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LA POLITICA CRIMINAL. EL ESPACIO OSCURO DE LA SOCIEDA DE CLASES

“Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere ( si es verdadera).Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino…Hoy todo tiene un tono menos dramático porque somos más maduros, pero el hecho se repite” (Ernesto Guevara. Carta de despedida)

La relación entre la clase obrera y el partido que organiza a los revolucionarios que se nuclean en él por integrarse en sus determinaciones con el programa revolucionario y el compromiso que asumen para desarrollarlo y darle permanente existencia dialéctica.

En ese sentido lo relevante esta dado por los alcances y los matices necesariamente contradictorios que se implican en esa relación que en todo momento es mucho más basta que la constatación numérica de la presencia de obreros en el partido de los revolucionarios, por cuanto ese solo hecho no dota a la organización de esa condición que deviene de su programa y su práctica, mas aún si se tiene en cuenta el salto cuantitativo que se ha verificado en este siglo con relación a las acciones estatales o no del poder burgués en cuanto a su vigilancia y control de determinaciones por empleo de tecnologías comunicacionales, fragmentación social desde la organización concreta de las maneras en que se pone en acto la fuerza de trabajo en el proceso productivo , y penetración de formatos ideológicos en el plano de la negación filosófica de la posibilidad de valores culturalmente compartidos o relatos totalizadores de las visiones que los seres humanos tienen sobre la existencia en sí y su posible sentido o no.
En esa situación nacida de la condición de trabajador y no desde lo que este piensa en concreto es posible que una parte de ellos tomen comprensión del hecho también material de su comunidad de pertenencia a una clase social en sí cuya realidad se diseña desde la venta de su capacidad de trabajo y el empleo que otro hace de ella ubicándola en el proceso generalizado de mercancías , desde donde ese colectivo se ubica en el lugar de contestación negadora de los emergentes de todo aquello que produce es otra clase cuyos componentes se agrupan objetiva y subjetivamente en torno a la condición de propietarios de medios de producción y en la acción materialmente concentrada en la apropiación del valor creado por la fuerza de trabajo .
Es en ese espacio donde se sitúan las llamadas actitudes de sentido común basadas en uns construcción de apariencias abstractas , superficiales que concretizan dogmas ideológicos y una concepción instalada de modo transitorio por las derivadas de la lucha de clases en una visión de lo que sucede y se hace , mayormente acomodada y acordada con las formas jurídicas desde las que emergen y se desarrollan en plano normativo.
Llevada la cuestión al plano abarcado y diseñado por la política criminal que produce el poder burgués, las actitudes de sentido común dan cuenta de una concepción que se conforma en la cotidiana expresión de una demanda sin mayores definiciones de justicia , castigo y protección a cualquier precio.
Esto último se instala incluso en el criterio de selectividad que se comparte para la fijación de aquello que se considera la piedra basal de todo ese proceso, que no es otra que la idea de delito , prefigurada por las normas vigentes.
Esta última situación es la que explica el disímil uso de la construcción ideológica de lo que la sociedad de clases entiende por corrupción , y la asimila como parte de un modo comisivo de diversas figuras delictivas que pueda habitar en las acciones de sujetos en desempeño de funciones pública o en las acciones privadas del cotidiano intercambio mercantil y la conformación del capital financiero.
En el marco de la instalación política que el poder burgués hace de esta forma de estar en el mundo , se pretende y en gran parte se logra, que las mayorías asuman como propias la pretensión programática de exigir que los delincuentes deben ser perseguidos con toda la fuerza que proporciona el poder de imperio del aparato punitivo del Estado legitimado por el monopolio de esa fuerza y las leyes referidas a la cuestión.
En la misma medida , las masas pretenden en forma mayoritaria que aquel al que consideran culpable o indican como tal a priori de toda verificación, debe ser castigado y en ese plano que aquellos a los que consideran personas peligrosas no puedan ser liberados.
Nótese que el esquema funciona en términos generales y no distingue entre quienes dentro del mismo luchan por la punición de actos humanos que impliquen afectación de la condición de genero o la libertad de determinación sexual y se encuentran en el mismo espacio con los que pretenden castigos punitivos cada vez más graves para los hechos contra la propiedad privada. Esto explica también que pueda verse a quienes se dicen defensores de libertades democráticas, pidiendo cárcel común y efectiva sin morigeración para sujetos activos del terrorismo de Estado que fueron empleados en prácticas genocidas por el propio poder burgués , con lo que indirectamente aceptan que “las cárceles comunes” son única y exclusivamente un castigo inferido que mide en condiciones de existencia miserables el precio que se paga por los altos daños y costos sociales que acciones de esa naturaleza implicaron en particular para la juventud trabajadora. Todo esto, mientas de manera propagandística , se dice como paradigma de lucha en contexto republicano , que el inocente siempre debe ser sobreseído, el Estado democrático de Derecho respetado.
