Nuevo Curso

El discurso para ciudadanos que olvida a los trabajadores y profundiza su alienación.

“los marxistas admiten la lucha por las reformas, es decir, por mejoras de la situación de los trabajadores que no lesionan el poder, dejándolo como estaba, en manos de la clase dominante. Pero, a la vez, los marxistas combaten con la mayor energía a los reformistas, los cuales circunscriben directa o indirectamente los anhelos y la actividad de la clase obrera a las reformas. El reformismo es una manera que la burguesía tiene de engañar a los obreros, que seguirán siendo esclavos asalariados, pese a algunas mejoras aisladas, mientras subsista el dominio del capital…….Cuando la burguesía liberal concede reformas con una mano, siempre las retira con la otra, las reduce a la nada o las utiliza para subyugar a los obreros, para dividirlos en grupos, para eternizar la esclavitud asalariada de los trabajadores.” (V. I. Lenin Marxismo y reformismo)

“Si los males económicos de nuestra época son resultado, en último análisis, del hecho de que las fuerzas productivas de la humanidad son incompatibles con la propiedad privada de los medios de producción así como con las fronteras nacionales, el capitalismo está atravesando las convulsiones más dolorosas precisamente porque es el capitalismo más moderno, más avanzado y más dinámico…..“ “La decadencia del capitalismo promete ser todavía más turbulenta, dramática y sangrienta que su ascenso. El capitalismo alemán no resultará seguramente ninguna excepción. Si su agonía se prolonga demasiado, la culpa reside -debemos de decir la verdad- en los partidos del proletariado”. (León Trotsly . EL ÚNICO CAMINO)

El ser humano aislado, enajenado frente a los demás y aun de su propio ser y sus profundas emociones es un fenómeno estrechamente ligado a la relación social capitalista que es excluido como elemento de la realidad, en cualquiera de los discursos que se encuadran dentro de las expresiones de campaña electoral que se suceden en el curso de los últimos meses y de cara a la farsa electoral que el poder burgués monta para la jornada del próximo 26 de octubre.
Esto significa no otra cosa que operadores políticos utilizando medios de difusión de su discurso con soporte en las más variadas tecnologías, que se abstraen de individuos de personalidades desintegradas, totalmente absortas en ellas mismas y atormentadas por una intensa soledad e incapacidad para comunicarse con los demás a pesar de esas mismas tecnología.
Las causas de la alienación están en la estructura misma de la relación social capital, y se conforman para su reproducción en las formas jurídicas que imponen desde la norma repartos que determinan potencias y prohibiciones en los sujetos contenidos en ese tipo de vínculo emergente desde el triunfo de la revolución democrática desarrollada en el mundo por la burguesía, que nació y creció despojando a las masas trabajadoras de los medios de producción y la consecuente alienación del trabajo asalariado. Luego, en su desarrollo arribando al actual capitalismo monopolista ha intensificado y universalizado las condiciones de esa alienación forma tal, que sus consecuencias se han extendido a la mayoría de los vínculos intersubjetivos que tienen lugar al interior de ese orden social en el que sobrevivimos.
En la sociedad capitalista, bajo las condiciones del desarrollo más favorable de ese modelo de orden social , tuvimos en la República democrática la forma jurídica de su máxima expresión .Eso no quita, como lo enseña la historia y la enorme cantidad de víctimas, que los Estados de las burguesías cedieran en su violencia sobre las personas , en particular sobre explotados y oprimidos cuando así lo demando y demanda la reproducción de la relación social que implica el capital en su propio desenvolvimiento dialéctico.
En la sociedad en que sobrevivimos, con cada vez más frecuentes escenarios de barbarie, lo colectivo es despreciado de las más diversas maneras. Una de ellas es el entusiasmo de tantas críticas que parten de las candidatas del reformismo en forma de cooperativa electoral o cualquiera de sus satelitales, se alimenta de las ganas y no del análisis de la realidad que hace centro en ese individualismo que contiene la disociación del ser humano en ciudadano.
