Si cada hora vino con su muerte
Si el tiempo era una cueva de ladrones
Los aires ya no son yan Buenos Aires
La vida es nada más que un blanco móvil
Usted
Preguntará ¿por qué cantamos?
Si los nuestros quedaron sin abrazo
La patria casi muerta de tristeza
Si el corazon del hombre se hizo añicos
Antes de que estallara la verguenza
Usted
Preguntará ¿por qué cantamos?
Cantamos porque el rio esta sonando
Y cuando suena el rio, suena el rio
Cantamos porque el cruel no tiene nombre
Y en cambio tiene nombre su destino
Cantamos porque el niño y porque todos
Y porque algun futuro y porque el pueblo
Cantamos porque los sobrevivientes
Y nuestros muertos quieren que cantemos
Si fuimos lejos como un horizonte
Si aquí quedaron árboles y cielo
Si cada noche siempre era una ausencia
Y cada despertar un desencuentro
Usted
Preguntará ¿por qué cantamos?
Cantamos porque llueve sobre el surco
Y somos militantes de la vida
Y porque no podemos ni queremos
Dejar que la canción se haga ceniza
Cantamos porque el grito no es bastante
Y no es bastante el llanto ni la bronca
Cantamos porque creemos en la gente
Y porque venceremos la derrota
Cantamos porque el sol nos reconoce
Y porque el campo huele a primavera
Y porque en este tallo en aquel fruto
Cada pregunta tiene su respuesta
(Alberto Valentin Favero / Mario Benedetti)
Es estratégico y vital para dar la batalla por resolver la crisis de dirección revolucionaria, advertir que ese resultado no puede obtenerse o por lo menos buscarse de manera consciente si no se adopta una actitud militante de combate hacia el oportunismo reformista que se ha hecho cargo del lugar izquierdo de la república democrática y su institucionalidad con la que la burguesía consolida su poder dominante de clase y monopoliza el empleo de la violencia sobre explotados y oprimidos.
No existe en nuestro tiempo, ninguna organización que adquiera posición real de respeto, de autoridad sobre la vanguardia de las masas trabajadoras y asuma la condición orientadora para que ese sujeto social se constituya como clase, y actúe en relación a un programa socialista emancipador por vía del poder obrero y su específica dictadura de clase
En el plano de esa tarea y fundamentalmente si la pretendemos visualizar desde los elementos propios del factor subjetivo que es el que nos aqueja, está en el orden del día advertir que el imperativo revolucionario para la superación de las relaciones sociales productivas propias del orden capitalista, necesita de quienes tomen la determinación de voluntad de ser protagonista de esa tarea y que en ese propósito , es la tarea la que define su condición, toda vez que a fin de cuentas, lo objetivo aventaja a lo subjetivo y decide todo.
Sobre lo que intentamos avanzar, la remisión a León Trotsky se torna ineludible, ya que es él quien en el prólogo a su libro Mi Vida, nos termina diciendo perfilando un camino necesario a través de lo siguiente:
“Me veo obligado a escribir estas líneas en la emigración, la tercera de la serie,
mientras mis mejores amigos, que lucharon con denuedo decisivo por ver implantada la
república de los sóviets, pueblan sus cárceles y sus estepas, presos unos y otros
deportados. Algunos hay que vacilan, que retroceden y se rinden al adversario. Unos,
porque están moralmente agotados; otros, porque, confiados a sus solas fuerzas, son
incapaces para encontrar una salida a este laberinto en que los colocaron las
circunstancias; otros, en fin, por miedo a las sanciones materiales. Es la tercera vez que
presencio una deserción en, masa de las banderas revolucionarias. La primera fue tras el
reprimido movimiento de 1905; la segunda, al estallar la guerra. Conozco harto bien, por
experiencia, lo que son estas mareas y reflujos. Y sé que están regidos por leyes. No vale
impacientarse, pues no han de cambiar de rumbo a fuerza de impaciencia. Y yo no soy de
esos que acostumbran a enfocar las perspectivas históricas con el ángulo visual de sus
personales intereses y vicisitudes. El deber primordial de un revolucionario es conocer…”
Desde esta perspectiva, hay que decir de modo necesario, que nadie, a nivel individual, es en sí mismo un revolucionario por fuera de un congénito desafío a los presupuestos ideológicos con los que se construye y reproduce el orden social capitalista . Las revoluciones son siempre complejísimos procesos con diversas aristas: políticas, sociales, económicas, culturales van más allá de los individuos, los trascienden, pero de la misma manera los requieren en tanto esos individuos adoptan su identificación de clase. Los seres humanos individuales, en todo caso, podemos estar más o menos a la altura de las circunstancias que se le exigen a esa clase donde nos identificamos partiendo de nuestra ubicación en la estructura social , y actuar acorde con esa exigencia en un clima revolucionario, y ocurre que “ El parloteo de todo tipo relativo a que las condiciones históricas aún no están “maduras” para el socialismo es sólo producto de la ignorancia o el engaño consciente… Las condiciones objetivas de la revolución proletaria no sólo están maduras, sino que
incluso han comenzado a pudrirse. Sin la revolución socialista, y esto en el próximo
período histórico, toda la civilización humana está amenazada de ser arrastrada por una
catástrofe. Todo depende del proletariado, es decir, ante todo de su vanguardia
revolucionaria”. (La agonía del capitalismo y las tareas de la IV Internacional, pag.10)
Revolución socialista es, en definitiva, el proyecto del más grandioso cambio en la civilización a través de la historia. Se trata de la puerta de entrada a una sociedad donde es abolida la propiedad privada, y por tanto, las clases sociales. Lo cual abre un mundo de valores totalmente novedoso: se terminarían las jerarquías, ya nadie sería superior a nadie, nadie miraría desde arriba a otro.
