Existimos en un tiempo, donde las tecnologías digitales colonizan y transforman todos los aspectos de nuestra vida: las relaciones, los pensamientos y las formas de atención y memoria. La consecuencia es que el espíritu -o la mente- se ve amenazado por una infinidad de estímulos y representaciones y, por lo tanto, nuestra percepción y experiencia del mundo quedan fragmentadas
Hay una tensión entre el potencial emancipador de la tecnología y su captura por la lógica del mercado, la vigilancia y la persuasión algorítmica. nuestras prácticas cognitivas, afectivas y las relaciones intersubjetivas, se reconfiguran de una manera caótica, que a cualquiera de nosotros más temprano que tarde lo sumerge en la confusión por la complejidad de las herramientas tecnológicas que no dejan de suceder en el hacer colectivo y cada día se enfrenta a la presencia sustantiva de plataformas sin las cuales su existir material se pone en riesgo similar a lo que otrora vivía un analfabeto. Sin embargo en esta caso no se trata solo de un episodio de carencia de conocimiento sobre un objeto al que más temprano que tarde habremos de dominar, sino que en este fenómeno de este siglo expandido por el encierro en cuarentena derivado de la pandemia , la emergencia del el cálculo y la predicción se convierten en norma en el sentido estricto del término, y el intento de apartamiento de sus repartos de mandatos y obediencia, se castiga socialmente con el apartamiento generalizado y la marginalidad.
Con este escenario, luce pertinente la pregunta ¿Dónde fuimos a parar cuando se apagó la igualdad como dimensión fundamental de la ciudadanía moderna?
Tal vez, ese sea el mayor interrogante no formulado en estos días. Esa omisión no es por olvido, sino por lo contrario, por la advertencia de que si se formula quedaría expuesto un significativo problema del existir que no encuentra respuesta alguna en este orden social.
La apariencia exhibe, gente discurseando en parlamentos. Mucha más gente buscando ganar espacio en las calles para obtener visibilidad de su situación particular de perjudicado por alguna medida de gobierno que entienden nacida de este por los perfiles perversos de quien pusieron a gobernar con su sufragio. También, muchos otros alardeando, agitando, en la creencia puramente basada en la fe, de que de tanto protestar y ser reprimidos esos grupos harán las veces de «El viento que agita la cebada».
Sin embargo, haciendo el esfuerzo de acercarse al real objeto de estudio del fenómeno que tenemos a la vista y que nos incluye de alguna u otra manera, se puede apreciar con cierto rigor que todos y cada uno de los elementos que subyacen tendencialmente desarrollados a su interior tienen un factor común que los ubica en el mismo conjunto. Ese aglutinante, no es otro que la noción de igualdad, y con ello, todo lo que discurre, reclama, presiona, agita o pleitea, remite al orden jurídico e institucional del Estado al que se lo reputa, según sus políticas, más cerca o más lejos del paradigma igualitario que hizo cimiento del orden social capitalista con la revolución democrática que puso a la burguesía en el control social y el manejo del poder sobre las clases sometidas y explotadas.
Desde ese contexto hay que decir que las formas liberales de organización del poder político comparten una diferencia esencial sustantiva que se circunscribe al favorecimiento de la libertad de los individuos y ganan espacio de reconocimiento social consensuado mayoritariamente, por hacerlo más allá de lo que pudiera hacerlo cualquier otra alternativa política.
Las significantes de la intromisión masiva y directa en los vínculos relacionales que se gestan en la sociedad civil que contiene a las clases sociales que antagonizan objetivamente por intereses estratégicos diversos a las que aludíamos al inicio , han determinado como si fuera una suerte de mecanismo causa efecto, que se haya perdido el inicial factor emocional colectivo que acompaño a la burguesía en su empresa revolucionaria y la instauración de su república bajo los lemas libertad , igualdad y fraternidad.
Dicho de otra forma, la presencia gravitante en particular en lo comunicacional se llevó puesto al uso de la emoción para conmover o inspirar a una visión de la lucha por esos estandartes en una suerte de epopeya liberadora, generando empatía mayormente generalizada hacia algunos de los miembros de la sociedad que nacidos de la propiedad de los medios de producción podían con empeño, llegar a convertirse en los personajes que daban la dirección del camino a recorrer.
