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Nuevo Curso

EL AGOTAMIENTO DE UN MODELO DE MILITANCIA SE EXPRESA TAMBIEN EN LA FARSA ELECTORAL.

“Al compañero se lo escucha, no se lo aplaude.
Al compañero se le presta atención. Muchísima atención.
Al compañero se lo estudia, se lo medita, se lo critica.
Al compañero se lo cuestiona.
Al compañero se le exige cuestionamiento.
Al compañero se le exige reflexión.
Al compañero se le exige sensibilidad.
Al compañero no se lo trata como a una pancarta.
Entre compañeros no hay lugar para adulaciones.
Entre compañeros no hay lugar para pleitesías.
Entre compañeros no hay lugar para entronizaciones ni altares.
Entre compañeros no hay lugar para diplomacias.
Al compañero se lo potencia desde la valoración de sus convicciones y
no desde personalismos chatos.
Al compañero se lo potencia desde la valoración de su militancia y no desde la portación de un apellido.
Al compañero se lo potencia desde la valoración de su compromiso cotidiano y no desde falsas jerarquías preconcebidas.
Al compañero se lo potencia porque al hacerlo lo que se potencia es la causa, no el compañero.
Nunca jamás tendremos una remera con tu cara.
Nunca jamás a tu nombre le agregaremos un “ismo”.
Nunca jamás te trataremos como a un dios”.

Pocas veces como en este momento histórico que nos toca protagonizar se pone de manifiesto el estancamiento del desarrollo del pensamiento y la acción humana fundada en el marxismo. Esa evidencia la usan como bandera los intelectuales orgánicos del orden jurídico-político capitalista a través de los medios informáticos actuales, segmentando el fenómeno y, por ende, haciendo de sus aspectos parciales la construcción de una totalidad generadora de falsa conciencia en las amplias masas populares.

La herramienta que se utiliza, casi como si fuera un termómetro social son las encuestas que se pagan para fijar los ejes de la campaña política que se desenvuelve dentro de la farsa electoral. Se dice en tal sentido que, la “izquierda” no mide, es decir, no da registro de su existencia como sujeto político relevante en la realidad nacional.

Dado el carácter incipiente y mínimo de posible  proyección de esta publicación , quienes nos ocupamos de ella , no podemos revertir esas tendencias y esa incrustación de ideas desde fuera , que sistemáticamente se hacen y se proyectan sobre la clase trabajadora , sin embargo advertimos que resulta útil dejar en claro cuáles son los factores que facilitan ese despliegue ideológico que busca alejar a las masas obreras oprimidas y explotadas del programa socialista revolucionario, dejándolas en el campo del pensamiento aislada a su suerte.   

 Buscando entonces ayudar en esa táctica de explicación del fenómeno para su reformulación crítica, nos pareció adecuado salir inicialmente de todo prolegómeno teórico y acudir a esta suerte de manifiesto poético que transcribimos al inicio , en tanto  viene a cuento porque nos sirve para poner en escena algo que  debe ser objeto de crítica respecto de lo que se llama el Trotskismo , según su versión nacional-trotskista imperante en la actualidad por vía del llamado FITU,  en el desarrollo de las experiencias realizadas en Argentina, y lo hacemos por ser el gran tronco ideológico en el que esas organizaciones dicen referenciarse.

Ese algo que debe ser señalado, identificado y denunciado, es el ciclo histórico recorrido por el abandono hecho por la militancia llegada a la vida política en los comienzos de la década de los años 80 con anterioridad a las prácticas genocidas impuestas por el Estado de la burguesía bajo versión dictadura cívico-militar y de aquellos que siendo sus sobrevivientes exiliados o ex detenidos políticos incorporados nuevamente a la lucha en espacios de apertura democrática. Ese abandono fue y se marcó con rasgos significativos en el alejamiento del compromiso existencial y relacional de ese colectivo humano en el plano individual y relacional de la construcción consciente de un partido revolucionario socialista de la clase trabajadora.

