Las particulares circunstancias que expresan el contenido concreto de la lucha de clases en nuestra sociedad, están imponiendo un fin de ciclo en las expresiones concretas del trabajo militante en el contexto más general de acciones que implican propaganda de ideas y agitación de premisas sustantivas para el cambio revolucionario-
Esa situación se evidencia , en forma tal, que lo hecho durante las últimas cuatro décadas pese a las sensibles mutaciones de apariencias derivadas de nuevas formas de comunicación , manifiesta hoy relevantes signos de agotamiento.
La constatación de este fenómeno, nos exige retornar al método diseñado por Marx, haciéndolo de manera permanente .
Esa manera de entrar en significación justa del fenómeno social, lleva imperativamente a situar por referencia a cualquier otro tipo de análisis de lo real , aquello que significa el sustrato real , de la sociedad capitalista con sus internos antagonismos entre las fuerzas de producción y las relaciones de producción.
En uso aplicado de esa manera práctica del ejercicio del pensamientoy la acción , es cuando la teoría buscando abstraer las categorías sustantivas del fenómeno , cuando comprende y hace propias las tendencias reales del proceso de desarrollo social que siendo esas inclinaciones de las acciones y pensamiento, las que están llamadas a superar las propias contradicciones en la realidad social puesta bajo examen , de un modo real ,en el curso del proceso social
Esto que exponemos, que no es otra cosa que la emergencia desde lo objetivo en el escenario social, de la clase trabajadora es a la vez, su característica esencial, en tanto como colectivo humano que en su existencia vive bajo un fenómeno de alienación respecto del producto que produce y del que no se apropia y que se liga a la sujeción respecto de quien guía el proceso de producción y de ordinario se apropia de la mercancía generada , su situación no es arbitraria o azarosa sino sensiblemente condicionada por toda esa estructura de relaciones productiva.
Por eso la condición de clase trabajadora “en sí” no es liberadora ni emancipadora por sí misma, ni le hace adjudicatario de la condición de sujeto del cambio social revolucionario .
La adquisición de esas potencialidades no nace solo de su experiencia situacional en las relaciones de producción concreta, sino que para asimilarse en ese nivel de determinaciones de su voluntad los trabajadores deben producir en modo consciente un pasaje de su subjetividad colectiva sometida, a un proceso donde primero advierte su condición de clase que nace de la identificación con otros que están en igual situación y luego desde las luchas que esa clase le impone .asciende de manera colectiva y organizativa a las tareas de concreción de poder político diverso del poder burgués . Cuando la militancia de lucha no hace eje en esas premisas, se esta ignorando el objetivo último de esa militancia y tanto la tarea cotidiana, como la lucha y actividad desplegada termina en la tautología , es decir en la lucha por la lucha misma.
Dicho de otra manera, la advertencia gira sobre lo que debería darse por entendido y sin embargo no toma cuerpo en lo real, y es el paradigma que nos conduce a comprender que superando tendencialmente su alienación y sujeción material, es posible por acción de propaganda y agitación pertinente, que el trabajador en sí, se proyecte colectivamente en la tarea de invertir esa condición sesgada de su alienación , por su superación como tal , objetivo que solo puede lograrse en el contexto de otra sociedad en construcción y por el ejercicio de poder directo sobre los burgueses, aboliendo la propiedad privada de los medios de producción que estos detentaban y la producción generalizada de mercancías.
Por eso el proceso revolucionario es definitivamente excepcional y no ordinario, no sujeto a un acto sino precisamente a un encadenamiento dialectico de acciones donde toma realidad y cuerpo las elaboraciones teóricas que esa clase en busca de su emancipación termina haciendo propias, por vía de su adhesión a un programa político donde se define de modo práctico el camino al poder obrero y socialista.
Es ese el carácter relevante de la organización con la forma específica del partido-programa cuya carencia en los hechos se pone en evidencia.
El poder obrero, se define no solo por antagonismos o superación del poder burgués, sino también y de manera muy marcada por la construcción del sujeto que lo corporiza que paradójicamente nace por la imposición de la dominación burguesa en su conformación inicial como ser humano.
