Se ha dado una sucesión de victorias electorales de la derecha en diversas zonas del continente americano, conformando un fenómeno que es solo un síntoma de lo que está en curso que es un cambio dentro del mismo orden social que puede inscribirse en lo que desde la ciencia se designa como isomorfismo.
El isomorfismo (igual forma) es una correspondencia estructural de uno a uno entre dos sistemas o conceptos distintos que comparten propiedades similares. Esa mutación es diversa de lo que comúnmente se designa como metamorfosis que implica a diferencia del primero un cambio o transformación real en el tiempo donde un mismo objeto o ser cambia su forma y naturaleza física.
En la no advertencia de esta diferencia es donde se puede encontrar el derrotero erróneo del camino que indican muchos aportes políticos de la época dentro de la sociedad donde sobrevivimos.
Cuanto sucede en gran medida y circunscripto al espacio político nacional es la crisis con signo de agonía de lo que otrora fuera el discurso kirchnerista, que no hay que olvidar que fue trazado como discurso de ocasión por los márgenes del peronismo menemista con el que confrontó y su victoria transitoria fue por su oportunismo como forma de mediación de clase frente a los acontecimientos convulsivos del 2001 y la violencia a la que se vio obligado el régimen sobre los manifestantes.
Esa experiencia luego ampliada por la consolidación por década del formato cristinista dentro del mismo discurso K , en particular luego del fallecimiento de Néstor y la derrota sufrida ante el agro por el intento de incremento de las retenciones.
Ese rol de mediación e integrador de la sociedad civil que la burguesía depositó en el equipo de intelectuales y operadores políticos que rodearon a Cristina Fernández es el que ve llegado su fin, por propia decantación del capitalismo como orden social que ya no requiere de sus servicios en tanto ha establecido otro modelo de dominación de clase que lo torna hegemónico en tanto ninguna de las expresiones de lucha que se han vivido en todo el tiempo de la gestión Milei, impugna al capital como tal y mucho menos a su institucionalidad, embarcada como está la clase trabajadora en la sobrevivencia inmediata y en buscar la preservación de su fuente de ingreso material que no es otra que la venta de su fuerza de trabajo.
Esto opera en la estructura productiva y marca la prevalencia en ese espacio del capital financiero siendo este otro factor que distorsiona la perspectiva de las organizaciones políticas existentes en tanto se magnifica la significación de las practicas imperiales de esos grupos al interior de la sociedad civil donde nos desenvolvemos con dificultad.
La consolidación del capital como orden social con su institucionalidad estatal en las formas jurídicas que le dan consenso abstracto por vía de la prevalencia social de la Constitución Nacional y sus mecanismos de selección de los operadores políticos que gestionan el interés burgués no tienen centralidad en el sometimiento que esa gestión política tiene con aquellas practicas imperiales , ni materializa una estructura colonia que determine la prevalencia de tareas estratégicas de liberación nacional y ponga en tela de juicio el actual contenido concreto de la relación Estado-Nación.
Lo concreto es que la burguesía ha tomado las riendas del poder formal sin mediaciones y en esa tarea procura el desplazamiento definitivo de la gestión peronista del orden social. Estamos frente a un intento más de conformar una sociedad dentro del orden social capitalista sin la presencia de aparatos que jueguen ese rol y con el que la clase dominante se vea constantemente obligado a negociar.
Es por esa razón que operan estos cambios isomórficos que alteran las formas de materialización de la relación capital trabajo y le impone nuevos roles a los aparatos sindicales cuya presencia juzga necesaria y desplaza a los que no, como ocurre con los gremios estatales , de la docencia y otros servicios donde el Estado se mueve particularmente como empresario.
Las direcciones sindicales , se perfilan hacia estructuras de contención, administración y blindaje del conflicto social que no se desenvuelve con antagonismo de clases sino como expresión de la puja por el empleo, sus formas y el precio de la fuerza de trabajo en contexto de la relación social capital.
Dicho de otra manera, dada la lucha de clases en su estadio inferior de simple conflicto social planteado en un contexto de competencia en el mercado de trabajo, los enfrentamientos son simples conflictos , pero no implican el desenvolvimiento de dos fuerzas sociales que armadas políticamente con programas antagónicos procuran la superación de esa contradicción en base a la eliminación política de los sujetos que los protagonizan por vía de otras relaciones sociales y un nuevo orden social emancipatorio de toda explotación .