Los programas, las plataformas, la inteligencia artificial y todos los dispositivos venidos o por venir, liquidan ese estadio del desarrollo del orden social capitalista y contradictoriamente lo llevan a su crisis de paradigmas e ideas, hoy solo concentradas en el esquema consumista de la utilidad que tiene necesariamente tener cualquier decisión que se adopte, sin importar, como , cuando y donde y si en el mismo momento implica el perjuicio equivalente a la ganancia obtenida en el lugar del otro.
No obstante, ocurre que desde el plano ideológico y empleando ese mismo arsenal instrumental, el poder burgués se ha ocupado de impedir la gestación de otros paradigmas sustitutivos de aquellos que emergieron en el origen de la revolución democrática burguesa.
Esto que señalamos hace, que de manera contradictoria haya una supervivencia de lo viejo no existente pero idealizado. Así, el horizonte de civilización que ellas delinearon sigue instalado en lenguaje que delimita los contornos del discurso de sentido común. La idea de igualdad formal ante la ley, goza de la particularidad de constituirse como, modo naturalizado de la vida en común y sus formas jurídico-políticas y como forma jurídica necesarias para el cuidado y la promoción de la libertad individual. Esto explica la prevalencia de las demandas por derechos colectivos pero parcializados que alegan uno a uno los sectores o los colectivos perjudicados por la materialidad de la existencia real en contexto objetivo de crisis de reproducción del capital.
El tiempo transcurrido desde la emergencia de las revoluciones democráticas burguesas, que incluye a nuestra sociedad, sucedieron a dichas revoluciones, lo cierto y constatable resulta entonces que pese a que no existe ningún sustento material para ello, en la medida que la tendencia creciente de a la pauperización de las masas adquiere notoriedad, no impide que los fundamentos emancipatorios de la vida política liberal hayan dejado de ser motivo de indagación, pasando a constituirse en postulados dogmáticos , fe racional que enfrentan, a lo sumo, dificultades meramente técnicas para ejercer su rol rector sobre la actividad social.
Se dice con frecuencia, desde profesores pensantes que miran desde pantallas a sus alumnos o concurren a bajar línea en cátedra o de políticos mercenarios profesionales del funcionalismo orgánico al poder hegemónico de la burguesía dominante , infinidades de curiosas inventivas para justificar lo injustificable de la barbarie emergente de las contradicciones agudas del capital y sus dificultades actuales de reproducción en clave de globalización y políticas imperiales y es siempre la dosis de presunta honestidad ,la que viene en el envase de la idea de la libertad y la igualdad tal como la abrazó la burguesía en su fase revolucionaria la que con papel de regalo las envuelve, al punto tal que los que se asumen como la izquierda de todo ese régimen , se abrazan con denuedo a su fetichezca existencia, compartiendo esa fe dogmática en esos paradigmas .
El derrotero de guerras, represiones generalizadas, genocidios y miseria cultural y material ,que impone el orden social capitalista necesita desde los trabajadores , (que no tienen universidad , desmintiendo cuando esa pretensión se agita en grito al vacío los sectores medios de la sociedad, nostálgicos de lo que alguna vez fue su reforma ), sino que se capacitan existiendo en la explotación y opresión aprendiendo como primer acto de defensa de su interés histórico emancipador una perspectiva crítica de las bondades de dicha vida política en clave de revolución democrática y en particular, de la ciudadanía liberal, como si de alguna manera ella quedara por realizarse pese a la constitución del Estado nacional.
Ante todo, esto, se hace necesario desde el programa socialista construido en forma partido, desde la vanguardia trabajadora, una acción inversa de lo dado, que rompa de manera dialécticamente superadora, con esta perspectiva instalada por reconocimiento que se da en los hechos, del carácter progresista de la ciudadanía universal moderna
Esa instancia superadora de carácter programático , necesaria en toda propaganda socialista revolucionaria requiere poner en tensión opositora las formas sustantivas de organización política de la burguesía, la república y su democracia representativa , identificando los elementos limitadores, falsificadores y, negadores de los intereses de la libertad humana que ella protagoniza, confrontándolos con el objetivo emancipador del hombre , en tanto interés y necesidad objetiva de la clase trabajadora corporizada en las masas que se reconocen como tal.
