El país donde vivimos tiene una estructura productiva constituida por relaciones sociales de producción capitalista que dan cuenta de atraso y dependencia en referencia a otras estructuras productivas contenidas dentro de los límites de otros estados, que asimismo tiene una marcada dependencia con el capital financiero internacional. Ese factor hace que la burguesía dominante se sostenga en las formas institucionales del Estado, para mantener la reproducción del capital, que se traducen en prebendas, subsidios, y operaciones financieras facilitadas por la política del banco central.
La clase dominante que controla el poder político formal del Estado republicano es una clase que vive y se enriquece a costa de la apropiación del valor generado por los trabajadores que venden su fuerza de trabajo recibiendo en pago salarios que no cumplen suficientemente con su rol en tanto se posicionan mayoritariamente por debajo del costo real de la canasta familiar.
Estas circunstancias objetivas hacen que para la clase dominante y su poder político el único objetivo sea la posibilidad de la reproducción del capital y la apropiación privada del valor generado por el trabajador, para lo cual en tiempos de crisis se intensifica la intensidad de la cuota de explotación , sea por extensión de la jornada de trabajo, la reducción real del salario o el incremento de los ritmos de producción , a lo que se añaden las nuevas modalidades de prestación de la fuerza de trabajo en formatos que bajan los costos del trabajo vivo en favor del dueño de los medios de producción.
Es cierto además que, entre estas dos clases emergentes de la relación social capital, existen en el entramado social sectores medios que se refugian en pequeños emprendimientos que les permiten sobrevivir por fuera de la estructura directamente ligada a la producción generalizada de mercancías, pero cuya sobrevivencia depende directamente de las formas en que se da la relación social sustantiva, de allí el carácter oscilante de sus proyecciones políticas.
Por eso la caracterización de un gobierno determinado dentro de la institucionalidad formal que implica la república y su forma de gobierno de democracia representativa necesariamente debe hacerse determinando y constatando cuál es su proceder político frente a la gran propiedad privada de los medios de producción fusionada con el capital bancario en lo que se denomina capital financiero.
El resultado electoral de las elecciones de medio término deja en claro que un importante sector de la sociedad, medido desde la condición jurídico-política de ciudadano , es partidario de inclinar la acción política y las medidas concretas pertinentes hacia el favorecimiento de la existencia de ese sector de la clase dominante , y da consenso en relación de amo-esclavo a todo cuanto facilite de modo favorable la reproducción del capital , sin darle cabida con ese objetivo a reformas sociales dentro de ese marco persuadido que ese tipo de modelo hunde al entramado social en forma más intensa en la corrupción inherente a la politiquería burguesa.
El grado de desarrollo de las fuerzas productivas a nivel mundial ha madurado para que se plantee la necesidad de la transformación de la sociedad. La propiedad privada sobre los medios de producción, propia del capitalismo, es el obstáculo para que las fuerzas productivas se puedan desarrollar libremente en provecho de la vida de todos los miembros de la sociedad y no de un puñado de explotadores. La automatización de la producción hace posible producir mucho con poco trabajo humano. El valor de las mercancías disminuye y es posible atender las necesidades del conjunto de la sociedad a muy bajo costo. Pero para ello es necesario eliminar el interés privado burgués por la ganancia sustituyéndolo por el interés colectivo de toda la sociedad. Esto sólo es posible eliminando la propiedad privada sobre los medios de producción, reemplazándola por la propiedad social sobre los mismos.
Lo que anuncia el resultado electoral no es abandono del pacto liberal, sino una reformulación de ese acuerdo básico, desde la gestión de quienes han triunfado en la farsa electoral. Hay una sumatoria de votos equivalente a un 80 por ciento que permite la acción legitimante con formato de ley, del congreso, para dar visos de legalidad y posibilidad de imperio-uso de fuerza para plasmar en la estructura social las derivadas de una ofensiva directamente abierta sobre la clase trabajadoras y el arco poblacional que se ubica de lo que se denomina población sobrante.
Estamos ante una relación política que ha de permitir la naturalización estructural de la precariedad en el trabajo y la forma de prestación de la fuerza de trabajo en condiciones de mayor explotación, y de garantía para el extractivismo y apropiación privada de los recursos naturales que existen en nuestro territorio
La única forma en que la clase trabajadora se emancipe es por la vía revolucionaria de la construcción de su propio poder y la destrucción del aparato estatal de la burguesía y a esta como clase por un proceso transicional de dictadura proletaria y funcionamiento democrático de los organismos generados por esa clase.
Nuevo Curso.