También este nodo existencial y conceptual ideológico, explica por qué la sociedad de manera mayoritariamente uniforme en la que se incluyen las masas trabajadoras , no se interesan y por ende tampoco cuestionan los costos de ese modelo de sociedad de vigilancia y castigo que tiene por timonel a la norma penal , ni que en esos espacios la gestión de gobierno no apele a los recortes de gastos que si produce de manera arbitraria en otros espacios de la vida social con notorio perjuicio, como lo hemos visto en la atención del sistema de salud o las intervenciones monetarias necesarias para sostener el sistema jubilatorio de reparto, de manera que permita que ese tipo de ingresos proporcione una vida digna a sus beneficiarios.
Todo este fenómeno, traduce un no de ser, devenido en parecer . Un abandono de la sustancia por la apariencia. En ese plano, es la obsesión por lo visible, lo que desnaturaliza la estructura fundante del valor justicia, de manera tal que lo que debe ser un espacio institucional adaptado para la resolución de la conflictividad intersubjetiva, se transforma en un aparato despojado de toda referencia en la realidad y munido de su propia lógica, según la cual, solo se admite el discurso obediente a la razón de estado burocrático que en ningún caso pueda poner en crisis ese todo estructural. Dicho de otra forma, nada de lo que se diga o haga, por jueces, fiscales, defensores , secretarios, empleado, ordenanzas, puede cuestionar lo existente, solo habrá entidad y legitimación para aquel hacer y discurso, que guarde funcionalidad , con esa lógica reproductiva.
No hay doble instancia, no hay derecho a la revisión, no hay justicia para la gente o próxima a la gente, cuando el inferior es nada más que un fiel y obediente expositor de los criterios ya sentados e impuestos por prepotencia de una mal entendida jerarquía, por quienes habitan en la instancia superior, con igual función jurisdiccional. Esa intromisión hacia abajo hace del sistema en sí, no otra cosa que un sistema de apariencias e imagen que poco tiene que ver con realidad y verdad objetiva.
Se nos habla de modificar un orden de cosas. De democratizar la justica- Nadie puede polemizar con el propósito de alcanzar legitimación social para de la estructura judicial, pero ese consenso social para con la labor jurisdiccional, en tanto objetivo, no podrá nunca lograrse si en la estructura orgánica del cuerpo judicial, están los gérmenes de lo que se combate en la exterioridad. Hay humedad en las paredes del edificio judicial, no pintemos sobre ella. Más temprano que nunca, sus efectos volverán a ser visibles.
Exhibiendo ideológicamente al Estado, situado por encima de las clases y la generación en el intercambio humano en relaciones sociales de producción, el derecho en tanto forma jurídica del poder burgués , conduce a concretizar en leyes una determinada conciencia social y a su aceptación cotidiana por el discurso de sentido común convertido artificiosamente en un absoluto no pasible de impugnación crítica. Es que donde reina la desigualdad económica, no puede existir igualdad social: donde se instala el individualismo y su hermana, la atomización divergente, no puede darse la libertad. Esa ilusión burguesa, no reconoce las determinaciones de la realidad.
Desde esta perspectiva, se advierte la ineficacia de toda acción política que busque del Estado algo ajeno a su constitución ontológica, esto es, la posibilidad que su intervención sea favorable a los intereses de la clase trabajadora en su conjunto. Eta idealización reformista del Estado, por vía de fustigar a sus operadores políticos de turno , sean estos ministros, presidentes, parlamentarios , no hace otra cosa que mantener el revisionismo reaccionario que el peronismo introdujo desde sus más variados relatos en las masas trabajadoras .
En igual sentido, la acción reducida a la promoción de manifestaciones callejeras siguiendo por negación la agenda política que fija el gobierno de turno, solo permite a quienes las generan conformar un micro mundo autorreferencial que le s da una dinámica de permanencia hacia dentro, pero oculta la fala de asistencia a esas mismas marchas de aquella otra parte mayoritaria de las masas trabajadoras que continúan con su vida cotidiana y emergen en la farsa electoral con un voto diverso al de los manifestantes.
La condensación material del actual nivel de la lucha de clases, no puede ser llevada desde el extremo señalado por los intereses materiales de los trabajadores hacia una idealización del rol del Estado como árbitro facilitador. Al contrario, la ruta de desarrollo ha de ser orientada desde la organización del partido de los trabajadores revolucionarios y su programa teórico-práctico la comprensión consciente de la necesidad de destrucción de toda esa institucionalidad , por vía del poder obrero y su dictadura de clase.