Por eso, hablar y referirse al poder obrero es también aludir a una objetividad de la que la clase trabajadora depende para su propia emancipación como tal.
Si se toma plena advertencia de esta situación , ella nos lleva necesariamente a puntualizar que en ningún momento el poder obrero debe ser entendido de manera exclusiva como un resultado al que se debe arribar por vía de su instauración revolucionaria, sino que su comprensión totalizadora también implica construcción política en proceso constante de contradicción con el orden capitalista a partir de la constatación por los trabajadores en sí de que son las propias condiciones de explotación y opresión aquellas que impone la relación capital -trabajo, las que marcan de manera esencial nuestra existencia como tales y por tanto de nuestra sujeción a una acción externa dominante desplegada por la burguesía.
Dicho de otra manera, en la simple y material relación de trabajo que impone el orden burgués por su consolidación normativa en el llamado derecho de trabajo, esta el impedimento para la articulación de un “nosotros transformador”, del cual toma deriva la formación de la clase revolucionaria.
La relación laboral que se constituye en la materia donde se concentra el derecho de trabajo, por eficiente que fuera esta forma jurídica, genera la adquisición de la realidad que esta lleva implícita, que es la que consolida la sujeción del trabajador al empleador en tanto dador en última instancia de su existencia como sujeto dependiente del salario, materializando así el modo por el que el trabajador reproduce su existencia, y a la vez la amenaza con el despido como forma de poner en riesgo relevante esa misma sobrevivencia.
Es el propio poder burgués en tanto forma jurídica institucionalizada en el Estado constitucional de derecho, el que nos marca nuestra condición objetiva de existencia. Sin embargo, en la misma relación capital-trabajo también yace un contradictorio que potencia la posibilidad real de inversión del vínculo amo-esclavo subyacente en esa materialidad. Por eso, la posibilidad de dar vida a ese darse vuelta, no es del plano discursivo, sino que yace en la realidad del vínculo que genera la propia opresión.
Sin una sucesión de actos y situaciones que den cuenta de esa negación que da curso consciente a la contradicción no nace la determinación subjetiva como colectivo social, como clase, en orden a su superación política por supresión de ese vínculo y de la institucionalidad que le da el ser por empleo de la forma jurídica.
Karl Marx subraya que el proletariado no está impulsado por el deseo de «ninguna utopía lista para implantarla.» Así lo sostiene en el texto «La guerra civil en Francia» donde se separa de una visión de la lucha de clases como simple rebelión ideológica porque lo que la realidad dice en todas sus expresiones es que la masa trabajadora constituida como clase , no busca reemplazar un sistema por otro preconcebido y abstracto, sino que su misión es intrínseca al desarrollo material de la historia despojada de una ideología preconcebida. De tal forma, para un trabajador ganar en conciencia como tal no esta de por sí ligado a un programa abstracto o si se quiere a cualquier versión ideológica instrumentada en discurso. Ese factor teórico que sin duda puede existir no es parte del fenómeno , sino un factor externo al mismo.
Cuando se habla entonces en términos de categoría conceptual o de paradigma de la emanción obrera como lo hace el Manifiesto del partido Comunista se está haciendo estricta alusión a «esa forma superior de vida hacia la que tiende por sus determinantes, la actual sociedad de clases,»
Dicho de otra forma, y siempre siguiendo a Marx , el objetivo emancipatorio de los explotados y oprimidos ,no es en ningún caso, un acto mágico, sino un proceso de acciones, omisiones , ascensos y retroceso encadenado, doloroso y prolongado. «tendrán que pasar por largas y sangrientas luchas, por toda una serie de procesos históricos, que transformarán a las circunstancias y a los seres humanos.»
Dentro de esa construcción teórica , Ernesto Guevara , en su discurso ante la ONU en 1964, con la distancia marcada por el paso del tiempo pero bajo la misma estructura social de clases, describió la lucha contra el imperialismo como una lucha larga y dolorosa en la que es crucial la unidad contra el enemigo de clase, aclarando con especial énfasis que la lucha no es solo militar sino también económica y política .
