Nuevo Curso

SOBREVIDA EN LAS SOMBRAS DE LA DESHUMANIZACIÓN.

Friedrich Engels afirmó: “La sociedad capitalista se enfrenta a un dilema: avanzar hacia el socialismo o retroceder hacia la barbarie”. Con frecuencia también hemos retomado esta idea, en su formulación disyuntiva, a partir de los textos y las referencias de Rosa Luxemburgo. Sin embargo, ese concepto suele usarse con ligereza o reducirse a una consigna de aparente vocación profética, sin asumir ni dejar ver el terrible alcance que tiene en las condiciones materiales de nuestra supervivencia actual.

Así es que en gran parte por ese uso viciado de error de la retórica vacía y la exaltación vana del discurso sobre lo concreto, la realidad nos pone por las simples implicancias dialécticas de ese proceso degradatorio que implica trascender hacia la naturalización de la destrucción en clave utilitarista con exaltación de lo individual sobre lo comunitario hoy con formato bélico a la constatación relativa a que el escenario bélico se enseñorea sobre gran parte del planeta y en muchos casos asume la condición de una práctica genocida sobre algunos pueblos.

En el mismo plano ,desde el territorio donde habitamos, las zonas de pobreza-indigencia se extienden y abarcan a grandes contingentes poblacionales que por las nuevas formas de reproducción del capital y empleo por la burguesía de la fuerza de trabajo de los operarios , han pasado de modo estructural a la condición de población sobrante , desarrollando escenarios existenciales que se ubican por debajo de los niveles básicos de los componentes materiales de aquello que hace que los sujetos sean considerados dignos desde los parámetros de salud y las formas jurídicas normativas que se les imponen.

Lo cierto es que, el capitalismo usando sus prácticas imperiales a través de los Estados nacionales y sus aparatos bélicos, producidos por sus industrias de guerra están generando y provocando la destrucción de toda cultura , acudiendo a paradigmas que implican en sí , por fuera de sus variantes una situación objetiva de deshumanización y concentración en plano de dominación de los seres humanos vivos en simples objetos de utilización política o máquinas de consumo, entre los que distingue aquellos que no alcanzan ese lugar y los que lo logra, facilitando la empresa con una andanada de dispositivos de control social en clave de vigilancia , abiertos o encubiertos , haciendo que quienes señalan estas variantes del devenir social permanezcan por ese simple motivo en el espacio sesgado de la marginalidad cultural.

En ese sentido, muchas veces se circunscribe y se piensa, también por los formatos que no son impuestos que la marginalidad tiene un solo rostro que es el de la pobreza de recursos y todo lo que ella trae consigo en orden a la pérdida o acotamiento de posibilidades que dan significante al sujeto. Sin embargo, el territorio de la marginalidad también ocupa otro espacio, que es el de la carencia de resonancia que las producciones intelectuales adversas al orden social capitalista, tienen dentro del sistema mismo y aún más , el desprecio implícito de los “otros” hacia esos objetos del trabajo humano, cualquiera fuese el medio por el que logren concreción material.

Es fácil constatar que todos los instrumentos comunicacionales de los trabajadores, que en otras décadas se concentraban en las prensas y los trabajos gráficos de propaganda socialista que pudieran generar los que ocupando posiciones de vanguardia , se subían por determinación consciente a la ruta de la lucha y buscaban transitar por ella, hoy han caido en desuso. Ese resultado no es otra cosa que un éxito de la burguesía de conjunto y una significativa derrota para los trabajadores que de alguna u otra manera la enfrentan buscando construir otro orden social sin explotadores y explotados.

La aceptación de ese particular modo del conflicto social, por vía de constatar que nuestras armas han sido melladas, y que en ese plano nos han inferido una derrota simbólica relevante, trae consigo la pérdida de toda una serie de hábitos, comportamientos y formas de estar en el espacio de la educación en contenidos específicos de los trabajadores en lucha , que debe ser necesariamente revertida por un nuevo curso en la paciente tarea de concientización de la vanguardia socialista , para una mejor intervención práctica en este escenario de barbarie y mengua civilizatoria donde nos toca sobrevivir .

Entre esas pérdidas hay una especialmente perjudicial para los intereses emancipatorios de nuestra clase: el aislamiento al que queda sometido cada trabajador, en un contexto en el que los encuentros con otros se vuelven cada vez más excepcionales debido a las formas actuales de organización del trabajo. Así, por ejemplo, un trabajador puede comprar los bienes que necesita sin interactuar directamente con otra persona —muchas veces, además, de su misma condición social— en un acto de compraventa que antes suponía un encuentro humano. La virtualización de ese vínculo lo priva de esa experiencia intersubjetiva y le impide conocer al “otro” en su corporeidad, sus expresiones y todo aquello que forma parte de la existencia humana.

