El 24 de marzo se presenta a sectores activos de la intelectualidad bien pensante como un dato calendario que habilita como disparador hacerse la pregunta varias veces asumida de ¿Por qué Perdimos?
Esto que parece ser un imperativo categórico en realidad no es otra cosa que una pregunta retórica, propia de quién en su afán de buen pensamiento y huída de todo dogmatismo abre su formulación . Estamos así frente al uso de una figura literaria que consiste en plantear una pregunta cuya respuesta no se espera, ya que está implícita en el contexto, en este caso, “la derrota”.
¿Por qué perdimos? Se utiliza entonces, para enfatizar una idea, sugerir una afirmación o invitar a la reflexión. Este erotema, se renueva casi rutinariamente cada 24 de marzo y quienes así lo hacen no tienen otro propósito de dar por cierta la derrota . Tan es así que, en su último libro Eduardo Sartelli, uno de los precursores del interrogante desde el nro. 2 de la otrora revista Razón y Revolución , dice ahora en Argentina 2050 que : “El mundo no se prepara, al menos por ahora, para la revolución socialista mundial”. Esta claro que este libro hace las veces de diario del lunes respecto de la “inquietud” puesta en marcha en aquella ya añeja revista de la por entonces organización cultural. Hoy cuando la burguesía en ofensiva dentro de un marco crítico de la reproducción del capital muestra los dientes, es fácil decir lo que se dice, ya que cuando se lo planteo como pregunta aún los intelectuales que lo publicaron y suscribieron posaban de luchadores revolucionarios y buscaban con una pregunta retórica convencer al resto de los que luchan que había que reconocer la derrota de un período histórico de la lucha de clases, que daban por agotado .
Es por eso que ahora lo que corresponde es pensar con fecha, y usar arbitrariamente el 2050, ya que está tan lejos y tan cerca a la vez y habilita a legitimar a Sartelli y Vía Socialista a sostener la existencia metafísica de un socialismo desarrollista, construido sobre la implementación desde el poder al que se accede electoralmente de un supuesto programa “posible” a partir de dar por cancelada cualquier perspectiva revolucionaria.
Sartelli y sus aplaudidores contumaces, rechazan una preparación y orientación de la acción política dirigida a las masas trabajadoras diciendo claramente con un sugestivo “nosotros” que la pregunta hecha en su momento tiene respuesta. Efectivamente dice Sartelli, esto nos pasa “porque perdimos” sin dejar en claro cual fue su aporte para considerarse dentro del equipo derrotado, siguiendo su lógica futbolera. Dicho de otra manera, de qué jugó Sartelli en esa derrota, cual era su lugar por entonces y a futuro en esa cancha plagada de sangre derramada y genocidas en acción.
Denunciamos el uso de este recurso de preguntar, induciendo una respuesta asertiva hacia quienes se dirige el interrogante. Usualmente se emplea en discursos y textos argumentativos para persuadir al interlocutor o destacar un punto de vista. Aunque simula un diálogo o consulta, la pregunta retórica asume que el receptor comparte o tras su formulación debe compartir la misma perspectiva.
En ese sentido, esa tarea específica, concentrada en la pregunta que se posiciona en una afirmación: hubo una derrota , deja planteada cuestiones abiertas que los impulsores de la pregunta eluden , en la medida en que quienes se hacen la pregunta y la responden se asumen desde el inicio como derrotados en continuidad histórica, tan derrotados que en su última elaboración teórica ya dan por cierta la imposibilidad del camino revolucionario.
Frete a esto es posible advertir que, si es cierto que hubo derrota, falta explicar , cual ha sido su magnitud, quienes fueron los derrotados y que consecuencias trajo esa derrota para quienes la impusieron y si han sido estos los realmente “ganadores”.
En ese contexto y desde el propio inicio en el tiempo del planteo intelectual de toda esa problemática, un común denominadore y una imagen dominante se aproxima a la idea de guerra civil en Argentina desde la cual inferir un resultado que hace acrítico afirmar la derrota.
Incluso la reformulación contemporánea del interrogante con respuesta incluida en la misma pregunta, vuelve a más de cincuenta años cuando nos toca atravesar y dar cuenta del “feriado” del 24 de marzo, máxime cuando su presencia se usa como una nueva posibilidad de resignificar los hechos con el diario del lunes y desde el anacronismo de interpretarlos desde las actuales variables específicas del presente estadio de la lucha de clases.
En realidad, si se mira bien, no es posible traducir la lucha de clases al esquema del juego de ajedrez, decretando un ganador y un perdedor, simplemente porque nunca existe ese esquema, sino y por el contrario una dialéctica de confrontación antagónica que toma forma de dialéctica del amo y el esclavo aceptando estadios transitorios en su conformación.
Las prácticas genocidas no han cesado en Argentina, lo que han variado son sus formas, pero los grupos sociales afectados siguen resistiendo con las armas que le resulta posible según los momentos y la relación de fuerza. Esto significa no otra cosa, que no pueda hablarse de derrotados, en particular cuando los que con mayor amplitud y con forma de dictadura militar abierta, fueron desplazados de su posición dominante en el plano del ejercicio del poder formal del Estado , juzgados y condenados, por los propios tribunales del orden burgués en aras de consolidar otra forma de dictadura de clase que es la república democrática indirecta.
Dicho de otra forma, el partido militar y los grupos económicos monopólicos que utilizaron esa expresión de las agencias represivas del Estado para hacerse del dominio político determinante de los lineamientos del mercado no consolidaron esa posición y debieron reformularse hacia los aparatos ideológicos que los organismos internacionales pergeñaron desde las estructuras jurídicas de derechos humanos, todos ellos incorporados en la reforma constitucional derivada del pacto Menem-Alfonsin.
El problema no pasa entonces por afirmar una derrota, sino por señalar un cambio de escenario que a los reformistas socialdemócratas solo se les ocurre bajo el paraguas de la democracia, a la que llaman a defender so pretexto de garantizar con forma jurídica libertades democráticas, que hoy caen sobre sí misma de la mano de los propios operadores , hasta ayer paladines de la democracia.
La sola presencia de una derrota lleva consigo la aceptación del vencido de las condiciones impuestas por el presunto vencedor. Pero ese momento contiene en sí mismo la tendencia inversa propia del “vencedores vencidos” , Los que enarbolan la derrota desmienten esa peculiaridad del fenómeno e instan a pensar en la derrota con una objetividad que no exhibe la realidad pero que adquiere fijeza en el pensamiento constructivo del discurso de sentido común.
Si hay un feriado y esa condición se da para el 24 de marzo, es porque el poder burgués necesita de la retención del espacio simbólico del genocidio para contener con esa amenaza encubierta a las acciones de programa mínimo en donde se ubica el descenso en la intensidad de la lucha de clases y los requiebres que las modificaciones tecnológicas imponen a la estructura productiva reformulando los matices constitutivos de la fuerza social contenida en la clase trabajadora.
La tarea del momento no es la pregunta por una derrota ideologizada, sino la propaganda y la agitación sobre la masa trabajadora para su configuración en fuerza política venciendo todos los obstáculos que se le han presentado en su estrategia emancipatoria.
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