Lejos de poner en advertencia a la clase trabajadora por vía de la propaganda socialista, se lo fomenta y reproduce . Expanden y afirman un modo liberal de denuncia y queja que pone al individuo abstractamente considerado y en rol ideológico de ciudadano, por encima de lo colectivo.
Son expresiones de esto último, los profusos reportajes pagos con el dinero de campaña en los que se confunde explotación con discriminación por la condición de mujer u otra diversidad, preferir viralizar la queja a construir una organización autónoma de clase con forma de partido político , buscar trascender en la masividad por el individualismo del personaje “luchador/ luchadora previamente formateado por quienes “diseñan” el personaje con forma humana , todo eso y mucho más que sería largo enunciar da cuenta de un liberalismo generalizado en la vida cotidiana. El modelo es el acto individual que busca siempre la emulación de otro individuo ya consagrado y captado socialmente como una mercancía con valor de uso en la presunta generación de verdad.

Con esto estamos buscando señalar que, esta democracia se encuentra siempre comprimida dentro de los estrechos marcos de la explotación capitalista y es siempre, por esta razón, un régimen político para mejor funcionamiento de la explotación y la dominación burguesa sobre los trabajadores con amparo en las formas jurídicas que le dan institucionalidad al Estado y su monopolio de la violencia .
Es en ese espacio de la realidad, donde hay que ubicar la cuestión de eser humano enajenado en ciudadano, en particular en lo relativo a la libertad en tanto paradigma programático de la revolución democrático burguesa que esa clase social montó mediante la formación de los Estados nacionales, en su acceso al poder de clase, que impone su hegemonía, máxime cuando hoy el trabajador tiene que soportar a operadores políticos de toda calaña que le venden una ideología opresiva por la cual el voto es un derecho, una costosa herramienta conseguida con la lucha debería ser defendido por el propio acto de sufragar el próximo 26 de octubre.
En realidad, lo que la historia indica, es que los trabajadores lucharon por quitarse de encima el yugo militar que terminó con la vida de la joven vanguardia obrera en la segunda mitad de la década del setenta y advertidos de la caída del régimen dictatorial y sus métodos de terrorismo de estado, visiblemente lesionado también por su lógica militar derrotada en las tierras de Malvinas y Atlántico Sur, la burguesía pasó el plumero a su república y con auxilio de la socialdemocracia local la esgrimió como fetiche superador , recitando el preámbulo de la Constitución Nacional. Con esto volvío a exhibir la primaria ficción democrática de libertad, igualdad, y políticas de derecho subjetivo.
Hoy con cierta similitud, cae en la advertencia de la incapacidad política del gobierno de turno para imponer las recetas recesivas que faciliten la intensificación de la explotación, tropieza con que ese indicador lleva a otro mayor con respaldo sociológico, que es la caducidad contemporánea del régimen republicano en sí mismo, manifiesta en el “son todos iguales” y la evidencia de la corrupción en las filas del poder.
Es desde ese basamento, que volviendo a Marx hay que apuntar una noción conceptual : la sociedad capitalista sigue siendo, y es siempre, poco más o menos, lo que era la libertad en las antiguas repúblicas de Grecia: libertad para los esclavistas.
Esto es así, porque en virtud de las condiciones de la explotación capitalista, los esclavos asalariados modernos viven tan agobiados por la penuria y la miseria, que «no están para democracias», vale decir, no están para política de derechos subjetivos y presuntas libertades que no pueden materializarse en la medida en que las necesidades básicas no pueden ser satisfechas desde la forma salario.
Dicho de otra manera, en el curso corriente y pacífico de los acontecimientos, la mayoría de la población queda al margen de toda participación en la vida político-social, tal como lo demuestra la cotidianeidad del conflicto social que centrado ideológicamente en la defensa de las llamadas libertades democráticas y los derechos subjetivos de las personas devenidas artificiosamente en “ciudadanos” no alcanza a generar una participación masiva de los trabajadores y acuciado por esa realidad se refugia en los sectores medios de la sociedad.
