El abolicionismo de la cultura represiva , viene de la mano con una nueva sociedad y la superación del orden social capitalista y en ningún caso resulta factible , posible y realizable dentro de una sociedad de clases , productora de explotados y oprimidos.
La Izquierda Diario, destila “a diario”, las consecuencias que debe asumir una organización empresaria con forma de partido político , en la gestión de un mercado de ideas , que resultan todas ellas, desarrolladas con el único objeto de sostener su financiación como dispositivo organizado y proyectar su posicionamiento dominante dentro de un sector social minoritario, dentro del orden social capitalista.
Este martes 5 de mayo, en ese sitio que públicamente se exhibe como referencia periodística del PTS, se dice que “La comunidad cannabica volvió a demostrar el sábado que la organización desde abajo es la única respuesta frente a la desidia estatal y la persecución. Bajo la consigna «Despenalización, Basta de personas presas por marihuana, la Mundial de la Marihuana (MMM) se convirtió en una jornada histórica de lucha federal, con movilizaciones en más de 22 provincias.
En ese plano, cabría advertir que la referencia al término “comunidad” dentro del contexto de un orden social de clases , como lo es el capitalismo luce impertinente, ya que nada puede ser comunitario dentro de una existencia de sobrevivencia generado por relaciones de producción que permiten la apropiación del valor generado por la utilización de fuerza de trabajo. Hablar de una comunidad cannábica es ocultar la condición material objetiva del cannabis, que para ser consumido necesita de un proceso de producción-distribución de esa mercancía.
Por lo demás, las propias manifestaciones a las que se alude con sentido reivindicativo no hacen otra cosa que marcar una diversidad en movimiento, toda vez que en ese desarrollo activo intervienen trabajadores aunados con burgueses y fundamentalmente pequeña burguesía.
En su obra Crítica de la filosofía del derecho de Hegel (especialmente en la «Introducción» escrita entre 1843-1844), Marx identifica a la clase trabajadora como el sujeto histórico y la fuerza material necesaria para llevar a cabo la transformación revolucionaria del orden social, objetivo estratégico en cuyo contexto tienen lugar las resoluciones comunitarias de las divergencias nacidas en el orden capitalista al que convoca para su abolición como tal.
En ese sentido, Marx argumenta que los trabajadores constituidos como clase social no son simplemente un elemento más en la sociedad civil, sino que posee un carácter revolucionario único por ser quienes sufren y se conforman en una relación productiva de explotación y, por lo tanto, tiene un carácter universal en razón de la expansión constitutiva del orden social de ese tipo específico de vínculo.
La clase trabajadora, puede emancipar a toda la sociedad al emanciparse a sí mismo de las objetividades que diseña una relación productiva desde donde emerge el capital.
«El arma de la crítica no puede reemplazar a la crítica de las armas», lo que significa que la filosofía necesita una fuerza material —la clase trabajadora— para realizar la transformación. Ningún agrupamiento que oculte esa confluencia de clases bajo la forma y la idea de “comunidad”, dentro del orden social de la burguesía , demandando formas jurídicas que se hagan eco de sus intereses , puede reivindicarse como tal y en particular porque implica en si mismo el desconocimiento de la dirección de las acciones de lucha por parte de la vanguardia consciente de sus objetivos , expresados en un programa socialista que se verifica y se cuestiona en y desde la realidad misma, conforme al desarrollo objetivo de la lucha de clases.
La emancipación humana radical no vendrá de la filosofía sola, de la idea segmentada de la despenalización de una mercancía sino de los trabajadores en tanto clase social desprotegida y en tendencia creciente a la pauperización aboliendo al Estado de la burguesía en todas sus expresiones normativas .
Si se apela a la despenalización de todo cuanto tiene que ver con la producción y circulación de una mercancía como lo es el cannabis, no se está partiendo de una programa mínimo , ni de lo que podría extenderse a un planteo gremial sectorizado, sino que se lo hace desde la afirmación de las propias matrices del orden capitalismo, agigantando los significantes del fetiche que se produce respecto de una mercancía en particular y la enajenación individual del sujeto en ese producto, desde donde se producen manifestaciones culturales específicas que lejos de emancipar atan la existencia misma a la presencia del objeto fetichizado.
La frase «llamar a las cosas por su nombre, decir la verdad a las masas» sintetiza uno de los pilares fundamentales del pensamiento de León Trotsky, particularmente en su lucha contra la burocratización de la Unión Soviética y en la fundación de la Cuarta Internacional.
