interrelaciona con los dirigentes. En el capitalismo se pueden ver algunos fenómenos de este tipo cuando aparecen políticos capaces de lograr la movilización popular, pero si no se trata de un auténtico movimiento social, en cuyo caso no es plenamente lícito hablar de capitalismo, el movimiento vivirá lo que la vida de quien lo impulse o hasta el fin de las ilusiones populares, impuesto por el rigor de la sociedad capitalista. En ésta, el hombre está dirigido por un frío ordenamiento que, habitualmente, escapa al dominio de su comprensión. El ejemplar humano, enajenado, tiene un invisible cordón umbilical que le liga a la sociedad en su conjunto: la ley del valor. Ella actúa en todos los aspectos de su vida, va modelando su camino y su destino. Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes y ciegas, actúan sobre el individuo sin que éste se percate. Solo ve la amplitud de un horizonte que aparece infinito. Así lo presenta la vida capitalista que pretende extraer del caso Rockefeller —verídico o no— , una lección sobre las posibilidades de éxito. La miseria que es necesario acumular para que surja un ejemplo así y la suma de ruindades que conlleva una fortuna de esa magnitud no aparecen en el cuadro y no siempre es posible a las fuerzas populares aclarar estos conceptos. (Cabría aquí la disquisición sobre cómo en los países imperialistas los obreros van perdiendo su espíritu internacional de clase al influjo de una cierta complicidad en la explotación de los países dependientes y cómo este hecho, al mismo tiempo, lima el espíritu de lucha de las masas en el propio país, pero ese es un tema que sale de la intención de estas notas). De todos modos, se muestra el camino con escollos que, aparentemente, un individuo con las cualidades necesarias puede superar para llegar a la meta. El premio se avizora en la lejanía; el camino es solitario. Además, es una carrera de lobos: solamente se puede llegar sobre el fracaso de otros. …”
Lo que se impone entonces, siguiendo esta descripción es una construcción colectiva de un nuevo sujeto en un nuevo orden social diseñado para lograr la emacipación del ser humano de toda relación de expotación u opresión . Es esto a lo que se llama revolución. Es esa tarea la que da destino certero al sentido finalista de la existencia en tanto se concibe como herramienta para lograr el escenario posible, para que el sujeto libre, pueda si, abordar la determinación voluntaria de su existir a partir de lograr una unidad compleja como individuo y miembro de la comunidad que integra en un solo momento temporal y espacial.
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