La tarea de quienes asumen determinación militante por la revolución , no es realizar «ningún tipo de ideales,» que se conforman de modo abstracto en las vitrinas de las ideologías que se desenvuelven en la sociedad de clases, sino «simplemente liberar a los elementos de la nueva sociedad que la vieja sociedad agonizante lleva dentro.» Esa es la tarea emancipatoria que necesariamente es obra de los trabajadores mismos, tal como lo señala de modo orientativo el texto del documento firmado en Londres en 1871 como Estatuto general de la Asociación Internacional de los Trabajadores cuando en sus considerandos dice:
“que la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos; que la lucha por la emancipación de la clase obrera no es una lucha por privilegios y monopolios de clase, sino por el establecimiento de derechos y deberes iguales y por la abolición de todo privilegio de clase;
que el sometimiento económico del trabajador a los monopolizadores de los medios de trabajo, es decir de las fuentes de vida, es la base de la servidumbre en todas sus formas, de toda miseria social, degradación intelectual y dependencia política;
que la emancipación económica de la clase obrera es, por lo tanto, el gran fin al que todo movimiento político debe ser subordinado como medio”
Esta idea es fundamental en la teoría de la lucha de clases. Significa en apretada síntesis, que la liberación de los trabajadores de la explotación capitalista solo puede ser lograda por ellos mismos a través de su propia organización y acción colectiva, no a través de una ayuda externa
El sometimiento del trabajador consiste precisamente en esa dependencia fundamental de su existir cotidiano ante un discurso que no ha elegido de manera voluntaria, pero al que termina reproduciendo de una u otra forma en lo cotidiano pero que a la vez, de manera contradictoria inicia y sustenta de modo dialéctico la posibilidad de una existencia en la revolución que no es otra que la experiencia militante por el cambio social.
La sociedad capitalista, con su desarrollo productivo, ha gestado las condiciones materiales (la socialización del trabajo, la tecnología, la clase obrera organizada) para una forma de vida superior. El trabajo de la clase obrera es esencialmente partero: romper las ataduras que la vieja superestructura social y política impone sobre estas fuerzas productivas ya maduras.
La clase obrera no necesita ni la demagogia ni la condescendencia burguesa; su auténtica fuerza reside en su comprensión de su papel como motor de la historia.
En ese sentido ,la Comuna de París de 1871, es la puesta en acto de esa premisa sin que se pueda decir en sentido estricto que haya habido previamente un contexto ideológico prefigurado por la clase trabajadora que entraba en acto buscando realización, sino que las determinantes objetivas específicas habilitaron su desenvolvimiento desde las mismas masas en lucha que en su breve perío de existencia como instancia política, desarrollaron el programa de transformación que luego resultaran trunco por la represión descargada frente al intento por las fuerzas militarizadas. Cuando «la Comuna de París tomó en sus propias manos la dirección para la transformación revolucionaria de la sociedad,» se produjo un evento sin precedentes. Por primera vez, los trabajadores se atrevieron a violar el monopolio del gobierno de sus ‘superiores naturales’.»
Con la Comuna estamos frente a un fenómeno real que deja ver la capacidad de la clase obrera de gobernar de manera práctica y efectiva, sin las pompas y la corrupción de la élite burguesa, es lo que provocó la ira de la reacción. Dicho de otra forma, ese suceso histórico pese a su brevedad temporal no fue una utopía fallida, sino la forma política al fin descubierta para llevar a cabo la emancipación económica del trabajo, marcando el inicio de la fase práctica y heroica de la transformación social. Tras ella, y luego por la revolución bolchevique y todos los desarrollos revolucionarios acaecidos desde esta última, no permiten las dudas ideológicas en torno a la premisa que identifica al sujeto del cambio y su objetivo estratégico.
El poder obrero se exhibe, se construye y sustenta en la confrontación cotidiana y con autonomía con esa forma de existencia opresiva que impone la relación capital-trabajo y que se consolida por vía ideológica.
Dicho de otra forma, el trabajador emerge en la sumisión y se supera en la acción revolucionaria emancipatoria construyéndose en un nosotros autónomo con su propia política y programa teórico de cómo debe ser la existencia humana.