Este fenómeno subjetivo individual, específico de la vanguardia consciente de la clase trabajadora nacido en la entonces joven generación que no había vivido directamente las atrocidades represivas del régimen cívico-militar que había agotado sus fundamentos de existencia , fue y es parte por su reproducción en las generaciones sucesivas, del problema crítico de la dirección revolucionaria, que Trotsky enuncia entre las premisas del diagnóstico contenido en el documento que sirvió de base para el lanzamiento de la IV INTERNACIONAL. Dicho de otra manera, no es una cuestión ética individual y ajena la ley social de la lucha de clases, sino por el contrario, un componente directo del déficit de dirección revolucionaria que obstaculiza el desenvolvimiento revolucionario pese a reunirse las condiciones objetivas para ese salto político cuantitativo.

Ocurre que, por efecto de la intensa presión desencadenada sobre  la clase trabajadora por la burguesía a través de sus instrumentos de poder estatal,   buscando desde el plano ideológico,  generar ilusiones democráticas sobre el orden social capitalista  y sus presuntas virtudes de desarrollo progresivo de derechos subjetivos asignables a los individuos considerados aisladamente , se produjo una tendencia creciente y sostenida a la adaptación capituladora a ese paradigma y con ello al  régimen de dominación burgués.

 En ese contexto las organizaciones políticas existentes que se reivindican como “izquierda” por su carácter oportunista optaron por la modificación del discurso desplazando de ellas al objetivo revolucionario estratégico por un encuadramiento en toda la línea de traspaso al reformismo y las expectativas de aptitud modificadora en el parlamentarismo. Esa finalidad se buscó primariamente abandonando la concepción organizativa de partido de clase, para transformarse en partido del régimen aspirante a ubicarse en la izquierda del único escenario que se ve posible, que es aquel que emparenta la vida política con la democracia representativa e indirecta juzgada como el único modo posible de gestionar el orden público de la vida social.

  La evidencia de ese desvió subjetivo. La constatación de esa fuga del compromiso existencial que abriga la rebelión del individuo desde los objetivos estratégicos de la clase social a la que pertenece es el factor desencadenante del carrerismo, el arribismo sin escrúpulo, el culto de los estímulos materiales, la mercantilización de la acción política que nutre al FITU y todos sus colaterales  haciendo que en el plano de las apariencias y solo para los días festivos  se sigan  exhibiendo los íconos de la IV Internacional para  abandonar todo intento serio de reconstrucción sobre sus paradigmas en la realidad.

La muestra más notoria de este proceder es el vergonzante comportamiento militante que se asume respecto de la farsa electoral desencadenada desde el poder burgués que no muestra diferencias sustanciales con los modos o maneras en que se encaran desde los políticos encolumnados detrás de los partidos de la burguesía, en particular, en cuanto se refiere a las contiendas beligerantes sobre el acceso a las candidaturas de ese espacio.

    Gran variedad de pymes y cooperativas electorales autodenominadas “izquierda” dan signos de discursos generalizados donde dicen adscribir al marxismo y los ejes esenciales descriptos para el período por el programa transicional que sirve de documento fundador de ese intento de organización internacional, superador de toda barrera fronteriza impuesta por las burguesías nacionales.

Sin embargo, con desconocimiento liso y llano del internacionalismo avizoran la política a partir del crecimiento posible del partido nacional y sacan conclusiones ideológicas (en sentido de falsa conciencia) a partir de las vicisitudes de esa específica organización con pretensión que el resto del mundo les gire como satélite

    Es la perdida de toda consideración y atención por el factor subjetivo, el mayor problema en la construcción revolucionaria y ese es precisamente el camino recorrido por las versiones post-trotkystas que existen hoy en Argentina.