En referencia a este dato sociológico , que está en la base de todo este fenómeno sin que se le exhiba de manera expresa, gira la dualidad hombre-ciudadano, siendo ésta uno de los elementos fundacionales del liberalismo, al que siempre ideológicamente se le ataca en su faz de política económica y se oculta esta otra estructura de orden cultural sin la cual las recetas económicas cualquiera fuese su matriz carecerían de entidad alguna.
De esta manera, em la vanguardia trabajadora y desde ella a las masas, las acciones y determinaciones políticas requieren tener presente esta cuestión , como en su momento fuera denunciada por Marx, sin que esa afirmaciones de su juventud hayan podido ser rebasadas desde el andamiaje de críticas que frecuentemente se desata sobre las proyecciones prácticas de ese desarrollo teórico. Es importante que todo cuanto implica la aleatoria dualidad hombre-ciudadano sea despejado de las oscuridades ideológicas y exhibido tal como es.
La disociación entre ser humano real y concreto y el ciudadano está inscripta en la célebre Declaración de 1789, dato que no hace otra cosa que asociarla con la gestación política mediante formas jurídicas del orden social capitalita . Esta dualidad es, si se quiere ,la estructura política de la revolución burguesa.
Esta división fue puesta bajo sospecha por Karl Marx, en los Anales Franco Alemanes en 1844. Es ahí cuando tuvo ocasión de decir que en el mundo burgués coexisten un cielo político igualitario donde moran los ciudadanos y un mundo real donde el hombre es el lobo del hombre en el que los seres humanos no se integran sino que compiten entre sí , condicionados entre otras cosas por las lógicas del mercado.
Este dualismo, inherente a buena parte del pensamiento político de los operadores de la clase dominante , para sorpresa de propios y extraños, con más de cuarenta años de república democrática en nuestro país, pasó a constituir el elemento subjetivo de todos los discursos que nacen desde los partidos de la izquierda del régimen concentrados en la cooperativa electoral FITU, que dejando de dirigirse a los trabajadores, lo hacen hacia jóvenes, mujeres y jubilados a los que en tanto ciudadanos les piden que le dejen su voto, poco importa la clase, la lucha que es propia a la clase trabajadora y los intereses emancipatorios de esos trabajadores, porque al parecer con leyes y desde el parlamento se pueden superar las contradicciones que nacen de la propia generación del valor y la producción generalizada de mercancías.
los acontecimientos del siglo XXI Más allá de cómo fueron vividos por los trabajadores y luego expuestos desde las usinas de la ideología dominante ,dejan ver que la democracia formal de base liberal donde el ser humano para ser tal debe ser reconocido por el Estado como sujeto de las normas, preivo acceder a la condición de persona se enajena en el objeto mercantil al que le rinde tributo fetichista ,exhibe su decadencia expresada en que , aquello que la burguesía en ascenso y estabilizada concibió como el orden político necesario para la reproducción del capital y satisfacción de sus intereses como clase atraviesa un proceso de descomposición , no coyuntural sino terminal y estructural.
Hay que advertir por vía de propaganda y agitación socialista, que este declive sin retorno de la democracia y la dualidad hombre-ciudadano, solo adquiere significación en la medida en que se indique que es aquello de lo que da cuenta, con inocultable angustia es la presencia recurrente de escenarios de barbarie. En tanto este sistema social donde lastimosamente nos desenvolvemos apuesta por la muerte.

Es necesario acudir a las señales de nuestro tiempo y reformular un mensaje que apunte a las causas por las que llegamos a estos escenarios de miseria y pobreza en lo que nos toca sobrevivir y proyectar nuevamente con insistencia, la pertinencia y necesidad en tiempo presente de la revolución socialista.
