Nuevo Curso

DESPIDOS REALES Y FORMAS JURÍDICAS

No es fácil pensar la situación y fijarla en su conocimiento certero, si no se la vive, pero más difícil aún es pasar de la objetividad de lo real al pensamiento que describe en nuestro entendimiento la tempestad que se desata sobre nosotros y en el de aquellos que cotidianamente frecuentábamos en relaciones intersubjetivas inherentes a aquel espacio de vida en donde cobraba cuerpo nuestra existencia , todos hoy incursos en el silencio tolerante de lo intolerable, más aún si se piensa que todo trabajador cada día en que transcurre su vida es cada vez menos apreciable por los compradores de fuerza de trabajo, que se parecen cada vez más a los locadores de viviendas, que imponen a los eventuales inquilinos una suerte de contrato de adhesión .
La fuerza de trabajo abstracta, entendida básicamente como capacidad de ser empleado por la posesión de alguna habilidad o conocimiento práctico , que se corporiza y toma realidad en un ser humano que la encarna y se realiza en el proceso productivo de mercancías propio de la relación social que implica el capital, está hoy sometida a una presión o relación de fuerzas inversa marcada por la posibilidad latente de no ser requerida, factor que hace que todo lo que inicialmente y en forma transitoria se constituía como un “ejercito laboral de reserva” y en breve tiempo se reabsorbía en otros empleos, hoy por el carácter estructural que toma la situación de desempleo, derive en el asentamiento permanente de una población social y productivamente sobrante, incapaz de ingresar al mercado formal de trabajo .
Dice el diccionario sobre la voz despido que ella designa la acción de anular un contrato de trabajo por decisión unilateral del empresario y expulsar al trabajador de su puesto de trabajo. Con esa palabra, la cultura acude a dar cuenta para el entendimiento de propios y extraños del acto más vil y dañino que proporciona el universo de las relaciones que se pueden gestar entre las personas en el orden social capitalista. Sin embargo, cuanto dolor detrás de esa acción, cuanto daño a futuro por ese resultado que no es otro que el vacío, la nada, el certificado que anuncia un futuro donde la subjetividad declina, la autoestima desfallece y las necesidades materiales acucian.
Últimamente el despido se disfraza por lo cantidad, como si Pitàgoras hubiese vencido sobre todos los que se preguntaban por el ser . Una cifra, una estadística, encubre al sujeto concreto que mañana deja de ver a sus compañeros, abandona compulsivamente su rutina de laburante para tambièn desconsoladamente y apremiado, emprender la peregrinación degradante de la búsqueda de laburo.
En ese escenario emerge otra palabra El curriculum para​ resumir en hojas la vida . El currìculum , la vida en papel, es dejado en múltiples lugares como abandonado a su suerte, como botella de náufrago lanzada al mar . La vida en hoja, esta “dejado” se dice quien transita la busqueda de empleo , dando cuenta también de datos que al confeccionarlo nos permitieron advertir, en definitiva, quién somos en términos reales, fuera de toda fotografía de telefonito: Una radiografía social de un existir en manos de alguien al que puede o no interesarle, como nos interesa la etiqueta de un frasco de mayonesa.
También está , el amigo que pasa el dato, las relaciones, las entrevistas, los exámenes, los informes y otras yerbas para en el mejor de los casos volver a la identidad de explotado laburante , que vencida por el desempleo emerge como un premio y no como una situación alienante.
El despido, es la enfermedad social que amenaza en estos tiempos , con rasgos de epidemia, tiene en su matriz una injusticia objetiva, palmaria , declinatoria: vender fuerza de trabajo para existir, adquirir esa fuerza para hacerse del valor creado, enriquecerse, es decir la relación fundante del capital, la creación de valor y la producción generalizada de mercancía.
Despido, es desprecio, desdén, abuso, tan reprobable como cualquier otro abuso identitario de los que ocupan a diario pantallas y denuncias , pero sin reproche social como estos , sino con contención jurídica formal de las normas que regulan esa interrupción unilateral de la relación por el burgués de turno.
Dicho de otra manera, despido es ,el otro -el expulsado- apreciado como factor económico de producción y nunca como persona. Es un abuso legal es la razón y el perímetro de la tormenta que se desata sobre nosotros.
Pedir que aquel que se aprovechó de nuestro esfuerzo, que realizó el plus valor que propiciamos, entienda que en el trabajo se nos va la vida y somos no otra cosa que nuestro trabajo, parece ser hoy el contenido de la posmodernidad devaluada que deja ver nuestro país, por eso el problema no esta en si se sanciona o no una norma regulativa que deja de lado regulaciones, porque antes, hoy y mañana la cuestión está en la potestad que da cuerpo a la dominación de clase , de terminar de manera unilateral con nuestra posibilidad de vender nuestra fuerza de trabajo.