 Pero la cuestión no pasa porque se haya dejado en las formas una suerte de disciplina militante autoimpuesta que en sus extremos más absurdos llegó a hacer las veces de caricatura del hombre nuevo.  Lo que en realidad se abandonó dando muestras de un problema de clase en sí, es la propia concepción del militante revolucionario como corporeización del sujeto necesario para la concreción del programa socialista a partir de la organización de la vanguardia trabajadora en una organización política bajo la premisa según la cual “el partido es el programa”

En este sentido, y siempre en torno de la importancia que debe otorgarse al factor subjetivo dentro del fenómeno revolucionario, Ernesto Guevara hizo los trazos reales relativos a la necesidad de romper definitivamente con la visión materialista vulgar tan presente en pretendidos custodios de «la ortodoxia», que interpreta el marxismo como una ideología modernizadora unilateralmente asentada en las fuerzas productivas y la producción material, En sentido inverso y superador Guevara consideró y la realidad así lo demostró   que «Marx se preocupaba tanto de los factores económicos como de su repercusión en en el espíritu de los trabajadores. Llamaba a esto ‘hecho de conciencia’. De allí que “Si el comunismo se desinteresa de los hechos de conciencia, podrá ser un método de distribución, pero no será jamás una moral revolucionaria».  (Cfr. Guevara: «El comunismo debe ser también una moral revolucionaria». Entrevista concedida a Express.)

Lo relevante en definitiva  es que , la huida de la tarea política de gestación de cuadros militantes individualmente construidos desde el programa revolucionario,  viene ligada en los hechos a una suerte de consecuencia necesaria del abandono consciente  de la premisa según la cual “el partido es el programa” que subraya la preeminencia de la idea estratégica de realización del nuevo orden social socialista  en la organización partidaria , siendo  esto lo que determina el carácter del partido  restando exclusividad a la simple  condición de trabajador en sí de sus militantes, librados a su suerte.

En definitiva, lo que advertimos es que se generó el abandono del paradigma según el cual, se crea y se gesta el partido como organización para materializar el programa y no para cualquier otro objetivo que no se concentre en esa finalidad y a partir de ello, las personas que se convocan en él adecúan su existencia a esos propósitos en sus trazos de la vida cotidiana y las relaciones intersubjetivas que proyectan en su existencia.

   Trotsky cuando discutió acerca del significado del llamado Programa de Transición, lo hizo en la seguridad de que no puede haber partido ni acción revolucionaria sin un poderoso programa, fortalecido por la practica militante vivida como modo de vida específico de la vanguardia trabajadora llamada a dar ejemplo continuo de solidez y valentía expresadas en la entrega personal al objetivo colectivo.

    Para Trotsky la IV Internacional debía emerger y constituirse para actuar y señalar el camino de la revolución, pese a la vigencia del reflujo revolucionario por tiempo extendido, pese al poderío material de sus enemigos y pese a que en todo el mundo no era más que un puñado de hombres y mujeres. Por esa razón se explica su capacidad verificada históricamente de poner a salvo las ideas del marxismo-leninismo.

La conciencia de clase es todo un proceso que conoce altibajos que para ser superados en sentido positivo para los intereses de los trabajadores exige de su vanguardia , en tanto material humano con el que se construye la organización partidaria, un involucramiento consciente con el programa socialista revolucionario que debe internalizarse no solo en el plano del discurso sino en las practicas políticas especificas y en la existencia concreta que imponen las relaciones intersubjetivas de la vida cotidiana.

Por eso debe superarse el embuste de etiqueta que significa la reproducción mecánica de asistentes a movilizaciones o expresiones callejeras de protesta como el significante de la adherencia militante a un programa de transformación social. Las masas en sus múltiples movilizaciones no van automática y directamente al encuentro de su propio partido, sino que van probando la fidelidad y firmeza revolucionarias a través del método de las aproximaciones y las vivencias que experimentan en las mismas.

Esto último significa claramente que los componentes masivos de los sectores de lucha desde la clase trabajadora ocupada en la economía formal y todos aquellos que sobreviven en la economía informal o simplemente transitan como población económicamente sobrante en dependencia directa con planes de ayuda social que vuelca la burguesía a través de su aparato estatal, no se han logrado emancipar de la influencia ideológica y organizativa de las clases objetivamente antagónicas, haciendo que la aparente radicalización y movilización pase por polos políticos no proletarios.