“El rasgo característico del imperialismo como lucha competitiva suprema por la hegemonía mundial capitalista no estriba únicamente en la energía y la universalidad de la expansión –signo específico de que el ciclo de la evolución comienza a cerrarse–, sino en el hecho de que la lucha decisiva por la expansión rebota de las regiones que fueron objeto de la codicia hacia las metrópolis. De este modo, el imperialismo retrotrae la catástrofe, como modo de existencia, de la periferia de su campo de acción a su punto de partida. Después de librar durante cuatro siglos la existencia y la civilización de todos los pueblos no capitalistas de Asia, África, América y Australia a incesantes convulsiones y al declive generalizado, la expansión capitalista precipita hoy los pueblos civilizados de la propia Europa a una sucesión de catástrofes cuyo resultado final no puede ser más que la ruina de la civilización o el advenimiento de la producción socialista” ( Rosa Luxemburgo. La acumulación originaria del capital)
En ese mismo contexto la revolucionaria, concluye afirmando que la acumulación primitiva no es un acto original, tiene que reiterarse continuamente. Por tanto, cabe esperar, una vez subsumido el mundo entero por la lógica capitalista, una crisis devastadora.
En realidad, y tal como nos los muestra ante nuestros ojos la actualidad, la catástrofe es el modo de existencia del capitalismo.
La burguesía, desde su propia construcción de poder, se autodefine como un organismo en continuo movimiento, capaz de absorber, asimilando a su nivel cultural y económico, a toda la sociedad.
Lo que muestran nuestros tiempos es que esa clase social de conjunto está saturada, en particular porque su cultura es incapaz de dar respuesta que justifique su prevalencia. Son tiempos de sálvese quien pueda, y de las reacciones sociales cotidianas ajenas a toda referencia de compromiso social solidario. Una catástrofe en la que los perjudicados huyen en bandada buscando salvar el pellejo o comprar botes en la cubierta del Titanic ante el inminente naufragio
La burguesía no solo no amplía su espectro, sino que se desagrega; no solo no asimila a nuevos elementos que, por el contrario, los expulsa haciendo masiva su tendencia creciente a la pauperización.
Dicho de otra manera, la clase dominante mantiene a las masas populares en la pasividad a la vez que emprende transformaciones sociales requeridas por la situación histórica para mantener su dominación política, una de las herramientas para el logro de ese objetivo estratégico es encapsular al cuerpo social dentro de un proceso de farsa electoral nutrido por la teoría de la representación política, que aleja a los actores directos de la lucha de clases de los escenarios necesarios de construcción de poder.
Lo cierto es que, frente al fenómeno que describimos, la chispa revolucionaria la aporta la vanguardia política organizada, desde fuera de las luchas espontáneas del proletariado en un partido de trabajadores revolucionario, y es esa la gran carencia de nuestro tiempo, y por tal , su faltante se transforma dialécticamente en un ingrediente funcional a la consolidación de la tragedia de vida que significa el dominio del capital.
La carencia histórica de una organización bolchevique resultado del arduo combate en ofensiva que por todas las vías ha generado la burguesía desde su poder estatal, que pasa por la desaparición forzada de combatientes de la clase trabajadora en contexto de genocidio como ocurrió a lo largo de la segunda mitad de los años setenta y parte de los ochenta hasta la vía democrática formal con la cooptación ideológica de la intelectualidad hoy más ligada a un régimen de prebendas u ocupación de puestosmacadémicos burocráticos que al aporte consciente a la lucha de los trabajadores , es el aspecto del fenómeno particular que ligado a derroteros similares en otras latitudes impide y obstaculiza la posibilidad de revulsión de lo dado, aun cuando lo dado sea no otra cosa que la exposición permanente de la miseria humana.
Nuestras organizaciones políticas ensombrecidas por un reformismo anacrónico de rostro parlamentarista confunden a los explotados tomados de conjunto y no expresan en modo alguno sus genuinos sentires, extremo este al que se llega por el abandono estratégico de la lucha, en particular la lucha de calles, que es donde se recluta el ejército del proletariado y se posibilita más allá de toda propaganda abstracta esa toma conciencia de clase en sí a la aludimos. La organización, los progresos de la conciencia y el combate no son fases particulares, separadas en el tiempo y mecánicamente, a un único e idéntico proceso, sino el proceso mismo en su continuidad.
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