Lo que transmite esta afirmación, esta postura militante frente a los actos cotidianos de la lucha revolucionaria, dada dentro del contexto histórico específico de la lucha de clases, es que traduce en sí misma, el rechazo absoluto a toda acción política basada en la representación falsa de lo verdeadero, buscando por esa vía que lo intencionalmente construido y declarado como real no sea otra cosa que la mentira, la adulación o la ocultación de la realidad.
En contraposición de ese andamiaje del común hacer de políticos reformistas y liberales , la acción revolucionaria se basa en «Decir lo que es» .La verdad objetiva es inherentemente revolucionaria; ocultarla es ubicarse por fuera de los intereses objetivos de la clase obrera.
Llamar a las cosas por su nombre es necesario para lo que implica el contenido concreto de la acción militante que no puede reproducir la versión fetichesca de una mercancía en plano discursivo.
Los planteos programáticos, las reivindicaciones políticas, tal como la proyectaba Trotsky en los documentos fundacionales de la Cuarta Internacional, se formulan bajo la norma práctica subyacente de «llamar a las cosas por su nombre, decir la verdad a las masas por amarga que ella sea, y denunciar las operaciones ideológicas de los oportunistas dentro del movimiento socialista .La honestidad política y el análisis honesto de la realidad, sin importar cuán difícil sea, son requisitos previos para la victoria revolucionaria y la toma de conciencia del proletariado.
La lucha de los trabajadores , con objetivo estratégico en la construcción del poder obrero y la proyección social del programa socialista, debe en primer orden de ideas y actividades inherentes al paradigma delito-castigo punitivo , identificar que no se trata de la esencialidad de un delito previsto en abstracto en una norma penal prohibitiva que se presume conocida como lo propagandiza la ideología dominante, y si de una política penal de dominación y opresión .
Este señalamiento implica de modo necesario y superador, la idea de un sujeto capaz de llevar adelante esa política penal, sujeto que no es solo una sobreposición sobre la sociedad del Estado de la burguesía, sino el producto de ese desarrollo en articulación con determinadas fuerzas sociales que pujan en contexto de la sociedad civil y buscan afanosamente sus mediaciones. A eso apunta la criminología punitiva que auspician los aparatos mediáticos de comunicación y la inserción de ese mensaje en todos los caminos comunicativos vigentes.
Sobre esa advertencia la clase trabajadora, su vanguardia constituida en clase para sí, los restantes sectores sociales sujetos a opresión, necesitan que el programa socialista llegue de manera masiva a la población, indicando la salida superadora al conflicto social que implican las acciones que tienen potencialidad perturbadora para la convivencia, por fuera del sistema penal, sus estructuras legales y sus agencias punitivas. La precondición de toda opción humana sobre el problema en sí, es la abolición del sistema penal, y ello solo se logra a través de la destrucción del poder burgués y la consolidación de la democracia obrera.
El poder obrero y su dictadura de clase, no coincide, ni mucho menos de una manera mecánica, con la noción de revolución socialista. Es el paso obligado de nuestra sociedad para la transformación de la revolución democrática en socialista. La conquista del poder por los trabajadores en nuestro espacio nacional, opera en un período determinado y para la solución de cuestiones determinadas que en lo inmediato tienen un carácter democrático. Una de esas problemáticas es la superación humanizadora de la mecánica delito-pena-castigo carcelario y ese debe ser el objetivo estratégico de nuestra lucha abandonando toda pretensión reformista relativa a que esa tarea sea proyectada dentro del propio orden burgués.
En torno a este fenómeno específico de la sociedad de clases, la vanguardia de los trabajadores no debe realizar solamente propaganda revolucionaria, sino que debe utilizar el conflicto para moverse hacia la revolución. Inevitablemente, cada vez que se propagandizan escenarios de violencia y se agita para la aplicación de más violencia estatal sobre los cuerpos, se presentan en ese fenómeno elementos que permiten negar esa receta mediática e ideológica. Pero esto no basta. No alcanza con la simple negación intelectual , si las prácticas represivas toman cada día más cuerpo , ante la crisis en la reproducción capitalista y avance de sus efectos de barbarie Los sentimientos reprimidos de los oprimidos deben buscar una salida, y en esa búsqueda construirla como manifestación de poder obrero. El pensamiento lucha y debe luchar por convertirse en acción revolucionaria.
Daniel Papalardo -Nuevo Curso