Esto último no significa descartar esas marchas, porque de hecho existen y forman parte de la realidad , es decir, son el contenido concreto de la lucha de clases en su actual estadio , e inclusive advertir que pueden tener un efecto multiplicador de acuerdo a sus perfiles específicos, pero si la demanda social tiene por referente a un actor político ya constituido y cooptado en términos generales por los diversos aparatos del poder burgués , la protesta se vuelve necesariamente acotada al programa mínimo e inevitablemente domesticada por la forma jurídica
La localización en el programa revolucionario de todos estos aspectos que son de la existencia misma de las masas trabajadoras, ha sido escamoteada por las organizaciones políticas que dicen corporizar la lucha social, como parte de su labor de lograr vaciar de toda referencia programática a sus acciones en concreto, para que ese vacío fuese y sea la situación mas apta y preferible para sus maniobras oportunistas en el espacio político en general y dentro del parlamento en particular.
La historia de todas las sociedades hasta ahora existentes es la historia de la lucha de clases”. En esa directriz hay que decir constatando que a veces parece perderse de vista, que estamos en un tiempo histórico específico de la lucha de clases , la época de agonía crítica del capitalismo , pero a la vez en la advertencia cierta que su superación histórica solo será posible si se resuelve la crisis de dirección de las acciones y determinaciones de la clase trabajadora, por parte de los revolucionarios de esa clase organizados en la forma partido-programa.
El objetivo estratégico, la destrucción del orden social capitalista, sus formas jurídicas, su institucionalidad conformada en el aparato estatal , la abolición del trabajo asalariado y la superación de las clases sociales, es una tarea de tal magnitud que no puede entenderse como resultante de la acción espontanea y episódica de las masas trabajadoras. Las acciones directas de los trabajadores en lucha, la violencia revolucionaria de las masas , las milicias , la huelga general, la insurrección no se produce como resultante de su simple enunciación y requiere de una conducción política que “dirija el fusil “.Una revolución exitosa requiere de un partido organizado donde se elabora desde lo real.
Estamos inmersos en la barbarie misma, el capitalismo destroza nuestra existencia y nos hace día a día más objetos , profundizando nuestra alienación con recursos ideológicos de la más variada modalidad, en la misma medida que se provocan guerras, miseria, hambre, migraciones de un continente a otro . Pero su superación no es ni automática, ni mecánica.
El partido de los revolucionarios trabajadores es el continente del programa revolucionario que debe ser el emergente de las aportaciones prácticas que genera el proceso de lucha de clases visto e interpretado desde las herramientas conceptuales del método marxista a sabiendas de que sólo hay una clase social que es portadora de un imperativo categórico: su emancipación.
La advertencia programática, en el sentido de arquitectura de la lucha revolucionaria, es señalar que la política burguesa se constituye con un pilar visiblemente oculto tanto por quienes la afirman como por quienes se limitan a negarla, que es la política criminal ideología que justifica de manera presuntamente razonada, la existencia del Estado mismo, la que acompaña y e integra a la vez, todas las referencias normativas de las formas jurídicas de la burguesía , al punto que sin ella, no resultarían reales.
Esta premisa es la que permite dibujar en algún sentido, la caracterización de la política militante de quienes dicen que luchan . Sin una negación ontológica de esa política criminal burguesa y sus pretendidos fundamentos ideológicos no hay posibilidad de comprensión estratégica por los trabajadores devenidos en clase de cuales son sus objetivos y sus imperativos existenciales. Sin tener en miras la abolición lisa y llana de la cultura represiva en todas sus formas no hay posibilidad de transformación social revolucionaria real.
El programa revolucionario tiene que nutrirse de esa realidad, y contemplar en el desarrollo de la lucha de clases, la postulación y desenvolvimiento propagandísticos de consignas transicionales ligadas la supresión de los pilares de la cultura punitiva, tales como la abolición de la prisión preventiva, la reducción de los tipos penales y sus penalidades, la prohibición de dar carácter delictivo a las luchas sociales , y el repudio de todos los dispositivos internacionales de derecho penal encuadrados en el paradigma del terrorismo, sin que esto implique un católogo sino simplemente una ilustración del carácter de estas premisas dentro de lo que implica una consigna transicional en sí .
Para poder pasar a una práctica específica de la lucha contra la política criminal del Estado de la burguesía, no es suficiente proclamar inocencia por la justicia que pudiera tener un reclamo en las calles, alegando que la acción represiva se fundamenta en un prejuicio de clase. Hay que pasar a una práctica política de diseño de una política obrera que se oriente en sentido final a tornar superfluo ese mismo concepto de culpabilidad. “ Mientras la forma mercancía y la forma jurídica contenida en la anterior , continúen imprimiendo su sello en la sociedad, la idea de que la gravedad social implicada en la noción de delito puede ser expresada en años de encarcelamiento, conservará en la práctica su fuerza y su significación reales..” (Eugeny Pashukanis Teoría General del Derecho , pag. 143)

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