Es una tendencia histórica dentro de los modos de hacer actividad política en Argentina, en particular en las organizaciones que han conseguido alcanzar legalidad electoral y encuentran su hábitat dentro de las formas jurídicas constitucionales del Estado de la burguesía, la descripta como «política de aparato»
Con ella, de manera inequívoca se trata de dar cuenta y describir el fenómeno de una estructura organizada, burocrática y clientelista de un partido que utiliza recursos del Estado o influencias para mantener el control, asegurar votos y gestionar el poder, muchas veces operando con lógicas internas de administración y control. Esta maquinaria solo busca la permanencia en la porción de poder obtenida y el reparto de cargos.
Parte de los trastornos, obstáculos y problemas de acción política genuina, autónoma y de clase de los trabajadores, son emergentes de es este tipo de posicionamientos burocráticos frente a la realidad, independientemente de que este venga revestido por símbolos o fraseología que se dice transformadora.
Esto se combina con “El camuflaje”, que no es una cosa que hacer política de aparato, en tanto es un concepto que denota una táctica de ocultación, diseñada para engañar la percepción al mimetizar un organismo u objeto con su entorno, enmascarando su forma, color o movimiento. Implica apariencias engañosas que distorsionan una realidad.
Este concepto, tiene referencia directa en nuestra cultura popular, para lo que solo basta escuchar el ya clásico tango «Camouflage» y advertir como la palabra en sí , da cuenta de una metáfora de las «apariencias engañosas» y las «artimañas de los tahúres de la vida», aludiendo a la falsedad y las máscaras sociales.
En el campo es bien conocida la estrategia del tero, su agudo trino desvía la atención de quien transita cerca de su nido y sus pichones motivando al caminante a dirigirse hacia un destino distinto.
En Argentina se desarrollan debates en relación a las estrategias para la toma del poder y las tácticas para lograr la unidad política de la clase trabajadora.
En todo el mundo se lleva a cabo la lucha imperialista por la hegemonía sobre las espaldas de la clase obrera y las amplias masas. Se agudiza el peligro de guerra y de una tercera guerra mundial. Esto está unido con la agudización de la explotación y opresión.
Si se busca un factor común en todo esto , es posible generalizar lo discutido en derredor de una propuesta que deja planteado que se necesita urgentemente una fuerza que, de manera organizada y con creciente unificación, se enfrente a este sistema imperialista mundial: ¡un frente único antiimperialista contra el saqueo, la destrucción de las bases naturales de la vida de la humanidad, las imposiciones neoliberales, el terrorismo de Estado, el racismo, la fascistización, contra la intervención militar extranjera y las guerras de agresión, por la liberación nacional y social, por la democracia y la libertad- una sociedad sin la explotación del ser humano y la naturaleza!.
En particular y por su mayor visibilidad, destacamos que, dentro de esta situación, desde hace algunos meses el PTS ha hecho pública una iniciativa: la propuesta de construir una herramienta política para la clase trabajadora y el conjunto de los explotados. Esa propuesta es armar un Partido de Trabajadores (PT) como forma de aglutinar a todos aquellos sectores desencantados con la casta y los políticos tradicionales, o que sienten rechazo por las condiciones de vida a las que nos someten las «propuestas» de la burguesía. Es decir, una suerte de frente único entre organizaciones políticas de izquierda con sectores del sindicalismo que quieran enfrentar el ataque de la ultraderecha y las patronales. Con esta orientación, plantean darles una alternativa a sectores de la base peronista que, desencantados de sus dirigencias, verían en el PT la posibilidad de luchar por una cantidad de demandas en común.
El programa político es el aspecto fundamental de una organización. Ahí se delimitan cuestiones –muy importantes pero subordinadas a éste- como las formas organizativas, las tácticas a emplearse en cada coyuntura, etc. Tener presente este extremo es primordial al momento de abrir la discusión sobre el contenido que debe tener un Frente político de los explotados.
Nuevo Curso, ya lo hemos dicho muchas veces, pero por mucho no deja de ser necesario, no implica una actividad de convencimiento o reclutamiento, no es un agrupamiento que tenga objetivos proselitistas tradicionales, es decir, no es ni se propone disponer de empeño o afán para lograr seguidores para una causa por ser simplemente y trabajosamente, un núcleo de propaganda dirigida a la nueva vanguardia de trabajadores.
Ese elemento finalista y a la vez estructural, nos inhibe de intervenir en discusión alguna relativa a la situación concreta en la que por sus propias contradicciones y frustraciones, se involucran la multiplicidad de grupos políticos que pululan gravitando al FITU, y a las organizaciones con forma partido en él contenidas.
