Los actuales elementos que dan cuenta del estadio de lucha de clases donde nos encontramos, remiten constantemente a la cuestión relativa al contenido específico de la tarea que emprende en ella la militancia y cualquiera fuese la opción concreta que se tome, no hay duda que, debe orientarse a la emancipación de los trabajadores por los trabajadores mismos.
La pregunta que sigue es, si nuestro tiempo vital y sus fuerzas identificándonos como clase trabajadora, están organizadas de acuerdo con esta gran tarea revolucionaria.
En el marco de esa pregunta y esa determinación de voluntad hacia la identificación con los intereses estratégicos de la clase trabajadora, cabe un segundo interrogante subordinado necesariamente al primero ‘¿ Es posible que esa tarea incluya la “simpatía por Myriam Bregman y sus recurrentes apariciones mediaticas encubriendo a una junta de burócratas que al menos desde los fines de la década del 80 dicen ser un partido de trabajadores socialista y acaban de descubrir y lanzar a los cuatro vientos, que existe una “nueva clase trabajadora”
Para el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), la «nueva clase trabajadora» es un concepto sociológico y político que describe la transformación contemporánea del proletariado. Se caracteriza por ser altamente heterogénea, incluir una fuerte presencia femenina, y abarcar tanto a trabajadores precarizados y flexibilizados como a sectores sindicalizados con derechos adquiridos. Este concepto busca reflejar la realidad del trabajo moderno, diferenciándose del estereotipo clásico del obrero industrial masculino y estable, para abarcar una fuerza laboral diversa atravesada por distintas condiciones de explotación.
Avanzando un poco más, esta organización oportunista y devota del cretinismo parlamentario por evidencia de la experiencia, sostiene que Los aspectos clave de esta definición incluyen las ideas fundantes de heterogeneidad y diversidad, que no son abarcadas por el discurso dominante en las actuales organizaciones políticas al tiempo de hacerse cargo de la noción de clase social. Para ello indican que son sujetos sociales del cambio los sectores con derechos conquistados, una gran masa de trabajadores precarizados (informales, aplicaciones de reparto, monotributistas) y una fuerza laboral cada vez más feminizada, que suele ocupar los peores puestos y percibir los salarios más bajos. A pesar de su fragmentación, esta sería la verdadera clase productora que mueve la economía actual, y sufre nuevas formas de explotación y pérdida de derechos bajo planes de ajuste económico.
De lo dicho se desprende la centralidad que se atribuye a la forma jurídica en la definición de clase, aunque esas formas son abstractas y pertenecen al plano ideológico de las relaciones sociales capitalistas. La posesión o ausencia de derechos no define la esencia ni el significado de la clase. Para comprobarlo, basta acudir a los textos de Marx, escritos en una época en que la modernidad burguesa hacía gala de sus declaraciones de derechos universales, pero las limitaba a las abstracciones del sujeto individual y excluía expresamente a las mujeres de la condición de sujetos activos de esos derechos.
Sin embargo, en esa realidad, donde la fuerza de trabajo en sí, se vendía en el mercado laboral sin sujeción a ninguna forma jurídica, ni regularidad formal alguna que no fuera el pronto arbitrio del burgués adquirente de esa fuerza productiva , Marx escribió el Manifiesto Comunista, diferenciando entre burgueses y proletarios. Luego de esto queda claro que la forma jurídica y los derechos subjetivos de los trabajadores presentes o ausentes no forman parte de la definición y determinación de clase, máxime cuando esa clase es ya existente en el plano de lo real y por la diversidad de producción material de su existencia en las formas de rendición de la fuerza de trabajo , no alteran esa condición.
En el mismo sentido, hay que comparar estas afirmaciones sueltas al aire como verdad revelada , con el propio documento que Trotsky elaborara para que sirviera de discusión para la construcción de una cuarta internacional frente a la debacle producida por el Stalinismo y el Termidor en la revolución de octubre. En ese texto el líder revolucionario, aislado en su exilio mexicano, no deja de ocuparse de la juventud y la mujer.
En el «Programa de Transición» (1938) de León Trotsky plantea que el movimiento revolucionario debe renovarse con la juventud. Para la juventud trabajadora, exige plenos derechos sindicales, salario igual al adulto y educación técnica pagada por el Estado, buscando inspirar su confianza y evitar la precarización. El documento fundacional de la Cuarta Internacional dedica un apartado clave a la juventud obrera, exigiendo demandas concretas para combatir la marginación y la desocupación.
En el mismo documento, de 1938 Trotsky plantea que la crisis del capitalismo golpea con mayor dureza a la mujer trabajadora. Exige incorporar a este sector oprimido a las filas de la Cuarta Internacional, impulsando demandas fundamentales como salario igual por trabajo igual y plenos derechos sociales, políticos y sindicales. Trotsky argumenta que la emancipación femenina es indivisible de la lucha socialista. El programa exige la organización activa de las mujeres en los sindicatos y los comités de fábrica, destacando su potencial revolucionario.