Los explotados y oprimidos del orden social capitalista aún no han resignificado sus percepciones, lo que implica en los hechos que las organizaciones donde están de paso no son aquellas capaces de posibilitar su emancipación. Dicho, en otros términos. No toda movilización con presencia callejera significativa es sinónimo de un alto grado de conciencia de clase, sin que ello no habilite la posibilidad de que ese acto pueda constituirse en el punto de partida.

  Del mismo modo ocurre cuando un sector sindical adopta un documento radical, en el que puede hablarse incluso de gobierno obrero, porque si bien se está dando un paso adelante en la estructuración de una organización del trabajador como clase para sí, a la vez se manifiesta una carencia fundamental en la medida en que descarta u omite el papel del partido obrero en ese proceso específico de la lucha de clases –

    Los andares oscilantes del oportunismo político, de los diversos esbozos de centrismo y del reformismo puramente economicista en general, han demandado de una militancia subjetivamente conformada con el orden social imperante al que solo aspiran modificar en sus extremos más aberrantes. Décadas centradas en ese proceder han hecho que hoy frente al avance de la crisis de reproducción del capital, se muestren impotentes ante el fenómeno e inhibidos de actuar en lo que necesariamente demanda esta etapa histórica de la lucha de clases. Ocurre que la conciencia de la clase para sí solo llega a escalones más elevados cuando son los propios trabajadores los que comprenden los imperativos propios de su misión de sepultar el orden social capitalista que supone su explotación y opresión, advirtiendo que para cumplirla solo puede acudir a un instrumento eficaz que es su partido de clase conformado en torno de su vanguardia por el imperativo ideológico de su programa revolucionario socialista.

Lejos de la referencia estadística que fue expuesta al inicio , sobre la que se minimiza la incidencia política del programa socialista en la realidad, en tanto no se refleja en una tendencia al voto de los candidatos de “la izquierda” que se personificarían en el FITU , existe la posibilidad del aprovechamiento de la farsa electoral, para difundir la necesidad de una estrategia revolucionaria, de construcción de poder obrero  y publicidad  sobre la clase trabajadora del programa socialista revolucionario.

Busquemos dando un nuevo curso a la militancia, recuperar la experiencia histórica de la organización construida con el aporte de cuadros revolucionarios conscientes desde la vanguardia de la clase trabajadora. Busquemos concentrar, organizar y educar a quienes son explotados y oprimidos en la perspectiva revolucionaria, evitando que sean arrastrados por el democratismo burgués, y nuevamente reformulen ilusiones electoralistas. Es preciso que se comprenda que la emancipación del trabajador no esta en el sufragio, sino en los trabajadores mismos, en su organización revolucionaria y en la evolución de su conciencia de clase hacia la acción directa ,

También apelando a la poesía, es posible sintetizar un nuevo curso de acción. Expresar un nuevo modo de existir que implique el pasaje del comentario al acto, de la observación al protagonismo:

Y ahora que ya no hay trincheras
El combate es la escalera
Y el que trepe a lo más alto
Pondrá a salvo su cabeza
Aunque se hunda en el asfalto…..
…Míralos como reptiles, al acecho de la presa
Negociando en cada mesa maquillajes de ocasión
Siguen todos los railes
Que conduzcan a la cumbre
Locos, porque nos deslumbre
Su parásita ambición,,,,,
Antes iban de profetas
Y ahora el éxito es su meta
Mercaderes, traficantes
Más que nausea dan tristeza…..
Y me hablaron de futuros fraternales, solidarios
Donde todo lo falsario acabaría en el pilón
Y ahora que no quedan muros
Ya no somos tan iguales
Tanto vendes, tanto vales
¡Viva la revolución!
(Fragmentos de LA BELLEZA. Luis E. Aute)

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