Sin embargo, de lo que no estamos inhibidos, y en sentido inverso, nos vemos obligados, es a dar elementos para esa discusión, en la medida que existe y toma realidad, con el solo objetivo de que esta implique en si una acción política y no una maniobra preservativa de aparatos sumergidos en una deriva ideológica que los lleva a aferrarse a la presunta tabla salvadora del parlamentarismo en su versión altamente cretinista , como la que asume en nuestro país.
En Argentina se desarrollan debates en relación a las estrategias para la toma del poder y las tácticas para lograr la unidad política de la clase trabajadora.
En todo el mundo se lleva a cabo la lucha imperialista por la hegemonía sobre las espaldas de la clase obrera y las amplias masas. Se agudiza el peligro de guerra y de una tercera guerra mundial. Esto está unido con la agudización de la explotación y opresión.
Si se busca un factor común en todo esto , es posible generalizar lo discutido en derredor de una propuesta que deja planteado que se necesita urgentemente una fuerza que, de manera organizada y con creciente unificación, se enfrente a este sistema imperialista mundial: ¡un frente único antiimperialista contra el saqueo, la destrucción de las bases naturales de la vida de la humanidad, las imposiciones neoliberales, el terrorismo de Estado, el racismo, la fascistización, contra la intervención militar extranjera y las guerras de agresión, por la liberación nacional y social, por la democracia y la libertad- una sociedad sin la explotación del ser humano y la naturaleza!.
En particular y por su mayor visibilidad, destacamos que dentro de esta situación, desde hace algunos meses el PTS ha hecho pública una iniciativa: la propuesta de construir una herramienta política para la clase trabajadora y el conjunto de los explotados. Esa propuesta es armar un Partido de Trabajadores (PT) como forma de aglutinar a todos aquellos sectores desencantados con la casta y los políticos tradicionales, o que sienten rechazo por las condiciones de vida a las que nos someten las «propuestas» de la burguesía. Es decir, una suerte de frente único entre organizaciones políticas de izquierda con sectores del sindicalismo que quieran enfrentar el ataque de la ultraderecha y las patronales. Con esta orientación, plantean darles una alternativa a sectores de la base peronista que, desencantados de sus dirigencias, verían en el PT la posibilidad de luchar por una cantidad de demandas en común.
Desde esa perspectiva, juzgamos necesario dejar sentadas algunas premisas conceptuales, que tienen directa injerencia en todo aquello que parece discutirse en estos momentos de la lucha de clases. En primer lugar, afirmamos que no debe perderse de vista que el Programa es el documento de mayor importancia en una organización política porque define la naturaleza de clase y la actividad de esa organización en relación a su finalidad estratégica.
En Argentina el objetivo estratégico de la clase obrera es poner en pie la dictadura del proletariado y esa finalidad tiene el camino trazado por la vía insurrección. La formulación clara y directa de un objetivo estratégico sintetizando en una fórmula de gobierno precisa y que no deje margen a confusiones es el imperativo del actual momento de lucha de clases.
Este propósito no es declarado ni mucho menos puesto en práctica por ninguna organización política que reivindique su voluntad de constituirse en dirección de la vanguardia trabajadora y por ella en la masa trabajadora constituida en clase.
Esa definición teórica y práctica, está por delante de las ambigüedades, de los eufemismos, de los lugares comunes y de los vacíos deliberados de todo cuanto se expresa cuando se aborda la necesidad táctica de una acción frentista. Vale decir, es prioritario tener en claro, que dice y que hace la organización con las que se plantea una acción conjunta, en tanto hay que delimitar para qué quiere y se manifiesta por una acción conjunta la o las otras organizaciones, teniendo presente, además, la delimitación primaria relativa a que sujeto social se dirige o congrega ese otro agrupamiento.
El empleo de expresiones y acciones dudosas lleva necesariamente a que se desencadenen las ambigüedades que, por tales, dejan abiertas las posibilidades ciertas de que la organización frentista que se pretende construir deje traducir, por contrabando de apariencias, símbolos y retórica inflamable, ideas de la burguesía, contrarias a los objetivos históricos del proletariado.
Sin embargo, ningún objetivo estratégico e histórico se conforma en una simple declaración dogmática, sino que en todos los casos su afirmación debe emerger del análisis y comprensión de la naturaleza de la crisis mundial del capitalismo, de las condiciones y tendencias de la economía y de la política mundial, viendo sus distintas relaciones y contradicciones como un todo integral.
Lo antagónico a esto, es el uso recurrente de un recuento de descripciones aisladas unas de otras de algunas de las manifestaciones de la crisis capitalista, sin encontrar nunca el nexo entre ellas, mostrándonos el cuadro oscuro de la situación mundial en base a ejemplos y asumiendo una postura catastrofista.
Esto es significativo y debe advertirse, porque sin una evaluación adecuada de la naturaleza de la crisis capitalista los trabajadores no tienen oportunidad de salir con éxito de ella, no tienen las armas ideológicas para vencer por lo que el eventual frente a conformarse es, con alta probabilidad, un frente para la derrota.