Queda claro que lo que se presenta como “novedad” tiene arduo tratamiento en los clásicos del marxismo y la revolución y que la apelación a la novedad en realidad encubre un giro oportunista, uno más en su desarrollo del PTS , en su afán por poner en caja la lucha de clases estableciendo diversidades y fragmentaciones donde ya existen antagonismos de clases marcados por las relaciones fundantes de la existencia y su reproducción bajo el orden social capitalista.
El discurso de la diversidad es funcional al orden capitalista al convertir identidades, cuerpos y diferencias en nichos de mercado. Esta lógica, conocida como capitalismo inclusivo, absorbe las demandas emancipatorias para expandir el consumo, ocultando las desigualdades estructurales detrás de una fachada de aparente progresismo corporativo.
Desde Marx se establece la premisa fundante conforme a la cual el sistema capitalista no erradica las desigualdades, sino que las reorganiza para generar nuevas dinámicas de acumulación. Las identidades diversas y los cuerpos que escapan de la «norma» son reempaquetados como objetos de deseo comercial. El individuo como marca: Se fomenta una lógica de «orgullo» y auto-responsabilidad que se alinea perfectamente con la competitividad individualista del mercado y la despolitización de los conflictos. Al centrarse exclusivamente en la visibilidad y la representación cultural, el discurso de la diversidad rebasa y se superpone a la noción objetiva de clase social y a menudo desvía la atención de las bases materiales de la opresión.
Las demandas de colectivos históricamente marginados, que el PTS se empeña en tomar por novedosas y colocarlas en paralelo a la noción de clase inventando ideológicamente una nueva clase, son absorbidas por el sistema, transformando la lucha de clases y la justicia social en meras políticas de gestión de recursos humanos o reformas para mejorar lo dado por la objetividad de lo existente .
Por lo que venimos diciendo se advierte que hablar de un partido de la “nueva clase trabajadora” no es hacerlo por referencia a un partido obrero y por ende, siendo esa clase el sujeto social del cambio por su propósito estratégico de superar dialécticamente toda relación social de producción que implique la generación de explotación y opresión, y por ende no es un partido revolucionario.
Lo dicho hasta aquí, da cuenta por el desconocimiento manifiesto de las categorías generadas por Marx y su defensa en tiempos de reacción restauradora del Estalinismo por Trotsky, que no estamos ante problema de apreciación y un juicio mal elaborado del PTS, sino ante un apartamiento claro y consciente de la estrategia revolucionaria en tiempos de crisis de reproducción del capital para el embanderamiento liso y llano de esa corriente política en las filas del reformismo. Lo que sí es un error es seguir caracterizando a esta organización como “centrista” como se lo hizo casi desde sus primeros pasos. Esa posibilidad ha quedado definitivamente sepultada con la edición del documento “como cambiar la historia” con formato de manifiesto.
La clase socialmente explotada en el orden social capitalista donde sobrevivimos esta implicada de manera objetiva por las propias contradicciones que emergen de la reproducción de la relación social capital, a terminar con la explotación del trabajo, para lo cual es necesaria la revolución social, instaurando la dictadura del proletariado.
Es sobre la base de esa estrategia revolucionaria que se construye el programa de la revolución en cada país, identificando con precisión cuáles son las tareas que deberá resolver. Es en función de esa orientación que la vanguardia trabajadora en lucha hace propaganda buscando que esas definiciones estratégicas ingresen en la comprensión consciente de esas masas buscando que desde sus acciones se pueda superar todas las ilusiones en la democracia burguesa mostrando que siempre es una expresión de la dictadura del capital, que debe ser abolida por el poder obrero y socialista.
El partido revolucionario requiere hoy su construcción pues da muestras notorias de su ausencia y con ello de una política autónoma de clase .Es esa la tarea histórica que Trotsky dejó planteada al puntualizar en el mismo documento que mencionamos más arriba que :
“Las crisis de coyuntura, en las condiciones de la crisis social de todo el sistema capitalista, aportan a las masas privaciones y sufrimientos siempre mayores. El crecimiento de la desocupación ahonda a su vez la crisis financiera del Estado y mina los sistemas monetarios vacilantes.
Los gobiernos, tanto democráticos como fascistas, van de una quiebra a la otra….La burguesía misma no ve una salida….. Las charlatanerías de toda especie según las cuales las condiciones históricas no estarían todavía “maduras” para el socialismo no son sino el producto de la ignorancia o de un engaño consciente. Las condiciones objetivas de la revolución proletaria no sólo están maduras, sino que han empezado a descomponerse. Sin revolución social en un próximo período histórico, la civilización humana está bajo amenaza de ser arrasada por una catástrofe. Todo depende del proletariado, es decir, de su vanguardia revolucionaria La crisis histórica de la humanidad se reduce a la dirección revolucionaria…”
Hacer propaganda explícita por la estrategia emancipatoria de la clase trabajadora , el poder obrero y el programa socialista, es la tarea que emerge del actual estadio de lucha de clases en nuestra sociedad. Los que emiten “manifiestos para cambiar la historia” , solo “manifiestan” el abandono liso y llano de toda estrategia para la emancipación de los explotados.
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