En la Argentina, la reforma laboral impuesta sobre otras tantas reformas anteriores da expresión de lo que apuntamos , en tanto ese marco normativo amplió facultades patronales en materia de contratación, jornada, negociación colectiva y derecho de huelga, y avanzó con votos decisivos en el parlamento.
Como ocurriera en la historia de la lucha de clases en la sociedad donde sobrevivimos , en la emergencia del poder hegemónico del general Perón , se opera en este momento de transición un significativo movimiento de los que salen del barco y los trabajadores que van en busca de su primer empleo en particular hacia una reformulalción de las acciones que en definitiva implica una colaboración política explícita a la hora del sufragio y la aceptación de la farsa electoral , con el programa social y político del poder burgués real . En ese giro de embarca el peor peronismo provinciano y aparatos sindicales que o bien apuntan a un quinto relato peronista superador o a la aceptación lisa y llana del partido político que gesten los operadores directos del poder burgués dominante.
En definitiva, las organizaciones sindicales buscan preservar sus cajas, su lugar de mediación y su capacidad de negociar, mientras los trabajadores cargan sin otra alternativa a la vista, con el costo de una política burguesa que despliega sus intereses a gran escala.
La venta de la fuerza de trabajo es el factor esencial que debe ser puesto sobre la mesa, en la medida en que se lo haga en forma conjunta con su negación que es el desempleo y la conformación poblacional de un sobrante que se ubica en los márgenes de la estructura económica toma realidad por vía de ingresos fragmentados, endeudamiento y ausencia de posibilidades efectivas de obtener garantías de algo que se acerque a una vida digna, tal como la que hace décadas atrás conocían las masas trabajadoras.
Lo que se desarrolla hoy es una fuerte tendencia política al disciplinamiento social por consenso tácito dado por las formas legales que busca con afán la actual gestión de gobierno burgués y la represión bajo coacción o violencia física legitimada desandada por las agencias represivas del Estado.
El dato real, sobre el cual hay que edificar conocimiento para luego examinar las conclusiones desde esa misma realidad es que la lucha de clases se desarrolle sin cuestionar el orden social. Esa es la función histórica de los sindicatos cuando trazan ligazones con los aparatos políticos del reformismo, que deja de defender la independencia de clase y se convierte en garante del control de dominación administradora burguesa.
El reformismo disfrazado de presunta expresión política actualizada de los programas políticos en los que supo ser parte significativa León Trotsky , se constituye hoy en parte del conflicto social mismo, porque su intervención es en el formato de mejor administrador del orden burgués y no en su superador. Presentar proyectos de ley para rescate de una fábrica cerrada por determinación unilateral de la patronal, promover otras normas para evitar ejecuciones de deudas y propiciar formas de pago extendidas y con reducción de montos no son intervenciones superadoras del antagonismo de clase.
Es en estos momentos de la lucha de clases donde el partido político, es decir, la forma partido apropiada al objetivo revolucionario emancipatorio de toda relación social de producción y de su Estado, que impliquen explotación y opresión adquiere una significativa dimensión que no puede ser tomada ni cubierta por una constelación de grupos de propaganda, ni por las organizaciones que de manera consciente y voluntaria se han alejado desde sus mismas estructuras de ese objetivo.
Hoy más que nunca hay que recuperar desde la vanguardia, cualquiera fuese su dimensión cuantitativa la noción y la forma del partido como el «intelectual orgánico colectivo» , descartando la perspectiva de exhibirlo a las masas trabajadoras como una simple máquina electoral, vivificando en sentido inverso su carácter de instrumento educativo y de conducción táctica , encargado de articular una nueva visión del mundo por vía del desarrollo permanente de un programa donde la teoría se vuelve práctica en una construcción de hegemonía por los trabajadores capaz de destruir el poder burgués. Es imperativo reordenar las relaciones de Poder ,con un programa socialista totalizador de todos los aspectos de la cultura , tomando conciencia a la par de la necesidad de la violencia en respuesta por la clase dominante desde el Estado. Es imperativo intervenir en la lucha de clases de manera consciente, táctica y programática de manera tal de lograr que la fuerza social del trabaja derive en fuerza política y se posicione como un campo claramente enfrentado contra el poder burgués.
La tarea no es menor, si se tiene presente lo dicho, pero eso no implica negarlo. Se trata de captar la magnitud del fenómeno con mayor exactitud posible y afrontar la tarea del desarrollo del elemento subjetivo del cambio, es decir, de facilitar, propiciar y acudir a que las masas trabajadoras avancen hacia su identidad de clase y desde ella afronten los imperativos de corte emancipatorio, superador de relaciones de explotación y opresión.
Nuevo Curso