La condición estructural de la crisis capitalista es un elemento central del fenómeno político que un frente debe abordar desde su programa. No puede ser dejada de lado por cualquier otro eje de construcción de una alternativa revolucionaria a la actual situación de explotación y opresión en la que se encuentra la clase trabajadora.
Los enormes recursos que la economía mundial moviliza que depredan el medio ambiente, que incentivan la industria militarista y también recursos parasitarios como el capital ficticio en bancos, aplicaciones, aseguradoras, bolsas, etc., son manifestaciones de la sobreproducción y grandes masas de capital que circulan en tanto capital financiero especulativo. El régimen de la propiedad privada de los medios de producción impide el crecimiento continuo de esta acumulación y fuerza a la burguesía a las practicas imperialistas que alientan conflictos bélicos y una fuerte tendencia hacia una nueva conflagración mundial.
Hay que decir claramente a los trabajadores que la acumulación de riquezas en manos de la burguesía imperialista significa una alta concentración del capital financiero, industrial y comercial y son los obstáculos actuales para el crecimiento de las fuerzas productivas, encarnadas por la fuerza de trabajo y por los medios de producción extraordinariamente desarrollados.
Desde esta perspectiva, la revolución social y el camino de la insurgencia hacia la construcción del poder obrero, se explica y se impone, por la necesidad de superar por esa vía, “el desequilibrio de la realidad material existente” a través de modificar el régimen de propiedad privada de las empresas “monopólicas y oligopólicas” actualmente dominantes de la estructura de relaciones productivas que tienen desarrollo en nuestro país.
La demarcación de las posiciones políticas asumidas por la burguesía a nivel mundial, que ha iniciado un ataque brutal contra las conquistas sociales y económicas de la clase trabajadora, empezando por los países más desarrollados. Las políticas de ofensiva directa sobre la clase trabajadora como se evidencia con los proyectos de ley que el gobierno ha enviado a extraordinarias, son gestadas tanto por “neoliberales” como por los que por décadas se autodefinieron como progresistas, “antineoliberales”.
Esas políticas que buscan soporte en la forma jurídica para anudar consenso por imperativo legal están siendo aplicadas en dosis cada vez más elevadas aumentando las situaciones de barbarie capitalista que por sí mismas, destruyen la calidad de vida de los trabajadores y la sitúa en el plano de la lucha por la sobrevivencia.
Por otra parte, la arquitectura que diseñan los explotadores es utilizada por los capitalistas para encontrar salida a la caída de la ganancia, a la desvalorización de los capitales y las quiebras de sus empresas.
La conclusión necesaria que inclusive indica el imperativo de acciones políticas frentistas desde la propia magnitud de la ofensiva-defensiva de la burguesía, se sostiene en la constatación de elementos objetivos facilitadores de un mayor antagonismo entre la burguesía y la clase obrera. Por ello, la clase trabajadora, por vía de su vanguardia debe introyectar que es, la única clase revolucionaria y se torna ineludible que se ponga –con su programa- a la cabeza de los movimientos populares que están oponiendo una valerosa resistencia a los planes de “recortes y ajustes” sociales y económicos de la burguesía.
La consecuencia natural de un análisis desprovisto de contenido político revolucionario y altamente descriptivo, como el que estamos acostumbrados a ver, cada vez que no se trate de un año electoral por parte de la autodefinida izquierda del régimen, es la ausencia de la demarcación estratégica que requieren los trabajadores en cuanto tales.
En la actualidad y en el presente estadio de la lucha de clases, los trabajadores están presente como fuerza social, pero no tiene expresión como fuerza política que habilite el pase a una etapa de ofensiva estratégica del proletariado y las masas contra el poder burgués y su forma jurídica constituida en el Estado nacional.
La definición preliminar de toda acción política conjunta, de táctica frentista y revolucionaria, está centrada en la afirmación de que la clase trabajadora es, quien debe liderar los procesos políticos de resistencia de las masas contra la debacle capitalista, extremo que implica la necesidad del partido político revolucionario de los trabajadores como órgano de desarrollo y actualización permanente del programa socialista.
El choque entre las fuerzas productivas extremamente desarrolladas y las relaciones capitalistas de producción, así como entre aquellas y las fronteras nacionales, y la incapacidad de la burguesía en resolver esa contradicción, salvo a partir de dar curso a la barbarie social, colocan la necesidad histórica del comunismo. Se trata de expropiar la burguesía por medio de la revolución proletaria y transformar la propiedad privada de los medios de producción en propiedad colectiva, socialista. Sólo con la destrucción del poder burgués, se comenzará a compatibilizar el modo de producción, de apropiación y de distribución con la producción social.
Nuevo Curso
