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LA FUERZA DE TRABAJO Y LA CONCRECIÓN DEL PROGRAMA SOCIALISTA.

El capital en tanto relación social, entre otros motivos, se sostiene sobre la generación y ampliación del fetichismo mercantil y en paralelo, sobre el fetichismo de las formas jurídicas que toman cuerpo en la norma legal.
Ambas modalidades, se conjugan en los hechos cotidianos con lo que tiene que ver con la realización efectiva de la capacidad de trabajo que todo ser humano tiene. Así es que,una de las principales mistificaciones que envuelve al capitalismo tiene lugar cuando las diferentes variantes de la organización del trabajo son presentadas como parte de un proceso objetivo o “neutral”, en lo que refiere a la relación entre patrones y trabajadores.

De acuerdo a ello, ciertos cambios en el régimen laboral planteados por las empresas tendrían un propósito genéricamente “positivo”, tanto para la patronal como para los trabajadores. El antecedente y punto de partida de esta impostura fue el llamado Taylorismo
.
La presentación de la explotación obrera con una pátina aséptica o de neutralidad entre las clases con formato “científico” tomo con el tiempo otras muchas variantes, pero todas respondieron a la premisa ideológica de lograr la “organización racional del trabajo”
Las políticas de despidos de trabajadores y sobreexplotación de planta pasaron a racionalización” y su propósito final la “optimización” que implica no otra cosa que la situación de máximo beneficio a costa de la elevación de la explotación obrera
En ese desarrollo se añadió con igual objetivo, la cinta de montaje de Ford, un verdadero tormento para los trabajadores complementado con incentivos a la producción y horas extras con anuencia de las dirigencias de las organizaciones sindicales de masas.
Sin embargo, lo relevante es el aporte de la tecnología , la llamada “psicología del trabajo” y luego la “sociología industrial ambas presentadas como un ´servicio´ empresarial para mejorar la condición de los trabajadores en el tiempo de trabajo , con el agregado de las intervenciones de las agencias de seguridad y los seguimientos informáticos sobre la vida del operario, incrementando con todo esto su condición de objetivación respecto de los resultantes de la puesta en acto de su fuerza de trabajo.
En termino real y por fuera de todos estos artificios ,lo que se busca en todo momento con acuerdo de las dirigencias sindicales so pretexto de reducir los despidos, es adaptación y aceptación por consenso de los trabajadores al modelo productivo desarrollado al interior de las fábricas y el incremento de la explotación con fundamento en la crisis del capital en lo que remite a la faz de su reproducción y apropiación del valor creado por el obrero.
La organización capitalista del trabajo por la naturaleza de las relaciones sociales de producción impone necesariamente, fetichismo y alienación mediante. la fractura de la integralidad humana, en aras de un obrero parcelado que se desentiende del resultado final de ese proceso .
Sobre ese basamento, las contradicciones emergentes en la economía por la sobreproducción de mercancías y las crisis cada vez más frecuentes en la reproducción del capital , se montaron por la burguesía , los llamados “nuevos métodos de trabajo” o “producción flexible también son ideológicamente presentadas como progresos “técnicos”.

En el plano objetivo de cuanto dejan ver los componentes de la realidad, estos ajustes introducidos para la modificación del proceso de trabajo avanzan de la mano de evitar las fluctuaciones críticas de los mercados donde no quedan espacios para las anteriores formas jurídicas que daban regulación a la relación laboral con estabilidad en la ocupación.
En esto hay que tener cuidado, cuando de manera mecánica se promociona como programa de defensa de la ocupación, la reducción formal de la jornada que sería facilitadora o “promotora del empleo”, ya que los hechos exhiben que el resultado no es tal: el impacto de la “racionalización” -eliminación de horas extras, vacaciones en cualquier momento del año- superó al efecto de la presunta merma del producido por la reducción de jornada. Mas allá de esto , la flexibilidad laboral y la intensificación del trabajo no cesaron de crecer en lo que lleva transcurrido en este siglo.
De esta manera, la situación que tiene reflejo directo en el actual estadio de la lucha clases como lo evidencia el caso testigo de los trabajadores del neumático que se ven forzados a defender la ocupación por sobre sus salarios reales.
Las modificaciones productivas tienen también un efecto significativo, que es la idealización forzada del productivismo y el empredurismo, multiplicando las situaciones de fraude laboral revistiendo relaciones de capital-trabajo como acciones individuales de una persona que actúa por sí y termina autoexplotando y disimulando la presencia de un empleador oculto que no asume responsabilidad alguna pero se sigue apropiando de valor .

Toda esta alteración en las formas es una arquitectura política de la burguesía sobre los trabajadores evita que se desenvuelva de modo dialéctico ascendente la oposición de intereses en sentido favorable a la clae obrera y ubica el conflicto social en la concentración de demandas económicas de programa mínimo.
Sin embargo, la defensa o la conquista de ese programa plantea una lucha contra las patronales y el Estado tanto como empleador como intermediario funcional a los intereses de la burguesía de conjunto.
Lo cierto es que por fuera de las incidencias inmediatas todas equiparables a pequeñas escaramuzas, hay una manipulación para incrementar en términos generales el grado de explotación de los trabajadores y eso debe ser expuesto desde el plano teórico con la propaganda socialista y la demanda de la organización política de la clase trabajadora desde su vanguardia.
La presentación de una concesión unilateral como “conquista”, cuando se trata de una maniobra para hacer pasar un planteo flexibilizador de conjunto, es contribuir a que los trabajadores se adapten a lo dado por conformación de falsa conciencia .
Toda esta compleja problemática social lleva a una necesaria conclusión, que apunta a resignificar la noción estratégica de emancipación y poder obrero, en tanto es ese el escenario político y social que permite abordar el problema de la realización de la fuerza de trabajo, en el contexto de otro tipo de relación social diverso del capital. El esquematismo de no vincular demandas de programa mínimo sindical, con ese objetivo estratégico de nueva sociedad, traducido en la política de la inmediatez subordinada a la institucionalidad estatal burguesa luce como un obstáculo más en la realización del programa socialista.

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