Dicho de otra manera, la tarea de propaganda del programa socialista revolucionario en este momento del desarrollo de la lucha de clases y crisis de reproducción del capital necesita dotarse de un contenido discursivo tal, que implique sacar a la luz, las estructuras de la dominación social que la lógica del capital y sus formas políticas saben invisibilizar con destreza ideológica permanente.
La “emancipación política” y el “hombre egoísta, de determinación individualista y utilitarista ” sobre el que la república como forma de Estado y la democracia indirecta como su modo de gobierno, se sostiene y con el que forja una estructura de dominación, significaron un progreso al tiempo de su irrupción revolucionaria sobre la estructura y superestructura del feudalismo , pero al mismo tiempo, dicha emancipación de los lazos serviles , es el lugar desde donde se despegaron y operaron nuevas formas de dominación que giran en torno de la lógica mercantil y la lógica del capital. Ambas portan un sentido de justicia utilitarista y meramente distributivo que viene enlazado con el concepto dogmático de la igualdad universal ante la ley, que se constituye en la fórmula jurídica abstracta que da basamento a todo ese andamiaje que oculta la relación material de explotación.
Por ese motivo la propaganda socialista en este estadio de la lucha de clases, donde sobrevivimos en condiciones de miseria y barbarie, no tiene otro enfoque posible que la crítica de la economía política y desde ella la premisa que advierta en el entendimiento conceptual de las masas trabajadoras, que la emancipación política vendría a ser la mediación abstracta que hace posible la realización de los concretos intereses de la acumulación capitalista, canonizando en términos políticos la igualdad requerida por la circulación de mercancías.
Esa mediación la concentra operativamente la forma jurídica Estado y su institucionalidad, por lo que su desenvolvimiento cotidiano y su contenido concreto, actúa como una dimensión pública donde reina la impersonalidad y la neutralidad asociadas al concepto de igualdad universal y la abstracción que ella demanda.
Los fines privados de la instrumentalización que el capital requiere llevar a cabo sobre la fuerza de trabajo para materializar su reproducción, solo pueden tener éxito a través de esa mediación institucional y formalmente jurídica que genera el Estado, desde sus poderes constituidos, la acción de su burocracia y las agencias represivas.
De esta manera naturalizando en forma abstracta sin expresión concreta sustantiva la institucionalidad estatal y las formas jurídicas, en última instancia hacen posible que la producción cumpla su propósito de generación de valor por empleo de la fuerza de trabajo y su realización en el mercado con apropiación por la burguesía dueña de los medios de producción.
Bajo la mediación de la ficción jurídica de la igualdad desde la esfera pública moderna en la forma jurídica Estado, tiene lugar la apropiación privada del trabajo ajeno y en sentido más general toma cuerpo la explotación que sufren las masas trabajadoras.
Moses Hess, amigo personal y colaborador de Karl Marx y Friedrich Engels supo decir en 1843 según la cita de Nicolás Alberto González Varela en la revista Rebelión, que “Lo esencial es la negación”: “Al ‘servicio de Dios’ se lanzaron los curas; al ‘servicio del Estado’, los reyes, aristócratas y otros ambiciosos y egoístas, locos y embusteros, pretextando ser los representantes de los ‘intereses generales”.
Con forma literaria, sin proponérselo, pero asociado, Emile Zola agregó por referencia a los obreros mineros, pero todo habilita a su extensión significante a todos los trabajadores que:
“. Los camaradas, como si se hubiesen acercado a la superficie, seguían golpeando aún, cada vez mas distantemente. Bajos rayos inflamados del astro, en aquella mañana de juventud, la campiña estaba envuelta en aquel rumor. Allí abajo, crecían hombres, un ejército negro, vengativo, que germinaba lentamente para producir frutos para las luchas del siglo venidero, cuyo germen iba muy pronto a hacer estallar la tierra” … (Germinal)
Nuevo Curso.
