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EL SILENCIO

Hay quien dice que, la vida es el tiempo que transcurre entre el nacimiento y el momento en que leemos el informe de un diagnóstico que sentencia sin escrito judicial que nuestro cuerpo esta condenado.

Por fuera de esto pero sin contradecirla,  hay una idea sobre la muerte en la que se destaca que ella  llega por la irrupción del silencio es decir, ese mutismo que  llega un día, de la misma forma que el informe médico, cuando nos percatamos que no nos escuchan, que hacen que nos escuchan , o que se entumecen escuchando pensando cuando llegará el fin de ese relato no querido. Más aún, el silencio se consolida cuando alguien nos recuerda que lo que decimos ya lo dijimos u otro reitera un “otra vez con lo mismo”

Dicen que Sartre se percató de una situación similar en el curso del mayo francés, es decir, a contramano de la ruidosa irrupción , advirtió que llegaba el tiempo de su ostracismo silencioso. Otros han destacado que frente a las 50000 personas que le acompañaron en su funeral, el intelectual fijo el último acto de la revuelta francesa.

En definitiva , ese preludio de la muerte , que es la vejez silenciosa, en la que el sujeto se defiende en sí por su mutismo , aparece como un dato material , objetivo, medianamente constatable en la vida cotidiana. Es un  fenómeno y no una opinión. Por esto es que en la praxis el proceso significa que  ,dado el silencio debe ser la vejez y consolidada esta última, la estación siguiente la muerte.

 Se dirá, sin que no le falte razón a quien emita el discurso,  que de lo que se trata es de luchar por la palabra. Tanta vuelta con la lengua, con el lenguaje, con los significantes y los signos, para ahora advertir que al parecer la vida depende del derecho a la pronunciación .

 Sin embargo, la tesis voluntarista naufraga en la constatación , casi se podría decir inmediata , respecto  a que la palabra, el discurso, no se impone sin oyente y el emisor sin oyente no hace otra cosa que un soliloquio . Entonces parece claro que la vida, mal que nos pese, se constata con el dialogo y la muerte por el silencio. Se existe con  “ el otro” que escucha y si le parece construye la dialéctica con su respuesta.

El silencio no importa otra cosa que  una negación, en este caso es en concreto,  la negativa del otro a escuchar porque mi voz mercantil no tiene ya valor, ni de cambio ni de uso. Mis construcciones, mis opiniones, mis impresiones , ya no cuentan, son pasado y el pasado no prima cuando lo urgente es correr en pos de nuevas comunicaciones.

Mis palabras no están envasadas, no emanan de un aparato. Son de un tiempo donde no se necesitaba un aparato para comunicarse con otro, o más bien, solo necesitábamos de los ojos entrecruzados para saber que estábamos conectados, sin pagar a ninguna empresa.

 Por eso, por no estar envasadas, por remitir a recuerdos, a otros tiempos que se juzgan perdidos, a historias de vida que se juzgan intrascendentes, el silencio se impone como único gesto de dignidad desde la vejez.

Son tiempos en que toda una generación gasta su último fósforo para encender un fuego en el frío de un paraje polar, tal como el personaje del cuento de Jack London. El silencio impuesto por la vida, da cuenta que la humedad impide el encendido.

Como no hablamos, como no nos escuchan, nos dejan un teclado. Una suerte de muleta para el caminante nostálgico. Queda no obstante la desesperanza de un grito al vació , un alarido a un difuso lector que no lee, pero que nos engaña haciéndonos creer que del otro lado del monitor existe otro silente.

Son tiempos en los que la desesperante situación social da pie para que aparezcan en escena personajes de todo tenor. Hoy reciben mucho apoyo mediático tipos como Javier Milei,Patricia Bulrich , Sergio Mazza, Melconían y la fundación Mediterranea vendiendo como nueva y creativa, vieja mercancía ideológica enlatada y envasada para el consumo de los desprevenidos.

Un Sartre al que se le puso ideológicamente en el espacio del silencio, nos supo decir :”He visto más de una vez que un argumento antimarxista no es más que el rejuvenecimiento aparente de una idea premarxista. Una pretendida superación del marxismo no pasará de ser en el peor de los casos más que una vuelta al premarxismo y en el mejor , el redescubrimiento de un pensamiento ya contenido en la idea que se cree superar. (Jean Paul Sartre “cuestiones de método”)

Para que no nos «expropien» nuestra capacidad de transformación y la potencia de nuestra libertad, no podemos perder de vista de qué manera somos parte de un movimiento totalizador de nuestra praxis que trasciende a la primera intencionalidad de nuestro «proyecto», esto le cabe a la clase obrera

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