Un manifiesto, según la visión del fallecido filósofo argentino , José Pablo Feinmann es una declaración pública de intenciones, ideas y posicionamientos éticos y políticos, especialmente en un contexto de crisis donde se necesita redefinir el rol del sujeto y la historia, buscando generar un compromiso intelectual y una voluntad de acción para transformar la realidad, más allá de la mera reflexión académica, conectando la filosofía con la política para entender el poder y la cultura en una sociedad de clases .
Lo que hace Feinmann, es destacar el carácter de herramienta que tiene ese documento, para interpelara quienes va dirigido, sacar a quienes accedan a él, de la pasividad, transitando hacia la crítica frente al poder y la cultura construida por la clase dominante, y motivar a explotados y oprimidos a participar activamente en la construcción de la historia con interés estratégico emancipatorio.
“Es hora de que los comunistas expongan ante el mundo sus fines, sus objetivos y sus tendencias” dice Marx al inicio del Manifiesto del Partido Comunista. En ese contexto más tarde agrega una premisa que juzgamos esencial :
«Al discutir con nosotros y criticar la abolición de la propiedad burguesa partiendo de vuestras ideas burguesas de libertad, cultura, derecho, etc., no os dais cuenta de que esas mismas ideas son otros tantos productos del régimen burgués de propiedad y de producción, del mismo modo que vuestro derecho no es más que la voluntad de vuestra clase (burguesa) elevada a ley: una voluntad que tiene su contenido y encarnación en las condiciones materiales de vida de vuestra clase»
Así es que, las expresiones contenidas en el manifiesto del partido comunista que citamos previamente nos sirven de marco para reflexionar en voz alta y por fuera de las infinitas que han merecido desde su publicación.
En primer orden queremos destacar, que la modesta incidencia de un grupo de propaganda como el nuestro no nos impide aclarar que nosotros al ocupar, se quiera o no, un puesto en la prensa lo hacemos con el fin de despertar del letargo de la indiferencia a toda una nueva generación de explotados y oprimidos que “no dan más “ dentro del contexto social donde sobreviven. Por eso siempre tenemos presente que las intervenciones sobre lo que nos ocurre no tienen espacio para premisas simples nacidas exclusivamente del sentido común.
Desde sus tempranas expresiones la clase trabajadora toma para sí y tiene en claro que, la lectura de la prensa burguesa es el veneno que atrofia el cerebro de explotados y oprimidos cualquiera fuese su edad o determinación sexual. Esa función envenenadora y desorientadora de la “prensa burguesa”, está en la base de lo inverso y lo que propiciamos, eto es la necesidad de estudiar, leer, hacer posible la claridad en nuestro pensamiento y hacer.
Dicho de otra forma, el egoísmo burgués confunde a los explotados y oprimidos por sus estructuras y sus formas jurídicas.
Los trabajadores a pesar de ser requeridos por la facilitación mediatica y operativa de multiple información , cada vez conocen menos de aquello que deviene necesario como herramienta, para superar la explotación y la opresión. Informarse y conocer es el binómio que integra nuestra propuesta porque el conocimiento es imprescindible para cambiar la situación de las clases laboriosas , que solo detentan y se constituye en tanto fuerza de trabajo.
En este hacer enfrenamos a diario con nuestras artesanales y menguadas herramientas a quienes de una u otra maneran se han posicionado en sentido inverso, es decir, a quienes han destinado como propósito de su esfuerzo a imponer el escepticismo entre los trabajadores, en todos los casos de la mano de la naturalización de la teoría de la representación política, que exige la república burguesa y su democracia representativa, en la que el pueblo no delibera ni gobierna, sino a través de quienes hayan sido elegidos previamente por vía del sufragio universal.
La arquitectura de la dominación de clases se posa hoy sobre un escenario específico marcado por una Argentina, donde en su clase trabajadora se advierte una nutrida población de seres escépticos, grises, marginados de la alegría y la grandeza, de la participación y la militancia, de la solidaridad, como fue constatado por la historia en otros ciclos de la lucha de clases.
En gran medida este factor torna visible en espacio de las apariencias, que oprimidos y explotados resultan hoy refractarios a cualquier planteo que no resuelva su inmediatez, y es precisamente allí donde medran los diversos formatos ideológicos que dan expresión al reformismo, que corre al abrazo del carente, pero para participar emocionalmente en la carencia y nunca para su superación estructural.
El reformismo es hoy , por la urgencia de lo inmediato el piadoso que acerca un vaso de agua al sediento pero jamás acierta en indicar la forma de acabar con las causas que imponen esa sensación físicaLo cierto, sin embargo es que pese a las conformaciones objetivas del conflicto social que se dan en la actualidad y la voluntad puesta de manifiesto por el poder burgués y las expresiones políticas contenidas en su orden social, todos concurren a colocar al parlamento en la escena de la naturalización legislativa de la explotación y la opresión con nuevas formas específicas delimitadas por normas jurídicas, que sirven en bandeja los fundamentos de las operaciones gubernamentales y las consolidaciones que dan las sentencias judiciales.
Se sigue de esto que se impone una transformación en el ordenamiento de los elementos que debe ser gestada de manera consciente con soporte en la propaganda del programa socialista en las masas trabajadoras. Es imperioso poner de manifiesto en forma propagandística la ruptura con lo dado y la superación de las relaciones sociales como único camino para la satisfacción de las necesidades que impone una existencia digna con
sentido humano.
En esa propaganda hay que incluir sacando del olvido impuesto desde hace mas de cuatro décadas, que toda necesidad, en tanto expresión de una carencia implica también un grado de violencia sobre los cuerpos y las estructuras para liberarlo de esas condiciones. Las fuerzas históricas puestas en la realidad y por la misma realidad están necesariamente en tensión y de una u otra manera colisionan con el orden capitalista, hay un desajuste entre las condiciones de existencia y la existencia que se pretende o se proyecta como imaginario social deseado.
Dicho de otra forma, en el momento de mayor sojuzgamiento, como en el que hoy nos encontramos, donde la mayor parte de la energía está puesta en la supervivencia, es difícil avanzar hacia posiciones revolucionarias.
Por ello se torna necesaria una organización mínima de carácter defensivo, que luche por salario, mejoramiento de las condiciones de trabajo y permanencia en el empleo, pero advirtiendo en forma permanente que , el estancamiento en esa lógica formal impide el sentido favorable y creciente de la lucha de clases.
Es ahí, en ese punto, donde emerge la influencia central del factor subjetivo, para desde él superar la objetividad carente con realizaciones políticas superadoras del programa mínimo economicista.
Son las condiciones de politización de la miseria burguesa y su barbarie, creciendo en el plano del entendimiento de explotados y oprimidos , las que devienen cada día más necesarias, incluso en la tarea defensiva ante la ofensiva lanzada por el poder burgués. Es esta tarea en el plano subjetivo y desde la política, a la que acudimos conscientes de que el fundamento de todo poder es la fuerza social que lo genera.
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