Nuevo Curso

Esperando que pase el tranvía y el castigo penal.

“Ninguno de nosotros tenía, en el sentido burgués de la palabra, alguna existencia personal: cambiábamos nuestros nombres, nuestros trabajos ,de acuerdo a las necesidades, teníamos suficiente con vivir sin premuras materiales reales, y no estábamos interesados en hacer dinero, seguir una carrera, dejar una herencia literaria o un nombre detrás nuestro, solamente estábamos interesados en el difícil trabajo de alcanzar el socialismo “ (VICTOR SERGE. Memorias de un revolucionario).

Con la figura contenida en el título de este texto, utilizada como premisa por su referencia al absurdo , se puede dar cuenta de cuanto le corresponde a la ardua tarea de intentar acercarse a la luz que irradia el fenómeno social en donde sobrevivimos, dado en particular por la mediación de una alta complejidad y múltiples factores concurrentes que a la vez resultan en muchos casos, contradictorios entre sí.

Por darse de esa manera el actual estadío de la lucha de clases, acudimos a esa figura, en tanto el comportamiento de los que dicen que luchan, en términos generales una transición entre la generación protagonista del 2001 y los hijos del kirchnerismo, hoy más desorientados que Adán en el día de la madre, es errático aunque esperanzado en una abstracción de la que no se habilitan a nombrar por miedo de “asustar y perder votos”, que sueñan vendrán de aquellos que nunca confiaron ni abogaron por el socialismo y que de solo escuchar esa palabra huyen espantados.

De esa forma, la militancia coordinada por aparatos centralizados de las organizaciones políticas que han conseguido tener legitimación electoral lavando y ocultando su programa político , hace las veces de quien espera que pase un transporte que ya no existe y ni siquiera se da tiempo para mirar que ya no hay más vías en la calle. En el mientras tanto, en la espera de “lo que vendrá”, ocupa el tiempo en artificios y ocupaciones predispuestas sobre aspectos accesorios montados sobre el gran Leviatan monstruoso del Estado , donde se institucionaliza el orden social capitalista.

De este modo , los aparatos políticos ordenan esperar en la esquina que pase el tranvía y mientras tanto, activar el luchismo, llamando a todo el que quiera acompañar la espera , hablando de las bondades de esa esquina donde se depositan donde piden que se acaben las desigualdades de género, la violencia, y requieren ingresos dinerarios como para sostener la espera , de la mano del Estado por vía de la autorización a poner una mesita desde donde vociferan, bajo la apariencia de ser los Cayo Graco del siglo XXI con patente de diputado, que le habilita a hablar de todo , siempre desde el elogio de la negatividad, centrada en la denuncia de un orden social al que nunca llaman a superar.

En el espacio de ese juego de suma cero en tanto lo hecho en la parada se modifica con inusitada frecuencia pero no cambia la esencia de delimitar la militancia a la “espera” que ni siquiera se transforma en esperanza ,la escena termina convertida en un acto de ““Esperando a Godot” de Samuel Beckett, es decir, al ser humano, convertido en un sujeto íntegro arremetiendo contra su calzado cuando el culpable es el pie”.

Ahora , la centralización de los aparatos que se financian incluso con el dinero que el propio Estado les provee en pago por su intervención en las sucesivas farsas electorales y su trabajo siempre presente en la apología del cretinismo parlamentario, impulsa un formato de militancia y simpatía construido a partir de un sujeto imaginario que anhela la diversidad pero detesta la colectividad, huye del conflicto general pero se regodea en el específico, más que buscar a tus iguales por la construcción de una identificación de clase, precisamente en un orden social de clases , lo que hay que intentar a lo que cueste y con “heroicidad de luchadores, es buscar nuestras diferencias para afirmarnos según lo que comemos, lo que deseamos sexualmente, a quién rezamos , con lo que nos divertimos, cómo vestimos, etc. En ningún caso se trata de advertir de la simbiosis entre esas competencias en el mercado d la diversidad y el capitalismo en crisis de reproducción en todas sus versiones.

