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LA BARBARIE NO ADMITE SOLUCIONES EN MANOS DE QUIENES LA PRODUCEN

Acabar con la pobreza | Naciones Unidas

Las muertes de trabajadores en Rosario, no son un hecho nuevo. Ese resultado luctuoso para la clase obrera tiene prolongada tradición en nuestra ciudad y aledaños desde que se vivieron en la zona los efectos deplorables de la reconversión capitalista que el menemismo le impuso a la que fuera un área industrial y comercial significativa.

El impacto que tienen estos prolongados resultados de barbarie, promueve la búsqueda de opiniones, explicaciones y construcción de “soluciones” puso mediáticamente en la escena a los operadores políticos del régimen burgués.

En todos los casos, lo que se puede ver es que las soluciones que pueden ser viables dependen de controlar el estado. Esto es, ante un problema de raíz, un prejuicio teórico con el asunto y la ineludible acción de plantear abstracciones dentro del orden capitalista y el poder burgués estatal institucionalizado en la forma jurídica llevan a planteos que conducen a los trabajadores a un camino sin salida que los termina refugiando en la creencia mística de la violencia como respuesta a la violencia, claro que no es la de “abajo” sino la de arriba, la misma herramienta que los oprime a diario y los reprime en ocasión de tomar las calles para reclamar.

La propaganda socialista no auspicia, ni defiende, ni promociona el orden burgués institucional y su normatividad. Menos aún cuando ese esquema de dominación se resquebraja por un reparto favorable al poder de la materialidad del mercado previamente criminalizado.

Usar la premisa y consigna propagandística según la cual “el estado es responsable”, solo trae una consecuencia que marca coincidencia con los propósitos burgueses. Que otra responsabilidad puede asumir el poder burgués que admitir que fracasa en sus propósitos represivos y consolidación del uso del castigo punitivo como elemento de poder para la resolución de conflictos sociales.

Para eludir este efecto contradictorio de este tipo de militancia, otras organizaciones acuden de modo mecánico al desarrollo de asambleas barriales y el uso de herramientas autodefensivas frente al “flagelo”. De estar a este otro esquema, disfrazado de un doble poder inexistente ni en modo embrionario, ajeno a la realidad elemental del incremento de los riesgos frente a una logística de crimen organizado que los ubica en sensible desventaja si se tiene presente que a la par se denuncia la complicidad de algunos elementos del poder estatal en las asociaciones ilícitas conformadas para operar en el mercado criminal.

En esta misma inteligencia hay que decir que las asambleas o comités vecinales que pudieran engendrarse en este contexto concreto de la lucha de clases, desconocen la incidencia alienante que tiene el tiempo para el trabajador. A ningún trabajador le sobra tiempo y voluntad para luego de la extensa jornada asumir tareas adicionales y someterse a condiciones disciplinarias propias de la inevitable estructura piramidal que puede surgir de cualquier entramado defensivo, por más limitado que pudiera ser.  

Cuesta incluso encontrar coherencia ideológica en esto, porque muchas de esas organizaciones han incluso promovido la sindicalización de quienes actúan en la organización policial. De ser así es al menos lógico en ese esquema ideológico que “los compañeros policías” se ocupen de la vigilancia. Para eso hay otros obreros especializados, los policías.

La militancia socialista exige al cuadro partidario, si es que existiera y no fuera como sucede a menudo un simple amplificador de una línea de intervención no gestada por ellos, que el programa y la estrategia revolucionario esté siempre presente en cualquier conflicto social y tome una respuesta desde el conflicto en sí, y nunca puede asumir una suerte de recetario para las contradicciones del capital y su orden social, con los efectos de barbarie social al que se somete a la clase trabajadora.

La clase obrera tiene la tarea de conformar sus haceres a la toma de consciencia de su tarea histórica que es emanciparse de toda opresión emergente del régimen social capitalista. Ese resultado concentrado en el paso de clase en sí a clase para sí, es el contenido específico de las tareas militantes en este período histórico de preparación organizativa, propaganda y agitación socialista.

El capitalismo está en crisis significativa. No implica que por estarlo deba fenecer por sí. Exige del factor subjetivo concentrado en la militancia de agitación programática del beneficio que implica el socialismo para el trabajador en tanto modelo social superador a partir de la construcción del poder obrero y su democracia obrera.

Cuestionar a las fuerzas represivas del poder burgués, por sí mismas y porque no dan seguridad no implica la solución del conflicto social en sí.

Aceptar la táctica de “guerra al delito” que todos los días se desenvuelve en la sociedad, meter en cana a los narcos, o “exterminarlos” siguiendo paradigma de la dictadura con referencia a los “subversivos” apelando a la caracterización de terroristas,  no termina con un fenómeno que se alimenta de la continua expansión de la porción obrera sobrante en condición de consolidada que produce la acumulación de capital en Argentina y la extensión de la estigmatización sobre un sector social al que se visualiza como enemigo.

 Una estructura económica atrasada y dependen diente, con alto endeudamiento y un programa de gobierno centrado en el ajuste que desplaza altos contingentes de jóvenes obreros a la condición de trabajadores sobrantes consolidados en masa genera y facilita la masa humana para ir reclutando “soldaditos” seducidos por el acceso a bienes a los que de cualquier otra forma no podrían acceder.

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