Nuevo Curso

ILUSIÓN DE MOVIMIENTO.

El inicio del año, se configura en un escenario social y político, qué si se tiene presente los actores del conflicto social no parece evocar a aquellos de la Semana Trágica en tanto lo que se desenvuelve en los hechos es una situación donde la crisis política en Argentina marcha a la misma velocidad que la inflación, es decir, de modo contenido y reprimido tanto en plano simbólico como real.
Decimos esto, a partir de advertir que Milei ha logrado imponer su dominación si bien esta no lo coloca en un lugar culturalmente hegemónico, ya que para así serlo habría que recordar que hegemonía es la supremacía o dominio que la gestión de gobierno debería darse sobre otros que la aceptan, no solo por la fuerza, sino también a través del consenso ideológico
La gestión Milei no ha logrado, imponer su visión del mundo como la norma aceptada, pero sin embargo su agenda es la que define el campo de juego y sus reglas, bien que de manera tal que no le sobra nada. No ocurre lo propio con el poder burgués de conjunto que advierte que el escenario del 2001 no tiene segunda vuelta en la historia de la lucha de clases en nuestro país.

Todo esto implica en el terreno de los hechos la propia reformulación del Estado como institucionalidad del poder burgués que alcanza a seguir funcionando en interés de la clase que lo gestó prese a la objetividad de la crisis de reproducción del capital donde nos encontramos.
Para que nos podamos hacer entender, es necesario decir que estamos frente a un orden social en crisis de reproducción, factor este, que por su objetividad se nos torna manifiesto en nuestra existencia por la particular forma que presenta el capitalismo en Argentina, tanto para sectores medios, la clase trabajadora formal, y los que están por fuera de esa forma legal como desempleados estructurales.
En esa arquitectura política de dominación hubo tiempos en que supimos de ideologías tales como la “década ganada”, brotes verdes, luz al final del túnel, volvimos mejores “y otras. Todo un formato político de mediación entre el capital, la fuerza de trabajo y los sujetos sociales que las corporizan.
Ese entramado, aprovechó de la transición democrática que se planteó como el paso de una dictadura genocida a un régimen republicano con democracia formal.
En este sentido, si lo que se quiere buscar es conocimiento de lo real existente y no aproximación por apariencias, hay que decir de manera obligatoria, que ese formato ha tocado a su fin , no por una intervención social que así lo declarase, sino por las propias necesidades de reproducción del capital en contexto de crisis que hace que la clase dominante se vea obligada a buscar otros formatos, para mantener precisamente su dominación cultural sobre explotados y oprimidos y garantizar la apropiación del valor creado por la fuerza humana de trabajo en nuestra estructura económico productiva.
La gestión de gobierno implica barbarie, desempleo, pobreza, y represión física-simbólica desde el aparato estatal y de toda la clase dominante en los espacios de la sociedad civil donde emergen estos escenarios inhumanos, descargada sobre trabajadores formales o no, jóvenes o personas maduras, la llamada población económicamente sobrante y en particular sobre los sectores medios
Estas manifestaciones sustantivas de la explotación y la opresión se gestan suprimiendo toda mediación política anterior y los esquemas ideológicos de las pasadas décadas, todos ellos centrados en la democracia fetichizada y exhibida como “gallina que pone huevos de oro” que, tal, no puede por tal ser tocada.
Todo eso ha quedado como tendencia residual frente al rostro sombrío de la realidad concreta que significa un mundo burgués que no permite educar, tener salud, comer, ni tener vivienda, siendo que todos estos extremos se constituyen objetivamente en factores esenciales de la existencia humana.

La burguesía de conjunto avanza culturalmente a la instalación ideológica, con falsa conciencia, de las características de dominación necesarias a este tiempo crítico para sus intereses, todas ellas sostenidas con ausencia de mediación de la política tradicional y profesionalizada de partidos.
En eso se centra la invocación de la “casta” y no en lo que como “incumplimiento” hoy se le reprocha al gobierno desde algunos sectores de la izquierda republicana y el peronismo.
Hoy mismo, la discusión y los avatares del proyecto de ley de presupuesto, finalmente conformado con esa estructura normativa, dejó ver que los reproches y planteos críticos emanados de la izquierda parlamentaria, operaban en desconocimiento de lo real, en tanto se pretendían prestaciones que la gestión actual del poder burgués no contempla por ser ajena y entorpecedora de su interés centrado en la reproducción de la relación social capital.
La burguesía por uno de sus productos, que no otra cosa es Javier Milei y la Libertad Avanza- una suerte de Jacobinos de la revolución inversa- señala el “desvío “ y lo focaliza en la “política profesional y sus satélites, alegando en esta absoluta incomprensión de las contingencias que depara la realidad de la atrasada estructura productiva del país.
Lo central es advertir, según lo venimos destacando, que el recorte objetivo en la mediación de la política con base en el discurso que hacía un fetiche de la democracia como forma de gobierno en un pretendido régimen republicano tiene signos marcados de agotamiento , lo cual abre una instancia confrontativa de clases a tenor de la cual, la gestión de los próximos años desde el aparato estatal puede naufragar o consolidarse, según los datos de esa contienda que adquiere un salto en su permanencia como elemento fundamental del orden capitalista.
Las cuestiones relacionadas estrictamente con el poder y la relación política sustantiva del mando y la obediencia se descascan con en el único afán de la sobrevivencia, al desenvolverse en un terreno, mucho más acotado y más directo. Una suerte de espacio “sin anestesia” que la clase dominante le propone con ejercicio de violencia a los explotados y oprimidos.
Lo que presenciamos es la tendencia gravitante y significativa de la burguesía y su gestor político del pasaje de la democracia burguesa al bonapartismo, básicamente entendido como un régimen que coloca más en el centro de la escena la institucionalidad violenta del Estado (burocracia, fuerzas armadas, policía, gobierno por decreto, Estado de sitio, etcétera), por sobre las ideologizadas premisas de la república democrática formal y representativa , donde el pueblo no delibera ni gobierna sino por sus representantes electos.
Aquí y ahora, lo que directamente se busca es que explotados y oprimidos acepten la sumisión servil, frente a la imposición que su dominador les establece, reformulando los términos de esa relación , con un contenido que significa, y por donde se le mire, más explotación y opresión.
Ante esto, el desafío no es ver de que manera se salva el hormiguero propio o se impide la abolición de un derecho declarado y no concreto con mecanismos de defensa coyunturales y probadamente ineficientes, sino enfrentar esta nueva expresión material de la relación de servidumbre que nos impone el capital, atacando al capital mismo como orden social , para lo cual el embate solo puede ser visto como acción política contra el poder burgués y su Estado.
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