Es este último extremo de la situación, el que realmente se ve implicado en nuestro presente y las tendencias sociales en curso. Lo real es que nuestra sociedad dominada por la burguesía y estructurada en función de la relación social “capital”, deja ver que es incapaz de sostener el empleo y asimismo requiere que los empleados vean reducidos sus ingresos para poder mantener la cuota de valor apropiado en el proceso de producción y contenido en la mercancía que luego realizan en un mercado cada vez más restringido.
Lo último, lo que el posmodernismo dicta es la aceptación naturalizada de esta práctica disvaliosa del despido. Se busca su naturalización, tal como en su momento se naturalizaron las horas extras o el incremento de los ritmos de producción. Este paradigma destruye nuestra existencia, profundiza la estrategia de control social sobre aquel al que se considera enemigo solo por tributar y exhibir la marginalidad, a la que llegó por ser desplazado de la estructura de trabajo , y soporta, estoicamente impulsado “ casualmente” por el despido, por la fábrica cerrada, u otras vicisitudes similares.
Un mensaje, un telegrama, o lo que fuera, símbolo irónico de un verdadero disparo a la existencia que define nuestra posibilidad de ser conscientes en la existencia humana con dignidad
Despido tiene solamente un antídoto y no esta en el mundo de las formas jurídicas y las leyes sino en el plano político de la lucha finamente orientada al socialismo por la herramienta política del poder obrero , porque esa es nuestra arma. nuestra única posibilidad de acceder a la condición humana. La única vacuna contra el despido.
La propaganda socialista que debe generarse desde la joven clase obrera en rol militante no puede perder de vista este panorama, este juego de tendencias en el seno de la sociedad y la consecuente tarea de construcción necesaria e imperativa del partido de la clase trabajadora conformado desde su programa político de clase y materializado en las concretas acciones militantes que se agiten , en orden estratégico hacia el poder obrero y el socialismo. La lucha por mantener el trabajo, no es lucha si no se liga al programa que describe su fragilidad si no se vincula con la construcción de un nuevo orden social y queda reducida a un programa mínimo reformista, que naturaliza el desempleo como una variable legitimada por normas de una consecuencia necesaria de la productividad , manteniendo la vigencia de la ley del valor.
ma mínimo y el programa máximo.
En ese contexto un programa es una declaración de intenciones o finalidades estratégicas a lograr con la acción política de quienes lo suscriben a partir de un análisis de la realidad.
La transformación consciente de una sociedad es un proyecto extremadamente complejo y no se puede lograr exclusivamente por la reacción espontanea de las masas trabajadoras en tanto implica organización de ese contingente humano autodeterminado para ordenarse en torno a ese propósito estratégico, de ahí la utilidad de un programa que de cuenta discursiva de ese objetivo estratégico.
Existimos dentro de una sociedad capitalista global, dividida en clases sociales, dirigiéndose a una crisis que no es cíclica sino de una significación que no reconoce límites. La clase dominante, la burguesía, en ese ordenamiento social, concentra el poder económico por su posicionamiento objetivo en la relación social “Capital” y el poder político mediante la forma jurídica «Estado” cualquiera fuese la forma de gobierno que asuma.
Frente a esa objetividad, lo que se programa desde una organización política con determinación transformadora en quienes las integran , es una sociedad global sin clases ni Estado, ecológicamente sostenible, con comunidades autónomas que se articulen libremente entre sí, donde las relaciones de explotación y de opresión sean reemplazadas por la cooperación libre. “Una asociación en que el libre desarrollo de cada uno condicione el libre desarrollo de todos” (Manifiesto Comunista).
El conjunto de estas transformaciones sociales forma un programa máximo. Es necesario que la producción y la distribución de bienes se subordine a las necesidades sociales y especialmente a la preparación para sobrevivir el cambio climático, según una planificación Hoy, a la inversa, la riqueza social producida se concentra en manos de una minoría cuyo único interés es la acumulación constante y reproducida de capital.
Necesitamos que los principales medios de producción y de cambio (tierras de cultivo, materias primas, fábricas y talleres, medios de transporte, comercios y bancos) sean inmediatamente confiscados y pasen a ser propiedad colectiva de las comunidades, para quitarle el poder económico a la burguesía y empezar a abolir las diferencias de clase.
El empleo al que nos ajustamos para obtener un sustento, nos reduce a una servidumbre disfrazada de contrato voluntario y nos empuja a una lucha de todos contra todos por la supervivencia en el marco social de la competencia en el mercado laboral donde se adquiere y se ofrece la fuerza de trabajo.

Nuevo Curso