El trabajador se supera revolucionariamente en su búsqueda consciente de la emancipación proyectada en todos sus actos de existencia en los que busque romper sus cdenas objetivas de sujeción por la construcción de su propio poder que necesariamente implica la gestión y organización de una política autónoma de clase coincidente con ese interés superior
Cuando en lo cotidiano denunciamos la ausencia en una práctica militante rutinaria de toda intervención y práctica teórica en torno al socialismo concebido como teoría-práctica de la emancipación humana por vía de la gestación de nuevas relaciones de producción y otro principio regulador de lo justo, estamos dando noticia de que nos vemos obligados por un “deber ser” que aún no existe y que tuvo incipiente verificación histórica en la revolución de los por el partido bolchevique , haciéndolo para dar cuenta del imperativo existencial de su ineludible construcción como factor de suspensión de todas las “certezas” impuestas al trabajador en sí por el orden capitalista , marcando el esbozo de su superación siguiendo las líneas directrices hechas realidad en aquel momento de la historia de la humanidad .
Resulta una acción inevitable referirse al socialismo, siempre y en todo lugar de nuestro existir conformado por el servilismo que impone la relación capital-trabajadora.
La construcción constante de elementos autónomos de poder obrero, política de clase y programa teórico-practico socialista, son vitales para dar velocidad de desarrollo a la construcción subjetiva diversa de toda opresión, del obrero consciente de su rol emancipador corporizado en sus organismos y su propia política autónoma de clase.
En el orden capitalista actual, donde las dificultades para su reproducción imponen la emergencia de un mundo en crisis no podemos adquirir como certezas y propuestas “positivas” aquellas acciones que en sí mismas implican que no estén dirigidas directamente a incrementar la independencia y la fuerza del proletariado
Esto último sucede, porque esas acciones que se exhiben como posibles en realidad, sufren el hecho concreto y objetivo, de que deben ser implementadas por nuestros oponentes dentro de un modo de producción que constantemente amenaza con convertir todo lo aparentemente bueno que contienen las propuestas en su opuesto.
Es imprescindible hacerse del poder, aboliendo con ello la institucionalidad del poder burgués y sus formas jurídicas, dotándonos del ejercicio de la fuerza para terminar con las relaciones sociales de explotación y opresión subjetiva. Eso requiere de la constitución del trabajador como clase consciente de ese objetivo y el abandono de toda política de conciliación de clases que debe ser sustituida por el programa socialista y la política autónoma de los trabajadores.
La clase obrera y el pueblo argentino han vivido los últimos años riquísimas experiencias políticas que entroncan en la historia de nuestra lucha de clases, y aclaran cristalinamente cuestiones vitales para los intereses sociales y políticos de las masas trabajadoras argentinas. Reflexionar sobre estas experiencias, observar el comportamiento de las clases enfrentadas, comprender en profundidad las particularidades de nuestra revolución posible y necesaria, nos imponen extraer las conclusiones para guiar la acción correctamente.
Es una apremiante responsabilidad la vanguardia trabajadora militante y de nuestras más amplias masas trabajadoras acudir a la definición certera de todas esas problemáticas subyacentes en el conflicto social gestado al interior de una sociedad de clases como lo es esta en la que sobrevivimos
En esa tarea es vital advertir que el parlamentarismo es una forma enmascarada de dictadura burguesa. “Se basa en la organización de partidos políticos y en el sufragio universal. Aparentemente todo el pueblo elige sus gobernantes. Pero en realidad no es así, porque como todos sabemos las candidaturas son determinadas por el poder del dinero….Como decía Lenin*: «Decir una vez cada tantos años que miembro de las clases dominantes han de reprimir y aplastar al pueblo a través del parlamento; tal es la verdadera esencia del parlamentarismo burgués»……un grave error sería creer que a través de elecciones es posible encontrar algún tipo de soluciones a los problemas de fondo de la clase obrera, del pueblo.(M. R. Santucho, PRT 1974 Poder Burgués-Poder revolucionario..)
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