Lo propio ocurre en los procesos de producción material de objetos mercantiles en sí, producto de la agudización de la división del trabajo, que refleja socialmente en el fraccionamiento o atomización de los que trabajamos entre nosotros. Súmese a ello, el trabajo en domicilio , el enseñoreo de las aplicaciones y se verá como todo esto predispone la presencia y desarrollo de otro sujeto que aún sigue siendo trabajador por la esencialidad de la venta obligada de su fuerza de trabajo que no tiene variaciones ,pero que construye otra subjetividad, más próxima a su cosificación individual y utilitarista puesta en acto a través de la lógica binaria de tomas de decisiones sobre opciones que se le presentan con funcionalidad dominante por otros. La existencia concreta se ha convertido en una suerte de expansión del modo McDonald’s, donde los vendedores nos circunscriben en nuestras “decisiones” a un menú de opciones prefiguradas haciéndonos pensar que estamos eligiendo.

Lo propio ocurre en el mercado de libros, que afrontando su decadencia por la batalla que les presenta toda la oferta virtual, hoy asumen en librerías una lógica diversa por la cual, en principio se evita la concurrencia del comprador por vía del consabido método de la venta virtual, donde al consumidor se le ofrece una serie de libros que se conoce de antemano están en los que el consumidor tiene entre sus preferencias temáticas, o bien a la inversa, se acosa al lector potencial con ofertas de libros por vía de videítos que llueven sobre la red social que está acostumbrado a usar. Los locales de ventas se reducen, los empleados con el oficio del librero se caen del mapa, y los tenaces concurrentes abandonan el hábito de recorrer mesas buscando lo que consideran su deseo.

Desde el plano del trabajador, las posibilidades de empleo de las bibliotecas gestadas en forma comunitaria para hacerse del libro, ha quedado en desuetudo, precisamente porque eso implica un encuentro, una posibilidad de charla y comunicación. Las llamadas bibliotecas populares se transforman paso a paso y de manera irremediable en otra cosa que nada tiene que ver con leer libros y pasan a conformarse en grupos de contención humana para seres dispersos , en espacios de alguna actividad irremediablemente condenada al fracaso. Los llamados “talleres” caen unos sobre otros y su agotamiento o su transformación en grupo terapéutico , no evitan que sea el aislamiento y el fraccionamiento en pequeños grupos autoreferenciados en sus limitados haceres , los tornan inviables a la hora de responder a las preguntas centrales de la existencia, en torno a cómo vivimos y para qué vivimos como vivimos.

Hoy más que nunca y pese a las ideologías que lo niegan, existe marcada desde el plano estructural, la contradicción entre la clase obrera y la burguesía que tiene su expresión en plano de ineludible conflicto social y enfrentamiento entre ambas, entre los explotadores y explotados, que manifiesta además situaciones de opresión que remite a la existencia en el conjunto de opresores y oprimidos. Estos son los polos opuestos y excluyentes de esa contradicción como se puede comprobar todo el tiempo, y en cada acto que desarrolla el poder político burgués a través de la institucionalidad estatal que esa clase impone al resto de la sociedad.

Es en este contexto que, en el plano político, la democracia es la forma de gobierno propia del capitalismo en su Estado con formato republicano-constitucional y en términos generales se da, cuando la burguesía ha logrado articular un consenso tal como para ser hegemónica. Pero, este consenso no es espontáneo ni se genera sin elevadas cuotas de represión y de operaciones mediáticas de ideologización de lo real de modo que sea aceptado, habilitando la posibilidad de relatos sobre lo concreto a los que se les termine asignando la condición de verdaderos.

Difundir la existencia concreta de este espacio de la lucha de clases , donde nos han metido de manera en principio imperceptible y últimamente en forma compulsiva nuestros enemigos de clase, propicia que se piense lo sucedido, contemos cuanto de lo que era ha logrado soportar esta tormenta ideológica y avanzar en términos prácticos hacia un nuevo curso de esa lucha , con los elementos opresivos de realidad a los que nos enfrentamos transitados por el camino de la defensa de la humanización de lo social , en cuanto pudiere resultar viable.

NUEVO CURSO
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