La revolución socialista es el afianzamiento y la generación permanente de ese espíritu revolucionario, trasformador, rebelde, productivamente irrespetuoso, que no puede tomar otro cuerpo formal desde acto de autoridad estatal sobreviniente de las transformaciones objetivas, que el de una dictadura de clase para que esa clase en definitiva deje de serlo.
Haciendo propaganda socialista, como es el caso del objetivo de este sitio web, no vamos por una sociedad más democrática que la conocida, en la medida en que eso que conocemos nunca ha sido ni puede ser, un orden social democrático con libertad e igualdad en base a lazos fraternales tales como los proclamados pero nunca consolidados lineamientos de la revolución democrática que puso a la burguesía naciente en situación de dominio político sobre los propios explotados que su sistema generaba y genera.
Vamos por un orden social democrático que necesariamente requiere la negación sistemática de una dictadura de clase -la república democrática- por otra dictadura que es la dictadura de los trabajadores, que se impone por sus formas contra la burguesía, precisamente para dejar de ser explotados. De ahí el énfasis puesto en que la emancipación de los trabajadores solo es un resultado producto de la obra consciente de los trabajadores mismos.
La identificación de clase es entonces la condición prioritaria para la presencia concreta del revolucionario que no puede existir si no se propone revolucionar y eso implica emanciparse de la relación productiva que le da origen como sujeto en tanto como se sostiene en “El 18 brumario de Luis Bonaparte”: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal.”
Con la revolución burguesa se puso la libertad como negación de todo yugo, por sobre toda otra consideración , pero el curso de la historia de la lucha de clases terminó por dar cuenta que los seres humanos reconocen a sus semejantes en su propia libertad y como iguales sólo a través de la mediación del Estado que paso a ser, en el terreno político y por mediación de las formas jurídicas, el mediador imaginario, al punto tal que quienes hoy se presentan como “la izquierda” se exhiben y manifiestan contra proyectos de leyes y no contra el Estado mismo, donde finalmente se sienten incluidos y por eso le demandan acciones concretas a uno de sus poderes, corporizado en el parlamento.
Dejar incólume al Estado artificial e ideológicamente por sobre la sociedad civil con rol de mediación abstracto y no concretizado en esa misma sociedad civil y al servicio de la burguesía en tanto clase tomada de conjunto, en eso consiste básicamente, el democratismo formal cultivado por el reformismo, que además opera en el mismo sentido respecto al dominio y respeto en ultima instancia de la propiedad privada fundamento material de todo el orden jurídico vigente.
Ese programa reformista puesto en tanto premisa estratégica, no conduce a la emancipación de los explotados y oprimidos de los yugos cotidianos que le impone el orden social capitalista. La pretendida igualdad de todos ellos frente al Estado, ante el cual solo se adjudica y reivindica la posibilidad de peticionar, no abole en los hechos las desigualdades social en el contexto específico de las relaciones intersubjetivas que se trazan y tejen de manera permanente en el seno de la sociedad civil de clases. El Estado se funda en las desigualdades , las presupone y las reproduce , viabilizando la reproducción social del capital. El ser humano, esta escindido con ropa de ciudadano cuyo uso cultiva el reformismo, en un supuesto orden político y por otro lado, en la sociedad civil donde se relaciona con su semejante considerándolo instrumento de sus intereses específicos y según la ubicación en que se coloca en las relaciones de producción reales y concretas, es decir, el otro es un medio para la realización de sus fines privados.
El objetivo estratégico de la emancipación humana no puede salir del Estado constituido por una clase social en su beneficio, para lograr por su institucionalidad jurídica, reproducir su situación de dominio emergente de las relaciones de producción capitalista que imponen la presencia de explotadores y explotados. Toda defensa al interior de ese orden social de clases , es diversa de todo posicionamiento posible del sujeto en términos revolucionarios.
Defender que exista la posibilidad de demorar desalojos en espacios procesales, evitar que el Estado de la burguesía pierda la posibilidad de hacer uso de expropiaciones con fines de utilidad pública, o promover sistemas de pago de deudas contraídas por los particulares con extensiones de tiempo y cantidad en el cumplimiento es disfrazar la realidad con el barniz de la progresividad que solo conduce a encontrarse con igual monstruo usurero, depredador y capitalista a la vuelta de la esquina para verse aún más explotado y oprimido.
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