Los sectores medios, curiosamente en decadencia, son los que penetran en el sentido de la acción militante contribuyendo a conformar una versión individualista y utilitarista de la vida , en la que coinciden paradigmáticamente con alguno de los caracteres, del “humo” vendido por los libertarios para hacerse oportunamente de la gestión del poder burgués formal.

En la esquina , esperando que pase el tranvía , o que llegue Godot, los “comités centrales” direccionan y trazan el camino de la frustración de la militancia adherida a sus”partidos”, señalando como orientación las reivindicaciones identitarias , en nombre de la diversidad y la tolerancia , todo con especial atención al lenguaje y las formas, pero sin referencia alguno de los intereses objetivos emancipatorios de la masa trabajadora constituída como clase .
Todo esto encubre el señalamiento de la desigualdad, y el elogío concomitante de la búsqueda de la igualdad formal, anhelo inspirado en la definición estratégica de la defensa y búsqueda de un programa democrático propio de la república burguesa, con sus declaraciones de derechos y garantías plasmados en el formato jurídico con poder de imperio que consolida la ley superior o constitución nacional.

Mientras las autopercibidas “izquierdas”, seccionan de manera abstracta el conjunto social determinado objetivamente, por un orden social de clases, intentando dar protagonismo a todos los colectivos que pugnan en el mercado identitario, el capital no ve amenazado su poder, y buscando salir de su crisis de reproducción , vende sucesivamente pero con continuidad de dominación, el discurso de honradez, luego inexistente en los hechos y el de la eficiencia economicista, ambos constituidos en taparrabos de la explotación y la opresión .
En su origen, el socialismo estaba estrechamente ligado a la democracia. Fue, en sus comienzos, un intento de radicalización de la democracia sobre la base de un proyecto de «democracia social» que pretendía articular libertad política con bienestar económico.

Las categorías analíticas que Marx desarrollo desde el estudio experiencial de la sociadad de clases que impone el capital y la Revolución Rusa, en el terreno específico de los hechos , impuso la superación fáctica de esa visión utopista, que paradójicamente retorna de la mano de su exaltación apologética y la omisión de toda referencia puntual a la emancipación de clases y el programa socialista como algo diferente e incluso opuesto a esa democracia, en tanto dictadura de los trabajadores.

En ese escenario de esperar el tranvía en la esquina, también es posible que la explicación y lucha por la condición de la mujer abordada dentro del programa socialista, mute por la formulación específicamente funcional al modelo de ley y orden que impone la burguesía en tanto clase dominante, por “feminismo punitivo” y en última instancia , como factor justificante de la existencia real de una sociedad de castigo y vigilancia.

El feminismo punitivo, materialmente expresado como feminismo carcelario, puesto en propaganda de los que esperan el tranvía, es una corriente que busca solucionar las desigualdades y violencias de género mediante el endurecimiento de penas, la expansión del sistema penal y el encarcelamiento para lo que promueve el uso del aparato estatal para castigar a los agresores como principal herramienta de transformación social.

El enfoque en el castigo estatal , permite en última instancia, argumentar que aumentar las penas y perseguir judicialmente los delitos machistas es la vía más efectiva para garantizar la seguridad de las mujeres y frenar la violencia.
Con este pretendido enfoque que busca legitimación por consenso por sobre los condicionamientos de las clases antagónicas del orden social capitalista, se vale del Estado y sus agencias represiva, apelando a la demanda de un sistema carcelario- judicial que rara vez logra rehabilitar a los agresores ni reparar el daño social inferido que supera con creces los perjuicios directamente producidos por la puesta en acto de ese tipo de acciones .

Todo esto ocurre bajo el paraguas ideológico que sostiene que no están dadas las condiciones para una transformación revolucionaria de lo real existente y que “mientras tanto”, es decir, mientras esperamos el tranvía, “algo hay que hacer” y haciendo con esas directrices solo hacemos que se reproduzca lo dado, tal como lo prueba la vigencia del sistema carcelario desde el momento histórico en el que la burguesía se consolidó como clase dominante e impuso su formato de sociedad de vigilancia y castigo.

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